LA RIESGOSA DIETA URUGUAYA

Con la panza llena, pero mal alimentados

El sobrepeso y la obesidad se expanden como una epidemia y ya alcanzan al 65% de los uruguayos adultos. Problemas de corazón, cáncer y diabetes son consecuencia directa de esa situación, y hoy provocan 60% de las muertes. Sin embargo, la población no percibe los riesgos de la mala alimentación. Los nutricionistas piden fuertes regulaciones.

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Consumo de carne entre 100 y 150 gramos por encima de lo recomendado por la OMS. Foto: Archivo

Fue nada más ni nada menos que la Organización Mundial de la Salud (OMS) la que lanzó la alerta a fines de octubre: la carne procesada aumenta las posibilidades de sufrir cáncer, y la carne roja "probablemente" también. En Uruguay, país carnívoro por antonomasia, el anuncio llegó como un vendaval. ¿Uno de los componentes básicos de la dieta local puede ser realmente un peligro? Sin embargo, al observar con detenimiento cómo servimos nuestros platos, queda claro que hay motivos mucho más graves para inquietarse.

En los últimos ocho años los principales indicadores vinculados a la salud alimenticia, tales como la obesidad, el sobrepeso, la hipertensión arterial y la glucosa elevada en sangre, se dispararon. El hecho de que el 64,7% de los adultos de entre 25 y 64 años tenga obesidad o sobrepeso ya no habla de un dato aislado o una enfermedad puntual, sino que muestra una verdadera epidemia, en palabras de especialistas y autoridades.

Los picos registrados en esas variables no solo posicionan a Uruguay entre los países con peores resultados de la región, sino que terminan por convertirse, en gran cantidad de casos, en enfermedades crónicas que aumentan en la población: diabetes o deficiencias cardíacas son algunos de los casos más visibles. Para colmo, el problema dejó de ser asunto de adultos. El sobrepeso infantil está instalado y lleva a la aparición de patologías inéditas en los más chicos.

"Desde 2006 a 2013 en Uruguay aumentó 8% la obesidad hasta llegar al 64% de la población entre 25 y 64 años. Fue un aumento dramático. En muy poco tiempo el sobrepeso y la obesidad se fueron a niveles muy altos. Son cambios muy importantes que impactan en la salud de la población", dijo a El País María Rosa Curutchet, presidenta de Audyn, la Asociación Uruguaya de Dietistas y Nutricionistas.

La especialista se basa en la comparación de los datos de la primera Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, realizada en 2006, con la segunda, realizada entre 2013 y 2014 y publicada a comienzos de 2015. Dicho estudio, encabezado por el Ministerio de Salud Pública (MSP), deja en evidencia que los problemas de alimentación y la falta de ejercicio están directamente conectados con las enfermedades crónicas que sufren los uruguayos y con las principales causas de muerte.

Entre las enfermedades crónicas no transmisibles más comunes aparecen las afecciones cardiovasculares, el cáncer y la diabetes, y para estas, la dieta no saludable y el bajo nivel de actividad física son factores de riesgo directo, en el plano de las conductas. Luego, en lo biológico, el sobrepeso, la obesidad, la presión arterial elevada, la glucosa sanguínea elevada y los lípidos sanguíneos (colesterol y trigliceridos) anormales también son factores de riesgo para la aparición de esas patologías crónicas.

Para tener una idea del impacto que el tema genera en Uruguay, alcanza con observar que las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, la diabetes (además de las enfermedades pulmonares crónicas), son la causa del 60% de las muertes en el país, y que el 62% de las muertes entre los 30 y los 69 años se explican por esas causas.

Al analizar ese panorama, los nutricionistas plantean que con pequeños cambios la población ganaría mucho en salud. Cocinar los alimentos en el hogar y comer variado, incluyendo muchas frutas y verduras (al menos cinco de estas en cada jornada) es una de las recomendaciones centrales. Evitar los productos "ultraprocesados", en referencia a los alimentos industrializados "que como base de ingredientes tienen muy poco de alimento natural", es otro tema clave. Pero, ante todo, los especialistas piden poner mucha atención en cuánta sal, azúcar, grasa y grasas trans se consume.

Riesgo.

En octubre, el Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales presentó un informe con datos de una Encuesta sobre Alimentación y Bienestar, realizada el año pasado. Según el documento, el 50% de los hogares de Montevideo y el área metropolitana en los que viven adultos con niños o adolescentes presenta algún nivel de inseguridad alimentaria. En tanto, los hogares donde solo viven adultos la cifra es del 30%.

"La inseguridad alimentaria se experimenta cuando las personas no tienen suficiente acceso a los alimentos tanto en términos de cantidad, como de calidad", dice el informe. Se distinguen tres niveles: inseguridad severa (hambre), moderada (asociada a la restricción en la cantidad de alimentos) y leve (consumo de poca variedad de alimentos o alimentos poco saludables, así como con el temor de no poder acceder a cantidad suficiente de alimentos en el futuro cercano), se explica.

De acuerdo al informe, entre los hogares integrados por adultos y menores de 18 años, el 7,4% tiene inseguridad severa, el 11,6% moderada, y el 31% inseguridad leve. Entre los hogares solo de adultos, 3,8% tiene inseguridad severa, 4,8% moderada y el 21,8% tiene inseguridad leve.

En tanto, el estudio también marca que el 78% de los mayores de 18 años cree que su alimentación es buena, muy buena o excelente, mientras que el 19% cree que su alimentación es regular y solo el 3% que es mala, informó este miércoles El Observador. El documento plantea que si se tiene en cuenta la elevada prevalencia de enfermedades crónicas no transmisibles, los resultados evidencian que en la población "no existe conciencia sobre la baja calidad de la alimentación actual".

El estudio muestra, como dato problemático, que solo el 20,5% de las personas planifica con días de anticipación lo que va a comer a la noche, mientras que el 46,4% decide generalmente a último momento. Según se explica, la falta de planificación puede favorecer el consumo de comida lista y de productos industrializados, que por lo general tienen un "elevado contenido de azúcar refinada, grasa y sal" y dificulta, además, el poder tener una dieta balanceada.

Curutchet, que además de presidir la Asociación de Nutricionistas es una de las autoras del estudio y está a cargo del Observatorio de seguridad alimentaria y nutricional del Instituto Nacional de Alimentación (INDA), dijo que hacen falta otro tipo de acciones a nivel de políticas públicas para poder combatir el asunto.

"Uruguay tiene que regular la publicidad de alimentos para niños y adolescentes. Hay que mejorar el etiquetado nutricional, para que la gente sepa qué tiene un alimento al comerlo, y se debe empezar a indicar la cantidad de azúcar agregado que tienen los productos", planteó. Además, opinó que es necesario eliminar las grasas trans de los alimentos porque "son tóxicas".

Peligrosa novedad.

Según datos oficiales, la obesidad alcanza a entre 9 y 11% de los niños uruguayos. Al buscar los motivos, se aprecia que la dieta infantil es escasa en frutas, verduras y pescado, y excesiva en el consumo de alimentos como snacks y golosinas. Además, pese a que se recomienda lo contrario, 50% de los hogares agrega sal a los alimentos de los menores de un año.

Con ese escenario de fondo, distintos especialistas contaron que comienzan a encontrar en los niños patologías que hasta hace poco eran propias de los adultos, en especial, la diabetes de tipo dos. "En Uruguay era impensable ver niños con diabetes tipo dos, que está asociada a la obesidad, fundamentalmente a la grasa abdominal, pero hoy sí lo estamos detectando. También era impensable ver niños con hipertensión, pero hoy también lo estamos viendo", afirmó Isabel Bove, nutricionista y asesora del MSP en materia de alimentación.

Sobre este tema alertó Alejandro Gugliucci, médico y docente uruguayo que es vicedecano de Investigación de la Universidad de Touro, en California. El especialista encabezó una investigación enfocada en la obesidad infantil y los posibles efectos del azúcar, especialmente la fructosa —un tipo de azúcar presente en vegetales y frutas y agregada a cientos de alimentos industrializados— y lanzó diversas advertencias.

El médico concluyó que si se quita el azúcar de la dieta de niños con sobrepeso o problemas de hipertensión, pero no se disminuyen los carbohidratos ni las calorías, es posible reducir en 10 días el 20% del colesterol y 40% de las grasas.

Gugliucci, que estuvo en Uruguay en octubre como orador en el Simposio Internacional de Innovación y Desarrollo de Alimentos (Innova) organizado por el LATU, dijo que le generó "gran preocupación" la situación en materia de alimentación y sobrepeso. Según afirmó, los indicadores locales cambiaron drásticamente en los últimos años, acercándose a los registros que presenta EE.UU., un país que él cree que ya no podrá frenar la epidemia del sobrepeso.

"Es alarmante la situación. Si vemos que Uruguay es el segundo país en cuanto a consumo de refrescos en la región, si vemos que la obesidad infantil alcanza a más del 10% de los niños, si nos fijamos en los diagnósticos que comienzan a aparecer en los niños, podemos afirmar que se está cocinando algo similar a lo que pasó en EE.UU., se está en un camino que tiende a reproducir el fenómeno americano", dijo.

Gugliucci señaló que "de alguna manera hay que empezar a actuar y evitar que se agrave esa situación", y se refirió, entre otras cosas, a la necesidad de educar en el consumo balanceado de alimentos y difundir los riesgos del consumo abusivo de azúcar. Entendió que no hay suficiente información sobre la composición de los productos a la venta en los puestos de comida.

Anemia.

A la vez que la obesidad se consolida como problema de la infancia, las dificultades en materia de desnutrición siguen presentes. Según las últimas mediciones, un 4% de los niños tienen "baja talla", lo cual implica que ven afectado su desarrollo por no comer de forma adecuada.

Además, otro aspecto que habla de una incorrecta nutrición infantil refiere a la anemia, una afección especialmente señalada por los especialistas. Esta enfermedad, que implica que la sangre tiene menos glóbulos rojos de lo normal, afecta al 31% de los niños de entre seis y 24 meses.

Curutchet explicó que la anemia infantil se da por el déficit de hierro en la alimentación del niño, fundamentalmente en los primeros dos años de vida. Eso se debe a que no se incorporan los alimentos debidos en la dieta, por ejemplo no hay presencia de carne a partir de los seis meses, o porque tampoco se incorpora el hierro en forma de medicamento, como sí se recomienda hacer en los más chicos.

La especialista dijo que la anemia es un problema presente en todos los niveles sociales, pero igualmente aclaró que en los sectores más pobres el tema se agudiza: 40% de los niños tienen anemia en las familias con menores ingresos, mientras que en los hogares con ingresos medios y altos la anemia alcanza a casi el 20% de los niños. "El hierro es fundamental para el crecimiento del cerebro, para el desarrollo y el crecimiento en general. El déficit de hierro afecta el sistema inmunitario, un niño con anemia se enferma más, por eso decimos que las cifras locales de anemia son dramáticas", dijo Curutchet.

En tanto, la ley de alimentación saludable en los centros de enseñanza, aprobada hace dos años por el Parlamento, aún no logró consolidar efectos significativos. Según señalaron fuentes de la ANEP y del MSP, la principal dificultad se presenta en Secundaria, donde es más difícil que los alumnos adhieran a las recomendaciones de alimentación, y donde las cantinas aún venden alimentos con exceso de grasa, sal y azúcar. En Primaria, si bien se avanzó de mejor manera, igualmente se siguen viendo meriendas inadecuadas.

Una fuente del MSP consideró que la norma "es muy liviana" porque no establece obligaciones ni da potestad a las autoridades de sancionar a, por ejemplo, las cantinas que se salgan de las ofertas saludables. "Hay cantinas en los liceos que venden cualquier cosa y no se preocupan de la ley, y por más que se les diga, cuando se van los inspectores vuelven a vender lo que quieren", expresó el informante.

En tanto, desde el Programa de Alimentación Escolar contaron que gran parte del problema está asociado a qué se enseña a comer en los hogares. "Están acostumbrados a comer panchos y hamburguesas, entonces les cuesta mucho cambiar el paladar y comer saludable. Para que coman verduras se las tenemos que esconder en la comida, por ejemplo en un pastel de carne tratamos de mecharles zapallo porque si no, no lo comen", relató una fuente.

Primer nivel de atención sufre falta de especialistas.

En Uruguay hay cerca de 2.200 nutricionistas, y según dijo a El País María Rosa Curutchet, presidenta de la Asociación de Dietistas y Nutricionistas, genera "preocupación" la falta de ese tipo de especialistas en el primer nivel de atención (policlínicas).

"Es muy insuficiente la cantidad de nutricionistas que tenemos, y más en las policlínicas, dado que es un lugar fundamental para prevenir los riesgos asociados a la mala alimentación", dijo Curutchet. "Hay departamentos en los cuales a nivel de ASSE no hay ni siquiera un nutricionista trabajando en el primer nivel de atención. Eso nos preocupa y mejorar ese tipo de situaciones también tiene que ver con el cambio que hace falta generar en cómo educar a la población y cómo orientarla en los pasos a seguir para tener una mejor alimentación", expresó la especialista.

MSP prepara campañas de alimentación saludable.

Ante los problemas en la alimentación, el MSP está preparando campañas para "llegar con distintos" mensajes a la población y así exponer los riesgos asociados a la obesidad. Además, prepara "guías de alimentación", dijeron desde la cartera. El Observador informó el miércoles que el MSP convocará a las firmas que fabrican alimentos procesados para que cambien el etiquetado de sus productos, en especial cuando tengan azúcar o grasas trans.

"La carne uruguaya es maravillosa".

Isabel Bove, nutricionista y asesora del Ministerio de Salud Pública en materia de alimentación, dio su visión ante la advertencia que hizo la OMS sobre el consumo de carne.

¿Es grande el riesgo de cáncer por consumir carne?

El cáncer está más que nada asociado con estilos de vida. El sobrepeso y la obesidad están muy vinculados, igual que el sedentarismo, al origen de cáncer, más que nada el cáncer de mama y de colon. Después hay ciertos alimentos que están mas asociados al aumento de riesgo de tener cáncer, pero hay que tener en cuenta que la mayoría de los estudios realizados y por los cuales la OMS realizó su advertencia, fueron hechos sobre carnes procesadas. Jamones, jamones ahumados, panchos y embutidos, entre otros productos, más que la carne como tal. Los estudios los hacen sobre esas muestras, y cuando hablan de carne muchas veces se refieren a hamburguesas, entonces no es la carne como nosotros la conocemos.

Pero la recomendación pareció una alerta, ¿es para tanta preocupación?

Está bien la advertencia, pero no puede haber una alarma por esto. La recomendación es no comer más de medio kilo de productos de carne y procesados por semana. En Uruguay estamos entre 600 y 650 gramos de consumo promedio por semana. Creo que la recomendación de limitar la cantidad de productos procesados, como embutidos, es un buen consejo, por ejemplo porque tienen mucha sal, tienen mucha grasa y mucha grasa saturada, y eso los une no solo al riesgo de cáncer, sino también al riesgo de obesidad y de enfermedades cardiovasculares. Un consumo mayor a 50 gramos por persona por día de productos cárnicos procesados aumenta un 20% el riesgo de contraer cáncer, pero en realidad hay otras cosas que están más asociadas a ese riesgo: el sobrepeso y la obesidad tienen más impacto sobre el cáncer que la carne.

Con la frecuencia con la cual se consume asado en Uruguay, ¿es riesgoso?

Primero hay que ver que asado no se come todos los días, si se comiera todos los días si tendríamos que advertir; por ejemplo, el asado "quemado" como muchos comen sí es malo. Luego, tenemos que ver que la carne uruguaya es una maravilla. No la podemos comparar con una hamburguesa. El problema está en la carne industrializada, hay productos de carne a la venta que si mirás la etiqueta tienen de todo menos carne.

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