¿Sí, no o tal vez?

Novick: ¿el Macri uruguayo?

Edgardo Novick conquistó al 20% de los montevideanos y eso sorprendió a un país, pero ¿quiere ser candidato a presidente? Él asegura que no, aunque en la oposición no le creen. El triunfo de Mauricio Macri hizo que muchos posaran sus ojos sobre el empresario devenido en político.

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Edgardo Novick quiere un frente opositor. Foto: Fernando Ponzetto.

Edgardo Novick cumplió 59 años el domingo pasado. Ese día, durante el festejo familiar, se acercó a su nieta Dominique, de siete años, y le dijo: "Domi, ¿sabés qué? El día que yo cumplí siete años fue un cimbronazo porque todo el mundo, en vez de hablar de mí, habló de que habían matado a Kennedy".

En vez de causarle enojo y ganas de llamar la atención, como seguramente le sucedería a cualquier niño de esa edad, la muerte de aquel político estadounidense llevó al pequeño Novick a "pensar y a escuchar lo que hacía un presidente, o lo que hacía la gente que quería ayudar a los demás", cuenta hoy, 52 años después.

"Domi, desde ese momento empecé a sentir que yo quería en algún momento ayudar a los demás", le dijo a su nieta, la mayor de cinco.

Luego la vida del empresario transcurrió entre frutas y verduras, talleres textiles y luego locales de ropa, restaurantes y hoteles, pero siempre con la asignatura pendiente de "intentar ayudar a los demás", repite, como definición de lo que para él significa dedicarse a la política.

En octubre de 2013 cortó la cinta inaugural del Nuevo Centro Shopping, un emprendimiento que lidera con dos amigos (Juan Salgado y Carlos Lecueder), y entonces se remontó a aquel cumpleaños número siete. "Llegó el momento. No necesito más, tengo todas las comodidades. ¿Qué puedo hacer mejor el resto de mi vida?", pensó.

Por esos días Novick empezó a escuchar que los partidos tradicionales querían hacer un acuerdo para competir juntos contra el Frente Amplio en Montevideo. Hablaban de tres candidatos: uno blanco, uno colorado y un eventual aspirante que proviniera del mundo empresarial. "Hasta ahora creo que fui el único que me presenté al llamado", dice con sonrisa pícara. Lo cierto es que aquella movida que luego se llamó Concertación calzó a la perfección en sus pretensiones.

Se reunió uno por uno con Luis Lacalle Pou, Jorge Larrañaga, Pedro Bordaberry y José Amorín Batlle. Los cuatro líderes de la oposición le dieron la bienvenida casi sin preguntar, sin sospechar. Larrañaga fue crudo: "¿Sabés en la que te estás metiendo? Mirá que vas a gastar plata y tiempo". Novick sabía y estaba dispuesto.

Dejó sus negocios en manos de sus gerentes de confianza y durante cinco meses vivió en carne propia una experiencia desconocida: la campaña electoral. Se sorprendió a sí mismo apelando a un discurso agresivo contra la gestión frenteamplista de la intendencia —"yo no soy una persona agresiva", asegura—, y al final fue el candidato más votado del Partido de la Concertación. Hubo 211.509 montevideanos que apostaron por él.

Seis meses después, Novick está de vuelta entre ventas, balances y promociones. Pide prestada una sala en la administración del Nuevo Centro —no tiene oficina ni secretaria, dice con un dejo de orgullo—, y enfrenta la pregunta que hace semanas sobrevuela los medios y los corrillos políticos. ¿Novick quiere ser candidato a presidente? ¿Sí, no o tal vez?

—Yo creo que sin duda hay una expectativa... Pero si me preguntás, yo lo tengo claro: yo quiero volver a ser candidato a intendente de Montevideo y quiero ayudar a que la oposición esté unida para que no volvamos a tener un candidato como Mujica, o a Mujica.

El expresidente José Mujica es para Novick prácticamente la encarnación del mal. O de lo mal que se puede entregar un país tras gobernarlo cinco años. Despotrica contra Mujica cada vez que puede. De hecho, su discurso político se basa en dos ideas fuerza y una es esa: Mujica "nos dejó con la peor educación, inseguridad e importantes empresas del Estado fundidas por su culpa". La otra idea podría resumirse, parafraseando a su enemigo, en "gestión, gestión, gestión".

Novick jura que no está pensando en ser candidato a presidente. Dice que en la calle "alguno" hay que se lo pida, pero que lo que más le dicen es "júntense": "Novick, haga algo para que se junten".

Un frente común.

El domingo 22, además de cumplir años y recordar la anécdota de la muerte de John F. Kennedy, Novick celebró el triunfo de Mauricio Macri en Argentina.

Al día siguiente, el comentario en las calles uruguayas y en las redes sociales se repetía: ¿Puede llegar a ser Novick la versión nacional del empresario argentino?

Si se le pregunta a él, la respuesta es que tienen algunas cosas en común, principalmente el perfil "desideologizado" y el afán por gestionar en política. "Creo que la gente advirtió eso y por eso lo votó", opina. Entiende que ciertas propuestas de Macri "están muy de la mano" con las que él hizo para Montevideo, como por ejemplo bajar el gasto estatal. "Para hacer buenas políticas sociales tenés que hacerlas desde la gestión", reivindica.

Comparten también el ser empresarios exitosos y millonarios (cada uno en el contexto de lo que es ser millonario en su país). Pero "la historia de Macri es muy distinta a mi historia de vida", dice Novick. "Yo vengo de una familia humilde, fui a escuela y liceo públicos".

Otra diferencia importante —que Novick no dice— es que Macri lleva 12 años en política, mientras él empezó hace menos de un año. Macri fue diputado y dos veces jefe de gobierno en Buenos Aires, y esas experiencias le sirvieron, según ha dicho él mismo, para prepararse y "revalorizar lo público". Hoy Novick está convencido de que las intendencias y las empresas públicas deberían ser dirigidas por "profesionales competentes" y no personas "en carrera política". "Las empresas deben dar buenos resultados, y después el gobierno ver qué hace con los resultados de la empresa", plantea.

De todas formas, lo que Novick dice que quiere hoy no es ser el espejo uruguayo del presidente electo argentino, sino copiar su modelo de alianzas políticas.

—Yo creo que tiene que haber un diálogo en toda la oposición para ver cuál es la mejor forma. Creo que se va a dar. Larrañaga también está hablando de algo similar, de que tiene que haber un frente común. En algún momento se va a dar un diálogo constructivo.

—¿A quiénes ve como candidatos de ese frente?

—A Larrañaga, a Lacalle Pou, a Verónica Alonso, a Bordaberry y a Tabaré Viera. Viera es, para mí, la figura que emerge del batllismo.

—¿Y cómo se empieza a formar ese frente común?

—No he pensado cómo, pero en algún momento debe haber un diálogo, si es que quieren…

—¿Lo va a promover?

—Es probable.

—¿El año que viene?

—Es probable.

Novick responde como si le estuvieran preguntando qué planea ponerse cuando se case su nieta de siete años. "Hay tiempo, hay tiempo", insiste sonriente.

Por estos días su convicción de que "hay que juntarse" encuentra un correlato cuantitativo. Según una encuesta de Equipos difundida por el semanario Búsqueda, cuatro de cada cinco ciudadanos que en las elecciones de 2014 votaron por los partidos Nacional y Colorado tienen predisposición o están seguros de apoyar un lema común de las dos fuerzas fundacionales, si estas decidieran crearlo a nivel nacional para 2019.

"Hay que ir madurando la idea, instalándola. La gente va por delante de la política, y la gente recién lo está expresando", dice para justificar su calma.

Novick se imagina un Partido de la Concertación que conserve las identidades de sus partidos miembros, "al igual que el Frente Amplio, donde el MPP, el Partido Socialista, etc., siguen existiendo". No quiere una alianza coyuntural sino estable. Una coalición. "En muchos lados hay un partido oficial y un partido de oposición. Si Macri lo logró, ¿por qué no lo vamos a lograr nosotros?".

Primeros contactos.

Hace tiempo que Novick no habla con los principales líderes de la oposición. Pero él o sus colaboradores políticos más cercanos —el diputado Guillermo Facello y el edil Marcos Laens— sí han tenido reuniones en los últimos meses con algunos dirigentes blancos, colorados e incluso frenteamplistas, de Montevideo y el interior.

Según fuentes blancas, son sus dirigentes los que reciben llamadas en las que los invitan a unirse a la movida por la Concertación a nivel nacional. Laens, que coordina a los ediles que responden a Novick, lo niega. "Nosotros no llamamos a absolutamente nadie. Te doy esa certeza. Hemos recibido llamadas de legisladores de todos los partidos", dice, y se excusa de no dar los nombres para no exponerlos. Agrega que las comunicaciones empezaron poco después de la elección municipal y se han ido incrementando.

En el Partido Nacional hay quienes creen que Novick no quiere construir un frente común, sino sumar dirigentes que lo apoyen como candidato presidencial. Además, muchos consideran que los medios de comunicación están prestándole demasiada atención. En el sector Todos siguen pensando que lo mejor es que cada partido tradicional compita por separado y luego se unan en el balotaje.

Lacalle Pou, que no quiso opinar para este informe, dijo hace unos días en Diamante FM: "No está planteado habilitar una candidatura presidencial" del Partido de la Concertación. En la misma línea se expresó Bordaberry en entrevista con El País: "Novick claramente quiere ser presidente, no intendente de Montevideo. Como quiere ser presidente y en la Concertación no lo puede ser, la única forma es estando dentro del Partido Colorado".

Quien sí parece tener algo de afinidad con la idea del frente opositor común es Larrañaga. El dirigente de Alianza Nacional escribió estas líneas para El País, y pidió que no se cambiara ni una coma: "No conozco el planteo de Novick, sí puedo decirle que estoy convencido —y lo he planteado en un editorial que se publicó en este medio— que se necesita instalar una conciencia superadora del relato frentista. Ni "negacionista" ni excluyente del Frente. Hay que impulsar la superación con valores. Ahora hay que instalar la idea de cambio y trabajar en un espacio común de ideas, que junte al arco opositor, pero también a ciudadanos frentistas que sean convocados por valores compartidos, respetando los partidos".

Hace unos meses, Novick y Laens inscribieron en la Corte Electoral la agrupación nacional Mejor Juntos dentro del Partido de la Concertación. La noticia, difundida por El País la semana pasada, provocó malestar en el Comité Ejecutivo del Partido Colorado, informó Búsqueda. Lo cierto es que esa fue la primera agrupación autorizada por los directivos de la Concertación, pero luego le siguieron otras cinco: Todos por el Cambio, Renovación Democrática, Porvenir Republicano, Concertación para la Victoria y Somos Jóvenes, Somos Hoy. Todas están integradas por personas vinculadas a los partidos Nacional y Colorado.

Novick le resta importancia. Dice que es "un grupo de gente que quiere promover que haya Concertación a nivel nacional a futuro", y que ni siquiera sabe cuántos o quiénes son. "Es solo eso", repite.

Los días de Novick: entre negocios y promesas.

Novick se despierta a las siete de la mañana y durante una hora y media, solo con el mate, absorbe todas las noticias que puede. Recibe los diarios en su casa, tiene dos radios prendidas y también alterna con televisión. Si tiene tiempo hace una hora de ejercicio en un club, y a partir de ahí su día transcurre entre los locales, el restaurante, el hotel y el shopping de los que es dueño. "Giro de un lado al otro, almuerzo donde me toque, no estoy fijo en ningún lado", dice. Se detiene a conversar con quien sea y asegura que lo reconocen personas de todos los departamentos.

Ya no está al tanto del día a día de sus negocios —tiene varios gerentes de confianza y 500 empleados a su cargo—, pero igual monitorea desde su celular las cámaras de seguridad de cada lugar y también accede a las ventas online en tiempo real. Llega a su casa de noche. A su esposa, con la que lleva casado 35 años, no la ve mucho, pero viaja con ella una vez por año.

No tiene oficina ni secretaria. Del comando que armó para la campaña municipal solo conserva a una asistente. Dice que sus referentes son sus cuatro hijos porque son los que más lo conocen. El mayor, que es economista y cursó una maestría en Harvard, lo enorgullece hasta las lágrimas. "Yo quería ser economista —explica emocionado— pero el trabajo me lo impidió".

Dice que no tiene un trato "constante" con ninguno de los siete ediles que hoy responden a él. Originalmente había nueve, pero dos decidieron apoyar un plan de endeudamiento del intendente Daniel Martínez y por eso quedaron afuera del sector. Cada 15 días se reúne con ellos; no suele frecuentar la Junta de Montevideo.

Intenta que los sábados sean días de recorrida por los barrios de la capital. Explica que cuando iba por la campaña, la gente criticaba que los políticos solo aparecieran en tiempos electorales. Después de mayo se propuso volver a los lugares que había visitado, y en ese marco fue que inauguró una plaza para niños en el asentamiento Los Sueños, y mandó unos camiones de hormigón para tapar los pozos de una calle en el barrio Régulo. "Fuimos ayudando en cosas que habíamos quedado que íbamos a ayudar. Cosas sencillas", dice queriendo restarle importancia.

Esta semana viajó a Salto y Bella Unión. Fue la primera salida al interior desde que fue candidato a intendente, y surgió tras la invitación del presidente del Centro Comercial e Industrial de Salto. Le pidieron que diera una charla para emprendedores, contando su historia. Él rechaza de plano que haya sido una "gira nacional", y "menos que menos política", como se dijo. En la conferencia que dio en el Hotel Salto la concurrencia superó las expectativas de los organizadores. Contó cómo llegó a ser un empresario exitoso y evitó hablar de política. Sin embargo, muchos de sus oyentes fueron exediles de todos los partidos. Se acercaron a saludarlo personas que han sido referentes de Vamos Uruguay y del herrerismo en el departamento. Visitó agroindustrias y emprendimientos productivos, y lo recibió la sociedad agropecuaria de Salto. Además, concedió entrevistas a varios medios. (Producción: LUIS PÉREZ, DESDE SALTO)

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