POCAS ADOPCIONES EN 2016

Niños a la espera de un sistema desbordado

De un lado hay 3.400 niños que esperan a ser adoptados y del otro, 300 familias que quieren tener un hijo. El proceso de evaluación de los adoptantes no demora más de 10 meses. Sin embargo, la falta de psicólogos y asistentes sociales hace que se tarde unos cuatro años.

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El registro de adopciones viene creciendo día a día. Foto: Archivo El País

Cuando el teléfono sonó, Andrea ya había perdido dos embarazos y estaba a horas de comenzar un tratamiento de reproducción asistida. La voz al otro lado del tubo fue como una señal divina. Era un funcionario del departamento de adopciones del INAU, donde ella y su marido se habían inscripto casi un año antes. Debieron elegir: intentar la fertilización o transitar el otro camino. Lo oportuno de la llamada, y el temor de enfrentarse a la pérdida de otro embarazo, hicieron que se volcaran por la segunda opción. Así comenzaron un largo periplo de talleres, evaluaciones psicológicas, visitas de trabajadores sociales y trámites. Pero el mayor de los desafíos estuvo, sin lugar a dudas, en ganarle a la ansiedad.

Hay 2.500 niños que viven en hogares del INAU y 500 de ellos tienen menos de cinco años. Además, hay otros 1.400 en diferentes planes de acogimiento familiar. La ley, que no se cumple, establece que los menores de dos años no pueden permanecer más de 45 días internados en una institución, y los mayores de esa edad, no más de 90. Con el aval de la Justicia este plazo se puede ampliar, por única vez, por otros 45 días.

Estos niños dependen de un sistema de adopciones que está desbordado. Las demoras son de hasta cuatro años. Los técnicos que se encargan de evaluar a los futuros padres son solo 14, entre psicólogos y trabajadores sociales. La falta de personal es el cuello de botella del INAU. Ampliar la nómina de funcionarios y retenerlos son verdaderos desafíos para el organismo. Los salarios de $ 24.440 por 30 horas de labor no son suficientemente seductores y es por eso que suelen irse a trabajar a otras áreas del Estado.

El vicepresidente del INAU, Fernando Rodríguez, anunció que se hizo un llamado por el cual en las próximas semanas se espera incorporar a nueve psicólogos y a "trabajadores sociales de otras oficinas". Sostuvo que se trata de un "esfuerzo económico importante" que tiene como objetivo reducir los tiempos a la mitad.

En realidad, el estudio de las familias para decidir si están o no en condiciones de adoptar no alcanza a durar más de 10 meses, explica Rodríguez. Pese a esto, reconoce que el trámite "dura unos cuatro años", debido a que hay más de tres que se van en esperar a que suene el teléfono.

La Asociación de Padres Adoptantes del Uruguay (APAU) hace años que viene luchando, con escasa o nula suerte, para que se contraten más técnicos y, sobre todo, para que se busquen mecanismos para que estos no se vayan a trabajar a otros lugares.

"El tema es que como los salarios no son nada maravillosos la gente arranca ahí y después se va. A los llamados se presentan psicólogos, pero no trabajadores sociales. El INAU quiere mover gente de otras áreas, pero es difícil. A veces pasa que como son jóvenes se embarazan y ahí ya se tiene a una menos. El Estado debería atender de forma prioritaria esta área. Es necesario que dé una respuesta, porque se necesita más cantidad de gente que dé soluciones a esos niños. También se debería buscar la forma de que la gente que se recibió en la Universidad de la República le brinde algo a la sociedad por esa educación que recibió casi de forma gratuita", opina Aurora Reolón, integrante de APAU y madre adoptante.


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En 2016 hubo 71 adopciones. Es el pico más bajo desde 2010, cuando hubo 27, lo que puede estar vinculado a los cambios impuestos a la ley de adopciones en el año 2009. En 2015 fueron 80, en 2014 se llegó a 109 y en 2013 fue el récord histórico con 115. El año pasado hubo 37 familias que comenzaron el proceso de integración de un niño, pero aún seguían bajo la atenta supervisión del INAU. En 2017, hasta el viernes pasado, iban 21 adopciones concretadas.

Armarse de paciencia.

Luego de aquella primera llamada, Andrea y su marido fueron instados a entregar una serie de documentos (entre otros, certificados de buena conducta) e invitados a los talleres introductorios para padres adoptantes. "Ahí te encontrabas con de todo un poco. Con cosas que a nosotros nos sorprendían. Con personas que querían un niño que se les pareciera, o rubios que querían el nene rubio", recuerda aún sorprendida.

En esas jornadas se mostraban, entre otras cosas, historias de personas que ya habían adoptado, o se interpelaba a los padres sobre qué esperaban de su futuro hijo. "Era re interesante, pero después que terminó tuvimos un año más de vacío. No nos volvieron a llamar", recuerda Andrea. Dice que en aquel tiempo no dejó lugar a la depresión y siguió con su vida en pareja a la espera de algo que "sabía que tarde o temprano se iba a concretar, porque también había un niño del otro lado a la espera de una familia".

Cuando el teléfono volvió a sonar, el INAU los convocó para empezar el largo recorrido que les permitiera entrar en el Registro Único de Aspirantes a la Adopción (RUA). A fines de 2016 había 30 familias que ya habían terminado todo este proceso, 36 que aún estaban siendo evaluadas y una larga lista de 293 postulantes que aún esperaban para ser convocados. De estos últimos, 60 se habían presentado en 2013, 116 en 2014 y 117 en 2015. En 2016 ingresaron 126 familias más, que a fin de año ni siquiera habían arrancado los talleres introductorios.

Reolón advierte que en los últimos años "el RUA no solo no creció, sino que se viene achicando cada vez más", pese a que hay una gran cantidad de familias que quieren adoptar. Ella considera que "el sistema necesita un RUA ancho, porque los niños que esperan no son solo bebés de cero a tres años sin dolencias".

La edad es algo que está en juego a la hora de adoptar. En 2016, de 72 niños adoptados, hubo 58 que tenían menos de dos años, 11 que estaban entre los tres y siete años de edad, y solo dos mayores de siete. La relación entre las cifras es histórica: siempre se prefirieron los niños más chicos.

También es desalentadora la situación para los que tienen discapacidades, enfermedades, o aquellos que hayan tenido una madre biológica con una patología psiquiátrica. "Los aspirantes creen que la historia se puede repetir, pero lo cierto es que si no están en un hogar que lo propicie, esto no tiene por qué pasar", apunta Reolón.

Como los dos padres rubios que asombraron a Andrea, hay muchos que tienen en cuenta el tema racial. "Cada vez pasa menos, pero sucede. No es solo con niños negros, pasa también con la mezcla, con los mestizos", agrega.

Tras la convocatoria a entrar al RUA, Andrea y su marido recibieron la visita de una trabajadora social. Reolón invita a "derribar mitos", porque "no van a ver de qué material es el techo, sino a saber que hay condiciones para recibir un bebé". Andrea dice que su casa no es lujosa y que las paredes no están perfectas. Ella le mostró la habitación en la que tenían un escritorio y contó cómo pensaban reformarla para el bebé. Le permitió ver su patio, sus plantas y mascotas. "Quieren saber que el niño va a estar bien, porque vienen de historias de dolor que no pueden volver a repetirse", explica.

Luego, otra vez la incertidumbre. Pasaron algunos meses hasta que los llamaron para las evaluaciones psicológicas. Se enfrentaron a varias sesiones juntos y por separado. "Eran preguntas de la vida diaria sobre nuestra pareja", cuenta Andrea. Luego de dos meses más empezaron otra ronda de talleres, que se desarrollan cada 15 días y se hacen en base a juegos.

"Por ejemplo, nos ponían la imagen de muchos niños y había que tomar una. Las fotos de los que tenían discapacidades nadie las agarraba. Yo agarré una de un bebé que no tenía el mismo color de piel que nosotros; lo elegí por la sonrisa. Pero no queríamos a alguien con discapacidad porque no podíamos sostener esa situación", dice Andrea. Ella y su marido también empezaron el proceso queriendo un bebé de no más de seis meses, pero al final dijeron que la edad no les importaba. "Lo que queríamos era armar una familia", sostiene.

Tres años y medio después de la primera llamada el teléfono volvió a sonar, esta vez para invitarlos a conocer a su hijo de 20 meses. En los talleres les enseñaron que es bueno contarles a los niños que son adoptados desde el primer día que llegan a la casa, por más chicos que estos sean. Andrea, entonces, filmó el ingreso de su hijo a su nuevo hogar, para que cuando sea grande lo pueda ver cada vez que quiera. Hoy tiene cinco años. Al cumplir 18 el INAU le entregará una carpeta con la parte de su historia que no podrá recordar. Una historia que comenzó casi dos años después de que Andrea y su esposo decidieran adoptar.

Una posible solución para los que tienen más de 5 años.

Las cifras del Fondo Nacional de Recursos cerradas a diciembre de 2016 señalan que hubo 1.543 solicitudes de tratamientos de fertilización asistida, de las cuales se autorizaron 1.306. Hasta ese entonces el beneficio del copago alcanzaba a las mayores de 40 años, pero esto dejó de ser así desde febrero. Desde el INAU sostienen que no hay pruebas de que estas cifras hayan llevado a una disminución de los pedidos de adopciones. En tanto, desde APAU lo ven como una posibilidad. "Puede llevar a una disminución de las adopciones, pero también puede pasar que las personas de cuarenta y pico, que ya pasaron por todo el proceso y no lograron quedar embarazadas, empiecen a adoptar más", sostuvo desde la organización Aurora Reolón. Para ella esto puede ser una solución para los niños más grandes. "Si una persona adopta a los 45 un bebé después es complicado, porque cuando sea adolescente ya va a tener 60. Lo ideal es que esas personas se puedan fijar en esos niños, que también necesitan una solución, y que ya tienen más de cinco años".

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