¿CÓMO ES VIVIR SIN ESTADO?

Neptunia: bienvenidos al experimento

En los terrenos ocupados al norte de Neptunia los vecinos toman para sí el control de la entrada y de la salida. De mala gana, los organismos acercan algunos servicios y la Justicia solo actúa con denuncias que pocos hacen. La ocupación crece junto con la justicia por “barrio propio”.

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Todos en La Cumbre se habían enganchado a la luz: ahora UTE los regularizó. Foto: A. Colmegna

Cuando había uno que estaba rastrillando en el barrio, fueron 70 vecinos a la puerta de la casa y le hablaron. "Robar está mal, flaco, pero robar a otro que no tiene está peor". El hombre se tranquilizó y hoy arregla calles o limpia cunetas.

El 3 de marzo ocurrió la tragedia de Milagros. La madre, quien recién había tenido un bebé, le confió el cuidado de la niña de siete años a una pareja de vecinos. Fueron a la playa y al volver, a las 20:40, la pequeña fue atropellada cuando cruzaba corriendo la Interbalnearia. Murió. Esa noche, 10 vecinos prendieron fuego el rancho de costaneros del hombre y la mujer que la habían descuidado. Nunca volvieron.

"La Cumbre de Neptunia" (kilómetro 34,500 de la Intebalnearia, pasando el peaje Pando al norte) es un barrio reciente. Viven unas 700 personas en 40 manzanas entre cuatro calles a medio consolidar y una decena de trillos, intenciones de camino que apenas se divisan en Google Maps. Viven en 30 casas y 250 casitas de tabla o chapa levantadas en su mayoría sobre terrenos ocupados. Salteados el derecho de propiedad y el deber de servicio de las autoridades, el vecindario toma para sí el control de la entrada y la salida.

"¡Al barrio se lo respeta!". Así, con signos de exclamación, se lee en un cartel en una de las esquinas. La Cumbre es una comunidad militante, que parece que está marchando incluso quieta: "El amor no es posesión", "De camino a casa quiero ser libre, no valiente", "Tocan a uno, tocan a todos" o "Tierra para el que la habita", son otras de las proclamas escritas en sus pasajes.

El expresidente de la comisión de vecinos y ocupante desde 2012, Carlos Lizcano, considera a La Cumbre un lugar especial, incluso desde lo "energético". En busca de un techo, llegó por recomendación de un conocido y vivió en carpa durante un año. Hoy tiene una simpática casa de madera, con amarillos y verdes, a dos aguas, y que montó con sus manos. Trabaja en la construcción, pero cuando llegó era empleado del rubro limpieza por 8.000 pesos por mes.

"Aquí acampó Artigas con sus indios", relata. Y cuando cuenta esto, ya es noche cerrada. En esta tierra alta de Canelones no hay alumbrado público así que el barrio se manifiesta con una lamparita aquí y otra allá o un fuego por acullá. Arriba, las estrellas son multitud. Abajo, la gente camina alumbrándose con el celular para evitar los charcos y no perderse en el trillo.

A una hora de Montevideo, La Cumbre parece un experimento de un científico loco que puso a convivir a un grupo de personas, pobres en su mayoría, con otros oportunistas en "tierra de nadie". Ante la inacción de los actores privados y públicos, se transformó en un laboratorio de cómo se genera identidad casi sin ley ni Estado.

El intendente de Canelones, Yamandú Orsi, reconoce que son pocas las intervenciones oficiales en el lugar. Por su parte, solo conserva algunas calles transitables y recoge la basura. "Lo hacemos porque a pesar de la irregularidad, son ciudadanos los que viven allí", dice. Por lo demás, no hay escuela, ni CAIF, ni centros de salud, ni templo religioso, club social o sala velatoria. Abrió un merendero con apoyo del Mides, pero funcionó poco. Hoy vive un hombre con alzheimer que no tiene a dónde ir.

El origen: vecinos de la calle Riacho, la primera zona en ser ocupada en Neptunia Norte. Foto: A. Colmegna
El origen: vecinos de la calle Riacho, la primera zona en ser ocupada en Neptunia Norte. Foto: A. Colmegna

El difícil acceso a la vivienda hace que cada día ingrese más gente al experimento. En este momento se están armando 10 ranchos y el mes que viene serán otros y así hasta que la tierra aguante o el científico imaginario decida terminar con su prueba. Nadie aventura cuándo.

Tierra de árboles.

Hasta la década de 1940, la zona de Neptunia era un páramo de bañados y médanos. Se fraccionó en pequeñas chacras durante la primera revolución artiguista (1811), así que algunos de sus propietarios originales pudieron haber sido efectivamente indios de Artigas.

En 1948, dos agrimensores compraron la tierra y formaron la compañía Neptunia SA, que plantó los árboles y comenzó a vender los terrenos. Negoció la mayoría de los solares en cuotas y en pesos (no existía la venta en dólares), pero con el tiempo y la devaluación, las cuotas se habían convertido en una risa. Tuvo serios problemas económicos y con la mayoría de sus propiedades embargadas, terminó sus actividades en los 90.

Conrado Hughes, contador y director de la OPP durante el gobierno de Luis Alberto Lacalle, conoce la historia por motivos de familia política. Su exesposa era hija de uno de los fundadores. "Mi exmujer contaba que cuando niña, el plan familiar de fin de semana consistía en ir a plantar pinos a Neptunia".

Si bien hoy las calles de La Cumbre remiten a especies de árboles (Ibirapitá, Blanquillo o Los Naranjos), casi no quedan ejemplares en Neptunia. Los pinos se han convertido en viviendas precarias. Los dos aserraderos de la zona seguramente sean las empresas más prósperas del lugar. Venden la tabla de tres metros de costanero (pino sin tratar) a $ 30. Con unas 80 tablas ($ 2.400), se hace una pieza de tres por tres.

Los primeros ocupantes llegaron a fines de los 90. A Jesús todos lo llaman así porque en su carrito tirado por un caballo tiene la leyenda: "Jesús te ama". Cuenta que llegó a la zona hace 20 años porque no tenía a dónde ir con sus 14 hijos.

Julio Fernández y Johnny Suárez también inmigraron por aquellos años y por indicación de familiares o amigos que ya estaban instalados. "Supe que estaban estos terrenos para ocupar y vinimos", dice Suárez. Y Fernández empieza a señalar: "Allá está mi hermano, en la otra cuadra mi suegro y por allá unos primos". Con el boca a boca, esa primera camada de ocupantes se instaló sobre la calle El Riacho, contra el arroyo Tropa Vieja. Serían 20 o 30 aquellos primeros "colonos".

En 2010 comenzó la segunda ola de ocupantes, que continúa hasta ahora. Ellos empezaron a instalarse de la ruta 34 hacia el arroyo Tropa Vieja. Hoy quedan pocos solares disponibles, pero la toma sigue a buen ritmo. En 2011 había 170 ranchos y en agosto del año pasado sumaban 235, de acuerdo a un relevamiento hecho por el Mides. Hoy ya serán 250, luego 260 y así...

Tierra sin papeles.

¿Quiénes son los propietarios de los terrenos? Muchos de los solares continúan siendo de Neptunia SA, que conserva unos 300, tanto al norte como al sur del balneario.

Según Hughes, la presidenta del directorio es su exsuegra; tiene 94 años y vive en una casa de salud. Sus herederos no pueden (o no quieren) afrontar la deuda y no podrían hacerlo padrón a padrón porque la comuna exige estar al día en todos. Para que Neptunia SA venda un terreno, debe pagar la contribución de los otros 299.

En 2010 la deuda de la empresa con Canelones ascendía a $ 30 millones, pero desde República Afisa (que maneja el crédito) llamaron a Hughes con una promoción especial: por ocho millones arreglaban. Eran US$ 400.000 de la época. El contador respondió que él personalmente no tenía ni un metro en Canelones y que había enviudado de su esposa en 2005.

Otros terrenos pueden ser de particulares que compraron medio a ciegas en los años 60 o 70 y quizás tampoco pagaron contribución o aparecieron nunca.

En menor grado, el problema se repite en otras zonas de Canelones, Maldonado y Rocha y la tierra ha quedado fértil para la tala, la ocupación y el experimento.

Tierra de oportunistas.

La Justicia ha actuado en La Cumbre. Cuando el juez penal de Atlántida Marcos Seijas asumió en 2014, el problema de la ocupación fue de los más acuciantes que le planteó la comunidad, la Policía y la Intendencia.

Seijas se puso a trabajar y en dos años procesó a 40 personas por el delito de usurpación, no solo en Neptunia, sino en Pinamar, Marindia y Parque del Plata norte. Pero la usurpación, que puede ser denunciada por cualquiera, tiene una limitante: entre la toma del bien y la denuncia debe pasar menos de un año.

Así que hoy la mayoría de los habitantes de La Cumbre son penalmente inocentes. Pasado el año de ocupación, solo el propietario del solar puede entablar una demanda civil por desalojo. ¿Estará dispuesta aquella señora que vive en la casa de salud?

Pasado el año 30, siempre que se pague la contribución, la propiedad pasa legítimamente al ocupante. Pero entre el uno y el 30, hay 29 años de experimentación. Hoy, ocupar en La Cumbre no es fácil. Para empezar casi no queda tierra disponible. Los terrenos que se están tomando son los más anegados o en los finales de cada trillo, y hay que abrirse camino al andar. Solo se llega a pie.

El barrio tiene dos puertas de ingreso. Nadie niega que funciona un mercado negro de la ocupación. Hay oportunistas que llegaron primero y tienen cercados terrenos con alguna mejora y los venden entre $ 20.000 y $ 40.000.

La otra forma de llegar sigue siendo la clásica: el boca a boca, encontrar el lugar descampado, plantar las estacas y cercar para ponerse a construir. Pero antes o después, el nuevo tendrá que presentarse ante los vecinos. La mayoría de las manzanas tiene algún referente, un ocupante antiguo o de carácter fuerte o ambas cosas, y él tendrá que dar el visto bueno.

En este momento, toda la manzana frente adonde viven Julio, Jesús y Johnny está siendo ocupada. Se están armando cinco ranchos de costaneros al mismo tiempo. Hay un brasileño, dos hermanos dominicanos, una mujer oriental sola con hijos y otro que dicen que es policía. Uno es guardia de seguridad, otro reparte pizza y otra hace limpiezas.

En La Cumbre se puede hablar con todos, salvo con los recién ingresados al experimento. Son desconfiados. Conscientes del riesgo de que los echen, evitan dar testimonio. "La renta (el alquiler) es muy cara en Montevideo. Igual nosotros vamos a pagar la contribución y estar al día en todo", dice uno de ellos, de acento caribeño y que prefiere no ser identificado.

"Son buena gente", define Julio a sus nuevos vecinos. Pero Jesús acota que les tuvo que poner límites porque habían estaqueado toda la manzana. "¡Pará!, no se van a quedar con todo. Hay otra gente que necesita". Sin mayor discusión, los recién llegados corrieron el alambre a un espacio menos pretencioso.

Estos terrenos están en la parte baja de La Cumbre: tierra difícil, muy inundable. Con las lluvias de jueves y viernes muchos ranchos quedaron con el agua a la cintura y movieron sus pertenencias a la casa de vecinos. "Estamos todos en la misma. Nos ayudamos. Somos gente de trabajo y no queremos a la Policía acá", dice Jesús.

En sus pesquisas, el juez Seijas supo de estas modalidades entre feudales y artiguistas de distribución de la tierra y le pareció rarísimo. Mandó a la Policía a investigar. "Es una locura que los propios ocupantes estén decidiendo quiénes van a ser los nuevos. Pero eso no es usurpación. Es… ausencia de la ley".

Hace cuatro años, un hombre murió de un infarto porque la ambulancia no pudo pasar por los trillos de La Cumbre hasta su casa. Eso determinó que se creara la comisión barrial, que pidió a la Intendencia el arreglo de calles. Desde la comuna respondieron que algo harían y lo hacen, aunque de mala gana.

La basura empezaron a recogerla, años atrás, porque los vecinos amenazaron con tirarla en la ruta. Cada tanto cortan la Interbalnearia y queman gomas con algún reclamo.

Hasta diciembre estaban todos enganchados a la energía eléctrica, lo que provocaba que reventara algún transformador de la zona. UTE optó por negociar con los vecinos la regularización y puso 330 contadores. Hoy otorga luz legal a cambio de un fijo de $ 180 más una variable de acuerdo al consumo. La mayoría paga unos $ 300 porque se trata de una "tarifa asentamiento". OSE les cobra fijo $ 190.

Las tragedias movilizan a La Cumbre. La muerte de Milagros provocó un corte y quema en la Interbalnearia y aceleró la concreción de un viejo pedido de los vecinos: la construcción de un puente peatonal sobre el arroyo Tropa Vieja que aún está en obra. Hoy, los peatones deben cruzar por la misma ruta en la que transitan los autos. Es la parte más perversa del experimento: los ocupantes se lanzan sobre la carretera cuando no viene nadie en un sitio límite de velocidad de 110 km/hora.

Tierra de incertidumbre.

Algún día la legalidad llegará a La Cumbre. No se sabe cuándo. Por lo pronto, hay algunos vecinos que en silencio pagan la contribución y esperan que pasen 30 años de ausencia del propietario para ser legítimos dueños. En el mejor de los casos, eso ocurrirá en 10, 20 o 25 años. Para el intendente Orsi, Neptunia SA posee solares de gran valor y algunos no están ocupados. "Allí hay un capital con el pueden generar recursos y regularizar".

Si eso no pasa, tarde o temprano, los solares se rematarán en beneficio de la comuna. Pero Orsi teme de esta salida. "Es una tierra muy valiosa y la Intendencia no lo puede malvender. La verdad que hoy no sabemos cuál puede ser la solución definitiva. Tenemos que ser muy creativos y buscar alguna herramienta".

Para Salvador Bernal, exalcalde de Salinas y zona aledaña, el problema no tiene salida. Para el actual, Oscar Montero, no se sabe. Pidió que se le enviaran las preguntas por mail y lleva 10 días pensando.

El juez Seijas tampoco ve una solución próxima. "Hay un problema social. Cuando se denuncia, la Justicia actúa y hace cumplir la ley. Pero la salida la tienen que dar otros organismos". El Ministerio de Vivienda nunca apareció en la zona.

Mientras tanto, pasan los años y el experimento sigue, incluso con algunos resultados loables. Dicen que la "justicia barrial" tiene prácticamente erradicada la pasta base. En algunas manzanas campea la solidaridad y el buen clima. Se ofrecen clases de yoga, los domingos dan meditación. Hay artesanos y grupos que mantienen tradiciones indígenas. Hicieron una peatonal con cuadros pintados en troncos. Se hacen festivales y jornadas de castración de perros, aunque para el último día del niño no hubo actividad por el desacuerdo. La comisión barrial está casi disuelta y hay calles donde gobierna el recelo y el caos: la relación entre viejos y nuevos ocupas no pasa su mejor momento. Algunos no se saludan cuando se cruzan.

En la noche de La Cumbre, Carlos Lizcano se pregunta: "¿Es justo que yo esté ocupando cuando un vecino de El Pinar o Salinas pagó US$ 30.000 o US$ 40.000 por el terreno? Seguramente no lo sea. Pero yo preguntaría: ¿es justo que el dueño de esto nunca se haya hecho cargo y que yo no tenga dónde vivir?".

¿Es justo? Como todo experimento en proceso, por ahora no hay conclusiones.

No todos son ocupas: El dueño que vende su casa.

El 10 o 15% de los residentes en La Cumbre de Neptunia (norte de la Interbalnearia) son propietarios hechos y derechos. Eduardo tiene la única casa que hoy está a la venta con título y al día en la zona. De material, tiene tres dormitorios, 600 metros de terreno y pide US$ 37.000. Como vive en Buenos Aires, decidió tapiar la entrada y cercar. Cuenta que un día le pusieron caballos a pastar en el predio. Alertado, se tomó el barco y en ocho horas estaba ahí pidiendo que sacaran a los animales y marcando territorio. "Van midiendo a ver qué tan presente estás. Si no aparecés, ocupan", cuenta Eduardo. La puso en venta hace dos meses porque la propiedad perdió el uso que le daba desde la década del 80 como residencia de veraneo. A pesar de que está a muy buen precio para una casa legal a un kilómetro de la playa, por ahora no ha recibido ofertas.

LA HISTORIA DE UN BALNEARIO TOMADO

Comienzos.

Neptunia comenzó a imaginarse en la década de 1940. Dos agrimensores formaron una sociedad anónima y compraron las propiedades linderas al Arroyo Pando con la intención de formar un balneario. No existía la ruta Interbalnearia, ni el puente. Así que se llegaba por la ruta 8 y luego tomando la 34 desde Pando.

Fraccionamiento.

Los agrimensores vendieron acciones y convocaron a amigos para el emprendimiento. Lo primero que hicieron fue plantar árboles. Dividieron la tierra en unos 3.000 solares.

Ventas.

Los solares salían 300 o 500 pesos de la época y se financiaban en cuotas, sin ajustes. No existían las transacciones en dólares. Para la década del 60 habían negociado gran parte de ellos, en especial al sur de la ruta Interbalnearia, que ahora sí existía. En el norte también fraccionaron unos 300 solares y vendieron casi la mitad para la década del 70. Pero prácticamente no hicieron calles. Mientras tanto, la moneda nacional devaluaba, políticamente Uruguay iba al caos y al golpe de Estado y las cuotas se habían convertido en una risa.

Cese.

Sin recursos, durante los años 80, la empresa no registró actividad. Los agrimensores murieron. Algunos de los herederos reflotaron la empresa en la década del 90. Con el boom poblacional de Ciudad de la Costa, Neptunia SA volvió a vender terrenos. Debía contribución inmobiliaria por todos ellos, pero iba arreglando padrón por padrón a medida que los negociaba y le entraban recursos.

Ocupantes.

A fines de los 90 se instalaron los primeros ocupas en el norte del balneario, el sector menos desarrollado de la zona y que que hoy se conoce como La Cumbre de Neptunia. Construyeron sobre la calle El Riacho, lindera al arroyo Tropa Vieja, una zona propiedad de Neptunia SA, pero que no se había fraccionado en solares por tratarse de tierra inundable. Allí se había proyectado un parque, al que iban a llamar "Artigas".

Terrenos.

Neptunia SA tiene aún unos 300 solares, pero ya no los puede negociar de a uno. Desde 2008, las intendencias acordaron que si alguien tiene más de una propiedad debe estar al día en todas para vender una. O sea que para que Neptunia SA venda un solar, debe ponerse al día con los otros 299.

Segunda ola.

Desde 2010 y hasta la actualidad, La Cumbre continúa ocupándose. Esta vez, desde la ruta 34 hacia el Tropa Vieja. En la actualidad se estima que el 85% de los solares están ocupados. No todos pertenecen a Neptunia SA. Muchos pueden ser de aquellos compradores de las décadas del 60, 70 o 90.

Más denuncias.

En los años 2014, 2015 y 2016 hubo 40 procesamientos en la zona por usurpación. El juez de Atlántida Marcos Seijas acota que es un delito que se tiene que denunciar antes del año de la toma del bien.

Inactividad.

Pasado el año de ocupación, el único recurso judicial es un juicio civil por desalojo, pero debe ser iniciado por el propietario. La presidenta del directorio de Neptunia SA tiene 94 años y está en un hogar de ancianos.

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