UNA BRECHA SIN MATICES

Ser negro en el país del racismo invisible

Por primera vez en el país se celebra el mes de la afrodescendencia. Y si bien se reconocen avances, las cifras muestran que a la hora de tener oportunidades, el color de piel sigue siendo determinante. En Uruguay, el racismo no es explícito ni violento, es "institucional".​

Sí, soy yo. ¿Me esperaba rubia y de ojos celestes?". La respuesta de Gloria Rodríguez dejó a la inspectora de Primaria atónita. La ahora diputada estaba llegando cargada con su portafolios y algunos carteles a una feria de ciencias en una escuela de un departamento del interior cuyo nombre prefiere olvidar. Cuando la inspectora que la recibía le preguntó dónde estaba la representante del Ministerio de Educación y a simple vista no creyó que aquella mujer de piel negra pudiera ser quien iba a evaluar los proyectos de ciencia y tecnología, el aire se congeló. Lo que siguió fueron disculpas, y más disculpas. Hoy cuenta la anécdota con un poco de ironía y sentencia: "El racismo existe y no lo queremos aceptar".

Este año se celebra en julio por primera vez el mes de la afrodescendencia, en el marco de una política de las Naciones Unidas. Y comparece cuando en Estados Unidos, un país donde el racismo cala hondo en la historia, la muerte de personas negras a manos de la Policía se hace cada vez más frecuente y el enfrentamiento se agrava. En un Uruguay que el imaginario colectivo proyecta como un país que recibió de brazos abiertos la migración —blanca— de otros siglos, parecería que esos conflictos son lejanos. Y sin embargo, las cifras evidencian que ser negro en Uruguay implica, muchas veces, tener menos oportunidades.

El 8,1% de las personas que viven en Uruguay son negras, pero entre los beneficiarios de la Tarjeta Uruguay Social (TUS) del Mides, son un 26%. De hecho, el 42% de los afrouruguayos tiene al menos una necesidad básica insatisfecha. Para el resto de la población la cifra se acerca al 22%. A esto, le llaman racismo institucional.

Cuotas ignoradas.

Para Rodríguez, que fue la primera legisladora titular afrodescendiente —por la lista 71 del Partido Nacional— el país está "estancado" en los avances previstos por la ley 19.122, que establece que el 8% de los puestos en los tres poderes del Estado, gobiernos departamentales, entes autónomos y servicios descentralizados, entre otros, deben ser ocupados por afrodescendientes. Entre las personas que ingresaron a cargos en el Estado en 2015, solo 2,7% son negras. Y supone un crecimiento de un 144% con respecto a 2014, según un informe de la Oficina Nacional del Servicio Civil.

Los organismos que cumplieron con la cuota fueron el Ministerio de Defensa y OSE. Ni el Ministerio de Desarrollo Social ni el Ministerio de Vivienda brindaron información. Rodríguez volvió a hacer un pedido de informes sobre este tema y en el detalle tampoco figura una respuesta de esas instituciones.

"Los legisladores piden informes sobre cumplimiento de la cuota y ni siquiera en el ámbito que ellos gobiernan existe ese control", sostiene Federico Graña, director de Promoción Sociocultural del Mides. El Mides ha realizado capacitaciones para que se conozca la ley dentro de sus diferentes organismos, así como en el Ministerio de Educación, INAU, Ministerio de Trabajo, y en la Secretaría Nacional de Cuidados. El objetivo para este año es terminar con el Poder Ejecutivo. "Es un trabajo gris, pero si se observa el informe del Servicio Civil el Poder Ejecutivo subió de un 1,7% a un 4,8%", agrega. Las llamadas acciones afirmativas que se vienen implementando desde la creación de la ley que establece las cuotas tienen, para la demógrafa Wanda Cabella, un valor "simbólico", pero no alcanzan para cambiar la realidad que las cifras evidencian.

"Los afrodescendientes son los más pobres dentro de los pobres", indica. De hecho, viven en los barrios más carenciados, en la periferia de Montevideo, y en los departamentos fronterizos como Artigas y Rivera.

Claudia De los Santos es directora de la ONG Mundo Afro y suplente de diputada por el Espacio 609 del Frente Amplio y cree que en la última década se ha avanzado, por ejemplo, con proyectos de vivienda liderados por mujeres afrodescendientes y reparaciones a algunas familias que durante la dictadura fueron expulsadas de la zona de Barrio Sur.

Pero para De los Santos la brecha sigue existiendo, especialmente en el interior del país.

"Al Uruguay rural no le llega este tema". En lo laboral, por ejemplo, en lo que va de 2016 la organización recibió ocho denuncias por discriminación en ámbitos de trabajo. No solo es difícil que la gente denuncie estos casos, sino que además se dificulta probarlos.

Apenas el 7,7% de los afrouruguayos mayores de 24 años alcanzaron la universidad y una de cada cuatro mujeres afrouruguayas ocupadas trabajó en el servicio doméstico en los últimos años. Para el resto de las mujeres es una de cada siete.

En la Policía.

A Walter Britos la historia le demostró que si se trabaja lo suficiente los logros son compensados. Fue el único negro en su generación —de casi mil personas— en ser elegido como cadete. Ahora lleva 45 años trabajando en la Policía y a principios de julio fue nombrado Jefe de Policía de Artigas.

"No ando con medias tintas, yo digo que soy negro, para mí es un orgullo serlo", dice Britos, que opina que el uso del término afrodescendiente es una forma de autoexclusión. En la Policía, cuando se detiene a una persona, se la puede categorizar como blanca, albina, asiática o indígena. También como trigueña, morocha, mulata o afrodescendiente. Britos dice que no permite esa práctica bajo su liderazgo.

Desde octubre del año pasado existe un Área Étnico Racial en el Ministerio del Interior. Es una continuación de los cursos que la ONG Mundo Afro venía llevando a cabo con policías. Se llegó a instruir a 4.000 efectivos en nueve años sobre cómo tomar una denuncia por presunta discriminación y cómo acabar con los estigmas de los afrouruguayos. "La Policía uruguaya está en una situación mucho más integradora que la realidad estadounidense", dice Luisa Casalet, coordinadora del Área Étnico Racial. "Hemos visto un avance en el trato, aunque aún persisten algunos prejuicios".

Britos destaca el protagonismo que los derechos de las minorías han tomado en los últimos años y dice que nunca se sintió discriminado. Creció en Artigas, un departamento donde el 17% de la población es afrodescendiente y recuerda que en su infancia, en la escuela, convivió con personas de diferentes orígenes y clases sociales sin que nadie marcara diferencia. Artigas también es el departamento más pobre del país.

De Derechos Humanos, racismo y lenguaje.

En "mi país se dice negro en forma cariñosa". Esa fue la explicación que dio Luis Suárez cuando fue acusado de racismo por el francés Patrice Evra. Lo que el delantero de la selección no tuvo en cuenta es que desde 2001, cuando se celebró la Conferencia Mundial contra el Racismo, en Durban, Sudáfrica, lo políticamente correcto es decir "afrodescendiente". La idea detrás de ese cambio lingüístico es el intento de reivindicar el origen común de quienes son la descendencia de aquellos pobladores africanos, llegados a América en condiciones de esclavitud. Según Federico Graña, director nacional de Promoción Sociocultural del Mides, el uso del término "negro" es volver a señalar la actitud del esclavizador sobre "el resto de seres humanos".

En 2015 comenzó el decenio internacional para los afrodescendientes, que busca que para 2024 haya cambios jurídicos y culturales que garanticen el respeto a los derechos humanos de quienes se consideran descendientes de africanos.

Reivindican la historia ignorada de Uruguay.

Entre las decenas de personajes que protagonizan el mural que decora una de las paredes de la sala de sesiones de la Cámara de Representantes, hay solo una que está arrodillada: una mujer negra. La diputada nacionalista Gloria Rodríguez lo cuenta y señala cómo la historia ha dejado de lado los aportes de los afrodescendientes, algo que, según cree, todavía sigue presente en la educación. "Hay que terminar con esa historia de que el afrodescendiente era para el servicio, que no se rebelaba, que Ansina le cebaba mate a Artigas", dice Rodríguez, que cree que para evitar la discriminación en escuelas y liceos hay que enseñarle a los niños y jóvenes esa parte de la historia de la que pueden enorgullecerse.

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