EL ADIÓS A LOS SERES QUERIDOS

El negocio de la muerte

A la hora de velar a los fallecidos, las costumbres han cambiado. Se opta por ceremonias más cortas y las cremaciones aumentan. Al mismo tiempo, los cementerios parquizados se vuelven una opción para muchos que prefieren los espacios verdes.

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Unas 32 mil personas por año en promedio, según el MSP. Foto: Reuters

Los ataúdes lucen brillosos y con apariencia de recién lustrados en la sala de exposición de la funeraria. Son cerca de una docena y los hay en pino, cedro, caoba o roble. Pueden ser simples cajones cuadrados con madera pintada o imponentes piezas talladas con cerradura, llave propia y terminaciones doradas. En el depósito de la empresa, que solicitó no ser identificada, incluso hay uno de bronce que, con servicio incluido, puede llegar a costar $ 400.000. Sin embargo, se trata de una pieza casi de exposición que no se ha vendido al menos en las últimas dos décadas. Incluso los de roble o cedro tallado, que rondan los $ 350.000, se venden muy poco, uno o dos por mes, con suerte.

En las últimas décadas, la forma en que los uruguayos despiden a sus seres queridos ha cambiado paulatinamente. Se buscan menos complicaciones, más rapidez a la hora de resolver, y se usa poca ornamentación al momento de velarlos. Así lo reconocen algunos representantes de las principales empresas funerarias del país, y si bien desde la Intendencia de Montevideo (IMM) no identifican un descenso en la cantidad de personas que son enterradas en cementerios municipales, los cementerios parquizados donde los muertos son enterrados entre jardines, lagunas artificiales y espacios verdes, se han instalado como una opción por la que algunos deciden pagar.

En el garaje de la empresa hay varios autos estacionados, esperando convertirse en carrozas fúnebres. Quien contrate el servicio más caro podrá ser llevado al sepelio en un lujoso Mercedes Benz E25, y quien opte por el más económico lo hará en un Chevrolet Mega. El tamaño y la calidad de las salas también puede variar, dependiendo de la funeraria, así como la cantidad de avisos en diarios o radios. Actualmente la contratación de un servicio fúnebre puede rondar entre los $ 35.000 y $ 400.000.

Con el tiempo, pensar en el momento de la muerte y de cómo se va a resolver la cuestión económica, se ha transformado en una preocupación de muchos. Hoy en día, quienes fallecen sin ningún tipo de cobertura son una pequeña minoría que, según explicaron de varias empresas, ronda entre el 5% y el 10% de los casos. Hoy se puede acceder a un servicio previsional a través de mutualistas o empresas específicamente destinadas a ello, como es el caso de Previsión. La compañía existe desde hace 45 años y, según explicó el gerente administrativo, Ricardo Arbini, la cantidad de socios ha crecido de forma constante. "Los uruguayos se fueron despojando de prejuicios con respecto al tema de la muerte, y los sistemas de pago en cuotas de servicios que antes se pagaban al contado se fueron consolidando como una solución accesible", apuntó.

Por otro lado, cajas como la magisterial o la policial prevén el costo del servicio para sus socios, y el BPS ofrece un subsidio tanto para activos como para pasivos que no contaran con servicios de pago previo al momento de morir. El beneficio cubre los costos del traslado a cementerios públicos o salas velatorias y ronda los $ 20.000. La IMM, por su parte, paga por el ataúd, la sala velatoria, vehículo para el traslado del cuerpo y de los acompañantes a quienes no puedan financiarlo. El año pasado se realizaron 1.777 a través de este recurso.

El duelo del siglo XXI.

Los velatorios se hacían originalmente en la casa del fallecido. No fue sino recién hacia mediados de siglo XX que comenzaron a aparecer empresas que ofrecían la posibilidad de realizar el velorio en un espacio destinado específicamente a la despedida. Y hace ya varios años que los velatorios dejaron de ser lo que eran: ya no duran toda la noche ni se prolongan por varias horas. A veces incluso se evitan.

Otra opción que muchos parecen preferir es la cremación. Algunas empresas consultadas calcularon que en un 25% de los casos se opta por la cremación, y en la Intendencia de Montevideo la cifra aumenta cada vez más. En 2001 se realizaron alrededor de 850 cremaciones mientras que en 2015 fueron cerca de 2.500. La cifra incluye solamente las cremaciones de cuerpo, es decir, ni la de restos ni las de oficio, que son aquellas en las que nadie reclama al fallecido.

Lo que definitivamente ha crecido en los últimos años, según destacó Marcelo González, director de gestión de Necrópolis, son las solicitudes en vida de cremaciones. "A veces nosotros tenemos demasiados requisitos para la cremación. Uno de ellos es que la hayan pedido en vida y en caso de que no, que la solicite un familiar cercano en determinado orden. A veces la persona no tiene familiares ni descendencia y opta por solicitarla en vida", indicó.

Poco a poco, las salas velatorias refieren menos a la muerte. Hoy en día si no fuera por el ataúd, sería difícil distinguirlas. Según destacaron desde otra empresa que prefirió no ser identificada, cada vez hay menos "pompa fúnebre". Los libros de firmas casi no se usan y se apuesta por lo más sencillo, dejando de lado toda decoración que pueda identificarse con lo lúgubre. Esto se cumple mayoritariamente en Montevideo, mientras que en algunos lugares del interior del país todavía se mantienen viejas tradiciones.

Desde la empresa señalaron, además, que hay normas dentro del Planeamiento de Edificación municipal de la capital que van en contra de las nuevas preferencias de los dolientes. Las salas velatorias deben estar construidas en lugares que "eviten las vistas desde o hacia las propiedades vecinas y vías públicas". Esto, indican, impide la opción de usar espacios luminosos y obliga a esconder las salas. "No le veo el sentido. Buscamos lugares luminosos, amplios, con líneas rectas, y la Intendencia te obliga a encerrarte. Todavía que las personas están en el dolor del duelo las tenés que encerrar, cortando vistas para que otra gente no las vea", opinaron.

El entierro en cementerios parquizados es también otra práctica que se ha establecido en los últimos años. Esta tendencia crece en todo el mundo y no solo en Uruguay, explican desde el cementerio privado Parque del Recuerdo. La parcela más accesible en este cementerio va desde cuotas de $ 2.000 por mes, hasta un valor total de $ 1.550.000. Esta última opción incluye jardines propios en sectores "preferenciales". El pago permite el acceso a una capilla ecuménica en la que se pueden celebrar misas u homenajes.

"El duelo necesita siempre de un otro para ser procesado y se hace muy paulatinamente", dijo la docente de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República Pilar Bacci, quien ha estudiado el proceso de duelo en la actualidad y entiende que hay una tendencia a la "intolerancia" hacia la posición de doliente frente al resto de la sociedad. "Ni el dolor, ni la pérdida, ni el desvanecimiento por la angustia frente a la ausencia del otro está permitido, y eso repercute en cómo vivimos los duelos".

"Antes, la comunidad iba a acompañar, a sostener, como una responsabilidad moral", comparó. Para la profesional, la preferencia por la cremación tiene que ver con la forma de entender el cuerpo tras la muerte y el tratamiento que se le da. Al elegir un lugar donde la persona fallecida fue feliz para esparcir las cenizas, "uno termina teniendo cierta propiedad sobre el ser querido, aunque sea inmaterial", indicó. A su vez, el rol del cementerio ya no es entendido como un lugar sagrado e improfanable, y eso repercute en las decisiones que toman las personas. La cremación es una forma de evitar pensar en la descomposición del cuerpo y lo que podría ocurrir tras su abandono, opinó. "Los cementerios son el lugar de la tristeza, de la pérdida y la separación. ¿Ahora hay tiempo para eso?", se preguntó.

In memoriam, homenajes y transmisiones por internet.

La empresa de servicios fúnebres Road ofrece la posibilidad de realizar transmisiones en vivo de los velatorios. Es una opción para las familias que tienen parientes o personas cercanas en el exterior y que desean estar presentes con la ayuda de la tecnología. Según explicaron desde la compañía, su funcionamiento es a través de una clave que da acceso al video de la transmisión de la ceremonia. Sin embargo, agregaron, es una posibilidad que tiene poca demanda. Por otra parte, una de las prestaciones que ofrecen los servicios, de las más tradicionales, tiene que ver con la publicación de avisos en diarios o radios, que sigue aún vigente en época de redes sociales. Estos pueden valer entre $ 1.000 y $ 10.000; habitualmente las compañías incluyen en su servicio dos publicaciones pequeñas. En ocasiones, se opta por recordar al fallecido con mensajes más largos y fotos, que implican un costo extra.

Cremaciones trancadas en Montevideo.

En Montevideo la Intendencia es la única institución autorizada para realizar cremaciones, en sus hornos ubicados en el Cementerio del Norte. Por la rotura de uno de los dos que allí funcionan, en agosto de 2015, el municipio tuvo que suspender las cremaciones que no se solicitaron en vida y recién a fines de este mes se volverá a la normalidad con la compra de nuevos hornos, según anunció el director de gestión de Necrópolis, Marcelo González. Lo habitual, antes de este episodio, era que se pudiera realizar a uno o dos días del fallecimiento, dijo González, pero la ruptura ha provocado demoras. El costo de la cremación prestado por la Intendencia, es de $ 5.500, pero también se adquiere a través de empresas funerarias. Para varias compañías la rotura ha sido un problema ya que se debe responder a las necesidades de las familias que encuentran impedimentos en un servicio que ya tenían contratado. Sostienen que esto ha provocado demandas. Así es que varias empresas ofrecen la alternativa de realizar cremaciones fuera de la capital. Algunas, incluso, han abierto hornos a consecuencia del conflicto, para suplir la falta del servicio municipal. Los precios pueden rondar entre los $ 22.000 y los $ 29.000.

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