SUSANA MUÑIZ EN LA MIRA DE LA OPOSICIÓN

La mujer tras las sospechas en ASSE

En 2012 muy pocos sabían quién era Susana Muñiz, pero un año después, cuando el expresidente José Mujica pidió un nombre para ocupar el MSP, le dieron el de ella. Muñiz está en la mira por ser la cara visible de ASSE, el organismo que se enfrentará a una investigadora por un saga de irregularidades.

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Susana Muñiz por Arotxa.

A Susana Muñiz la cuidan. Intentan que no hable con la prensa. Y la entrenan como si fuera un boxeador. Un grupo de abogados la prepara para el que quizá sea el mayor duelo de su vida: una investigadora que indagará posibles actos de corrupción dentro de la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE), que ella dirige. Cuando asumió en marzo de 2015, luego de su pasaje por el Ministerio de Salud Pública (MSP), dijo que se estaba "comiendo un garrón" por todo lo que le achacaban respecto al caso Alfredo Silva —el exdirector procesado por conjunción del interés público con el privado. Ahora, desde su entorno advierten que es otra víctima del "bullying" político.

Al principio Muñiz no tenía reparos en tirar el fardo sobre lo que había pasado en ASSE a sus antecesores. "Me comí un garrón porque es una situación bastante anterior a que yo llegara al ministerio. Buena Estrella —la empresa de limpieza desde la que Silva realizó su maniobra— desapareció en mayo de 2012 y yo entré en febrero de 2013", dijo una vez en entrevista con El País. Pero lo cierto es que durante su administración en el organismo fueron denunciadas varias irregularidades más: directores de hospitales que contratan a sus propias empresas para hacer traslados, gastos excesivos en publicidad, violación a los derechos humanos en las colonias psiquiátricas y, por último, el escándalo del Hospital Saint Bois, donde unos 200 niños recibieron un fármaco para adultos.

Muñiz está casada y tiene un hijo de 19 años. Su esposo es dueño de una empresa y solo se toma dos semanas de vacaciones al año: en Carnaval y Turismo. Ella hace lo mismo. Por eso, como "trabaja a sol y a sombra", en su círculo íntimo no hay sitio para la autocrítica. Sostienen que la jerarca está siendo víctima de "bullying", una palabra que según la RAE quiere decir "acoso escolar", pero que el presidente Tabaré Vázquez utilizó días atrás para referirse a las denuncias que pesan sobre su número dos, Raúl Sendic. "Atrás de todos los ataques, de todo lo que dicen, hay una mujer que es un ser humano", dice un colaborador de la jerarca, y denuncia que existe "un ensañamiento" contra ella.

¿Quién es?

"No hay más remedio, tenemos que sacarlo", les decía José Mujica a los principales referentes del Partido Comunista: Juan Castillo, Eduardo Lorier, Daniel Marsiglia y Marcelo Abdala. Era el caluroso febrero de 2013, estaban en la chacra del entonces presidente y había que tomar una decisión rápida. El pedido de renuncia al entonces ministro de Salud Pública, el chileno Jorge Venegas, no tenía marcha atrás. La oposición lo estaba reclamando: no tenía aún la ciudadanía legal uruguaya y era inconstitucional su permanencia en el cargo. "Pepe nos dijo que no viéramos la situación con un espíritu revanchista, que él no quería sacar a los comunistas del gobierno y que le diéramos dos o tres nombres para que él los evaluara", cuenta uno de los dirigentes que participó en la reunión.

Se fueron de la chacra con la misión de buscar, entre los miembros del PCU, algunos que tuvieran la suficiente trayectoria como para ocupar ese cargo. No era tarea fácil. Llamaron a una reunión de la cúpula del partido. Ahí se manejaron cuatro nombres: el del propio Marsiglia, miembro del secretariado del PCU, y que tiempo atrás había sido evaluado como un posible sustituto de Ana Olivera en la subsecretaría del Ministerio de Desarrollo Social, cuando esta pasó a la IMM; el de Jorge "Fogata" Bermúdez, líder del sindicato de la salud privada; el de la entonces directora del Departamento de Laboratorios del MSP, Cristina Mier; y el de Muñiz, en ese entonces directora del Segundo Nivel de Atención de ASSE, encargada de los 22 hospitales públicos del interior.

Muñiz también actuaba, informalmente, como asesora de Venegas desde que este era, en 2010, el subsecretario de la cartera dirigida por Daniel Olesker. Venegas tenía a su cargo los temas internacionales y de frontera, sobre todo en cuanto a la posible llegada de enfermedades desde otros países. Muñiz lo asesoraba en esta área por su conocimiento del territorio. "Después yo me voy, queda Venegas de ministro, y cuando se va viene Muñiz. No era algo raro. Era natural que el cargo fuera para ella", explica Olesker.

Sin embargo, a la interna del Partido Comunista la decisión no se tomó de inmediato. "No nos pusimos de acuerdo enseguida. Estuvimos conversando como dos horas. El tema era que queríamos darle a Mujica un solo nombre. No queríamos que lo eligiera él, lo queríamos elegir nosotros. Pusimos sobre la mesa las credenciales de cada uno, y entendimos que la doctora Muñiz era la más capaz", dice otro importante dirigente comunista. Para sus compañeros de partido, la hoy presidenta de ASSE es "Muñiz", "la doctora" o "la doctora Muñiz". No se refieren a ella como Susana. Y esto tiene que ver con que la conocen poco. Muy poco.

De abajo.

Muñiz era para el Partido Comunista más que nada una militante barrial. Iba seguido al comité de base que quedaba cerca de la que era su casa, en Ciudad de la Costa. Después tenía un papel más bien marginal dentro del Sindicato Médico del Uruguay (SMU). No participaba de los grandes movimientos ni tomaba decisiones. Era afín al sector de Daniel San Vicente, histórico acérrimo opositor a las alas mayoritarias del sindicato. La agrupación, que ya no existe más, se llamaba Trabajadores Médicos. "No era militante, pero había una afinidad, sobre todo en 2003, cuando estábamos en plena movilización", explica San Vicente.

Ese año Muñiz era directora del hospital de Ciudad de la Costa. Las movilizaciones contra el entonces gobierno del presidente colorado Jorge Batlle, eran más bien protagonizadas por la Federación de Funcionarios de Salud Pública (FFSP), de la que su principal dirigente era Alfredo Silva. Muñiz era jerarca, pero a la vez dirigía la movilización en Ciudad de la Costa, un centro que cobró protagonismo en la lucha por un mejor salario. Allegados a Muñiz sostienen que ella tuvo la suficiente cintura como para participar de la protesta, pero a la vez diseñar un plan de contingencia que permitiera garantizar la atención de los usuarios. La doctora recuerda a veces este episodio cuando le toca negociar con los sindicatos.

Hay tres banderas que Muñiz saca a relucir de vez en cuando: una es que ella siempre se atendió en hospitales públicos; otra, que conoce todos los centros de salud de ASSE que hay en el país —y estos son más de 900—; y, la última, que ella nunca trabajó en el sector privado. Sus defensores dicen que estas son las tres cosas que tuvo en cuenta Vázquez para mantenerla cerca y darle a su cuidado la dirección de los hospitales públicos. Sus detractores sostienen que, en realidad, cubre así cuotas políticas y de género.

Parte de su carrera la hizo dando clases de Biología, actividad que mantuvo en dos liceos de Ciudad de la Costa —también públicos— hasta que fue nombrada ministra. En sus años de estudiante fue militante de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). Se recibió en 1993.

Antes de conseguir su título, Muñiz fue sorprendida con uno de los mayores golpes de su vida, cuando su hermano falleció de cáncer. Ella ha dicho una y otra vez, cuando se denuncia un fallecimiento en circunstancias dudosas en ASSE, que "la gente se muere", que es "algo natural".

Los enemigos.

Desde que asumió en la cartera en febrero de 2013, Muñiz tuvo una mala relación con el Sindicato Médico —al que igual continúa afiliada—, sobre todo con el hasta hace pocas semanas presidente, Julio Trostchansky. Uno de los picos más tensos se dio dos años después, ya con Muñiz al frente de ASSE, cuando Trostchansky denunció "muertes evitables". El líder se refería al fallecimiento de tres pacientes tras la explosión de una garrafa en Artigas. La polémica estalló porque el traslado de los heridos, uno de ellos un niño de ocho años, se hizo en ambulancia y no en helicóptero, y por lo tanto se demoró 10 horas en llegar a la capital. Muñiz sostuvo que si este evento hubiera sucedido al lado del Cenaque (Centro Nacional del Quemado, que funciona en el Hospital de Clínicas), "no habría cambiado el desenlace". Trostchansky dijo que esto equivalía a decir que "si te vas a morir, para qué te voy a tratar".

"Muñiz es una persona sin liderazgo. Burda para negociar. Con poco margen, muy dogmática, con poca cintura", dispara Trostchansky. Otros, sin embargo, sostienen que ella tiene la suficiente fuerza para pararse frente a quien sea y defender su postura hasta el final. "Te mira a los ojos y te dice todo lo que te tiene que decir sin problemas", dice otra fuente del SMU. El expresidente de la Junta Nacional de Salud (Junasa), quien además fue compañero de Muñiz en la Facultad de Medicina, Luis Gallo, elige definirla como "una persona tranquila, de trato correcto y respetuoso".

Trostchansky es, sin dudas, uno de los dos grandes archienemigos de Muñiz. El otro es el diputado nacionalista Martín Lema, que en este período ha hecho la mayoría de las denuncias de corrupción que pesan contra su gestión. Lema dice que Muñiz gobierna "para los compañeros", "para los amigos del Frente Amplio". Ella no contesta. Desde ASSE sostienen que uno de los principales problemas que tiene el organismo es "el corset político", por el cual Muñiz no puede salir a defenderse, pues tiene impedido hacer apreciaciones políticas. Para ellos hay una luz al final del túnel: Muñiz deberá hablar y dar explicaciones sobre su gestión ante la investigadora. Ahí no habrá corset que valga como excusa.

"Susanita", el chiste que nunca le gustó.

Mafalda mira a Susanita y le pregunta "¿y el futuro?". La viñeta fue reproducida por Trostchansky en septiembre de 2015 en Twitter, con un texto que decía "No sabe qué responder". El exlíder del SMU usaba este recurso para pegarle a Muñiz, y ella no se lo tomaba con humor. "Incluso era algo que ponía sobre la mesa cuando íbamos a hablar de cosas serias", cuenta Trostchansky.

CUATRO MOMENTOS POLÉMICOS EN SU CARRERA

Medicamentos caros.

Dos días antes de dejar su cargo como ministra de Salud Pública, el 27 de febrero de 2015, Muñiz firmó una ordenanza en la que expuso una lista de 16 fármacos que no iban a poder ingresar jamás al Formulario Terapéutico de Medicamentos (FTM), es decir, aquellos que son habilitados por la cartera. Uno de ellos es el Cetuximab, por el que el MSP enfrentaba la mayoría de los juicios por parte de pacientes. Ya como presidenta de ASSE, Muñiz denunció, en declaraciones a El País, que los laboratorios pagaban "becas y vacaciones" a algunos médicos.

Apoyo a directores.

Una de las principales denuncias que hizo el diputado de Unidad Popular, Eduardo Rubio, impulsor de la investigadora contra ASSE, tiene que ver con tres directores de hospitales, dos del Pereira Rossell, que vendieron servicios de ambulancia por cuatro años al Hospital de Bella Unión. La maniobra, dada a conocer en un principio por El País, se dejó de hacer luego de que el Tribunal de Cuentas observara la situación. Muñiz, cuando era directora del segundo nivel de atención en ASSE, fue la que recomendó, a través de una carta, que se contratara a esta firma. Incluso cortó la cinta el día de la inauguración de la empresa.

Falta de habilitaciones.

Muñiz también fue acusada por el diputado Martín Lema de contestar mal a un pedido de informes en el que este preguntaba cuánto se había gastado en el primer semestre de 2016 en contratos por camas de CTI. La respuesta decía que se habían gastado menos de US$ 5 millones. Muñiz luego tuvo que aclarar que ASSE había cometido un error y que en realidad eran US$ 10 millones.

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