del agua a la basura

Misión cumplida

De la crecida del río Uruguay en los departamentos del norte, a la emergencia por basura acumulada en la capital: así vivieron decenas de militares los últimos días de 2015 y los primeros de 2016. Lejos de la autocompasión, los efectivos se limitan a afirmar: "misión cumplida".

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Los tenientes Avero y Serra posan junto a algunos de los soldados que trabajaron en la recolección. Foto: F. Ponzetto

El teniente segundo Cristian Serra terminó su jornada el 23 de diciembre pensando en sus vacaciones en Artigas. "Uno trata de trabajar todo el año y organizarse bien para estar en las fechas tradicionales con la familia", dice, convencido de que así ocurre con muchos de los soldados y oficiales que, como él, trabajan en Montevideo pero son del interior.

Sin embargo, ese mismo miércoles previo a Nochebuena Serra empezó a ver fotos que le anunciaban que su descanso no sería como lo había imaginado: por Whatsapp y por Facebook le llegaban imágenes del río Uruguay avanzando, cada vez más cerca de las casas de su barrio natal, 25 de Agosto.

"¿Cómo están?", preguntó Serra a su familia. "Bien, bien", le respondieron. Pero la información que recibía en su celular no decía lo mismo. Imaginó que le estaban ocultando la verdad para que no se preocupara, así que antes de medianoche se decidió a adelantar el viaje que tenía previsto para el día siguiente. Cuando llegó, de madrugada, encontró su casa vacía, sin muebles. Su padre y su hermano estaban "haciendo guardia" y el agua estaba en la entrada, amenazante. Desde entonces, sus planes se esfumaron.

Serra tiene 31 años, estatura media, complexión delgada. Usa el tono formal que le impone su condición de militar, y su relato está despojado de palabras emotivas o exageradas. La cuota de expresividad la aportan sus ojos, que se abren grandes cuando cuenta que su hermano, que trabaja como soldado en Artigas, debió asistir a los desplazados por la crecida y le tocó incluso evacuar a sus propios padres. O cuando recuerda que, en cuestión de minutos, un auto que iba a sacar gente del barrio terminó con el agua por la mitad de las ruedas.

La noche del 24 la pasaron en la casa de su hermana, que vive en una zona alta. Sus padres pudieron dormir allí; él no durmió. El ambiente fue "de mucha tensión". "Al día siguiente pudimos volver a casa. Pero hubo gente que no pudo volver", dice.

Los siguientes días los pasó ayudando a sus padres y vecinos a ordenar sus casas. En Artigas llegó a haber más de 10 mil evacuados, sin contar a quienes se ubicaron en casas de familiares. Ayer todavía había unas 550 personas fuera de sus casas en ese departamento. En Salto eran casi 6.000 y en Paysandú, 6.500.

El 30 de diciembre Serra cumplió años. Originalmente había pensado festejarlo con amigos allá, en Artigas, pero no parecía buena idea dado el panorama, así que resolvió pasarlo con su familia. Pero eso tampoco pudo ser: de tardecita recibió una llamada desde Montevideo para avisarle que se estaba evaluando pedir ayuda al Ejército para levantar basura acumulada alrededor de los contenedores. A eso de las 23 se confirmó, así que Serra emprendió viaje a la capital.

Johny Avero, teniente primero, también recibió el pedido de dirigir una cuadrilla. A diferencia de Serra, lo suyo sería solo durante la jornada del 31, entre las 10 y las 16 horas. Llegó a tiempo a su casa, en Montevideo, para cocinar y brindar con su familia.

Serra recibió el 2016 en la casa de un amigo. Y el 1°, a las siete de la mañana, una camioneta del Ejército lo pasó a buscar. Como él, otros 400 militares comenzaron el primer día de este año recogiendo basura.

Buenos soldados.

Las calles estaban vacías a esa hora de la mañana, pero los contenedores estaban repletos. Serra tenía a su cargo a 12 soldados que trabajarían de 7 a 13 y luego de 14 a 20 horas. En lo posible, rotarían para descansar. El trabajo, según se había acordado con la Intendencia, se extendería hasta el lunes 4 de enero inclusive. Y el objetivo era limpiar los alrededores de entre 100 y 120 contenedores cada día.

Es martes, Serra se sienta en uno de los cómodos sillones del casino de oficiales del batallón de Infantería N° 2 —un lugar de distensión, con televisor y servicio de comedor— y ya lejos del olor insoportable que respiró los días anteriores, dice:

—Una experiencia que estuvo muy buena fue el apoyo de la gente, y el esfuerzo del soldado. Quedé contento por eso y por el apoyo de la familia, que es importante, porque detrás de un soldado hay una familia.

No es que tuviera dudas de que "el personal" cumpliría, aclara. Sin embargo, es consciente de que la mayoría de los soldados que integraron su cuadrilla son del interior. "Hubo que citar a personas cuyos padres estaban inundados. Algunos estaban mal, mal, y no pudieron venir. Nosotros evaluamos la situación de cada uno".

Serra repite que está "muy contento" porque ninguno se quejó —"podría haber ocurrido: somos ciudadanos como cualquier otro", advierte— y porque, además, hubo "dos o tres" que se ofrecieron para hacer el trabajo en forma voluntaria, por fuera de los turnos encomendados.

—Nosotros, los militares, cuando nos dan una misión, tratamos de hacerla lo mejor posible. Salir y poner lo mejor de cada uno para que salga bien. La misión la tenían muy clara, eso fue lo bueno.

—¿Y no sufrían por no poder estar con sus familias?

—Ellos lo aguantaron como buenos soldados. La misión es la misión. El servicio es el servicio.

—A pesar de que recoger basura no esté entre sus funciones normales...

—Nosotros recibimos órdenes y cumplimos.

Avero, sentado al lado de Serra, intenta explicar un poco más lo que para su compañero es obvio.

—A veces se nos puede dar una orden que nos guste o no, o estar 100% de acuerdo o no, pero por la idiosincrasia que tenemos, porque somos una institución piramidal, la orden que viene se acata a como dé lugar. En todo momento el cabo o el soldado de la cuadrilla sabía que lo que estaba haciendo estaba bien porque era la orden que habíamos recibido, del ministerio o de quien viniera. Incluso parecía que la fecha en la que estábamos les daba más impulso a decir "nos encomendaron esto en esta fecha, vamos a hacerlo y que quede bien". Además, me imagino que habremos pasado por el barrio de más de un soldado, y nadie es ajeno a la situación de cómo estaba (la basura acumulada).

En definitiva, dice Avero, lo que vale destacar es "la satisfacción del deber cumplido". En total, el Ejército limpió unos 6.000 contenedores y levantó 1.000 toneladas de basura. "Creo que el trabajo se hizo relativamente bien", opina, y Serra complementa: "La misión fue cumplida".

Adeom: "Nos metieron a los milicos; son unos traidores".


Después de cinco días de acumulación de basura alrededor de los contenedores —primero por las fiestas y después por medidas gremiales—, la Intendencia de Montevideo resolvió montar el operativo "emergencia preventiva" y pedir ayuda al Ejército, a empresas privadas y a organizaciones sociales. Primero fue el turno de los soldados, que se organizaron en cuadrillas de 12 para levantar basura de unos 6.000 contenedores de los municipios A, D, F y G.

El lunes, durante el último día de trabajo de los efectivos, Adeom se reunió en asamblea para analizar la propuesta salarial de la comuna. Allí, según recogió El País, el secretario general del sindicato, Camilo Clavijo, dijo que quería expresar su "total repudio" a que otros colectivos hicieran el trabajo de levantar basura. "Y menos los milicos, compañeros, que todavía tienen los muertos, todos los desaparecidos", se quejó. Clavijo dijo sentir "terrible calentura" por la respuesta que había tenido el Ejército de parte de la gente. "Vecinos y vecinas que a nosotros nos putean, salían y saludaban a los soldados", planteó, y agregó: "El Ejército le ha hecho mucho daño a nuestro pueblo". Otro asambleísta, William Rosadilla, fue más explícito: "Nos metieron a los milicos, son unos traidores".

Dos días después, el intendente Daniel Martínez expresó al respecto: "Lamentablemente, todavía no puedo entender cómo viendo lo que era la ciudad (...) alguien puede estar en contra de hacer lo que hicimos. Que se enoje quien se enoje. Nosotros no vamos a dejar de tomar ninguna medida que vaya en beneficio de la gente. Y no tengo ninguna duda, por la misma respuesta ciudadana, que los montevideanos lo entendieron".

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