¿EL ELEGIDO?

Miranda en busca del amor del FA

Javier Miranda se lleva bien con el presidente Vázquez, y hay quienes creen que su carrera política seguirá más allá de la presidencia del FA. Sin embargo, el suyo es un liderazgo cuestionado. Mujica habla mal de él públicamente y su poder de captar a las masas está hoy en tela de juicio.

Javier Miranda. Foto: Darwin Borrelli
Javier Miranda. Foto: Darwin Borrelli

Un minuto de silencio por "el comandante" Fidel Castro y Javier Miranda que empieza a carraspear, a acomodar la garganta. El locutor que lo presenta y él que, de camisa celeste arremangada, camina lento hacia el estrado. Se acomoda los resbaladizos lentes, mira hasta el fondo del Palacio Peñarol, se pone la mano derecha de visera aunque no haya luz que lo encandile, reparte una sonrisa complaciente y arranca: "Símbolo de la revolución, símbolo de Latinoamérica, símbolo de la destrucción de una dictadura feroz y también de la construcción del hombre nuevo…". Mueve mucho los brazos, señala con el dedo a compañeros, nombra y cita a otros que ya están muertos, modula la voz, a veces grita, pone lo que hay que poner para dar el discurso de su vida. Mientras tanto, debajo del escenario, ninguno se emociona. Nadie posa la vista sobre él con el enamoramiento con que algunos miran a los políticos. Una militante come un choripán. Ni lo ve.

Es eso. Miranda no enamora. Sobre todo no logra enamorar a una parte importante de las bases del Frente Amplio, aquellas que ya no quieren verlo en ese estrado. Que creen que le queda alto. Lo acusan de ser la mano negra detrás de la salida de Raúl Sendic. De no haberlo defendido. De no cerrar filas. "Fue uno de los factores que hizo que Raúl cayera", dice un miembro de la lista 711 que participó del Plenario que se truncó a medio camino la semana pasada, luego de que el entonces vicemandatario presentara su renuncia. "Y es solo eso, no hay nada más que hablar que eso", apunta fastidiado.

Quienes defienden a Sendic no creen que la caída se deba al proceso judicial y a las pérdidas millonarias de Ancap, ni al mal uso que según el propio Tribunal de Conducta Política del partido hizo de la tarjeta corporativa del ente, ni a que haya dicho que tenía un título universitario que en realidad no tenía. Quienes defienden a Sendic se cuelgan de la teoría del bullying del presidente Tabaré Vázquez. Hablan de campaña mediática y pactos políticos hechos en Estados Unidos, y sospechan hasta de quien se presenta como su mejor amigo. Hablan de una crisis mal manejada a la interna del Frente Amplio, y apuntan a Miranda.

"¡Ya vamos por la cuarta! ¡Que se agarre la derecha, porque hay Frente Amplio para mucho más", dijo Miranda en aquel discurso en el Palacio Peñarol. Y ahí sí que se ganó unos estruendosos aplausos ante una frase con la que, obviamente, todos estaban de acuerdo. Fue hace poco más de un año. Era el IV Congreso Rodney Arismendi, Fidel había muerto hacía horas y el presidente del partido intentaba encantar a aquellos que aún no lo querían y que sí querían a Fidel. Al padre de Miranda lo mató la dictadura, era comunista y es un mártir en la historia del Frente Amplio. Pero Miranda hijo no es comunista y los comunistas no lo apoyan. De hecho, ni tiene sector. Y para un comunista no hay nada peor que un hombre sin sector.

Ganó las elecciones del partido gracias al apoyo de Asamblea Uruguay y el Partido Socialista. Le ganó a Alejandro Sánchez (impulsado por el MPP y la 711), a Roberto Conde (Partido Comunista y PVP) y José Bayardi (Vertiente Artiguista). Miranda tuvo 26.000 votos, 5.000 más que Sánchez, su oponente más cercano. En la campaña repitió una y otra vez que quería terminar con los personalismos y la soberbia dentro del partido de gobierno. Al presidente José Mujica no le gustó que ganara, pero tampoco hizo nada para que perdiera. No apoyó a Sánchez, dijo públicamente que su candidato era Conde y así dividió al MPP.

Esta semana, a propósito de la renuncia de Sendic, Mujica planteó que si en lugar de Miranda "hubiera estado una personalidad como (Líber) Seregni", la situación habría tenido otro desenlace. "Llamaba a uno de cada organización y le decía tenés que hacer esto, esto, esto, esto y después lo hubiéramos criticado por autoritario. Pero no caía en una discusión cada vez más grande, cada vez más grande, cada vez más grande", declaró el exmandatario a El Observador. Miranda, jugando la carta de la humildad, respondió en rueda de prensa que, "desde luego", él no es Seregni.

Otro que lo tiene en la mira es Casa Grande, el sector de Constanza Moreira. Cuando el presidente del Frente Amplio convocó a representantes de los principales sectores para darles a conocer la situación en que estaba Sendic, se "olvidó" de llamarla a ella.

Miranda no se calla. También acusa y tira palos contra los suyos. Días atrás habló de "deslealtades" en una nota con En Perspectiva. En las reuniones del Frente Amplio se vive quejando de las filtraciones a la prensa. "Es una obsesión para él saber quiénes son los que le pasan información a los periodistas", cuenta alguien que participa de esos encuentros. Incluso ha llegado a dar la orden de no hablar con ciertos cronistas o medios. Para esta nota decidió no conceder una entrevista.

De dónde vino, hacia dónde va.

Javier y Juan Pablo se vieron por primera vez en un aula del Colegio Seminario. Tenían 12 años, empezaban el liceo y había algo que los unía: sus padres habían sido asesinados. A Javier la dictadura le había desaparecido a su padre en noviembre de 1975. Se llamaba Fernando Miranda y se sabe que lo mataron con una patada de karate. A Juan Pablo la dictadura le había desaparecido a su padre ese mismo año, el 18 de mayo de 1976, y tres días después había aparecido muerto. Se llamaba Héctor Gutiérrez Ruiz. Era del Partido Nacional y estaba exiliado en Buenos Aires. Miranda demoró 31 años en recuperar los restos de su padre. Cuando los recibió, en el Paraninfo de la Universidad, Juan Pablo fue a saludarlo. Miranda fue solo, ya había muerto su madre.

En la campaña hacia las elecciones internas del Frente Amplio, Miranda hizo varios spots en los que contaba su vida. En el primero confesaba que había sido "un niño travieso", decía que tenía tres cicatrices en la cabeza y que dos veces se lastimó con clavos oxidados. Fue a la escuela pública porque era lo que quería su padre, que era "anticlerical". Fernando Miranda solía decir: "Hombre que anda disfrazado y no es carnaval, téngale cuidado; cura y milico téngalo lejos".

En el Seminario, Miranda participaba de Castores, un movimiento de los jesuitas. "Se trata de un grupo de chicos que hace actividades solidarias", explica Juan Pablo Gutiérrez. "Íbamos a cottolengos; había una reunión de coordinación entre semana y los sábados de mañana íbamos a trabajar, a limpiar y acompañar a las personas que estaban ahí", agrega.

Para ellos la militancia era importantísima. Discutían. Hablaban de por qué habían desaparecido sus padres. Tuvieron una amistad que siguió incluso hasta la universidad, donde Miranda optó por la abogacía y Gutiérrez por la agronomía. Hubo algo que en esos años los unió aún más: murieron sus respectivos hermanos mayores. Iban juntos a los actos políticos prohibidos que se hacían en dictadura. Gutiérrez recuerda uno en la Plaza de los Treinta y Tres en donde les dieron "palo abierto", varias marchas estudiantiles y en especial el acto del 1° de mayo del 83, con la dictadura ya cantando la retirada. Pero no era solo política, también les gustaba salir. Iban a los boliches de la época: Ton Ton, Zum Zum y El Castillo de Lancelot.

Miranda era buen estudiante. Le gustaba explicarles a sus compañeros aquello que no entendían. Luego se hizo profesor en la Facultad de Derecho, donde es bien considerado por sus alumnos (ver aparte). Cuando se recibió empezó a trabajar con Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos. Y su experiencia allí fue lo que luego lo llevó a cargos políticos. En 2013 fue designado al frente de la dirección de Derechos Humanos del MEC, y participó del pasaje de esta a Presidencia, y desde allí debió trabajar con los refugiados de la guerra siria y los exreclusos de Guantánamo, que llegaron a Uruguay por orden de Mujica.

Pese a que él repite que hay que conservar la humildad, quienes lo conocen saben que tiene ambiciones. Para él, la presidencia del Frente Amplio es un mojón más. Tiene diálogo directo con Vázquez y también su bendición para seguir avanzando.

Un "muy buen profesor", y además "lindo y cómico".

Javier Miranda da clases de Derecho Privado II y III en la Facultad de Derecho de la Universidad de la República, y de Derechos Humanos en la Facultad de Derecho del Claeh. "Siempre tuve vocación docente, empecé en el año 91 y me encanta (…) Soy un tipo exigente", dice en un spot que realizó para la campaña interna del Frente Amplio. Una exalumna lo recuerda como un "muy buen profesor" y destaca que "muchas veces habla del padre", asesinado por la dictadura, que era escribano. En la web MisProfesores.com, donde los alumnos califican a los docentes, Miranda tiene una puntuación de 8,9 en 10. Uno de los comentarios lo define así: "Súper claro y ameno, explica todo y le pone una gran energía y además es lindo. Todo en una cátedra". Otro señala: "Clases claras. En general se aparta de las posturas tradicionales aunque las menciona y las incluye en la bibliografía básica. No asistió tanto a clase pero el ayudante lo suplió de gran forma. Tiene el plus de ser muy cómico, lo cual ayuda a que las dos horas de clase no se padezcan".

Entre refugiados sirios y presos de Guantánamo.

Javier Miranda tiene 53 años y un solo hijo. Tiene admiración por su madre. "Mi vieja es la que se queda sola, sin el compañero de su vida, cuando tenía 50 y pocos años, y con dos hijos adolescentes, Luis Fernando "El Chupete", que tenía 13 años, y yo que tenía 11. No tenía tiempo para lamerse sus heridas y dijo: yo tengo que sacar a estos chiquilines adelante. Era una mujer valiente, inteligente, con un enorme sentido del humor. Esa mujer murió sin saber lo que le pasó a su marido. Que se lo llevaron y que a las 24 horas lo mataron (...) Eso no es aceptable. Eso indigna", señaló Miranda en un spot de la campaña del FA. Este hecho es el que él vincula a su vocación por todo lo que tiene que ver con los derechos humanos, y lo que lo llevó primero a trabajar con familiares de desaparecidos y luego a estar a cargo en el gobierno de las políticas en este sentido. Así fue que trabajó en el ingreso de las familias sirias que vinieron a Uruguay en calidad de refugiadas, y en la llegada al país de un grupo de ex presos de Guantánamo. Debió lidiar con los sirios, que luego de un tiempo se sintieron decepcionados y empezaron a protestar, acampando frente al edificio de Presidencia en la Plaza Independencia, para que los llevaran a otro país. Miranda fue uno de los que participó en la selección de las familias que llegaron a Uruguay. Entre los exreclusos de la cárcel estadounidense en Cuba tuvo un desenlace parecido con uno de ellos, Jihad Diyab, que el año pasado hizo una larga huelga de hambre reclamando salir del país. Para ese entonces Miranda no estaba en el cargo y ya había asumido en el FA.

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