Contra el estigma

Las otras miradas del Islam

En Uruguay hay 1.100 musulmanes, y en lo que va del año ya son 12 los conversos a esta religión en la que encuentran valores muy distintos a los demostrados por los terroristas que atacaron en París. Dicen estar "afectados" por lo ocurrido y por cómo se potencia el prejuicio.

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Foto: Francisco Flores.

El islam ser vida, el islam no ser terrorismo (sic)". Es viernes poco antes del mediodía y el imam Samir Simil interrumpe el rezo del día santo para expresar este sentimiento. Lo dice con las palabras que aprendió en español durante estos 10 meses que está en Montevideo. Es el líder religioso en la mezquita de la embajada de Egipto al que, esta vez, 21 hombres y dos mujeres escuchan atentos.

Cruza las manos en posición solemne y con la voz tenue, como suelen hacer los sacerdotes, pide a los fieles que recen por los fallecidos en París y sus familiares. "Las explosiones hacer mucho dolor", recalca en un esfuerzo por hacer entender el concepto a quienes no hablan árabe. "Nosotros querer la paz, la convivencia". Su rostro joven transmite angustia y aun así debe esconder ese pesar. Este viernes es día de fiesta porque Victoria (26) se inicia en el islam. Con ella son 12 los uruguayos conversos en lo que va del año: ocho en la embajada y cuatro en el Centro Islámico detrás de la Intendencia.

Para la mayoría de los 1.100 musulmanes que hay en Uruguay —contando conversos, refugiados, diplomáticos y simples inmigrantes— y de los 1.200 millones desparramados por el mundo, el terrorismo no es una interpretación errónea del islam, es directamente el "anti-islam". De ahí que los atentados en Francia sean la excusa para reafirmarse en sus valores y explicarles a los vecinos las diferencias entre un musulmán y un radical.

Óscar Jantos (58), uno de los participantes en el rezo del viernes, dice haber sentido el efecto de las explosiones desde Montevideo, a 11 mil kilómetros de París. Este kinesiólogo converso al islam hace dos años, tuvo que dedicar varias charlas para que sus colegas de Urunday Universitario entendieran que su amigo está a favor de la paz y que no cree en "un mundo dividido entre fieles y herejes".

Conoció la religión mientras trabajaba en el equipo del entrenador Jorge Fossati en Emiratos Árabes. "Él (Fossati) iba con su virgencita y su rosario, y yo me interesé por la cultura de la zona", recuerda en lo que considera una "convivencia perfecta, sin intentar imponer nada".

Al principio su familia no entendió el cambio ni su insistencia en dejar de comer cerdo como parte de la dieta musulmana. Menos aún comprendieron que interrumpiera la rutina para los cinco rezos diarios o que los viernes hiciera un corte para ir a la mezquita, descalzarse y orar en dirección a La Meca. Pero el tiempo le fue dando la oportunidad de narrar los valores que lo entusiasmaron: "hay respeto por las minorías religiosas, por el viejo, por la mujer y el pobre. El profeta decía: no le dejes de pagar al trabajador antes de que se le seque el sudor de su frente".

El Estado Islámico o ISIS (por sus siglas en inglés), esa agrupación de insurgentes que pretende instalar un Estado basado en las leyes islámicas, es "contrario a nuestra fe", explica Jantos con la taqiyah —especie de gorra que simboliza la existencia de Dios— ya puesta, pronto para ingresar a la mezquita. "Ellos se autoproclaman el califato, la representación de Dios en la Tierra, sin embargo no creemos en una única autoridad político-religiosa… todos los Estados musulmanes son islámicos".

La frase puede sonar obvia, pero esconde un mensaje potente en una religión que tiene varias subdivisiones. Nueve de cada 10 musulmanes son, al igual que Jantos, sunitas. Ellos leen el Corán y son seguidores de la Sunna —de ahí el nombre—, un conjunto de frases y hechos que se le atribuyen al líder Mahoma (569 - 632). La minoría más relevante son los chiítas, quienes gobiernan en Irán. Son seguidores de Alí, primo y yerno de Mahoma, a quien consideran el verdadero sucesor del profeta.

La búsqueda de nuevas formas de espiritualidad, llevó a que varios jóvenes uruguayos se acercasen al islam y siguieran la línea sunita. Pero por más que a ellos se les agregan los refugiados sirios y los exreclusos de Guantánamo, el crecimiento de la población religiosa no fue tal "porque algunos vienen y otros se van, simplemente prueban", explica Alí Ahmat, líder del Centro Islámico de la calle Soriano y Ejido.

Je suis.

"Lo sucedido en Francia me duele en el alma, me siento París", dice un conmovido Juan Pedro Ribas, hermano del excéntrico entrenador Julio Ribas, y uno los pocos chiítas uruguayos. Y agrega: "Quisiera que a Francia le doliera también las muertes de miles de ciudadanos que han sido agredidos por sus bombardeos e invasiones".

Juan Pedro conoció Oriente de cerca, cuando acompañó a su hermano en el proyecto deportivo de la selección de Omán. El propio Julio le comentó un día que su hijo Sebastián se había convertido en Francia al islam y eso motivó a Juan Pedro a tomar una decisión que venía masticando. Si bien tuvo un origen católico que aferró al trabajar en la ayuda comunitaria, pasó por un desencanto cuando llamó a su "amigo" Pablo Galimberti para que lo dejara ser cura. La respuesta fue lapidaria: "A lo sumo podrás llegar a diácono".

Hoy, a más de una década de distancia, sostiene que "Dios es uno y todas las religiones deberían estar juntas en esta cruzada… los Estados islámicos deben encabezar la lucha contra el Daesh (Estado Islámico en árabe) motivados por la legítima defensa".

La última conversa.

Tres terroristas invaden la sala de Le Bataclan al grito de "Alá es grande", una mujer es lapidada en Siria por circular sin velo, y un joven de 16 años se inmola en Yemen para conquistar el paraíso. Cuando el mundo musulmán goza de mala prensa, la uruguaya Victoria optó por el camino más difícil.

La suya es la historia típica de una familia cristiana, salvo por el final. Hizo todos los sacramentos, fue a colegio católico y jamás dudó de la existencia de Dios. Pero algo no le cerraba: "La figura de Jesús cobraba cada vez más protagonismo, se le rezaba a un montón de santos y el Vaticano estaba lleno de contradicciones", cuenta sobre su paulatina desmotivación. En su trabajo, del que no quiere dar detalles porque allí aún no saben de su conversión, conoció a unos inmigrantes musulmanes. "Ellos me hicieron dar cuenta de que el islam es una religión con muchos valores, que busca lo simple y deja de lado las falsas tentaciones (eso que para Susana Mangana es el verdadero significado de la palabra Yihad, el combate)", recuerda sobre su primer acercamiento. "¿Cómo es posible, entonces, que haya gente que prefiera inmolarse? Eso no cerraba con mi idea religiosa y así me arrimé al centro cultural".

Hace tres meses fue a la librería Pocho, compró un Corán traducido al español, y el viernes, con todos los fieles de testigos, prometió seguir las palabras del profeta Mahoma. Así se sumó a una religión que lleva 14 siglos y que en Montevideo tiene unos 300 devotos.

Al igual que Victoria, en la capital la mayoría de los musulmanes son conversos. En la frontera, a la inversa, son árabes sunitas que llegaron de Palestina, Líbano, Iraq y Siria.

"Estamos integrados con la cultura uruguaya, jamás tuvimos problemas", explica Alí Ahmad que hace 23 años está en el país. "Mucha gente confunde entre el islam y el fanatismo… nuestra forma de vida está muy lejana a Estado Islámico".

De los 30.000 terroristas que para la Policía europea integran la agrupación Estado Islámico, hay 5.000 que están identificados. Fuentes de Interpol afirmaron a El País que hasta el momento no hay ningún latinoamericano. El islam parece vivirse de otra forma.

"Todos somos un blanco potencial" del Estado Islámico y los radicales.

"El Estado Islámico quiere tener un territorio con dominio y petróleo". Foto: M. Bonjour.

Juan Pablo De Marco 


Dante Ibrahim Matta podría haber muerto en los ataques de París. También su madre, su padre, su hermana, sus amigos o sus vecinos. "Por suerte", cuenta este francés musulmán radicado en Uruguay desde hace cuatro años, "nada de esto pasó".

Una serie de casualidades impidió que la tragedia afectara a sus conocidos: su hermana iba a visitar a una amiga en la calle Charonne, pero al final no pudo ir; un amigo quería ir a ver a la banda estadounidense en Le Bataclan, pero no consiguió entradas, y otro amigo justo ese día no le tocó trabajar en ese lugar donde fueron asesinadas 89 personas.

Si bien nada de eso pasó, a nueve días de los brutales asesinatos en su tierra natal, Dante, de 28 años, continúa horrorizado con lo que sucedió. "Eventos trágicos hay todos los días, pero esto me tocó tanto... la verdad es que no he salido de esto. Todo el día lo pienso", afirma.

La madre de Dante es uruguaya y su padre es chileno. Antes de que él naciera, sus padres decidieron instalarse en Francia por motivos económicos. Él vivía a dos cuadras de Le Bataclan, en el distrito 11 de la capital francesa. "Como adolescente y adulto iba mucho con mis amigos a esos lugares (donde ocurrieron los atentados). En Bataclan he visto varios conciertos", agrega.

Como musulmán, Dante afirma que no tiene nada que ver el islam con el grupo Estado Islámico. "La casi totalidad de ellos no van a mezquitas, es gente que se radicaliza por Internet", comenta.

Dante, como tantos otros que hoy profesan esta religión, no tiene padres musulmanes ni ha recibido una educación islamista.

A los 19 años sufrió dos accidentes de tránsito, uno de ellos muy grave, que transformaron su visión sobre el islamismo.

Como el barrio donde vivió es mayoritariamente musulmán, tenía varios amigos que le hablaban sobre alguna de estas creencias. Un día, un amigo de Malí le entregó el Corán, el libro sagrado de la religión, y su devoción empezó a incrementarse. "Sentí algo muy fuerte y empecé a investigar", afirma.

Desde chico, siempre supo que quería venir a vivir a Uruguay. Finalmente, lo consiguió hace cuatro años. Acá conoció a una uruguaya católica con la cual está casado por la religión musulmana. Según su relato, para efectivizarlo solo requirieron a dos testigos y una dote: un regalo simbólico que muestra el deseo de vivir con esa persona.

En su casa en Montevideo, donde hay símbolos y frases islámicas pintadas en la pared, cuenta con una biblioteca con decenas de libros en francés sobre el islam. Su prédica a esta fe está presente todo el día a toda hora: estudia Teología en la Universidad de la República, hace cinco rezos diarios, y cuenta con un sitio en Internet (Sunnismo.com) en donde intenta explicar qué es el islam y por qué hay que combatir al Estado Islámico.

En Uruguay más de una persona lo ha llamado "terrorista". Como estudiante de Teología, cree que esto "es normal" porque desde el mundo occidental es lo único que se conoce de los musulmanes.

En este sentido, observa que en Uruguay la gente tiene "humildad en su conocimiento". "Entonces, en general, yo hablo cinco minutos y la gente ya piensa que no somos terroristas y que no les pegamos a nuestras mujeres", afirma.

Desde su lugar, siente la responsabilidad de "unir a estas dos culturas". "En el mundo musulmán hay muchos cristianos y en el mundo occidental también hay muchos musulmanes. La única salida que nos queda es construir puentes".

Bajo esta idea, Dante entiende que debe utilizar vestimenta musulmana que se adapte y "no rompa" con el ambiente en donde vive. Para la entrevista, se muestra con una túnica gris y un sombrero. "En general no salgo así a la calle", señala.

Amenaza.

El Estado Islámico ha logrado difundirse en el mundo, cree Dante, gracias a su poder descentralizador: recluta jóvenes por Internet. Según su punto de vista, las personas que terminan integrando este grupo son jóvenes (en algunos casos adolescentes) cuyas vidas están dominadas por los problemas familiares, la depresión y el alcoholismo. "Son muy influenciables", dice.

Hasna Ait Boulahcen, de 26 años, una mujer que se escondía en una cueva terrorista junto con otras cuatro personas en París y que murió en un operativo policial, era una "fiera fiestera", promiscua y extrovertida, según contó uno de sus hermanos. "Nunca leyó el Corán", afirma.

Para demostrar que este grupo terrorista no tiene nada que ver con la religión recita una frase del Corán: "Quien mata a un inocente es como si hubiera matado a la humanidad entera. Quien salva una vida inocente es como si hubiera salvado a la humanidad entera".

"Ellos cortan las cabezas de los sabios musulmanes primero y luego manipulan a las masas porque antes seguían a este tipo de teólogos", dice. "Ellos lo que quieren es tener un territorio con bastante dominio y con petróleo. Su intención es hacer publicidad, no defender el islam", agrega.

Ese poder descentralizador hace que puedan existir yihadistas (como en los medios se denominan a estos terroristas) en cualquier parte del mundo. De hecho, Dante cuenta que ha sufrido amenazas en las redes sociales. Y concluye: "Todos somos un blanco potencial".

Tres historias que se juntan en Montevideo con dirección a la meca.

Un mensaje de importación.

Mohamad Hajjoul (83) es un libanés que llegó a Uruguay hace 60 años. Fue el primer árabe en iniciar el centro cultural que hoy funciona en la embajada de Egipto. A su edad quiere dejar claro que "los musulmanes quieren la paz, la violencia es contraria a la religión".

Señalado por una recomendación.

Damián Micale (25) es uno de los jóvenes uruguayos conversos al islam. Conoció esta fe en Estados Unidos, en momento en que buscaba una "religión sincera". En su caso usa barba, una recomendación del Corán, aunque no es obligatorio. Por eso a veces lo señalan.

El interés por lo nuevo y diferente.

Óscar Jantos (58) podía haber hecho lo mismo que muchos deportistas uruguayos: juntar dinero en Emiratos Árabes, aprovechar los regalos de los jeques y regresar con simples anécdotas. Pero optó por traerse la religión que conoció a miles de kilómetros.

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