AL LÍMITE

Médicos de Salto: entre golpes y amenazas

En lo que va del año, médicos del Hospital de Salto realizaron cinco denuncias policiales contra pacientes, que han llegado a amenazarlos de muerte o a golpearlos. Detrás del deterioro de este vínculo aparece una emergencia saturada, la necesidad de más personal, carencia de remedios, un mejor acceso a exámenes y el habitual reclamo salarial.

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Saturada: Unos 250 pacientes consultan cada día la emergencia del Hospital de Salto. Foto: L. Pérez

Solo las termas reciben más visitas que el Hospital de Salto. Se calcula que cada día unas 250 personas consultan en la emergencia. El número se duplica si cada uno lleva un acompañante y así la sala colapsa rápidamente. Un escenario comparable a lo que sucede en Montevideo en una institución masiva como el Hospital de Clínicas.

Cuando cae la tarde la situación es peor, porque allí están, a la vista de cualquier transeúnte, los pacientes y familiares desperdigados en sillas, en la rampa que debería estar despejada para vehículos, y en cuanto muro sirva de asiento. Casi todos observan con resignación el reloj. Un guardia de seguridad con rostro bonachón vigila dentro y fuera de la sala de emergencias, atento a que todo esté en orden: incluso él se queja de la lentitud que deben soportar sus vecinos.

Según testimonios, el promedio de espera para los adultos es de seis horas. Y con suerte. La situación para los niños ha ido mejorando, pero no es suficiente.

La sociedad que descarga su violencia en los estadios y en las escuelas, también lo hace en los hospitales. "Muchas veces, cuando el paciente llega frente al médico, viene enojado desde el mostrador, entonces cree que tiene que gritar para conseguir las cosas antes", opina la doctora Natalia Martínez, secretaria del Sindicato Médico de Salto.

Su colega, José Pedro Ibargoyen, médico del hospital y presidente de la Federación Médica del Interior (FEMI), dice que una situación que antes generaba un reclamo a la dirección ahora se maneja con agresiones y denuncias: "Ahora el médico es un intermediario entre el usuario y el sistema, ya no es una persona frente a otra en una relación de confianza mutua".

Pero de los gritos se pasó a los golpes. En lo que va del año, en Salto hubo cinco denuncias policiales de médicos y administrativos a pacientes. Además, el sindicato decidió denunciar a las personas que a través de redes sociales incentivan a la violencia hacia personal médico. Algunos hasta hablan de matar. "La incitación a la violencia es un delito", dice Martínez. "La jueza evaluó elevar antecedentes de esas personas y ahora está en la Justicia Penal".

Esto sucedió luego de la muerte de un niño de dos años en la emergencia del hospital, unas semanas atrás. Según los médicos consultados, algunos medios locales titulan e informan sin saber la situación de saturación que se vive puertas adentro y, de esta forma, estimulan la violencia.

Diagnóstico grave.

A una de las médicas agredidas le dijeron que le iban a matar a la hija. El enojo ocurrió cuando la madre de una niña se alteró luego de esperar 20 minutos, un tiempo récord si se compara con las demoras habituales.

—Mi nena se tragó algo.

—¿Qué se tragó? ¿Le falta una caravana, le falta una joyita, el reloj? ¿Agarró algún juguete? —le preguntó la pediatra mientras examinaba a la niña, que no habló en ningún momento.

—¿Me estás tomando el pelo? —reaccionó la madre.

Y de un tirón sacó a la niña de la camilla y se abalanzó sobre la médica. "Me rasgó la túnica en dos, como pasa en las películas, y me gritaba que me iba a denunciar y que me iba a matar. La sacó el guardia y terminó vistiendo a la nena bajo la lluvia", relata. La violencia fue tan repentina que la madre de otro niño que esperaba en el mismo box se ofreció como testigo cuando hizo la denuncia.

Este caso fue la gota que colmó el vaso. A las denuncias penales le siguió una asamblea que Néstor Campos, presidente del Colegio Médico, recuerda como una "actividad de reflexión". A Campos le gusta decir que antes el médico y el paciente eran como un cantor y su guitarrista: bastaba verse para comprender. Pero "ahora la relación se parece a una orquesta sinfónica en la que cada músico solo sabe su parte". Cree que el eje del problema es la mala comunicación con pacientes que ven hasta a 10 profesionales para resolver una consulta. Campos advierte que es tiempo de volver al médico de cabecera.

En un hospital que funciona entre médicos con miedo y pacientes cada vez más rabiosos, la salud queda de rehén y todos salen perdiendo, opina Martínez. En la puerta de este centro de salud se escuchan varias historias, pero casi todos dicen que falta personal, que no hay medicamentos y que es difícil acceder a ciertos exámenes. Hay una señora de 45 años que lleva más de un año intentando conseguir número para hacerse la mamografía: le ganan de mano las que hacen la fila de madrugada.

Tanto Ibargoyen como Martínez están de acuerdo en que estos problemas deben solucionarse. "Sobre todo existe una carencia importante de especialistas", dice el primero. Faltan traumatólogos, oftalmólogos y anestesistas. "Para que un médico acepte venir tiene que tener un entorno laboral amigable, acceso a formación médica y días libres para ir a congresos; tiene que tener vivienda, transporte y saber que acá no existe el multiempleo que se da en Montevideo. Acá los trabajos para especialistas son dos: la mutualista y el hospital".

Tal y como están las cosas, lo del entorno amigable luce complejo. Es que además de todo lo que falta, la bola de nieve nace y muere en la emergencia. Principalmente en emergencia de adultos, también apodada por Ibargoyen "la picadora de carne". ¿Por qué? Porque los turnos son de 12 horas, las tareas son de las más estresantes que puede afrontar un médico y el salario es el más bajo del sector. En la emergencia del hospital hay dos o tres médicos para atender de forma simultánea a los pacientes que llegan a urgencia y a los internados, ya que no hay médicos de piso. Los consultados dicen que la situación es "insostenible".

El cómo se llegó a esta situación tiene una base contradictoria. Además de la evidente sobrepoblación, el hospital trabajó para disminuir el autodiagnóstico de los pacientes y en poco tiempo la presencia en salas se duplicó. Lo que no se duplicó fueron los recursos humanos. Mientras la emergencia se desborda, las policlínicas barriales (que deberían ser el primer nivel de consulta) tienen horarios reducidos. "Esto hace que cuando uno llega a su casa del trabajo y se siente mal, va directamente a la emergencia", dice Martínez.

Según información a la que accedió El País, solamente el 0,5% de los 6.000 pacientes que llegan cada mes a la emergencia corre riesgo de vida. Y hay otro 25% de casos graves. El resto son consultas que no deberían atenderse allí. A la falta de boxes disponibles se suma una demora de cinco horas para recibir los informes de laboratorio y de tomografía, servicios lentos que empeoran la cadena de atrasos y enervan al médico y al paciente, aumentando así la frustración que está detrás de estas quejas, gritos y golpes que tanto quieren evitarse.

Un pasado doloroso que revive con las amenazas.

Los casos de Salto no son los únicos: también se han registrado episodios violentos en Colonia, Paysandú y Maldonado. Sin embargo, en este hospital las agresiones se viven con una intensidad mayor. Los golpes y amenazas recuerdan una tragedia de ocho años atrás, cuando el marido de una paciente fallecida asesinó al neurólogo Pablo Gaudín Camacho. Desde ese momento la institución tiene cámaras y aplicó un protocolo para situaciones de urgencia. La médica Natalia Martínez cuenta que actualizaron el mismo, por ejemplo estipulando que ante un caso de agresión la empresa debe solidarizarse con el empleado y realizar una denuncia policial conjunta.

DR. JOSÉ PEDRO IBARGOYEN - PRESIDENTE DE FEMI


"Negarle a Salto el IMAE es un error grave del gobierno".


"La resolución no me parece ni lógica ni justa. Estas son las decisiones que abren todavía más la brecha que existe entre Montevideo y el interior, y genera una inequidad que no nos merecemos".

José Pedro Ibargoyen cree que la decisión del gobierno de no habilitar un IMAE cardiológico en Salto es una de las frustraciones que hacen que los pobladores al norte del río Negro se sientan uruguayos de segunda. Una frustración que no ayuda a calmar las aguas con los pacientes molestos. "No es un buen mensaje para nosotros, que somos profundamente descentralizadores porque hemos creado centros de referencia que luego fueron las semillas de algo más grande", dice. Se refiere a la instalación de tomógrafos y CTI en el interior del país cuando era algo reservado a Montevideo y a un puñado de ciudades.

"Va a llegar un momento en que va a tener que suceder porque no se puede parar ideológicamente el desarrollo de la medicina. Por eso yo discrepo con el ministro de Salud Pública cuando usa argumentos económicos para privar a gran parte de la población de una herramienta que está salvando vidas".

Ibargoyen explica que cuando un paciente llega con un ataque cardíaco se hace el tratamiento de rescate con medicamentos que suelen tener buen resultado. Recién entonces debe trasladarse a Montevideo, un viaje de seis horas que no siempre se resiste. "De esta manera se pierden las tres horas iniciales que son críticas, y que un paciente de la capital aprovecha para luego acceder a elegir entre cuatro o cinco opciones terapéuticas, porque todos los IMAE se concentran en la capital del país".

Además, confirma que en Salto existe personal técnico capacitado para manejar estos equipamientos, y que negarlo "es una falta de respeto". Incluso asegura que hay técnicos salteños que se trasladan a la capital para cumplir con esas tareas en centros de referencia. Ante el argumento de que la instalación del IMAE generaría pérdidas económicas, opinó: "La potencialidad de los pacientes beneficiados sería más que suficiente para justificar el mantenimiento del mismo".

Durante la interpelación a Jorge Basso, la directora del Fondo Nacional de Recursos, Alicia Ferreira, sostuvo que la instalación del IMAE sería deficitaria y perjudicaría a los otros centros que ya operan en Montevideo.

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