JULIO TROSTCHANSKY

De la medicina al fútbol, y al estilo Trump

Estuvo tres veces al frente del SMU y dice que se va para no volver. Ahora compite por la presidencia de Peñarol. Dice que lo buscan de varios partidos políticos. Sueña con ser intendente de Montevideo y defiende la forma agresiva de hacer política de Cristina Kirchner y Donald Trump. Trostchansky va contra lo políticamente correcto.

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"He bloqueado paros, y lo he hecho porque creo que éticamente discutible". Foto: A. Colmegna

El impacto fue brutal. El ómnibus se dio de trompa contra su auto y él quedó paralizado. No podía mover el cuerpo. Su cerebro estaba intacto, pero los brazos y los pies no le respondían. Ni siquiera atinó a gritar. El coche se deslizó a toda velocidad hasta darse contra la fachada del Hospital de Clínicas. Julio Trostchansky vio cómo se aproximaba a su posible muerte en silencio, mientras cada instante de su vida pasaba por su cabeza.

"Me acordé de todo. Se me hizo una disociación entre el tiempo real, que pasaba del lado de afuera, y lo que me sucedía a mí adentro del automóvil", recuerda Trostchansky 11 años después de ese accidente.

El golpe le costó una contusión medular. Estuvo seis días cuadripléjico con el temor de quedar así para siempre. La recuperación le llevó nueve meses de fisioterapia e incertidumbre. Para un cirujano la precisión en las manos lo es todo: si no quedaba al 100%, corría el riesgo de no poder seguir trabajando.

Pero más allá de esos meses, lo que más recuerda el presidente del Sindicato Médico del Uruguay (SMU) y aspirante a la presidencia de Peñarol —que también sueña con algún día ser intendente de Montevideo—, son esos cinco segundos en los que vio compactada toda su vida. A partir de ahí, se siente con la obligación de aprovechar al máximo cada minuto.

Discutidor.

Trostchansky es un hombre polémico. No esquiva nunca una discusión. Ya sea con las autoridades de la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE), del Ministerio de Salud Pública (MSP), con el sindicato anestésico quirúrgico (SAQ), la Federación Médica del Interior (FEMI), o —como él la define— "la dinastía Damiani" que gobierna en Peñarol. También gusta de cuestionar a los medios de comunicación y los términos que adoptan o los enfoques de las notas. En Twitter le contesta a quien se anime a desafiarlo. Nunca baja la cabeza.

Pero para él esto de discutir no es nuevo. No es una pose por ser presidente de un sindicato. A él la polémica le nace de lo más hondo de las entrañas y le sale por los poros. "Siempre fui discutidor", dice. Reconoce que hasta en la escuela se peleaba con las maestras a la hora de defender a algún compañero, en caso de que la considerara "una causa justa".

Para él una pelea no tiene punto final, y si lo tiene, el que se lo pone es él. "Se ha levantado de reuniones en el MSP, al punto que el presidente de la Junta Nacional de Salud (Junasa), Arturo Echevarría, le tuvo que decir varias veces pará Julio, no te vayas", cuanta alguien que ha participado de esos encuentros. Y cuando se le pregunta por esto a Trostchansky no lo niega, sino que se le dibuja una enorme sonrisa.

Ejerció la presidencia del SMU en tres oportunidades. La primera comenzó en 2009. Un tiempo después, Beatriz Silva asumió como presidenta de ASSE y una de las primeras cosas que hizo la ahora exjerarca fue agendar un encuentro del directorio con él. Pero este no se pudo concretar. "Silva llamó por teléfono, dijo que ella no iba a poder llegar y que la reunión la tuviera Trostchansky con el resto del directorio. Cuando Julio entró preguntó por Silva, le dijeron que no iba a ir, entonces les gritó desde la puerta: Esta es una reunión entre el presidente del SMU y la presidenta de ASSE. En estas condiciones yo me voy. Todos quedaron duros, no llegaron ni a contestarle porque dio media vuelta y se fue", cuanta otra fuente.

Dentro del SMU Trostchansky también pelea sus batallas, y casi siempre —o siempre— las gana. Durante sus presidencias hubo muy pocos paros médicos. "Él dice que no quiere un sindicato de choripán. Se calienta cuando aparece alguna pancarta por ahí. Él entiende que los médicos son profesionales y que se deben comportar como tales", dice un dirigente del sindicato. Puede hacer las más fuertes declaraciones afuera, amenazar con las más grandes movilizaciones que jamás hayan existido, pero puertas adentro es el que frena las posibilidades de que se lleven adelante huelgas. "Hay gente que siempre quiere parar y él les dice que no. Se arman terribles discusiones, que van desde golpes en la mesa a invitaciones a pelear afuera".

"He bloqueado paros, y lo he hecho porque creo que es éticamente discutible que los médicos paren. Hay principios que entiendo que no pueden traspasarse. Hay gente que se confunde porque uno tiene que mostrar frontalidad y dureza a la hora de expresar lo que uno piensa, pero yo soy un negociador", expresa Trostchansky. Uno de sus dolores más profundos, advierten quienes lo conocen de cerca, es que la SAQ haya tenido concesiones del gobierno gracias a paros.

Negociador.

El padre de Trostchansky llegó a Uruguay siendo un bebé. Su familia emigró desde la Unión Soviética, desde un territorio que hoy pertenece a Ucrania y donde existía una fuerte persecución de judíos. Se llamaba Chaie, en la cédula le pusieron Chajá, pero todos lo conocían como José. "Julio es como era mi padre, una persona de carácter fuerte", considera su hermano Andrés.

José, que también era cirujano, falleció unos meses antes del accidente que tuvo su hijo frente al Hospital de Clínicas. Su madre, que era azafata, y tenía 20 años menos que su esposo, aún vive. La primera negociación que Trostchansky tuvo no fue con las autoridades de un ministerio, con alguna corporación o con colegas médicos, sino con su padre.

Tenía 17 años y era parte de un movimiento juvenil judío que organizaba un viaje a Israel. La aventura implicaba estar un año solo, sin su familia, fuera del país. Él tenía decidido que iba a ser médico, pero le pidió a su padre postergar el ingreso a la facultad por 12 meses. José contestó sin siquiera dudar. Fue un "no" rotundo. Pero poco a poco, después de muchas conversaciones, Julio logró su objetivo. Estuvo varios meses en Israel. Allí vivió en un kibutz. Donde para pagar la estadía debió trabajar cosechando tomates y almendras. Luego, con el objetivo de juntar dinero para viajar por Europa, estuvo un tiempo limpiando los baños de un centro termal, se desempeñó como "lavacopas" en una cafetería y haciendo el aseo de los cuartos en un hotel.

"Me fui con la mochila, de buscavidas, porque si bien tenía un aporte de dinero de mi casa, donde teníamos un buen pasar, no había un exceso de dinero para mandarle a alguien que estuviera viajando", dice. Cuando volvió lo hizo con el pelo largo, una gruesa barba y tres caravanas. "Todas en las orejas", aclara. Así se presentó 24 horas después de llegar a Montevideo en la Facultad de Medicina.

Uno de los primeros amigos que se hizo fue Álvaro Villar, hoy director del Hospital Maciel, donde Trostchansky trabaja —también se desempeña en el Clínicas y en la Asociación Española. El presidente del SMU reconoce en Villar a una de las personas que más cosas le enseñó desde el punto de vista sindical. "Todavía guardo una carta escrita por él en el año 91, previo a realizar una huelga de hambre por el Hospital de Clínicas", cuenta. Juntos desafiaron a sus propios compañeros de la Asociación de Estudiantes de Medicina, con la edición de una revista que provocaba a la publicación del gremio. "La revista oficial se llamaba El estudiante libre, y nosotros hicimos una que se llamó Eustaquio, por la trompa de Eustaquio. Era en colores, totalmente distinta. La vendimos en el Hospital de Clínicas. Fue un solo número pero fue un éxito. Él en ese entonces era como hoy, un tipo con mucha energía, muy creativo", dice Villar.

Trostchansky suele decir que si no se hubiera dedicado a la medicina sería publicista. Sostiene que aprendió mucho de ese oficio cuando volvió de su viaje por Israel y Europa, y compartió la presidencia de la Federación Juvenil Sionista, de movimientos scóuticos judíos, con el hoy director de Notable Publicidad, Pipe Stein. Una de las primeras cosas que hizo cuando ganó las elecciones del SMU fue cambiar la estrategia comunicacional del gremio, lo cual le costó críticas a nivel interno. "Cuando empecé creían que la comunicación era mandar un fax a los medios", recuerda. Su mayor logro en este sentido, según él, fue el diseño que se hizo en torno a la Convención Médica que se celebró en 2014.

Dos de los logros que más orgullo le generan de su gestión frente al SMU tienen que ver con los cargos de alta dedicación para médicos y con que el MSP se haya apropiado de la idea de crear centros de referencia para ciertas patologías, lo que busca que las instituciones no dupliquen esfuerzos. Ambos salieron de la Convención Médica, que puso su eje en la calidad de la medicina y no tanto en la lucha salarial, como había sucedido hasta ese entonces. El presidente del SMU sostiene que la mayoría de los avances que alcanzó el sindicato durante su gestión tienen que ver con el manejo que se hizo de la comunicación, no solo a nivel institucional, sino en lo que tiene que ver con su propio papel en las redes.

Beligerante.

"Es una genia", cuentan que dijo una vez en la intimidad del SMU, refiriéndose a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Trostchansky sin embargo advierte que no se refería a ella como gobernante, sino a la manera en que se manejaba ante los medios de comunicación. Es que para él hacer política es como estar arriba de un ring de lucha libre: vale todo. Por eso también, pese a aclarar que está en las antípodas de su pensamiento, halaga la campaña que llevó al millonario Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos.

"Trump tiene muchas explicaciones. Una de ellas es haber traspasado el límite de lo políticamente correcto. Es decir cosas que gran parte del electorado estadounidense quiere oír. Cosas que la población americana piensa, pero nadie se animaba a decir. Es lo mismo que hacía, aunque con un pensamiento distinto, Cristina Kirchner. Hoy tiene que surgir en la izquierda de nuestro país alguien que haga eso. Que diga que hay que gravar más al capital, que denuncie la gerontocracia en la que vivimos", se queja. Se define como izquierdista independiente, pero no tiene problemas en pegarle al gobierno y la hace de la manera que él cree que mejor sabe, a través de Twitter. "Yo entendí el juego de las redes sociales", alega.

La más castigada suele ser la presidenta de ASSE, Susana Muñiz. Para él la jerarca no está capacitada para ejercer ese cargo. Trostchansky no solo la cuestiona, sino que también se ríe de ella. Desde hace más de dos años viene compartiendo en Twit-ter, más o menos seguido, viñetas de Susanita, uno de los personajes de Mafalda, para burlarse de ella. Él mismo reconoce que esta actitud minó aún más la relación entre ellos. Hoy el diálogo está cortado.

Últimamente el blanco en Twitter es el presidente de Peñarol, José Pedro Damiani. Esto de cara a las elecciones de noviembre en las que Trostchansky intentará ser presidente. Son muchos los que advierten que es imposible que pueda lograr la cantidad necesaria de votos para ganar y él mismo no descarta en el futuro una posible alianza con alguno de los otros candidatos opositores. Lo importante para él es derrocar a Damiani y sus seguidores. "Es que quiero un equipo que vuelva a estar vinculado a los logros deportivos y no a los hechos de violencia. Que le haga honor a lo que logró en el siglo XX, y no que gane un campeonato de vez en cuando", manifiesta.

Entre sus hobbies el arte ocupa un lugar primordial. En las paredes del living de su casa cuelgan unas copias de Picasso y algunos cuadros originales de artistas uruguayos. Próximamente piensa comprar uno de Victoria Rodríguez, la conductora de televisión que también es artista plástica. Tiene un espejo enorme, más alto que él, un globo terráqueo y libros de autores que van desde Stephen King hasta Fernando Amado. Cree en Dios. Tiene un buen pasar. Y sabe que podría tener una vida más tranquila, pero no quiere. A su esposa —madre de dos de sus tres hijos varones—, que es anestesista, no le gusta que tenga tanto nivel de exposición. A él, sin embargo, le encanta estar en la primera línea de batalla. Es un médico prestigioso. Uno de los apenas 14 cirujanos de tórax que hay en Uruguay. Algunos sostienen que lo que tiene se llama sed de poder. Su suegro era tupamaro. No cree que sea una casualidad que hoy viva frente a lo que fue la cárcel del pueblo. Para él nada sucede por azar. Por eso cree que hay un antes y un después de aquel accidente frente al Clínicas.


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LOS TRES ENEMIGOS DE TROSTCHANSKY.

"Muñiz no está capacitada".

La presidenta de ASSE, Susana Muñiz (PCU), suele ser blanco de las críticas de Trostchansky en Twitter. Se burla de ella posteando chistes de Susanita, uno de los personajes secundarios de Mafalda. Sostiene que "no está capacitada para el cargo".

Los Damiani, por ser "una dinastía".

Candidato a las elecciones de Peñarol (que serán en noviembre), le suele pegar a diario al actual mandamás del equipo. Dice que "los Damiani crearon una dinastía" y denuncia que no se está haciendo justicia a los logros que el equipo tuvo en el siglo XX.

Anestesistas y empresarios.

Trostchansky ha tenido varios cruces con la Federación Médica del Interior, a la que acusa de estar de los dos lados del mostrador por representar a trabajadores y empresarios. También con el gremio de los quirúrgicos (SAQ), médicos escindidos del SMU para negociar.

ENTREVISTA


"Si pudiera elegir, querría ser intendente"

—A usted en un momento se lo vinculó con el astorismo. Hoy, sin embargo, se define como izquierdista independiente. ¿Le han hecho algún ofrecimiento para participar en política?

—Sí, me han hecho varios, y de diferentes partidos. Pero hasta ahora siempre he dicho que no.

—¿De qué partidos?

—Eso no importa, pero no ha sido de uno solo.

—¿Pero no descarta la posibilidad de aceptar algún día?

—Hoy no es mi máxima aspiración. Hoy estoy focalizado a Peñarol. Quiero ser presidente de mi cuadro, y pienso que tenemos la posibilidad de ganar la elección. Pero, en caso de participar en política, la posición a la que yo aspiraría si pudiera elegir no es la de ser diputado o senador, sino que me gustaría ser intendente de Montevideo.

—¿Le han hecho alguna oferta de candidatearse para ese cargo?

—Lo cierto es que ya me han ofrecido empezar a pensar en esto, pero realmente en todos estos años mi foco estuvo en el Sindicato Médico del Uruguay (SMU). A mí me critican los del partido de gobierno y los de la oposición, y esto pasa justamente porque no me callo las cosas por afinidad ideológica. Yo he tenido claro que me tenía que mantener por fuera de toda participación política, para decir todo lo que yo quería decir. Si esto no hubiera sido así, no podría haberle hecho todas las críticas que le hice a la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE).

—¿Con qué partido se ve identificado hoy?

—Yo fui siempre votante del Frente Amplio, pero en mi familia también hay una rama que es toda del Partido Colorado. Mi tío abuelo fue Amílcar Vasconcellos (que fue senador, Ministro de Hacienda y de Ganadería).

—El diputado colorado Fernando Amado (del que Trostchansky guarda varios de sus libros en su biblioteca) tiene en su despacho un cuadro con una foto de Vasconcellos…

—Sí, exactamente, Fernando lo tiene siempre ahí. Yo estuve en su despacho. Creo que Vasconcellos fue una figura histórica que se debería recordar más. De todos modos, yo creo que tengo una impronta mucho más ejecutiva, por eso pienso en la Intendencia. Soy cirujano de tórax, pero me gusta trabajar en la urgencia, tomar las decisiones en el momento y tratar de solucionar los problemas. He tenido ofrecimientos, pero hasta ahora no he progresado en eso porque mi compromiso fue con el sindicato.

—¿Y ahora que se va del sindicato?

—Y ahora que me voy han vuelto varios a plantearme si quiero participar en política. Creo que lo que más tengo que analizar es la situación en la que estamos y dónde está realmente el motor de cambio, dónde está ese convencimiento de que se están haciendo las cosas para cambiar.

—¿Pero puede ser dentro del Frente o podría ser en otro partido?

—Va a ser donde yo sienta que existe un motor de cambio. Hoy por hoy en el único partido donde no veo eso es en el Partido Nacional. Ahí no veo un esbozo de desarrollo de un perfil de izquierda, mientras que en otros partidos veo que sí hay quienes se orientan para ese lado. Quiero buscar un lugar donde haya una sensación real de enfrentarse al statu quo.

—¿Por qué no se siente tan cercano como antes al Frente Amplio?

—Siempre mi participación militante fue a nivel sindical. Nunca participé activamente de ninguna afiliación o militancia político partidaria. Yo me considero de izquierda. Considero que tengo un pensamiento de izquierda, progresista, pero al mismo tiempo no soy una persona que se autolimita. No creo que la izquierda pueda estar solo en un partido político. Tiempo atrás voté la 2121, hoy por hoy soy independiente. Tengo una sensación interna medio ambigua, porque todo lo que yo sentía que representaba el Frente Amplio en su momento como posibilidad de cambio hoy, con el paso del tiempo, con el ejercicio de poder, ha venido disminuyendo. Cada vez siento más que esas posibilidades de cambiar no están adentro del Frente Amplio.

—¿Y por qué cree que ya no hay un motor de cambio en el Frente?

—Y en parte porque se han acordado muy tarde de la renovación de las personas y las estructuras. Hay toda una generación que quedó excluida; no la mía, sino la que me antecedía a mí. Quedó relegada de la renovación. Uno ve presidentes y ministros y hay un promedio de edad muy grande. Inevitablemente los cambios para esas personas son más difíciles; es una cuestión innata, tiene que ver con el instinto de preservación, que aumenta en la medida que tenemos más años. Y todo esto se da por un temor que tiene la izquierda a perder las elecciones.

—¿Cree que se debió haber apostado a otros líderes?

—No me gusta ese miedo. Se ha apostado por líderes que sirven para asegurar la victoria. Y cuando la victoria se transforma en el objetivo, y no la transformación de las cosas, es ahí donde empiezan a suceder situaciones que dejan a uno con ciertas dudas.

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