EN BUSCA DE UNA FAMILIA

Mamá por partida doble

La inseminación artificial o la adopción por parte de uno solo de los miembros de la pareja, son las opciones que hasta ahora eligen los homosexuales para formar una familia. El INAU tiene registradas tres adopciones de personas gay, que declararon esto por propia voluntad, pero no es algo que se indague durante el proceso.

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Foto: Marcelo Bonjour

El día que Gimena e Isabel empezaron los trámites de adopción su hijo era recién nacido, ya lo conocían, ya lo hacían dormir todas las noches, ya jugaban todos los días con él y ya le enseñaban a decir mamá por partida doble. Lo que faltaba era que esto fuera entendido por la Justicia.

Fue en 2011 que decidieron tener una familia. Primero comenzaron a averiguar la posibilidad de llevar adelante un proceso de inseminación artificial. Por aquel tiempo todavía faltaba bastante para que el Fondo Nacional de Recursos (FNR) cofinanciara este tipo de tratamientos, así que, por un tema económico, decidieron hacer el procedimiento en Argentina.

"Compramos un paquete de siete inseminaciones porque comúnmente la gente queda en la cuarta. Pero Gimena quedó en la primera, así que nos salió carísimo", bromea Isabel.

Nueve meses después nació Francisco. Gimena es la madre biológica. Isabel es la madre adoptiva desde el primer día, pero pasó mucho tiempo antes de que esto le fuera reconocido legalmente.

Debieron presentarse ante un juez de familia para pedir la adopción. A partir de ahí empezaron a recibir visitas del Departamento de Asistencia Social (DAS) y comenzaron una serie de trámites que incluyeron la contratación de un abogado para cada una de ellas y otro para Francisco. En total, todo el procedimiento, que terminó a fines de 2015, las llevó a desembolsar más de $ 50.000, pero más que nada les costó mucho sufrimiento.

"Fue un proceso muy angustiante. Es fuerte que no te reconozcan como madre. Tenía que todo el tiempo demostrar algo. Fue triste", dice Isabel.

Gimena agrega que "lo peor era que hasta que no saliera la adopción, Isabel no tenía ningún derecho sobre Francisco". Por lo tanto, si le llegaba a pasar algo, sus padres —que aún no habían aceptado del todo su relación— podían reclamar por la tenencia del niño.

Francisco está a semanas de cumplir los cinco años y lleva los apellidos de cada una de sus madres. Ya fue anotado en la libreta de matrimonio, el cual contrajeron en 2013 ni bien se aprobó la ley que permite el casamiento a las parejas homosexuales. A las dos las llama mamá.

Gimena dice que conoce más casos como el de ellas, que en vez de adoptar hayan optado por una inseminación, y cuenta que incluso en el jardín al que va Francisco "hay una nena que tiene dos mamás".

Alternativas.

Aprobada la ley del matrimonio igualitario, el departamento de adopciones del INAU esperaba que parejas del mismo sexo empezaran a presentarse para iniciar el trámite. Sin embargo, esto no sucedió.

El año pasado sí se dieron tres adopciones monoparentales, de personas solas que declararon su homosexualidad. Sin embargo, esta no es una información que el INAU indague.

"Nosotros no tenemos niños integrados en parejas del mismo sexo; sí hay integrados a familias monoparentales, y el año pasado hubo tres casos de personas que durante el proceso dijeron ser homosexuales. Contar esto no es un requerimiento, no es algo que se pregunte", sostiene el vicepresidente del INAU, Fernando Rodríguez.

No es una pregunta ahora ni lo fue antes. Camilo tiene 20 años, estudia en la Escuela Naval y fue adoptado cuando era bebé por Ruben. Su otro papá se llama Mario, aunque en los papeles, hasta 2011, esto no fue reconocido. Ese año hicieron el trámite que les dio la tenencia compartida y Ruben dice que la suya fue la primera adopción de una pareja gay que fue ratificada por la Justicia.

El camino no fue fácil. "Nosotros somos de Mercedes, y en primera instancia acá la Justicia nos falló en contra. Pero después el Tribunal de Apelaciones de Familia se pronunció a nuestro favor", cuenta Ruben.

Los problemas de hoy no se comparan con los que debieron enfrentar años atrás. "El mundo era distinto hace dos décadas", señala. Y recuerda que un obispo apeló al Código Canónico para negarse a bautizar a Camilo, y que por esto debieron darle el sacramento en otro departamento.

Ruben dice que "los momentos desagradables fueron pocos". Incluso Camilo fue aceptado en un colegio católico. Salvo alguna vez que "algún niño repitió algo que le dijeron en la casa, él nunca tuvo un problema, porque la morbosidad siempre está en los adultos, no en los chiquilines".

Cuando Camilo se fue a presentar a la Escuela Naval, el formulario de ingreso pedía nombre del padre y de la madre. Ante esto, sus padres fueron a plantear el caso a las autoridades. "Presentamos la situación y ellos fueron sumamente amables, y nos dijeron que el formulario estaba demodé", relata Ruben.

Sobre los casos de discriminación en el día de hoy, Gimena e Isabel sostienen que esto no ha sido un problema. "En la escuela todo funciona súper bien, no hemos tenido ningún problema, los niños no tienen prejuicios", señala.

A los que más les cuesta todo es a los padres de Gimena, a quienes la situación de tener un nieto los expuso a los ojos de todos los que los conocen. "Antes yo era la amiga de Gimena. Ahora eso no corre más, porque en todos lados, en el ómnibus, en la feria, en donde sea, él nos dice mamá a los dos. Esto les obligó a ellos también a salir del clóset", explica Isabel. Ellas cuentan toda su historia frente a Francisco, que se ríe de vergüenza cada vez que escucha que dicen su nombre.

Consultas.

La Asociación de Padres Adoptantes del Uruguay (APAU) recibió en los últimos meses consultas de parejas homosexuales conformadas por hombres, una que residía en Montevideo y otra en España (conformada por un uruguayo y un español). Dentro de la organización no hay parejas del mismo sexo y no tienen una opinión formada sobre el tema, dice la integrante de la organización Aurora Reolón, que aclara que personalmente sí está de acuerdo con la adopción de parejas gay.

"Antes de presentar la reforma de la ley de adopciones nos hablaron mucho por el problema que se iba a dar por la adopción de parejas homosexuales. APAU como organización no tiene una posición tomada sobre el bien o el mal que puede generarle esto a un niño, pero lo cierto es que todos los niños que se sabe que tienen problemas de maltrato, que fueron abandonados, son niños de parejas heterosexuales. Si el niño se siente orgulloso de sus papás o sus mamás yo no veo que haya ningún problema. Si le cocinan rico, si lo sacan a pasear, si lo ayudan con los deberes, es lo que importa y son las cosas que le van a interesar", resume Reolón.

¿Qué pasa luego de un abandono?

La ley establece que toda situación en que un menor se encuentre privado de su medio familiar deberá ser comunicada al juez, quien tendrá 24 horas para pedir una investigación al INAU, que a su vez deberá ser entregada en 20 días, y decidir por quién será cuidado el niño de manera transitoria. La prioridad la tiene un integrante de su familia biológica o con quienes haya desarrollado vínculos significativos; en segundo lugar, una familia del RUA, bajo aviso de que la adopción quizá no pueda llegar a concretarse; en tercer lugar, una familia de acogida; y, en cuarto lugar, el cuidado del niño queda a cargo de un hogar del INAU. Luego el juez tiene entre 45 y 90 días para decidir si es "adoptable". Si el niño fue entregado al nacer por sus padres biológicos para ser dado en adopción, estos tienen solo 30 días para arrepentirse.

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