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Hombres a la espera del código rojo

En el último enero los bomberos uruguayos tuvieron la mitad de salidas por incendios forestales que en igual período de 2016. Por eso ahora se está en condiciones de enviar una brigada a Chile.

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1580 salidas por incendios forestales tuvo el cuerpo de bomberos en 2016. Foto: F. Ponzetto

Una llamada puede cambiar el destino de 25 uruguayos. Un grupo de bomberos especializados en incendios forestales está pronto para colaborar con las tareas en Chile, donde el fuego arrasó más de 500 mil hectáreas en seis meses. El avión de la Fuerza Aérea está a disposición, los oficiales están entrenados, la Cancillería ha dado el visto bueno diplomático y solo resta que al director de Bomberos, Leandro Palomeque, le suene el teléfono pidiendo ayuda.

La temperatura que supera los 30°, la sequía, el viento y la negligencia humana fueron una batería perfecta para encender la alarma dos meses antes que lo habitual. Si Chile es, por lo general, una zona proclive a los incendios forestales, este año la situación es escalofriante, o mejor dicho incendiaria. Hay más de 1.000 casas destruidas, 3.500 desplazados, más de 100 focos fuera de control, cientos de animales muertos y más de una decena de fallecidos. Los expertos ya hablan de las similitudes con la tragedia de Australia, ocho años atrás, en que 200 personas perdieron la vida.

En enero el panorama llegó a su fase más crítica y Chile pidió la colaboración internacional. Esta semana circuló un video en las redes sociales en que se enumera la cooperación de los países, entre los que se destaca Estados Unidos y Rusia por fuera de la región. Hoy hay más de 500 brigadistas extranjeros asistiendo en el terreno, e incluso hay aviones e infraestructura proveniente de miles de kilómetros. Pero Uruguay no está.

La consulta a los bomberos de Uruguay llegó a mediados de enero, pero por entonces las autoridades nacionales estaban "evaluando cómo venía la temporada interna", explica el director Palomeque. Como aún no se habían dado las últimas lluvias y se había duplicado la concentración de personas en la costa este del país, "era poco previsor enviar una brigada a Chile".

Durante el verano los bomberos uruguayos están en su zafra y los 1.850 efectivos suelen estar dedicados a la protección local. Por eso recién la semana pasada las autoridades acordaron que estaban las condiciones dadas para enviar una brigada de 25 personas, incluyendo un equipo médico, y dieron el aviso a Chile.

Uruguay figura en el primer lugar de prioridad si es necesario un relevo de brigadistas. "Nuestro equipo está bien entrenado, tenemos autonomía para desplazarnos y estamos muy cerca del destino, eso es una ventaja", reconoce Palomeque. Además están las "buenas experiencias" durante los incendios en Chile en 2012 y 2015, en que hubo una destacada tarea junto a Argentina.

Aunque es "imposible" que en Uruguay haya incendios como los de Chile, porque aquí no hay montañas tan altas, la capacitación de los bomberos uruguayos es acorde a las exigencias en este tipo de tareas, subraya el director. Cada efectivo pasa por varios exámenes previos y una formación específica sobre vegetación y topografía.

La concentración.

Víctor Fagúndez (36) sabe lo que es transpirar la camiseta. La semana pasada corrió más de 15 kilómetros, a gran velocidad y con pesas encima. Fue parte de la prueba cardíaca necesaria para viajar a la misión en Chile.

El último incendio "grande" en Uruguay fue en 2005, cuando el fuego dominó cientos de hectáreas en Santa Teresa y La Esmeralda. Aquel evento insumió 10 días de trabajo constante, en un terreno relativamente "amigable". En Chile, sin embargo, Fagúndez y sus compañeros deberán escalar montañas con bosques, conectar mangueras y bombas desde los deshielos, y soportar más de nueve horas de tareas diarias, durante más de 15 días.

En este tipo de misiones, dice Fagúndez en base a su experiencia en tres salidas anteriores, la jornada laboral empieza temprano, antes que el sol dificulte el descenso en la montaña. Un helicóptero los lleva desde la base hasta la cima. Cada bombero carga con unos 25 kilos de equipamiento, incluyendo los tres litros de agua que deben alcanzarle para todo el día.

Solo al mediodía se frena menos de una hora para almorzar. Es una "porción de guerra", como le llaman a una dieta liviana y nutritiva, que está pensada para un combate de 12 horas. Cuando acaban las tareas, el helicóptero los lleva otra vez al punto de descanso, por lo general en gimnasios o escuelas.

Fagúndez recuerda que, en su última misión en Chile, una noche los esperaban los lugareños con una torta para festejar el cumpleaños de un uruguayo. En esos momentos de "alto riesgo", como está considerado el trabajo en montaña, cada mimo es "vital". Por eso es común que tras higienizarse, los bomberos compartan una ronda de mates y charlas.

Pero "jamás se baja la guardia", aclara Fagúndez, quien no deja escapar su ilusión vocacional. Antes de que termine el día hay que planificar el siguiente, repasar el equipamiento de seguridad y coordinar con las otras brigadas.

Por un tema idiomático, Uruguay suele compartir el área de trabajo con Chile y Argentina. El territorio en donde están los focos de incendio se dividen en una cuadrícula y a cada grupo se les asigna un cuadrante. Fagúndez, por su experiencia de 17 años en acción, suele estar como responsable de algún grupo. Esa es una tarea que lo motiva pero que, al mismo tiempo, le insume más preocupación.

"En la montaña, a miles de metros de altura, los vientos suelen ser traicioneros y rotan cambiando el destino del incendio", explica. "Por eso es necesario pensar en más de un camino de emergencia para que no haya que lamentar pérdidas".

En la última experiencia en Chile, en 2015, recuerda que un colega uruguayo sufrió un problema cardíaco. Pero "no pasó a mayores", en parte porque a la montaña se va acompañado de un equipo médico, explica.

Fagúndez nació en Rivera y ahora es uno de los encargados de los siete destacamentos que brindan servicios en el norte del país. Dice que las salidas al exterior son una gran "motivación", aunque no implican un aumento salarial más que el cobro de viáticos, y que se vive una adrenalina diferente.

Agua bendita.

A más de un veraneante las lluvias de enero le implicaron cambio de planes y algún que otro enojo. Para los bomberos, sin embargo, fue una señal de calma. Si bien aún no están los datos finales de enero, la vocera Mariela Vivone adelanta que "las salidas por incendios de campo descendieron más de un 50% respecto a igual período del año anterior".

El enero de 2016 no había sido particularmente complicado y aun así había implicado 1.580 salidas por fuego en zonas forestales. Como sucede casi siempre, el factor humano había sido el desencadenante del incendio. En eso la estadística es lapidaria: el hombre causa el 98% de estos eventos.

Pero hasta pasada la mitad de enero, los efectivos aún no tenían claro cómo sería el desarrollo del mes. Es que la zona costera estaba más poblada que nunca y "eso hace aumentar el potencial de riesgo", explica Palomeque.

Según Vivone, las campañas de prevención de incendios y la trágica muerte de cuatro trabajadores en un galpón con pirotecnia "hicieron que haya mayor consciencia". De hecho, "casi no se registraron salidas durante los festejos de Año Nuevo", ejemplifica.

Hay otro ingrediente que, a juicio del director de Bomberos, dio mayor tranquilidad en este verano: el aumento de funcionarios. En los últimos dos años ingresaron unos 200 efectivos que si bien no son suficientes teniendo en cuenta un régimen de descanso de 72 horas, se acerca lo más posible al número ideal. Hoy un bombero uruguayo trabaja 24 horas de corrido y luego libra dos días enteros.

"La incorporación de personas hizo que ahora la prioridad esté centrada en el equipamiento", explica Palomeque. El Ministerio del Interior lanzó un llamado internacional para adquirir hasta 20 vehículos, cinco de ellos camiones cisterna.

Hoy en el país hay 1.850 bomberos activos, concluye el director, por lo que enviar 25 a Chile tras evaluar la temporada no implica riesgo alguno.

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