LAS GRIETAS DEL REINO

El histórico portazo del Reino Unido

Cuando las consultoras y los mandatarios europeos menos lo esperaban, los británicos optaron por salir de la Unión Europea. Esta voluntad (Brexit) demorará al menos dos años en concretarse, pero ya da sus advertencias: peligra la unidad del bloque tras décadas de fraternidad.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
75% de los británicos de entre 18 y 24 años eligieron seguir en la UE. Foto: Reuters

La familia europea con la que Winston Churchill soñó hace 70 años parece desmembrarse. El pueblo británico pidió el jueves el divorcio con la Unión Europea y dejó en jaque aquel proyecto común que nació bajo la consigna de "nunca más una pelea entre hermanos". Si bien las primeras réplicas recién se hacen sentir —con el desplome de la moneda y la renuncia del primer ministro David Cameron— las especulaciones ya se han instalado: ¿surge un nuevo mundo?

El 2016 podría ser recordado como el año en que triunfaron los antiinmigrantes. Un multimillonario con discurso racista quiere ser la sorpresa en las elecciones de Estados Unidos y el Reino Unido ya optó por salir de la Unión Europea en un referéndum que impulsó un conservador que ni siquiera llegó a ser parlamentario. Los dos epicentros de la historia occidental en los últimos siglos ven cómo la insatisfacción con la acogida de refugiados y con las respuestas al terrorismo islámico hacen mella en sus entrañas.

Los pocos más de 800 mil votos que hicieron la diferencia y sellaron la salida del Reino Unido de la comunidad europea (un padrón de 46 millones de electores), sorprendieron primero a las encuestadoras, que vaticinaban un resultado inverso, y también al resto de los líderes del Viejo Continente que temen que fenómenos como Donald Trump (Estados Unidos) o Nigel Farage y Boris Johnson (Inglaterra), puedan repetirse en sus países.

El Brexit, como se ha dado a conocer este proceso "euroescéptico" del Reino Unido, puso en evidencia la intolerancia de cierta parte de la población británica por la llegada continua de inmigrantes, que alcanzan a tres millones en ese país. Quien encabezó ese discurso "xenófobo", motivado por la crisis de refugiados, el temor al terrorismo islámico y el intento de separación de Grecia en 2012, fue Farage.

Este hombre de 52 años que se jacta de seguir concurriendo al mismo boliche, dice la BBC, es el líder del Partido de la Independencia de Reino Unido (UKIP), una fracción de derecha que viene en crecimiento electoral (alcanzó el 13% en los últimos comicios). Esta presión, sumada a la de algunos de sus correligionarios, obligó al primer ministro Cameron a convocar al referéndum.

Durante la campaña fueron sumándose nuevos argumentos a favor de la salida británica. La propia separación física del Reino Unido con el resto del continente —por su carácter insular—, el nacionalismo expresado en una moneda propia y en cierta creencia de superioridad sociocultural, el aporte del país a la Unión Europea en relación a lo que recibe, el potencial ingreso de Turquía al bloque, el enojo con las decisiones y las demoras del Parlamento comunitario se sumaron a las razones de seguridad para dar el batacazo electoral. También surgieron nuevos actores: el exalcalde de Londres Boris Johnson, cinco miembros del gabinete de Cameron —por más que su partido se declaró neutral— y parte del sindicalismo que ve en los inmigrantes una competencia en el mercado laboral.

En la otra trinchera, bajo el nombre de Bremain, estaban el primer ministro y 16 de sus miembros de gobierno, el opositor Partido Laborista, el Partido Liberal y los nacionalistas escoceses con el apoyo discursivo de los líderes de Estados Unidos, Francia y Alemania. Ellos levantaban la bandera de la integración, de la estabilidad económica, del intercambio de bienes y servicios que permite la Unión Europea, y veían en los inmigrantes una fuerza trabajadora capaz de retribuir a las empresas estatales.

Con su salida de la Unión Europea, que demorará al menos dos años, el Reino Unido se convierte en el primero de los 28 miembros en abandonar esta alianza política y económica. Solo hay un antecedente similar, pero con menor entidad y cuando aún era la vieja Comunidad Europea: la salida de Groenlandia en 1985.

Lo que dejó.

Parece una paradoja, pero en el Reino Unido lo que reinó fue la incertidumbre y la desunión. La primera reacción fue la renuncia del primer ministro Cameron, quien había cumplido con su promesa de campaña de lanzar el referéndum y estará en el cargo hasta octubre, porque apoyaba la permanencia en el bloque. Le siguió la caída de la libra esterlina a los niveles más bajos en 31 años. Y evidenció la grieta geopolítica de un reinado que hace malabares para mantenerse hermanado.

En Escocia, una de las cuatro naciones que constituyen la corona británica, triunfó la voluntad de permanecer en la Unión Europea con un rotundo 62% a 38%. La victoria se extendió en los 32 distritos de esa nación de 5 millones de habitantes y mucho terreno despoblado que solo ocupan las destilerías de whisky. La ministra Nicola Sturgeon no descarta convocar a un segundo referéndum para la independencia, luego de haber perdido la consulta hace dos años.

En Irlanda del Norte también ganó la permanencia, pero con un resultado más ajustado de 55% a 45%. En esta nación la interrogante de los ciudadanos es si ha llegado el momento de unificar a toda Irlanda y desprenderse del Reino Unido. Y en Gibraltar el Bremain conquistó el 96% de los votantes, de ahí que sea de interés para España anexar esta zona luego del resultado, con la excusa de continuar en la Unión Europea.

Las diferencias electorales se sintieron además en la propia Inglaterra. Mientras en la capital hubo una mayoría a favor de la permanencia, en las afueras ganó el Brexit. Los jóvenes apoyaron el Bremain y quienes tienen menos años por delante para viajar a los otros países europeos optaron por la salida.

Estas fisuras, que se hicieron visibles antes de los comicios con el asesinato de la parlamentaria laborista Jo Cox, son apenas una muestra de la fachada de la casa donde la familia comienza a desintegrarse.

Cameron: el líder que perdió los muebles y la casa.

Más de 13.300 tuits por minuto fueron enviados mientras el primer ministro británico, David Cameron, anunciaba su dimisión ayer por la mañana. Detrás de un atril de madera que estaba en las afueras de su oficina de Downing Street, Cameron dijo: "No creo que sea el capitán adecuado para dirigir nuestro país hacia su siguiente destino". El primer ministro tuvo que renunciar para no desobedecer la voz de su pueblo, dado que él mismo había impulsado el referéndum pero era contrario a la salida del bloque. "David Cameron incendió la casa para salvar los muebles y ahora está sin casa y sin muebles", criticó el ex presidente español Felipe González. Hasta octubre estará en el cargo y la incertidumbre es quién será su sucesor, porque deberá decidir si activa el artículo 50 del Tratado de Lisboa para emprender la retirada de la Unión Europea, que demorará dos años. El futuro líder británico tendrá que negociar las pautas de esta histórica salida.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)