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La gran vidriera del agro: la Expo Prado desde cuatro personajes

Sobre el cierre del evento que convoca a unas 500.000 personas cada año, cuatro personajes cuentan cómo lo viven. Mientras para algunos es un paseo, para los productores es el momento decisivo, en que todos los ojos están sobre el sector y sus animales pueden convertirse en los mejores exponentes de sus razas.

El cierre de hoy estará marcado por un fuerte tono político. Foto: A. Colmegna
El cierre de hoy estará marcado por un fuerte tono político. Foto: A. Colmegna
Toda una vida: hace 40 años que Rubens Ramos es cabañero. Foto: Gabriel Rodríguez
Toda una vida: hace 40 años que Rubens Ramos es cabañero. Foto: Gabriel Rodríguez
Foto: Gabriel Rodríguez
Foto: Gabriel Rodríguez
En la ciudad de la Rural. María Nuñez se dedica a cocinar churros. Foto: Florencia Barre
En la ciudad de la Rural. María Nuñez se dedica a cocinar churros. Foto: Florencia Barre
El toro de raza Angus obtuvo el primer premio de su serie. Foto: Mariana Castiñieras
El toro de raza Angus obtuvo el primer premio de su serie. Foto: Mariana Castiñieras

La concepción de Bienhecho no tuvo nada de natural. Su dueño, el ingeniero agrónomo Rodrigo Fernández, importó desde Estados Unidos el semen de su padre, un toro Angus llamado Made Right. Lo llevó a su cabaña en Soriano e inseminó con él a una de sus vacas, como parte de un experimento genético para fortalecer la raza. Bienhecho es 990 kilos de músculo y, según dice su dueño, tiene el sello de la raza.

Cogote largo y cabeza chica. Un andar sólido y fluido. Y unos excelentes cuartos traseros. Fernández, que además es asesor genético de la cabaña "La Concepción", luce sus atributos con el orgullo del creador. "Ya de ternero pintaba ser un animal distinto", dice.

Desde sus tres meses de vida, Bienhecho es el candidato a convertirse en el orgullo de la cabaña y, también, en una fuente de ingresos importante. Un toro como él podría llegar a valer entre US$ 15.000 y, con optimismo, hasta unos US$ 30.000. Por eso, en la previa de la jura de la Expo Prado, un grupo de unas cinco personas se dedican exclusivamente a acicalarlo para impresionar a los jueces. Le peinan la cola para dejar la punta redonda, le sacan la suciedad del lomo, lo cepillan y le ponen "la brillantina", un aerosol que lo hace resplandecer.

A Bienhecho lo preparan casi como deportista para los juegos olímpicos y lo arreglan cual modelo para un concurso de belleza. Camina entre uno y dos kilómetros por día, se alimenta con una ración de granos y en temporada de competencia lo pesan cada 15 días para que no engorde demasiado. Los excesos de grasa no están bien vistos. De hecho, días antes del momento de la jura se le hacen varias mediciones. Entre ellas, se mide el nivel de "ojo de bife", que indica la cantidad de grasa intramuscular que tiene. Eso se vincula directamente con la calidad de su carne y, más específicamente, con lo tierna que va a ser en sus descendientes. Es que este imponente toro de pelo negro y aparente mansedumbre es la punta de la pirámide de una cadena que empieza con sus genes y termina en el plato.

Este sábado comienza el último fin de semana para la Expo Prado, la celebración por excelencia del sector agropecuario uruguayo, que espera haber convocado a unas 500.000 personas al cabo de sus 11 días de duración. "Es la principal feria agroindustrial y comercial que hay en Uruguay, y es una de las más importantes que hay en la región", dice el presidente de la Asociación Rural del Uruguay (ARU), Ricardo Reilly, quien estima que un 60% de la industria uruguaya está vinculada a lo agropecuario. "Cada vez que se abre una heladera, se va a un almacén o se entra a un supermercado, cada producto que hay ahí está reflejando el trabajo de toda una cadena de producción que genera riqueza, ingresos y calidad de vida para todos los uruguayos".

Dueño de casa.

Aunque sea un evento rural, para Reilly el traje formal es obligatorio. El representante de la asociación bien puede estar inaugurando el festejo con el intendente de Montevideo, Daniel Martínez, rehaciendo los vínculos con Argentina a través de la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, o entregando el premio a un gran campeón en pleno ruedo. De hecho, la cabaña "La Alborada", que tiene un siglo de historia y Reilly heredó de su familia, también participó en las juras.

Sus propietarios la hacen llamar "la cuna del buen Hereford" y fue fundada por el bisabuelo de Reilly en 1918. Actualmente la trabaja la cuarta generación. "Siempre tiene un sentimiento especial uno como cabañero", sostiene Reilly, ahora en papel de productor. "Es muy importante cualquier premio que se pueda obtener, esto es como ganar un partido importante de fútbol".

Si bien el campo como tradición familiar ya no es la regla porque hay decenas de nuevos emprendimientos que aparecen en cada Rural, es parte innegable de la tradición. "Los orígenes del Uruguay están de alguna manera ligados a la presencia de todas estas familias de inmigrantes que un día vinieron aquí y se desarrollaron. Esa es la historia del Uruguay y de toda la región". Sin embargo, para Reilly acompañar los procesos de jura de sus animales es casi una utopía.

Muchas veces, si no la mayoría, tiene que enterarse de los resultados por teléfono. "Son cargos en los que uno dedica su tiempo de forma gratuita pero dejando de lado cosas que hacen a lo familiar".

El presidente de la ARU dice que nunca puede saber con cuántas personas se va a reunir en un día y alcanza con acompañarlo en una caminata por los stands de la feria para comprobarlo. Una mujer lo aborda en pleno camino para quejarse por el lugar en que colocaron a sus animales, un joven aprovecha para presentarle un negocio que pretende emprender y decenas de manos se extienden en saludo. Con suerte, puede llevarle 15 minutos atravesar una cuadra.

Más allá de los encuentros, la Rural es el momento de poner en el tapete político los asuntos que atañen a los productores. El telón para eso se abre hoy, cuando Reilly dé su discurso de clausura, el último de este mandato, que está por terminar.

El sector, dice Reilly, "está teniendo problemas muy serios de competitividad por los elevados costos de producción asociados a una serie de variables diversas, que son manejables desde el gobierno y el sistema político". Los costos productivos —especialmente el del combustible—, la falta de acuerdos internacionales que ayuden a colocar productos uruguayos en el exterior, los problemas de infraestructura y una serie de desventajas competitivas hacen que, según Reilly, el país necesite un empujón para no perder terreno. "Si no, el espacio que dejamos nosotros lo van a agarrar otros".

No te olvides del pago.

Mientras el campo libra su batalla en el ruedo, detrás de la pequeña vidriera donde reposan unos churros recién hechos está María Núñez, que ve pasar delante de sí al público que asiste a la Rural desde hace cuatro décadas. Núñez fríe churros al tiempo que revive el ambiente en que se crió.

Tenía 23 años cuando vino a Montevideo desde Cerro Largo con su hija en brazos. Su familia no quería saber de la capital, pero para ella era la única forma de salir adelante. "Yo vengo de una familia muy humilde, nos criamos bien en la campaña. Éramos como 14 nietos. Nos criamos a la orilla de un arroyo, pescábamos mojarritas y después las comíamos fritas", recuerda.

Hace 40 años que trabaja en la Rural y 35 que se dedica a vender churros. Su oficio funciona por épocas: la Feria del Libro en octubre, Carnaval en febrero, la Semana Criolla en Turismo y así sucesivamente. Núñez parte todos los días en ómnibus desde San José y calcula que cada viaje al Prado le lleva una hora y 15 minutos. Gana unos $ 100 la hora, por lo que, en promedio, esta zafra le dejará unos $ 12.000 si trabaja 12 horas por día, aunque tiene jornadas más largas, que son los fines de semana.

En una olla hierve el aceite y Núñez, con precisión metódica, separa la masa que sale de la máquina para formar un par de docenas de churros que, a los pocos minutos, terminan en manos de un cliente. La receta no es ningún misterio: harina cuatro ceros, con agua y sal, cuenta; todo se consigue unos 15 días antes de que empiece el festejo.

La jornada de jueves transcurre con tranquilidad. Núñez calcula que en la Criolla se vende más que en el Prado. "Es gente más pudiente. La Semana Criolla tiene más gente humilde" (que, según ella, es la que consume más churros). A su juicio, comer es disfrutar y en la Criolla se disfruta más. El vendedor de pop vecino la saluda. Todos los que están hace años se conocen, por eso es un lugar de encuentro. "Ya son años que hace que nos conocemos". Incluso cuando llegan las excursiones, más de una vez le ha tocado ver de turista a algún conocido.

"Es mucha gente la que ha venido de campo a ciudad, varios tienen ese recuerdo y vienen a la Rural por eso", dice. Núñez incluso ha llegado a escuchar los comentarios: "¿te acordás de...?"

La mujer sabe de historias similares a la suya. Gente que, como ella, dejó el interior por falta de trabajo. Algunos terminan contratados para trabajar en la Rural porque saben de campo. "Siempre pagás derecho de piso cuando sos del interior, pero salís adelante".

Amor de cabañero.

Rubens Ramos solía ponerles nombre de jugador de fútbol a los carneros: Francescoli, por ejemplo. Hace unos años que ya no los identifica, y ahora, la mayoría de los animales van a remate. Sin embargo, los cuida como si fueran obras de arte. Antes de entrar a competir se lo ve rastrillando con sus manos cada hebra de la lana de sus ovejas. Pasa sus dedos toscos con la rapidez de un experto pero la precisión y minucia de un perfeccionista.

Antes, Ramos, o Ramito, como le dicen los que lo conocen, recorría todo el país con sus animales. Ahora, solo la Rural. Hace 42 años que asiste y más de 30 que lo hace por la misma cabaña, "La Lucha", de Soriano. Aunque sabe que debería retirarse, la tentación del encuentro con amigos y conocidos le gana. Todavía puede recordar esas épocas en que la Rural era puro pasto, sin tantas comodidades ni herramientas para el trabajo —mucho menos fiestas nocturnas.

Lo suyo son las ovejas Corriedale. "He tenido buenas y malas. Las buenas han sido muy buenas, llevo 12 campeonatos ganados con esta cabaña", cuenta y advierte: "Venimos a competir. Podemos ganar o perder, eso queda entre la raza".

Ramos pasa todo el día con los animales. Insemina a las ovejas y las ve crecer. Así llueva o truene, es el responsable de atenderlos. "Es como la familia, eso es", dice Ramos. "Eso es ser cabañero, el amor que les tenés a los animales, que ellos te conozcan, que no te extrañen, que no te anden disparando".

"El sintético", dice Ramos, y suspira. Dice que antes había un total de 180 carneros y que ahora serán unos 40, de los que 20 no se pueden vender y se llevan de vuelta para la cabaña. Ramos ve pasar un grupo de preescolares que visitan el galpón de ovinos y reflexiona: "Es importante que vengan los niños para que conozcan. El campo sin la ciudad no puede vivir y la ciudad sin el campo tampoco".

El gran final.

Bienhecho ya tiene experiencia en ferias y competencias. Son varias las que ha ganado y es uno de los toros favoritos. Pero en esta muestra de la genética oriental se puede predecir muy poco. El juez toma una libreta y estudia con detenimiento a cada uno de los cinco toros que pelean por ser el Gran Campeón. Apunta, da vueltas y conversa con los secretarios.

Los toros circulan por la pista hasta que se enfilan y finalmente llega el anuncio: "el campeón dos años mayor es el 277". Las decenas de personas que llenan las gradas y rodean la pista aplauden, pero en esta final, Bienhecho se quedó sin su cocarda. El premio se lo llevó el único toro colorado de los cinco que competían. De padre argentino, este ejemplar de Angus sin nombre fue criado en un centro de genética de Paysandú y pertenece a la cabaña "Rincón de Pardavila", de San José, que tiene dos años de experiencia en la feria. La ventaja, dicen sus dueños, estaba en el equilibrio a la hora de cumplir con las características de la raza.

A pesar de la derrota de su favorito, la cabaña "La Concepción" no perdió del todo, aunque el resultado es, por lo menos, inesperado. El segundo toro que presentaron, de nombre Blue Moon, fue elegido como Reservado de Gran Campeón, en segundo lugar. Bienhecho, por su parte, se quedó con el premio como el mejor toro de su serie y la cocarda roja que le hace el honor.

Una feria que ha cambiado.

Hay más de 600 empresas que tienen un local en la Expo Prado y se espera que a la hora de hacer el conteo final, unas 500.000 personas hayan visitado la Rural. Según explica Andrea Galeano, jefa de exposiciones de la Asociación Rural del Uruguay, el tipo de puestos ha variado en los 111 años de historia que tiene la exposición. Antes se podía encontrar en los stands internacionales productos que no estaban en supermercados y tiendas. Ahora, la disponibilidad en el mercado local ha aumentado y con ello, el tipo de puestos que se presentan.

Si bien hay escritorios rurales con muchos años de presencia, también hay nuevos invitados a la fiesta, como el Ministerio de Desarrollo, que instaló una especie de feria de productos creados por emprendedores a los que apoya, o la Agencia de Gobierno Electrónico y Sociedad de la Información y la Dirección General de Impositiva que organizaron instalaciones informativas. También hay una carpa de Bomberos, donde se puede ver uno de los camiones con que trabajan.

El precio de un stand en la feria es muy variable, explicó Galeano, pero puede tener un costo mínimo de $ 30.000 y un tope de US$ 30.000. Apenas 20 días después de que termina una feria empiezan las negociaciones para la próxima.

Cada empresa que quiere presentarse tiene que firmar el reglamento y luego, una vez que se ideó el stand, debe mostrarles a los organizadores una memoria descriptiva con bocetos de cómo se verá. El concurso de puestos se hacía hace varios años y luego se suspendió, para ser retomado en 2004. Según Galeano, cada año se intenta renovar la oferta para que los visitantes tengan sorpresas.

Lo que crece año a año es la noche. Se espera que Plaza Prado, que se incorporó hace 15 años, lleve unas 30.000 personas a la Rural, con los espectáculos de música como carnada.

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