Corrupción en la cúpula del fútbol mundial

La FIFA hoy: un film de la mafia

La FIFA financió el año pasado una película en la cual cuenta su historia como si sus dirigentes fueran los héroes de este juego. Bastó con rascar un poco para que apareciera la verdadera trama: sobornos, lavado de dinero, abuso de poder. Algunos protagonistas están detenidos, pero todavía faltan las escenas finales.

El Mundial de Brasil se llevó durante 2014 la atención de los hinchas en el planeta, que ignoraron la existencia de una película sobre fútbol. De cualquier manera, pocos la hubieran podido ver, ya que fue estrenada apenas en un puñado de países, pese a la presencia de actores de cartel.

Se trata de "United passions", una curiosa historia de la Copa del Mundo en la cual los protagonistas son los dirigentes y no los futbolistas. Tim Roth interpreta a Joseph Blatter, Sam Neill a João Havelange y Gérard Depardieu a Jules Rimet. Roth, habituado a ponerse en la piel de villanos, se sorprendió cuando leyó el guión, que mostraba a Blatter como un héroe. "Me preguntaba: ¿Y dónde está acá la corrupción? ¿Dónde las puñaladas por la espalda, los negocios?", confesó el actor a The Times.

Un pequeño gran detalle: la FIFA financió el 80% de los 30 millones de dólares que costó la producción.

Expansión.

La FIFA nació en 1904 en un pequeño apartamento de París. Participaron delegados de siete países europeos, que acordaron financiarla con un aporte anual de 50 francos suizos. Durante décadas fue una institución de neto corte europeo, modesta en su manejo económico y limitada a organizar sus mundiales.


Si no puede ver la gráfica haga click aquí

Hoy tiene 209 asociaciones nacionales afiliadas, o sea, 16 países más que los miembros de la ONU. La Copa del Mundo sigue siendo su principal rubro, que en 2014 le dejó una ganancia neta de 2.600 millones de dólares por derechos televisivos y otros negocios vinculados.

Además, actúa como un fuerza más poderosa que las propias naciones. Los litigios del fútbol no pueden dirimirse en el Poder Judicial, so pena de expulsión. El país que se atreva a albergar la Copa del Mundo debe adaptar su legislación a las draconianas exigencias del organismo.


Si no puede ver la gráfica haga click aquí

En esa transformación hay una fecha clave: 1974. Ese año, después de una activa campaña proselitista, el brasileño João Havelange alcanzó la presidencia de la FIFA y le dio un drástico giro a la institución: le otorgó un alcance universal; comenzó a crear nuevas competencias, como las juveniles; se adueñó de todas las variantes del juego, desde el fútbol infantil hasta el de salón. Y, sobre todo, dio un salto gigantes- co en su comercialización. Esos cuantiosos ingresos le abrieron la puerta a la corrupción. Según "United passions", Havelange necesitaba dinero para llevar adelante su cruzada benéfica para llevar el fútbol a todo el planeta.


Si no puede ver la gráfica haga click aquí

El mecanismo utilizado para hacer billetes fue la ISL, una agencia de marketing y derechos de TV, vinculada tanto a la FIFA como a la marca de artículos deportivos Adidas, a la cual se encomendó el enorme botín de la comercialización de la Copa del Mundo.

Todo funcionó bien hasta que ISL quebró en 2001. El organismo rector del fútbol perdió cerca de 130 millones de dólares, pero ese no fue el golpe más duro: la investigación judicial realizada en Suiza reveló en 2012 que decenas de dirigentes de la FIFA habían recibido sobornos millonarios por parte de la empresa. Entre ellos, Havelange, ya retirado de la FIFA, antes de cederle el cargo a Blatter. También cayó en desgracia su yerno, Ricardo Texeira, que llegó a los más altos despachos del fútbol gracias a su matrimonio con la hija del jefe.

Titulares.

Las denuncias sobre la corrupción en la cúpula del fútbol, inicialmente lanzadas por periodistas británicos como David Yallop y Andrew Jennings, que hasta entonces habían sido rechazadas sistemáticamente por el mundillo del deporte, pasaron a ocupar grandes titulares. Más allá de algunas renuncias, no hubo sanciones penales ni cambios internos en la FIFA.

Pero la asignación de los mundiales de 2018 para Rusia y sobre todo 2022 para Qatar fue la gota que desbordó el enorme estanque. La FIFA no reparó que en el período elegido para el Mundial, Qatar es un horno. Y no le preocuparon las denuncias sobre la altísima mortandad entre los obreros que construyen sus estadios.

Además, Blatter y los suyos se ganaron dos enemigos poderosos, Estados Unidos y Gran Bretaña, cuyas candidaturas perdieron ante Rusia y Qatar. Se aceleró, sin que los involucrados lo supieran, la investigación que el miércoles condujo a altos dirigentes a una celda suiza.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)