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Educación privada: ¿Más de lo mismo?

De los alumnos que cursan el ciclo básico en liceos públicos, uno de cada tres repite. Según un acceso a la información, en la enseñanza privada solo repite el 2,4%. Mientras en los públicos el filtro está en el ingreso a secundaria, en los privados es antes del bachillerato. ¿Es un reflejo de la calidad?

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Foto: AFP.

El 36% de los alumnos de Montevideo repite en el ciclo básico de la enseñanza pública. Este dato, junto a los magros resultados de las pruebas internacionales, pintó una imagen remachada hasta el hartazgo: la educación media en Uruguay es un barco a la deriva. Teniendo en cuenta estos mismos indicadores, los liceos privados parecen ser una nave muy segura de su timón. Solo el 2,4% de los estudiantes quedaron repetidores y en las pruebas PISA, si se mira a los de un mismo nivel de ingresos, obtuvieron 22 puntos más que sus pares del sistema público. Pero, ¿realmente la educación privada hace la diferencia?

La discusión suele redundar en argumentos de estilo futbolístico: "En Peñarol tenemos más logros", "En Nacional tenemos mejores jugadores", "En Danubio...", "En Defensor...". Sin embargo, poco se habla de los resultados porque, de hecho, tampoco se difunden. El País solicitó el acceso a esta información en enero, tras el anuncio del posible cierre del colegio José Pedro Varela. Siete meses después llegó la autorización y esos datos que pocos padres preguntan al momento de inscribir a sus hijos.

Zózima González no es vidente aunque se anticipa a la jugada. Sentada detrás de un vetusto escritorio de madera, de esos que no pueden faltar en la oficina de una directora de escuela, sabe que los padres que atenderá en la próxima entrevista contestarán que lo que más desean que su hijo sea feliz. Pero la experiencia le indica que tiene vetado mencionar que ese es el objetivo del colegio que dirige porque inexorablemente supondría una asociación fatal: el padre calcularía que el nivel académico es bajo.

Por eso González intenta escarbar en las verdaderas preocupaciones de los padres que eligen la educación privada. La más repetida, dice, es la búsqueda de una institución educativa en que el niño, o adolescente, esté al menos ocho horas del día. Los centros públicos ofrecen un turno en la mañana o en la tarde y las escuelas de tiempo completo están solo alojadas en contextos críticos. Le sigue el interés por un marco seguro, sin delincuencia o "malas juntas". Otros quieren una educación religiosa o con una filosofía concreta. Y hay quienes optan porque sus hijos vayan a un centro que les dé cierto status.

"Puede sonar a exclusión, pero un padre tiene el derecho a elegir una educación en que su hijo se relacione con compañeros de un mismo perfil (económico) pensando que eso le permitirá un mejor desempeño", dice González, quien además de ser la directora del colegio Jean Piaget es la presidenta de la Asociación de Institutos de Educación Privada (Aidep).

La propia búsqueda de capital social —los académicos llaman así a que los niños se relaciones con semejantes— hace que la repetición en los privados deba tomarse con pinzas, dice el sociólogo Tabaré Fernández. Es que la repetición "está socialmente estratificada" y se nota en los alumnos que no tuvieron acceso a los libros, cuyo lenguaje es pobre o que son hijos de adultos que no los acompañaron en el proceso educativo. Sin embargo, "en algunos centros privados hay una selección de ingreso o bien se expulsa a quien repite, haciendo muy difícil la comparación", indica el investigador de Udelar.

Aun así, los datos a los que accedió El País muestran que mientras en la enseñanza pública el filtro se da en primero de liceo —en algunos centros repite más del 50% de esa generación—, en los privados la repetición tiende a crecer previo al pasaje al bachillerato. Según la directora del colegio Leonardo Da Vinci, Graciela Zanini, uno de los cinco privados que en 2014 tuvo más porcentaje de repetición, "luego de los 15 años hay un quiebre en los estudiantes, fruto de la adolescencia, en que la deserción está más latente".

Los peores índices de repetición en privados se ubican entre el tercio mejor de los públicos. El colegio María Rosa Mística fue el liceo privado con mayor porcentaje de repetición en 2014 con el 16%. Desde la dirección del instituto explicaron que ese fue un año "excepcional" porque en tercero de liceo repitieron seis de 27 alumnos. Este colegio capta a estudiantes de Colón, una "zona humilde aunque no crítica", y parte de la repetición se explicó por "deserción por problemas familiares".

La economía de los hogares también explica que el liceo Francisco Espínola haya sido el tercero con peor índice de repetición (10,5%). La directora Marta Gomensoro cuenta que el colegio atiende a la población de Paso Carrasco, en Canelones, y que las familias "hacen un gran esfuerzo para pagarles a sus hijos una educación en la que estén más atendidos". Siete de cada 10 madres trabajan en el servicio doméstico, hay adolescentes de dos asentamientos y "un pueblo está becado".

En base a estas razones y a sus investigaciones, el sociólogo Fernández concluye que "no hay diferencias significativas en los resultados pedagógicos entre públicos y privados. Lo que incide es el tipo de hogar del que proviene el alumno".

Si bien el investigador Axel Rivas encontró diferencias entre los públicos y privados atendiendo el nivel socioeconómico en PISA 2012, la economista Andrea Doneschi dice que, según sus cálculos, la distancia es "poco significativa". Y cuenta que parte de la diferencia se debe a que el 97% de los estudiantes de 15 años que asistían a la educación privada en Uruguay habían pasado por el jardín de infantes y en los públicos bajaba a 82%.

Al menos en las asignaturas básicas, como lenguaje y matemáticas, el propio Rivas admite "que los sistemas educativos público y privado son casi idénticos". Los resultados de las últimas pruebas Terce, que se realizan en tercero y sexto de escuela, revelan que la distancia entre públicos y privados desaparece completamente si se tiene en cuenta el factor socioeconómico. Solo en lectura de sexto año hay 30 puntos de diferencia a favor de los privados.

"Los privados pueden hacer la diferencia en inglés o educación física, pero en el resto es comprensible que haya similitudes porque son los mismos docentes, egresados de los mismos institutos, y dando una currícula muy parecida", concluye el argentino Rivas.

Educación privada. Foto: Fernando Ponzetto.
Educación privada. Foto: Fernando Ponzetto.

¿El calco?

Una ofrece rugby, otra cinco idiomas y la tercera brinda taichí. "Son todos chirimbolos que hacen que un padre piense que en esa institución tiene todo resuelto", dice el sociólogo Fernández. Sin embargo, lo más relevante "es conocer a su hijo, sus cualidades, saber dónde uno vive y qué turno tiene el colegio", explica. Para la directora González hablar de "chirimbolos" es despectivo hacia una propuesta educativa y, en todo caso, la "diversidad se basa en el amplio abanico de propuestas".

Si parte de la oferta es "accesoria", los docentes son los mismos y también la currícula, ¿por qué en los privados hay menos deserción y en algunos aspectos mejores resultados? Según Javier Lasida, integrante del instituto de Educación de la Universidad Católica, el "solo hecho de que un padre pague por una propuesta ya es una muestra de interés". En los centros privados, al igual que en algunos públicos del interior, "hay un sentido de pertenencia". Docentes, padres y alumnos "sienten que están jugando para el mismo equipo".

Este sentimiento, al que muchos llaman "seguimiento personalizado", no se basa en la cantidad de alumnos por clase, dice Fernández. De hecho, el sistema público viene reduciendo el número de alumnos por clase y en el liceo "hay privados que hasta tienen más alumnos, porque necesitan unos 25 estudiantes, promedio, para que sea rentable". Tampoco son los "equipos multidisciplinarios" los que hacen la diferencia. "Los psicopedagogos de los colegios están para apagar incendios y no para darle seguimiento a cada alumno", comenta. El quid está "en que un profesor de un liceo privado está abierto a que un alumno lo llame fuera de hora, a que un director lo guíe por dónde ir o que no falte tanto", señala la directora del Francisco Espínola, Marta Gomensoro.

"Los padres eligen la institución y la institución selecciona a los docentes". Con esa frase la presidenta de Aidep resume la autonomía de los privados y cómo se les permite conformar un equipo aun siendo los mismos docentes que un público. Está comprobado, acota Lasida, que la permanencia de un mismo docente en un centro hace que los resultados sean mejores".

La prueba es que dentro de las escuelas públicas de la capital, aquellas que son de práctica de los estudiantes de Magisterio y tienen docentes fijos terminan obteniendo los mejores resultados académicos. Son ejemplo las escuela Brasil, Francia y Simón Bolívar. A la inversa, en los que hay más rotación —algo que reclama parte del sindicato docente— los resultados son peores. Por eso desde el Instituto de Educación de Universidad ORT, donde vienen siguiendo la formación docente, no comprenden que se reclame "rotación o que cada docente pueda elegir el centro en lugar de que sea la institución educativa".

La sindicalista Rocío Hernández aclara que en los "privados también hay mucha rotación, todo depende de cuánto se pague en la institución". En los colegios con mejores salarios, la plantilla es estable. En los que se está sobre el laudo —que a su vez es más bajo que en el sistema público—, la rotación es alta, dice Hernández, que es secretaria de la comisión de organización del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Enseñanza Privada. Eso sí: reconoce que ante la falta de un docente el sistema público necesita un trámite largo para cubrir el puesto y en los privados se arregla con alguien de afuera.

Otros indicadores de las diferencias entre privados y públicos no pueden estudiarse porque las inspecciones de privados "no procesan los datos". Es el caso de la extraedad —un estudiante que está cursando un grado que no le corresponde para su edad— o el abandono escolar. Según Lasida, "la inspección se dedica a una función más administrativa que de seguimiento de resultados".

Según comprobó El País, en los últimos años hay liceos privados que están aceptando alumnos de extraedad en los llamados "bachilleratos con tutores". Al ser un esquema semestral y no con tanta carga de profesores, para algunos colegios tiene buena rentabilidad, explica Fernández. El sociólogo señala que "la rentabilidad" no debe ser mirada con recelo porque "hay institutos con fines de lucro con excelentes resultados y hay públicos con muy malos".

En este sentido, la rentabilidad abre otro debate: ¿acaso debe el Estado financiar, en parte, a los privados? Ya existe una exoneración fiscal. Solo por concepto de IVA, IRAE y aportes patronales —y sin tener en cuenta los impuestos departamentales y al patrimonio—, el Estado deja de recaudar en la enseñanza privada US$ 136 millones. Es decir: por cada alumno de los colegios, Uruguay exonera $ 1.754 de impuestos al mes. Algunos insisten en que si a eso se le suma un subsidio, como en Chile o Argentina, los resultados serían otros. Desde el otro lado del mostrador, en el sindicato explican que si los colegios no fueran rentables no habrían crecido de 342 a 345 en el último año. No hay verdades absolutas, sí la posibilidad de ver resultados y comparar.

Otro incendio para apagar: la falta de habilitación.

Solo contando a los colegios, en Uruguay hay 345 centros de educación privada. Sin embargo, a la fecha solo 120 han iniciado el trámite de habilitación edilicia ante la ANEP. De hecho, la Dirección Sectorial de Infraestructura recién comenzó a controlar "rigurosamente" este aspecto desde mayo del año pasado. Ya en 2012 la ANEP había advertido el problema, porque solo cuatro de los 120 centros que hoy están en trámite de habilitación tenían la certificación de Bomberos. Para evitar la clausura de la mayoría de instituciones, el Área de Obras de Codicen resolvió otorgar habilitaciones provisorias a quienes tengan la copia de las boletas de recarga de extintores, la copia del inicio de trámite ante Bomberos y la instalación de elementos de detección de siniestros.

DATOS PÚBLICOS.

El silencio de los centros y el miedo a rendir cuentas.

Esta historia comenzó en enero, poco después del anuncio del cierre del colegio José Pedro Varela. Por entonces varias voces recordaron que un artículo constitucional reza que cada padre o tutor tiene el derecho a elegir el tipo de educación que quiere para sus hijos. Y para poder elegir hay que saber qué ofrece cada institución. Por eso El País pidió, ante el Codicen, el acceso a la información pública.

Prórroga mediante y fuera de plazo, el caso llegó a ser evaluado en la Unidad de Acceso a la Información Pública de Presidencia, que a su vez lo derivó a la unidad de Datos Personal. Los representantes de Codicen querían saber si los datos eran reservados o no. Pero en un dictamen del 12 de agosto, siete meses después, la Unidad dictaminó que "debe entregarse la información requerida ya que no se advierte en este caso que dichos datos encuadren en alguna de las hipótesis de excepción de la ley de Acceso a la Información Pública y por haber operado el silencio positivo".

Aun así, la información entregada fue parcial. El Consejo de Educación Inicial y Primaria omitió incluir los datos de repetición, colegio por colegio. Tampoco incluyó —al igual que Secundaria— la cantidad de alumnos que abandonaron el sistema y la extraedad, alegando que no se procesa esa información.

Para el investigador Javier Lasida "es importante" que las instituciones educativas rindan cuentas. Según el académico de Ucudal, "está demostrado que la transparencia de datos contribuye a mejorar la calidad educativa y a tener más contralor". El temor al "estigma", a "perder el negocio" o a la "migración de estudiantes" hace que en Uruguay no exista la divulgación sistemática de indicadores de aprendizaje en enseñanza privada (en los públicos se comenzó luego de otro pedido de El País hace tres años).

Lasida aclara que hay centros privados que les comunican a los padres los resultados como "datos de calidad del servicio" y que no deben verse estos casos excepcionales como un intento de obtener rédito económico. "Cada centro debe hacerse cargo".

En este sentido, el Instituto de Educación de Universidad ORT está siguiendo la reforma educativa en Honduras, que en buena medida se basa en la publicación digital y sistemática de la información. Un investigador de este centro resumió: "Es un derecho del padre, del alumno y hasta del docente".

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