Delito y milagro

Duérmete, niño

Por cada bebé vivo que aparece en un contenedor de Montevideo, se encuentran tres o cuatro muertos. La Justicia, la Policía y el INAU se enfrentan al desafío de encontrar culpables y dar soluciones. Mientras, la sociedad condena a estas mujeres anónimas cuyas vidas se desconocen.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
La beba que apareció muerta en un contenedor del Cerro fue dada en adopción en 48 horas.

Los recién nacidos son extremadamente sensibles y proclives a sufrir hipotermia o hipoglicemia en sus primeras horas de vida. Por eso, en circunstancias normales, inmediatamente después del parto los médicos se apresuran a poner al bebé aún sangriento y pegajoso sobre el pecho de su madre para conectarlo con esa fuente insustituible de calor y nutrientes protectores.

No es algo frecuente, pero cada tanto llega al Instituto del Niño y el Adolescente (INAU) un bebé sobreviviente: un pequeño héroe que después de salir del vientre de su madre cayó en un contenedor de basura y logró conservar la vida. Los médicos no se lo explican: en un ambiente así, un recién nacido tiene todo para perder. Los que creen en Dios lo consideran un milagro.

Estiman que Ana tenía una hora de nacida cuando un albañil la escuchó quejarse desde el interior de un contenedor, en Camino La Paloma y Pasaje Artigas (en el Cerro). Estaba envuelta en una toalla dentro de una bolsa. Primero la llevaron al policlínico del Cerro y después a una unidad de cuidados intermedios del Pereira Rossell. Pesó 2,6 kilos y está sana.

Ana (nombrada así en honor a la madre fallecida del albañil salvador), apareció a las 19:30 del 9 de junio. Intervino un juez penal y luego un juez de familia. Cuarenta y ocho horas después ya estaba con su familia adoptiva, la primera del registro único de adoptantes que lleva el INAU. El trámite fue ágil porque no había información sobre su familia biológica.

Como en todas las adopciones, los nuevos padres reciben apoyo de un equipo técnico del instituto. Siempre se recomienda contarle al niño la verdad e intentar vivir con naturalidad el hecho de ser una "familia del corazón". Sin embargo, en casos de abandono tan extremos —como el de Anita—, no hay certezas.

"Para mí es tan difícil… Humanamente, la verdad, me quedo sin respuesta. Es parte de su historia, pero no sé si lo compartiría o no", dice Alejandro López entre pausas.

López dirige hace ocho años el centro de estudio y derivación del INAU, la "puerta de entrada" de los bebés, niños y adolescentes que necesitan protección. No sabe con exactitud cuántos bebés como Anita llegaron en el tiempo que él lleva allí, pero estima que habrán sido seis. Prácticamente uno por año, solo en Montevideo. En ninguno de esos casos se ubicó al padre o a la madre.

Son situaciones excepcionales, impactantes, y de las más difíciles que llegan al INAU. Lo más frecuente es el abandono en el hospital o en la casa de alguien; es no poder sostener la situación, ir a golpear la puerta de la oficina de López y decir "no puedo más".

La diferencia entre recurrir a esos mecanismos y tirar a un hijo a un contenedor es, para este especialista en terapia familiar, un abismo: lo primero es abandono, lo segundo es delito. Es un "intento de homicidio" porque "no se quiere salvar a ese niño", dice López convencido.

En busca de un nexo.

Los que no sobreviven o directamente son arrojados sin vida son, de hecho, muchos más. Desde 2013 a la fecha la Policía registró siete casos de bebés o fetos muertos en contenedores o volquetas de Montevideo. El último apareció el 7 de enero de este año en Cordón; era un bebé recién nacido.

Todos estos casos están sin resolver y ahora dependen del trabajo de la Unidad de Análisis de Hechos Complejos, que tiene 18 policías y es parte de la Jefatura de Montevideo. La integran los mismos oficiales que procuran aclarar el homicidio de Lola Chomnalez y que investigaron el paradero de Milvana Salomone. Todos son considerados "hechos complejos".

Lo primero que hace la Policía cuando se da cuenta de un hallazgo es pedir grabaciones de posibles cámaras en la zona, hablar con los vecinos y buscar testigos. Se toma una muestra de ADN del feto o bebé y se guarda para eventuales comparaciones. A la vez se buscan posibles madres en hospitales, policlínicas y sanatorios, a sabiendas de que casi sin excepción son embarazos vividos a escondidas, abortos ilegales o partos sin asistencia.

Solo hay un banco de ADN y lo maneja Policía Científica. Es exclusivamente de personas que han sido procesadas y se ha ido completando de a poco. Solo una vez se pudo procesar a una mujer porque su carga genética coincidía con la de dos fetos encontrados en un contenedor de la calle Villagrán, en la Unión, en 2012. La procesaron con prisión en noviembre de 2014 por un delito de aborto.

La jueza penal Julia Staricco fue designada para trabajar en un solo expediente todos los casos donde no se haya notificado a otro juez. El objetivo es buscar un vínculo, un patrón, una coincidencia entre ellos. Por ejemplo, un lugar donde se ofrezcan abortos clandestinos. Tres oficiales de Hechos Complejos (dos policías y una semióloga) se reúnen con ella periódicamente para "poner al día" los casos, intercambiar información o pedir pruebas adicionales.

Hasta el momento lo que encontraron es que la mayoría de los casos sucedieron en la zona norte y noroeste de Montevideo, dijo Staricco a El País. Aunque no desestiman ese dato, en la Policía tampoco le asignan trascendencia. Lo que realmente quieren saber es si existen "casas abortivas" detrás o si son hechos aislados. Por ahora se mantiene la incógnita.

La única mujer que fue presa declaró que había acudido a una "clínica". "Yo me enteré que estaba embarazada, fui a una clínica que me dijeron que salía 4.500 pesos, fui ahí, golpeé y me atendió una señora gordita que me dijo que me iba a poner unas pastillas en la vagina y me dijo que me acostara. Demoramos 15 a 20 minutos, yo empecé con dolores y no llegué ni a ver lo que era porque estaba inconsciente. Cuando me despierto la señora me dijo que ya estaba todo y que me fuera, y me dio pastillas para no hacer una infección", dijo, según consta en su expediente.

La Policía no le creyó porque uno de sus hijos nació a término y llegó a respirar, según determinó el médico forense. Es "imposible" que una casa o clínica hiciera una maniobra abortiva con un embarazo de 37 semanas de gestación, dijeron entonces. En el momento del procesamiento se buscó la presunta casa abortiva en la zona que indicó la mujer, pero no había nada y se concluyó que podía haber desaparecido.

Ahora están concentrados en esclarecer el hallazgo de una beba que se encontró desmembrada en marzo de 2013 en una volqueta de la calle Concordia, en la zona de La Teja. Cuando la mataron tenía algunos días de vida. Según dijo un policía que pidió reserva, tienen algunos elementos que los llevan a pensar que están "bien rumbeados" para encontrar a la madre.

Hace algunas semanas empezaron a circular en Facebook el rostro, los dos nombres y dos apellidos y el número de cédula de una mujer requerida por la Policía por haber abandonado a una beba en un contenedor. La imagen tenía el sello del Sistema de Gestión de Seguridad Pública de la Policía Nacional y estaba fechada 12 de junio, justo dos días después del hallazgo de Anita. Parecía tomada de una cartelera, y se le había escrito encima una serie de insultos: "Forra de mierda", "Hija de su madre". Los comentarios en Facebook fueron mucho más agresivos.

La semana pasada el Ministerio del Interior emitió un comunicado en el que reivindica la presunción de inocencia de la mujer. Dice que se la ubicó y ella accedió a cotejar su ADN con el de Anita. Fuentes policiales confirmaron que el resultado fue negativo y quedó en libertad. A su vez, se inició una investigación administrativa para determinar quién fue el culpable de la difusión de la imagen que era información restringida. Mientras, en la seccional 24 del Cerro siguen buscando a los padres de la pequeña heroína.

La condena.

La exjueza penal Ana Lima, hoy abogada promotora de la igualdad de género, leyó los comentarios que se escribieron en Facebook contra la mujer que al final no era la mamá de Anita. Y se indignó, pero no con ella, sino con ellos.

"No sabemos qué apoyo ha habido, ni qué conocimiento, ni nada de nada", plantea. Dice Lima que siendo jueza tuvo frente a sí a algunas madres que llegaron a extremos como este. El factor común entre ellas siempre era "la desesperación" y "la intervención de varones".

"Veo que los medios y la gente reclaman a las mujeres, pero no a los varones. Ahí debe haber un padre". Según Lima, la "condena" a la mujer se debe a que "a las mujeres se las coloca únicamente en un rol reproductivo, materno, sacrosanto, que tienen que cumplir". "Y no hay un atisbo de humanidad en esas críticas ni el deseo de contestarse la pregunta mínima: ¿qué le pasó?".

Para López, del INAU, el Estado tiene que mejorar en proveer cierta "integralidad" que impida situaciones de abandono tan extremas. Sin embargo, su principal preocupación recae en la sociedad.

"Sí, el Estado debe generar equilibrios, procurar equidad, pero también la sociedad: la gente da vuelta la espalda a esas condiciones. No todos se acercan al rancho a ayudar. Después, para juzgar están todos. Necesitamos no solo un Estado que haga mayores esfuerzos, sino también una sociedad que se comprometa más, que no se desvincule tanto. Uno dice: si nos comprometiéramos todos con estos equilibrios, como sociedad civil, ¿no generaríamos mejores condiciones? Hay una sociedad que se olvida —opina. La sociedad abandona".

SABER MÁS

Buzones para abandonar bebés en Asia y Europa.


En los últimos años se retomó en varios países de Europa y Asia la vieja modalidad del buzón para abandonar bebés o "baby boxes". En un artículo publicado en El País Viajes, el cronista Alberto Moroy documenta que el inicio de esta modalidad se remonta a la Edad Media. En el Río de la Plata llegó a fines de 1700. Los bebés eran abandonados en las calles y "se los comían los perros", hasta que se creó el "torno": un cuadrado del tamaño de un montacargas, con un medio círculo de madera por dentro, que permitía abandonar bebés "con discreción" ya que al girarlo quedaba oculta la cara de quien lo depositaba. Tiempo después fue prohibido, pero hace unos 15 años algunos países como Rusia, Austria, Suiza, Alemania, Hungría, Italia y China volvieron a instalar unas cajas incubadoras callejeras en las que los padres pueden abandonar a sus hijos no deseados de forma segura. Los defensores de la medida argumentan que así se evitan muchas muertes.

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