MIRADA A UN FUTURO QUE ENVEJECE

Desafíos para el Uruguay de 2050

El 12% del empleo nacional se centra en tareas administrativas, incluyendo a miles de funcionarios públicos, un sector que tenderá, casi en su totalidad, a ser remplazado por la tecnología. Expertos creen que la robótica, lejos de ser una amenaza, puede ser una aliada en un país envejecido. Aún mejorando la natalidad y la inmigración, en 2050 habrá más viejos.

Dentro de cinco años es probable que no haya cajeras en los supermercados para controlar si te llevás uno o dos litros de leche pasteurizada. En un período similar se espera que desaparezcan las inmobiliarias, las centrales para llamar un taxi, las empresas para encontrar pareja y buena parte del periodismo que conocemos hoy. A estas conclusiones a las que llega el director de Planificación de OPP, Fernando Isabella, en base al avance de la tecnología, se suma en Uruguay parte de otro sector que tiene los días contados: los funcionarios públicos.

El 12% del empleo nacional está compuesto por personal administrativo, una tarea que tiene 94% de chances de automatizarse. Por eso este mes la Oficina Nacional de Servicio Civil creó un laboratorio que busca analizar el futuro de la función pública, un intento de apaciguar la reforma del Estado menos esperada, la liderada por la revolución robótica.

Los robots, tanto en su versión de máquinas humanoides como en complejos sistemas informáticos, harán también de las suyas en el sector agropecuario, que hoy compone el 5% del empleo uruguayo. Según cálculos de OPP, se espera que haya un 88% de automatización del trabajo en el campo y un 83% en las industrias de ensamblaje e instalaciones, como la automotriz. Pero lejos de ser una amenaza, la tecnología puede ser el mejor aliado para mejorar la productividad en un país que tenderá al envejecimiento. Bienvenidos al Uruguay del futuro.

En evolución.

Si usted entrara en un coma profundo y despertara en 2050, con 33 años más de los que tiene ahora, se enteraría de que Uruguay se mantiene en los tres millones y pico de habitantes, tiene todavía más personas ancianas y menos trabajadores en actividad. Es que el Uruguay del futuro no es muy distinto al de ahora en términos de población, dicen los expertos, que piensan que el país podría llegar a los cuatro millones pero inmediatamente empezaría a disminuir el número, y que no hay políticas de inmigración o aumentos en la natalidad que puedan revertir la situación.

Cuando en 2008 la murga La Mojigata satirizaba que "se nos viene una crisis demográfica / en Montevideo y Casupá. / Los ensayos se complican porque hay más murgas que murguistas / y más murguistas que gente para aplaudir", estaba adelantando algunas de las confirmaciones a las que llegó el equipo de Planificación de OPP: es inviable alcanzar a ser algún día un país de 12 millones de habitantes; por el contrario, cada vez habrá menos pobladores y, por tanto, será necesario que ese puñado sean los mejores.

"Se deberá regular la tecnología para que contribuya a la productividad y no quede en manos de unos pocos, destruyendo los puestos de trabajo", insiste Isabella.

Ni siquiera la reproducción masiva que planteaba en chiste la murga sería la solución. Según los cálculos de prospectiva a los que llegó la OPP, en el escenario más favorable la cantidad de hijos por mujer apenas podría superar la tasa de reposición (para que la población no se achique cada vez más) y se posicione en 2,1 hijos en promedio. Hoy la cifra se ubica apenas por debajo de 1,9 y la tendencia marca que, para 2050, estaría entre el 1,7 y 1,3. A la vez, la promoción de políticas que contrarresten esta tendencia puede que "atente" contra los derechos humanos: "No tenemos que incentivar a que la gente tenga más hijos porque le sirve a la economía", dice el demógrafo Juan José Calvo.

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Esta baja fecundidad, en buena medida gracias a que la mujer puede elegir cuándo y cuántos hijos quiere tener, no es dato exclusivo de Uruguay. Según un estudio que publicó la ONU hace un mes, más de un 40% de la humanidad vive en países cuya tasa de fecundidad está por debajo de los niveles de reposición. Incluso en América Latina hay 17 países en esta situación.

Pero en Uruguay, que desde que nació como país independiente tuvo más vacas que seres humanos, se suma que desde los años 50 se "expulsa" más gente que la que inmigra. Tomando en cuenta los pequeños períodos de bonanza, en especial desde 2009 a 2014, el saldo neto está en cero y esa es la tendencia que se prevé para 2050. Es decir: los que llegan y los que se van se compensan entre ellos. En el mejor de los escenarios, el equipo de OPP prevé que haya un crecimiento, constante, de 5.000 inmigrantes más que el total de emigrantes. Y en el peor de los casos, habrá 10.000 más expatriados.

Si a estas previsiones se le suma que la esperanza de vida al nacer crecerá de los 77 años a los 82, pudiendo incluso trepar hasta los 88, hace que el porcentaje de personas mayores de 65 años será cada vez mayor y, por consiguiente habrá menos población activa para solventar los gastos de los pasivos. Como resume un documento de OPP: "La demografía va a jugar en contra del crecimiento económico en las próximas décadas".

La tendencia pondrá fin al crecimiento de la tasa de actividad que gozó Uruguay desde la salida de la dictadura. El crecimiento que se estaba dando, era consecuencia de la inserción de la mujer en el mercado laboral y no tanto por el hombre que ya alcanzó su "máximo", señala el director de Planificación de OPP. De hecho aún hay margen para que la mujer conquiste más puestos de trabajo, sobre todo entre aquellas más pobres, haciendo que se "suavice" el impacto, pero es "poco probable" que las tasas se equiparen entre ambos géneros porque "alguien va a tener que cumplir con los roles domésticos que dejarían de asumir esas mujeres".

Justamente el cuidado, la salud y la educación son algunos nichos en los que, se espera, se terminarán distribuyendo algunos funcionarios públicos. Solo para el Sistema de Cuidados, dice Isabella, se necesitarán al menos 30 mil trabajadores más hacia 2050.

El desafío.

Hay algo positivo en toda esta historia: los uruguayos cada vez van a vivir más y en mejores condiciones, las mujeres se empoderan y nada hace pensar en una fuga de 30 mil ciudadanos, como en la crisis de 2002. Pero la realidad, bastante clara según los expertos, pone por delante algunos desafíos que no están siquiera en la consideración de la agenda política. El corto plazo, para un demógrafo, son 50 ó 60 años; sin embargo "los políticos funcionan con lógicas de cinco años, de períodos electorales", dice el demógrafo Calvo.

El propio Daniel Olesker, que ahora asesora al PIT-CNT y fue la cabeza de buena parte de las reformas que impulsó el Frente Amplio, reconoce que "los asuntos de este tipo hay que tratarlos en los primeros años, porque luego las medidas son vistas como impopulares".

Y no se refiere a la política más obvia: aumentar la edad jubilatoria. Lo dice en referencia a una propuesta que planteó en el período de gobierno pasado, en un Consejo de Ministros, cuando quiso subir al 30% el impuesto a las rentas de las empresas (IRAE) con el propósito de que ese aumento vaya para un fondo que alimente a las compañías que apostaran y exportaran un valor agregado. Según cálculos que el exministro realizó con su colega Roberto Kreimerman, el Estado recibiría más de US$ 100 millones para diversificar la matriz productiva.

Para Isabella la responsabilidad en la búsqueda de un valor agregado es de los empresarios y también del Estado. De hecho su equipo tiene a estudio otras utilidades de la celulosa porque, dice, "la venta de papel ha bajado en el mundo". Por eso una de las exigencias del gobierno uruguayo para la instalación de una segunda planta de UPM, será la conformación de un centro de innovación y desarrollo en base a celulosa.

El otro desafío, sostiene el jerarca, es hacer rendir lo máximo posible las horas de trabajo que, en promedio, están en 38 por semana —frente a 42 de hace una década atrás. Y concluye: "la idea no es trabajar más, sino mejor para que haya disfrute del tiempo libre... eso también es una política a futuro".

Mujeres más educadas: la apuesta para amortiguar el impacto en la tasa de actividad.

"El riesgo más grande no es que los uruguayos nos quedemos sin trabajo, sino que no estemos preparados para desempeñar los trabajos que se generen". La conclusión a la que llega OPP vuelve a insistir en la ya tan comentada educación. Según los expertos, hay una relación directa entre formación y aumento de la productividad. En este sentido, es positivo, dice el director Fernando Isabella, que hoy ingresen a la universidad 1,8 mujeres por cada hombre. Eso podrá equiparar la tasa de actividad. Sin embargo, en las carreras con más futuro, como ingeniería, hay 3,5 varones por cada mujer. En este sentido, "hay que pensar en más estrategias, porque la financiación de la protección social, hacia 2050, dependerá de la educación, en especial de las mujeres".

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