Las ideas no se venden

Un debate ideológico: el TISA rompe cabezas

Hace quince años un ministro ruso llegó a Uruguay y lo dejó claro: “En el comercio no tenemos ideología”. En Uruguay el debate sigue instalado. Un tema complejo como la negociación global de los servicios asume un perfil político y lo técnico pasa a un segundo plano.

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Foto: Ariel Colmegna

El músico Jorge Schellemberg, actual director de la Sala Zitarrosa, admitió a El País que no es profundo su conocimiento sobre el Acuerdo Internacional de Servicios (TISA, por sus siglas en inglés) que se negocia en Ginebra y del que Uruguay participa, pero esta semana firmó una declaración en su contra porque "el texto me llegó a través de gente conocida y me pareció interesante apoyar un espacio de reflexión sobre el tema".

La declaración, que entiende que el TISA será "peligroso" para el desarrollo del Uruguay, fue firmada por políticos como los ex ministros Roberto Kreimerman y Daniel Olesker, intelectuales como el historiador Gerardo Caetano y artistas como Schellemberg.

Para el contador Bruno Gilli, socio de CPA Ferrere, la mayoría de los firmantes que se oponen al TISA "nunca hizo una boleta ni salió a romperse el alma para vender servicios en el mundo", por lo que "su opinión es poco relevante".

"Se definen como un grupo de uruguayos preocupados por el país, ¿y los que vendemos servicios en el exterior qué somos? ¿Funcionales a Obama? ¿A la OCDE? ¿No nos importa el Uruguay? No todo puede ser ideologizado", manifestó a El País.

El presidente de la Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información (CUTI), Carlos Caetano, recordó que "la Unión Soviética ya no existe" y que "la única manera de crecer es abrirnos al mundo".

Pero la polémica sobre el tema no es un patrimonio uruguayo. Por estos días los docentes de Nueva Zelanda alzaron la voz y denunciaron que su país pretende liberalizar en el TISA su educación, lo que, afirman, según la prensa de ese país, limitará su capacidad regulatoria, pondrá dicha área a merced de privatizaciones y bajará la calidad de la docencia.

Lo cierto es que la publicación de la carta abierta avivó un debate que el Pit-Cnt había instalado semanas atrás, cuando sus cuestionamientos al TISA formaron parte de la plataforma de su primer paro general parcial en este gobierno. En la izquierda hay quienes dicen, aunque por lo bajo, que el TISA es hoy para los "ortodoxos" lo que en el pasado fue el Fondo Monetario Internacional o el imperialismo yanqui, esos fantasmas que los gobiernos del Frente Amplio exorcizaron hace rato.

El TISA se negocia en Ginebra y apunta a liberalizar el sector servicios, tal vez el más preciado de la economía global. De la discusión participan Australia, Canadá, Chile, Taiwán, la Unión Europea (28 países), Hong Kong, Islandia, Israel, Japón, Liechtenstein, Nueva Zelanda, Noruega, la República de Corea, Colombia, Costa Rica, México, Panamá, Perú, Turquía, Estados Unidos, Pakistán y Paraguay. Uruguay se sumó en 2013 y participó de dos reuniones. No obstante, el TISA avanza a velocidad crucero, tiempos a los que la diplomacia local no está acostumbrada. La próxima reunión será en julio, y en muchos aspectos las partes ya han tomado posición.

El menú.

El ministro de Economía, Danilo Astori, de la misma manera en que se ilusiona con firmar un acuerdo con la Unión Europea, expresa con cautela la necesidad de estar presente en la negociación del TISA. Argumenta, entre otras cosas, que es mejor "estar en la cocina" que recibir un plato "cocinado" y que Uruguay podría excluir los sectores que elija de la competencia externa. En esta postura es acompañado por el canciller Rodolfo Nin Novoa. El presidente Tabaré Vázquez, que se enteró que Uruguay había entrado en la negociación después de asumir, por ahora se ha limitado a prometer un análisis cuidadoso.

Uno de los firmantes de la declaración contra el TISA es el diputado socialista Roberto Chiazzaro, que fue asesor del ex canciller también socialista, Reinaldo Gargano, quien encabezó la oposición dentro del oficialismo al TLC con Estados Unidos. Chiazzaro interpreta el lanzamiento de las tratativas del TISA como un intento por parte de grandes empresas transnacionales por recuperar la rentabilidad que perdieron en la crisis de 2008 y las juzga peligrosas para un país pequeño. "Esto se hace fuera de la OMC, en otro ámbito. Lo único que se negocia son servicios y en secreto, y esto se hace así porque en general, cuando los pueblos conocen lo que se negocia, se oponen", dijo el legislador a El País.

Para Caetano, de la CUTI, la "ideologización" del debate es "lo peor" que puede ocurrir porque "impedirá discutir el fondo del asunto". "Este es un tema muy técnico y hay que darle la derecha a alguien, y los únicos que se prepararon para esto están en la Cancillería. Hay que dejarlos trabajar y al final del día ver si entrar al TISA nos sirve o no. Pero de nada ayudan los preconceptos. El mundo cambió, la Unión Soviética ya no existe", manifestó.

Señaló que el sector de tecnologías de la información, que emplea a 11.000 trabajadores, tiene problemas para exportar y, por ejemplo, a Brasil no entra por el proteccionismo y las retenciones del 35%. "¿A eso le llaman Mercosur", se preguntó.

También apuntó que hay empresas que se están instalando en otros países, como por ejemplo Chile, porque los tratados de libre comercio de ese país les dan ventajas comparativas muy tentadoras. "Plantean esto como una dicotomía, o nos entregamos al vil imperio o nos cerramos del todo. No es una cosa ni la otra", consideró.

El sector exportó el año pasado por más de US$ 310 millones y, según Caetano, puede crecer hasta cinco veces en el corto plazo. "Para eso es fundamental abrirnos al mundo y vender más. En eso, el TISA puede ayudar", estimó.

Regalados.

Para Chiazzaro, los riesgos le ganan a los beneficios. "No hay cláusulas de salvaguardia como sí hay en la OMC. No hay nada que regule las asimetrías. No vamos a negociar con un bloque, vamos en solitario, regalados. Es una locura que un pequeño país negocie solo. Además, se nos obligaría a aceptar todo lo que se haya negociado hasta ahora. Brasil, India y China no están", advirtió el diputado.

Chiazzaro relativiza los beneficios que un acuerdo como el TISA podría traer para la industria del software. "Estados Unidos cobra tasas bajas para el software, del orden del 6%. ¿Vamos a poner tanto en riesgo por una ventaja no tan grande?", inquirió. Chiazzaro cree que podría verse afectada la actividad de médicos, ingenieros, abogados y contadores. Dice que en muchos diferendos por inversiones no podría actuar la Justicia uruguaya sino organismos como el Ciadi (que en general fallan a favor de los países desarrollados) y que Estados Unidos ya planteó que Uruguay debe abrir su sector de las telecomunicaciones.

Caetano sostiene que su interés es "exportar más" y en eso no pesa ser blanco, colorado o frenteamplista. "Cayó el comunismo, los países se abrieron y mejoraron. Vamos a ver qué piden, y luego resolvemos. La negociación no puede estar condicionada por una disputa ideológica al interior de la fuerza de gobierno. Acá el problema no es el TISA, lo que debemos discutir es qué país queremos tener dentro de veinte años y el que se quiera jugar al mercado interno está en el horno", dijo.

Hipocresía.

Gilli cuestiona la ausencia de argumentos técnicos de la declaración contra el TISA. "Son solo concepciones sobre cómo les gustaría que el mundo funcione. Pero ninguno de los firmantes vende servicios", afirmó.

También señaló que todos los que se pronuncian en contra del acuerdo son "pro Mercosur" pero "no dicen que el noventa por ciento de las actas del bloque son secretas, no se quejan pero, además, ese no puede ser un argumento para entrar o salir de un acuerdo internacional".

"El gran problema es que aquí se debate desde posiciones de poder y no por el bien común. Dicen que están en contra y no abren la puerta para ser convencidos. Yo no tengo posición tomada, tal vez el TISA no nos sirva, pero hay que discutirlo sin prejuicios", agregó. Como vendedor de servicios, señala que Uruguay tiene problemas para acceder a mercados y no puede mostrarse cerrado al mundo.

"Uruguay tiene que ver cómo exporta más y para eso hay que abrirse, con un mercado interno de tres millones vamos al muere", acotó.

Como ejemplo del "Uruguay cerrado" que describe, señala que hoy, un rector de Harvard no podría aspirar al mismo cargo en la Universidad de la República. "Hay que abrir la cabeza, así lo hicieron los países que más crecen. También hay mucha hipocresía. Muchos de los que firman defienden cerrarse pero después mandan a sus hijos a hacer postgrados afuera", dijo.

Chiazzaro no suscribe que el Mercosur sea un factor de cierre de la economía uruguaya. "En 1999 el 60% de las exportaciones iban al Mercosur. Hoy va el 26%. Uruguay es una economía abierta que exporta a muchos destinos. Yo reconozco que el Mercosur no está en un buen momento, pero la ralentización es global. Y a donde exportamos valor agregado es a la región. ¿Le vamos a vender autos a Europa? Hasta que no cambie la matriz productiva estaremos sujetos al vaivén de los precios de los commodities", opinó. Para Chiazzaro, tendría sentido quizás abrir más el mercado de los servicios a cambio de que los países más desarrollados abran su mercado a los competitivos productos agropecuarios de la región y desmonten sus subsidios, algo que hoy aparece como improbable.

Otro aspecto que preocupa a Chiazzaro es que el TISA implicaría que empresas internacionales se podrían beneficiar de inversiones hechas por empresas locales. Por ejemplo, Google podría acceder al uso del cable de fibra óptica que Antel con otros socios está instalando entre Miami y Montevideo a "un precio accesible y razonable", según establecen los textos en negociación. "¿Quién establece lo que es un precio accesible y razonable?", se preguntó el diputado socialista.

La oposición sindical también será dura. Joselo López, de la Confederación de Funcionarios del Estado (Cofe), dijo a El País que el TISA puede quitar márgenes de preferencia a las empresas locales en las compras públicas. Por otra parte, advirtió que "no se habla de privatización, pero a las empresas públicas se las expondrá a la competencia de las transnacionales". "La Unión Europea, Estados Unidos, Australia no impulsan esto por el interés que puedan tener por el mercado uruguayo sino para meter una cuña en el Mercosur, vaya a saber a cambio de qué", sostuvo. El TISA puede traer "un blindaje terrible" a las empresas internacionales que se escudarían en los arbitrajes internacionales", afirmó López.

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