LA PENA AJENA

Cuidados especiales: cuando el paciente llega con esposas

El rescate de un recluso en un hospital volvió a poner sobre la mesa la inseguridad que se vive en Salud Pública cada vez que llega un privado de libertad. Mientras el largamente anunciado hospital penitenciario da sus últimos pasos, los afectados ensayan sus propias soluciones.

Hace dos meses que seis reclusos están trabajando para construir una sala en el Maciel. Foto: mininterior.gub.uy
Seis reclusos están trabajando para construir una sala en el Maciel. Foto: mininterior.gub.uy

hay un preso encadenado a una cama. En un extremo está su pie izquierdo, atrapado por un grueso grillete; en el otro un gancho agarrado al piso. También está esposado. Así es difícil que logre escaparse. En la cama de al lado hay otra persona que no está pagando por un delito, que solo está enfermo. Hoy los presos que llegan al Maciel comparten habitación con los otros pacientes. No hay salas especiales para ellos.

En los últimos 10 años el hospital tuvo 23 conflictos con pacientes que intentaron escaparse. Una vez un enfermero resultó baleado y murió. En otra oportunidad un policía terminó disparando dentro del centro de salud. Antes era habitual que los presos intentaran fugarse cuando los enfermeros les sacaban las esposas para, por ejemplo, ponerles una vía. Hoy está prohibido dejarlos sin esposas.

Después de todos estos episodios, el Maciel se propuso tener sus propias salas para pacientes presos, porque más allá de que el Ministerio del Interior está trabajando en la construcción de un hospital penitenciario en la cárcel Punta de Rieles, lo cierto es que hay reclusos que deberán seguir yendo a este centro de salud, como también al Saint Bois (que ya tiene su sala para presos) o al Instituto de Traumatología (INOT), de donde se fugó un hombre hace tres semanas.

"Si un preso sufre una lesión cerebral o de cráneo, o necesita a un cirujano vascular o una operación de tórax, no va a haber otra que trasladarlo hacia acá, donde estos servicios funcionan las 24 horas", señala el director del Maciel, Álvaro Villar.

Es jueves de mañana y seis presos trabajan en el Maciel construyendo la que será su "propia cárcel". Las salas que están haciendo fueron inspiradas en otras ubicadas en el Hospital de la Princesa, de Madrid. La obra tiene un costo de US$ 100.000 y la paga la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE). Lo único que tienen que abonar es el material porque la mano de obra es gratis.

Ramiro (no es su nombre real) tiene 39 años, cayó preso hace cuatro y le quedan "uno o dos más" tras las rejas. Es rubio, de ojos celestes, pelado y corpulento. Es el más joven de los seis, y también el capataz. De noche duerme en el módulo 7 del Comcar, uno de los más benévolos; de día sale a trabajar. Hace ya dos años que es parte del Polo Productivo del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR), ha trabajado en las reformas de centros educativos y de otros hospitales. Por cada año de labor como albañil le restarán uno de pena. No quiere decir por qué cayó preso. "Esas son cosas privadas. Cometí un error y lo estoy pagando", resume.

Ya hace dos meses que golpean las paredes de la vieja sala García Otero, a la que procuran tirar abajo. Allí se daban clases a futuros médicos. Al fondo de la sala se puede ver lo único que queda de esos tiempos, donde aún está escrito con tiza lo que les enseñaba el profesor. Hace tiempo que esa parte no se usa, y por eso fue el espacio que se eligió para las salas de atención a presos.

Estas nuevas habitaciones permitirán recibir a cuatro presos al mismo tiempo. Son dos: una tiene tres camas y la otra dos. No significa que puedan recibir a cinco, sino que en caso de que un recluso sea muy peligroso o tenga una enfermedad muy contagiosa, podrá quedar solo en una habitación.

Las salas tendrán vidrios como los de un estudio de grabación y del lado de afuera estarán los guardias. El protocolo establece que por cada preso internado debe haber al menos dos policías. Las puertas solo se pueden cerrar por fuera y dentro de los cuartos no habrá ningún material cortante ni nada que se pueda utilizar como arma. Los baños, que son solo para los reclusos, no tienen espejos. Afuera están los baños para los guardias.

A las salas no se podrá entrar con armas para evitar lo que ya ha sucedido más de una vez, en este y otros hospitales: que un preso le arrebate el arma a un policía. Además de los guardias habrá un sistema de vigilancia con cámaras, y los presos deberán llevar tobilleras como las que el Ministerio del Interior utiliza para casos de violencia doméstica.

La sala para presos del Saint Bois, en tanto, es por ahora la única del país. Tiene 14 camas y cuatro más para aislamiento. Dependiendo de la peligrosidad del preso se le permite quitarse o no las esposas. A la sala se ingresa por una entrada separada y solo se comunica con el resto del hospital por una puerta que generalmente está trancada con llave. Cuando todas las camas están ocupadas no se admite el ingreso de más convictos.

La salud inquieta.

El 5 de septiembre, dos días después de la fuga de Anthony Rodríguez Silvera, alias Pato Feo, el Ministerio del Interior convocó a una reunión. La impactante maniobra por la que dos hombres fueron procesados —aunque el rescatado sigue prófugo—, logró concitar la atención sobre un tema largamente postergado: la salud de las personas privadas de libertad.

Se reunieron delegados del Sindicato Médico (SMU), el Ministerio del Interior, ASSE, la Federación de Funcionarios de Salud Pública (FFSP), el Colegio Médico y Sanidad Policial. Este martes se congregaron por segunda vez, y tienen pautado hacerlo semanalmente, al menos por un tiempo. No hay nada concreto aún, recién están "empezando a conversar", pero lo que todos quieren es menos incidentes y menos inconvenientes relacionados al traslado de presos a hospitales.

Los involucrados están trabajando para la creación de un nuevo protocolo para la atención de presos. Actualmente existe uno acordado solo por el Ministerio del Interior y ASSE en 2015, año en el que hubo siete intentos de fuga de hospitales. El protocolo regula los horarios de visita, la permanencia de los custodios en la sala, su forma de relevo y las armas que deben portar. También especifica cómo sujetar a presas embarazadas. Según pudo saber El País, se entiende que hay que generar un nuevo documento porque el vigente rige solo para funcionarios de ASSE y no contempla, además, todo lo relativo a los traslados.

"Hay riesgos que los médicos debemos asumir por ser médicos —como atender a pacientes en medio de una epidemia—, pero no deberíamos estar en peligro porque las condiciones no están dadas", dice el presidente del Colegio Médico, Néstor Campos.

El Hospital que estará en la cárcel de Punta de Rieles, contará con 18 camas para los reclusos. Foto: minterior.gub.uy
Hospital de la cárcel de Punta de Rieles contará con 18 camas. Foto: minterior.gub.uy

Uno de los asuntos que se trataron en la última reunión fue el progreso del hospital penitenciario que están construyendo en Punta de Rieles. Este centro proveerá un segundo nivel de atención médica a los reclusos, ya que hoy en las cárceles solo se brinda un primer nivel de atención. Es decir, se los puede revisar, diagnosticar y derivar, y eventualmente resolver patologías sencillas, pero no más allá de eso. Está previsto que el nuevo hospital tenga camas de internación, de modo de minimizar los traslados de los presos a hospitales públicos y, en menor medida, a hospitales privados.

Según ha comunicado el Ministerio del Interior, el hospital se financiará mediante un mecanismo de participación público-privada y estará operativo antes de fin de año. Contará con 18 camas (14 comunes, dos de aislamiento y dos para personas con discapacidad), una máquina de rayos X, un dormitorio para los médicos del turno nocturno, consultorios para especialidades como oftalmología y odontología, servicios hospitalarios para internación y una enfermería para atender casos de urgencia y realizar cirugías menores. Habrá también un puesto de guardia para controlar el ingreso y la salida de médicos, enfermeros y visitas para garantizar su seguridad.

Como el 60% de la población carcelaria se encuentra en el área metropolitana (en el Comcar, el Penal de Libertad o Punta de Rieles), una vez que comience a operar el hospital penitenciario se podrá atender allí a los presos de esos centros como primera opción, disminuyendo así los traslados a hospitales públicos.

Con esto también se reducirá lo que se gasta en la seguridad del recluso, ya que dos guardias deben acompañar a cada preso que vaya al hospital.

Más allá de episodios aislados como el rescate del INOT, el problema no siempre —o no solo— son los reclusos. "Un preso que vive en el horror del Comcar y viene a estar internado en una cama calentita y a un baño limpio es el que menos lío te va a hacer", explica el dirigente de la FFSP Gustavo Gianre. Según él, muchos de los problemas se dan por los familiares de los presos, que "arman lío" al no entender que aunque su pariente esté internado, sigue privado de libertad.

A pesar de que el preso debería estar vigilado todo el tiempo, no es raro que queden sin custodio. En ese caso, dice el dirigente del SMU, Alejandro Cuesta, el personal de salud queda ante la incertidumbre de cómo actuar porque no hay un protocolo que indique pasos a seguir.

La sala de presos que Ramiro y sus compañeros están construyendo en el Maciel solucionaría, en parte, otro de los problemas denunciados en la reunión del martes: los problemas de roces e incomodidad que genera a pacientes y personal el tener a un recluso esposado atendiéndose al lado. "Y sin mencionar a los custodios", remarca Cuesta. A los privados de libertad, asegura, se los trata igual que a los otros pacientes pero se trata de atenderlos más rápido para acelerar su vuelta al centro penitenciario. Un menor tiempo de espera implica menores chances de que ocurra un intento de rescate.

Para que un preso consiga un viaje al hospital debe ocurrir una emergencia o debe tener agendada una consulta con especialista. Cuando se da la segunda opción, al preso no se le avisa cuándo se lo llevarán al hospital, por lo que a veces no quiere o no puede ir. El médico Gustavo Diego, que trabaja en el Comcar, cuenta que muchas veces ocurre que el día de la hora con el especialista coincide con el día de visita, por lo que los reclusos optan por perderse la ida al médico.

Para Diego, los presos tienen buena atención sanitaria fuera de las cárceles. El problema es el acceso que tienen a los médicos dentro del propio centro penitenciario. "Por ejemplo, yo ahora no estoy haciendo nada", dice mientras habla con El País desde el Comcar a las siete de la tarde. "El problema es que no tienen suficientes policías para traerme todos los presos que necesitarían verme", agrega.

Según él, el hospital penitenciario no va a reducir mucho las idas al hospital de reclusos porque la mayoría de las veces se los traslada para ser intervenidos o para ver a especialistas. Y salvo excepciones como oftalmología y odontología, no está previsto que en el centro que se levanta en Punta de Rieles haya esos servicios, ni tampoco un block quirúrgico.

En próximas instancias, quienes se están reuniendo para resolver los pormenores de la hospitalización de los presos tienen previsto analizar los motivos más frecuentes de consulta. La idea es que el hospital penitenciario pueda proveer alguno de estos servicios. "Tampoco vamos a pretender que tengan un cirujano cardíaco de guardia", dice Gianre, "pero sí una mayor contención de la que hoy existe". Si bien opina que el nuevo hospital no va a acabar con los traslados de presos a centros comunes, él sí confía en que puede reducirlos en buena medida.

"Todas las personas tienen derecho a la mejor atención en la salud solo por el hecho de ser personas", sentenció Campos. El objetivo es que mientras se logra eso, no se vulneren los derechos de otros pacientes o del personal médico.

Un rescate planificado por celular tras las rejas.

El preso rescatado del Instituto Nacional de Ortopedia y Traumatología (INOT) ya venía planificando su fuga por celular desde la cárcel. El primero de sus cómplices en caer preso lo reveló: Anthony Rodríguez, alias Pato Feo, se había hecho cortes en los dedos para ser llevado a un centro donde a sus compañeros les sería más fácil rescatarlo. El otro secuaz del fugado también fue procesado con prisión, pero el escapista sigue en libertad. El hombre de 33 años utilizaba el celular sin restricciones en su celda del Penal de Libertad, dijo su cómplice. Primero ideó el plan y se lo comunicó a sus amigos, pero no les precisó el "cuándo". Una vez que se decidió a hacerlo, los volvió a llamar para comunicarles que el gran día sería el siguiente.

Anthony Rodríguez Silveira. Foto: Ministerio del Interior.
Anthony Rodríguez Silveira. Foto: Ministerio del Interior.

Fue el 3 de septiembre, cuando lo fueron a liberar al INOT dos hombres armados y encapuchados. Para huir a toda velocidad en el Hyundai gris que los esperaba, los rescatistas abrieron fuego contra los guardias del centro. Todo fue captado por las cámaras de seguridad.

El último hecho de similar gravedad había ocurrido en mayo de 2015. En esa ocasión no hubo un rescate pero sí un intento de fuga de un preso, que acabó con uno de sus custodios disparando un arma dentro del Maciel.

El Pato Feo estaba preso por homicidio especialmente agravado y tiene antecedentes de otro homicidio, un delito de copamiento y dos delitos de rapiña. El Ministerio del Interior pide colaboración para encontrarlo.

Hospitales con cupos llenos atienden por orden judicial.

En las recomendaciones finales del último informe del comisionado parlamentario para cárceles, Juan Miguel Petit, está "mejorar la coordinación entre el Servicio de Atención Integral a las Personas Privadas de Libertad de ASSE (SAI-PPL) y ASSE", debido a la existencia de "cupos para internos" en los centros de salud que admiten convictos. Esto implica que cuando esos cupos están llenos pero otro recluso necesite atención médica, se deba recurrir a una orden judicial para asegurar que al preso se lo atienda de todas formas.

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