uruguay 2100: más salud y menos recursos

El costo de pegar el estirón

En 2100 el 30% de los uruguayos será mayor de 65 años, el doble que en la actualidad. Para entonces el gasto en los servicios sociales básicos comprenderá el 40% del PIB, mientras que hoy es del 25%. Esta proyección del Banco Mundial advierte que ante la pérdida de personas activas, el país debería apostar a mejorar la productividad.

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Cae la cantidad de hogares unipersonales en los mayores de 65 años. Foto: AFP

El calendario marca el comienzo de 2100. Y los uruguayos siguen disfrutando su paseo por la rambla. Unos cuantos avanzan a ritmo lento dando golpecitos con sus bastones en cada paso. Otros aprovechan a tomar mate con yuyos y consumen galletitas sin sal. Algunos escuchan cumbia cheta, un ritmo que pasó de moda pero que evoca la nostalgia de su juventud. A lo lejos vuelan autos sin chofer y los edificios no tienen portero porque todo se controla desde un celular. Más allá de la incidencia de la tecnología, son muy pocos los que trabajan. Tres de cada 10 habitantes son mayores de 65 años, el doble de lo que eran en 2015. El país corre riesgo de fundirse.

Esa imagen de 2100 no se trata de un lugar llamado Gerontoguay. Los cálculos son una proyección del Banco Mundial sobre cómo envejecerá Uruguay. La estimación revela que de no haber cambios en el sistema, el consumo será considerablemente mayor a la producción. En cifras: en 2013 el país gastaba en servicios sociales básicos —salud, educación y protección social— algo menos del 25% del PIB. El efecto demográfico puro lo llevará a más de un 40%, indica el estudio preliminar al que accedió El País.

"Cada vez hay menos población activa y más población pasiva", dice el demógrafo argentino Rafael Rofman, coordinador del proyecto. La esperanza de vida será cada vez mayor, habrá más personas adultas viviendo con mejor calidad y la cantidad de nacimientos no reemplazará esa baja de mortalidad. En este escenario "el aumento de la fuerza de trabajo tiende a desaparecer y se vuelve más importante que nunca la productividad".

La prosperidad que vivió el país durante los últimos años, más allá del contexto internacional, se explica porque "hubo más gente trabajando, más productivamente y con mayor calidad". Si en el futuro falta gente para trabajar, ¿por qué no importarlos? Sin embargo, no sería una opción viable, ya que esos cerebros serán mejor cotizados en otros países. Un aumento drástico de la natalidad no parece factible y tampoco sería una medida muy responsable: hay que poder mantener a esos nuevos niños. Un aumento de la edad jubilatoria será casi un hecho, pero no la solución. Si la población vivirá en promedio 10 o 15 años más y con menos desgaste físico —porque el empleo será más intelectual— resultará "raro que la gente se jubile a los 60 años", sostiene Rofman. La clave está, según el estudio, en la palabra productividad.

"Significa que se necesita más capital humano, trabajadores más educados y con puestos de mejor calidad, más tecnología y mejores sistemas de producción", señala el especialista en protección social del Banco Mundial. No se trata de trabajar más horas por día, explica. De hecho, en países desarrollados como Suecia, la tendencia es a la inversa. La idea es que en el menor tiempo se logren los mejores resultados. "Uruguay no puede darse el lujo de seguir perdiendo estudiantes en el liceo o que quienes finalizan la secundaria no tengan las habilidades para una carrera de mayor calidad laboral", aconseja Rofman.

Pero atención: ser un país de viejos tiene sus ventajas. Es un indicador de que la gente se muere menos —"no es necesario explicar este beneficio", bromea Rofman— y de que hay menos nacimientos porque la población en general controla el tamaño de sus familias. Agréguese el aporte en sabiduría, que los nietos jueguen con sus abuelos que gozan de mayor salud y que los adultos mayores puedan compartir más tiempo con sus pares o concretar proyectos pendientes.

Rebobinar.

El calendario marca el comienzo de 2016. En Uruguay viven poco más de 484.400 personas que superan los 65 años. Representan el 14% de la población o, lo que es lo mismo, la capacidad para llenar ocho veces el Estadio Centenario. En comparación con dos décadas atrás, hay 16 adultos mayores más por cada 100 menores de 15 años, calcula el Banco de Previsión Social (BPS) con cifras del Instituto Nacional de Estadística. Estos datos reafirman que el país encabeza el ranking de "los más envejecidos" de la región.

Por el solo hecho de llegar a los 65 años, las mujeres uruguayas aumentan su esperanza de vida 19,1 años y los varones 14,7. Ellas podrían llegar, en promedio, a los 84 años, y ellos a los 80. Como sucede en el resto del mundo, las señoras sobreviven más. Puede que lo explique el tipo de vida que llevaron, su capacidad de resiliencia o una virtud hormonal hasta ahora poco comprobada. La excepción es Artigas, donde los hombres veteranos son la mayoría.

La calidad de vida de esta población adulta mayor ha ido en aumento en los últimos años. Un indicador es el crecimiento de los hogares unipersonales en esa franja etaria. Es que "no vive solo quien quiere, sino también quien puede", dice la demógrafa Carolina Guidotti. Como ejemplo, en Dinamarca el 40% de los mayores de 65 años viven solos, mientras que en Bahrein es menos del 1%.

En 2014 vivían en hogares unipersonales el 26,7% de los adultos mayores de Uruguay, más del triple que el resto de la población. La cifra asemeja al país a la realidad española y lo aleja de América Latina, cuyo promedio es de 17%, según un estudio del BPS liderado por Inés Núñez y disponible en el sitio web.

"Uruguay es un buen país para envejecer", afirma el demógrafo Rofman. "Hay un sistema de jubilación que es de los mejores de América Latina". De hecho, el 87,4% de los adultos mayores del país perciben una jubilación o una pensión, a diferencia de Centroamérica adonde no alcanza el 30%. Eso sí: formalmente solo el 16,4% de los mayores de 65 años está en actividad, pero informalmente trepa al 61,7%.

A este último dato se le suma que ese auge de los hogares unipersonales está tendiendo a detenerse. En 2010 vivían en esta modalidad el 26,8% de los adultos mayores, levemente más que en la actualidad. Y son varias las hipótesis de este aparente freno.

La socióloga Lucía Monteiro, junto a la demógrafa Guidotti, aventuran que al vivir más tiempo, los adultos mayores pueden volver a conseguir pareja. Esa sería la opción más positiva y reafirmaría la frase: "Hasta que la muerte nos separe". La otra posibilidad es que los padres adultos estén pasando a vivir con sus hijos. "Podría estar influida por el deterioro en las condiciones de salud" de las personas mayores, o que los hijos vuelvan a las casas de sus padres porque no tienen cómo mantenerse. El fin del nido vacío coincide con el aumento de los divorcios y las separaciones de los jóvenes, sumado a lo caro que está el mercado inmobiliario. Es decir: el adulto mayor tiene que "bancar" al resto de la familia.

La Encuesta Continua de Hogares revela que en 2014 el 8,2% de las personas mayores de 65 años convivían con menores de 14 años. Esta realidad está más extendida en los sectores desfavorecidos.

En el quintil más pobre, el 3,2% de los adultos mayores vive solo, frente al 6,8% del total de personas de esa edad. En la franja más rica la situación se invierte: el 35% está en hogares unipersonales ante el 26,2% total de esa edad.

No es casual que el 99% de quienes viven solos sean de ascendencia blanca. De hecho, la población afrodescendiente —uno de cada diez uruguayos— tiene una mayor cantidad de necesidades básicas insatisfechas.

Para cuantificar el nivel socioeconómico, los técnicos suelen incorporar el grado de educación alcanzado. Pero en los adultos mayores, sobre todo porque son "hijos de otra época", usar esta variable es engañosa. Seis de cada 10 mayores de 65 años apenas terminó la escuela, vivan solas o no. Y un 3% es analfabeto, se encuentre en un hogar unipersonal o no.

La caída en la cantidad de hogares unipersonales se concentra en la franja que va de los 65 a los 79 años. A la inversa, los mayores de 80 años son los que registran el aumento más sostenido: pasó de 28,7% en 2006 a 33,1% en 2014.

El dato indica que los más adultos parecen lograr cierta independencia. Solo el 2% de las personas mayores que viven solas tienen a otra persona que duerme en sus casas prestando servicios domésticos o de cuidados. Esta tendencia está más marcada en la ciudad, porque en el área rural lo más habitual es convivir junto a otros familiares.

Si se mira por departamento, en Colonia, Flores, Florida, Maldonado, Rocha, Tacuarembó y Treinta y Tres se concentran en mayor proporción las personas mayores solas en comparación al total de mayores de 65 años.

Esta particular evolución de Uruguay "puede ser un hecho transitorio o no", dice Guidotti. También el tiempo será quien determine si Uruguay supo afrontar las advertencias que marca el Banco Mundial. No es fácil pegar el estirón.

Los mitos de envejecer en Uruguay.


"El aumento de adultos mayores da pérdidas al Estado". No es así. En los últimos años Uruguay vio incrementada su población envejecida. En 2004 había 446.250 personas mayores de 65 años. En 2014 esa franja etaria aumentó a 484.407. Sin embargo, mientras que una década atrás había 1,88 activos que efectuaban aportes por cada pasivo, ahora hay 2,68. No solo eso: "Cuando la sociedad envejece, la producción crece más rápido de lo que aumenta la falta de trabajadores", explica el demógrafo argentino Rafael Rofman.

"Los adultos mayores siempre son menos que los niños". Tampoco es cierto. En los últimos 19 años hay 16 personas mayores más por cada 100 menores de 15 años. A este ritmo, el Instituto Nacional de Estadística proyecta que en 2040 la población de 65 y más años superará a la de 0 a 14 años.

"En los países donde hay más longevos, la población es más envejecida". Vilcabamba, una pequeña provincia de Ecuador, es el lugar en América Latina donde la población vive más años. Aun así, eso no implica que todos sus habitantes lleguen a ser adultos mayores, y mucho menos la totalidad de Ecuador. De hecho Uruguay es el país más envejecido de América Latina y, según un estudio del Mides, es donde hay más hogares unipersonales de adultos mayores, similar a Argentina y Barbados.

"A los 65 años uno está panza para arriba o tirándoles pan a las palomas". El 16,4% de los adultos mayores trabaja formalmente. Si se tiene en cuenta a quienes están empleados "en negro" la cifra de los que trabajan sube al 61,7%. Otro tanto debe ocuparse de las tareas del hogar, criar hijos o cuidar a otro adulto mayor.

"Los varones son quienes cobran más jubilaciones". Es cierto que los hombres acceden en mayor medida que las mujeres al cobro de jubilaciones. Sin embargo, son más las mujeres que cobran esa prestación y además lo hacen por más tiempo, explica la demógrafa Carolina Guidotti. También es cierto que las mujeres sobreviven más.

"Los adultos mayores no producen dinero, por tanto son más pobres". El acceso a la jubilación o pensión, que en Uruguay supera el 87% hace, según la demógrafa Mariana Paredes, que la pobreza en los mayores venga a la baja: pasó de 14% en 2006 a 2% en 2014.

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