EL PROBLEMA DEL CEMENTO

El cimiento del déficit de Ancap

El ente no obtiene ganancias desde 1999 en la industria del cemento, sector en el que compite con una compañía de capitales extranjeros que le marca el pulso hace años. Pese a las inversiones, Ancap arrastra pérdidas de US$ 206 millones en los últimos 15 años.

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La Investigadora critica que se haya invertido en remodelar planta de Paysandú. Foto: D. Rojas

Cada edificio, cada molino de viento, cada puente necesita de un cimiento para mantenerse en pie. Detrás de esa raíz artificial, que lo protege de las inclemencias de la gravedad, se encuentra el hormigón, material resistente y perdurable, hecho en base al cemento Portland. Este conglomerante es el más usado en la industria de la construcción y sirve además para realizar carreteras, pisos y estructuras. No deja de ser paradójico que en Uruguay un material cuya finalidad es servir de cimiento se haya convertido, por el contrario, en uno de los factores desestabilizantes de Ancap, que en los últimos 15 años perdió US$ 206 millones en este sector, de los cuales el 64% corresponde al período 2010-2015, según datos de la Comisión Investigadora de Ancap para el período 2000-2015.

Si bien el cemento Portland no constituye la peor parte de un déficit mayormente basado en la suba del dólar en los últimos años, que ha hecho incrementar la deuda que arrastra el ente, es uno de los sectores con peores resultados y con mayor evidencia de los problemas de gestión y planificación de la compañía.

En 2015 la empresa dio pérdidas por US$ 198 millones, de los cuales US$ 27 millones, el 13,63% del total, correspondieron al cemento.

Lo que llama la atención es que mientras Ancap, a través de su subsidiaria Cementos del Plata, no obtiene ganancias con el Pórtland desde 1999, Cementos Artigas, la competidora que controla la otra mitad del mercado, de capitales españoles y brasileños y también con una planta en Minas, obtuvo resultados netos positivos por US$ 25 millones en 2015. Así lo puntualizó en septiembre del año pasado el ministro de Economía y Finanzas, Danilo Astori, a la Comisión Investigadora aprobada por el Senado, en la que atribuyó gran parte del déficit del ente a las inversiones de muy lenta recuperación, como la realizada en el cemento.

Ancap, cuyo directorio se negó a dar entrevistas a El País, achaca los números rojos a las inversiones que se hicieron en las dos plantas, ubicadas en Minas y en Paysandú, que de acuerdo a lo que sostuvo a la comisión al expresidente del directorio de Ancap, José Coya, "estaban próximas a cerrarse; la estrategia era de cierre o privatización". Esas inversiones, según lo planificado por el plan estratégico de Ancap aprobado en 2007, eran de US$ 118 millones. No obstante, Juan Romero, gerente de la división Portland, reveló en su comparecencia en el Senado el 1 de septiembre, que se habían gastado hasta ese momento US$ 251 millones y se tenían previstas inversiones por US$ 230 millones más, es decir que se triplicó el monto para inversiones en Portland.

Romero expresó que para este año se prevé disminuir las pérdidas en el negocio al entorno de los 10 o 12 millones de dólares, para en 2017 tener un "equilibrio técnico mínimamente positivo", dependiendo de diversos factores, como el precio del carbón.

Sin embargo, es necesario tener en cuenta la actual desaceleración económica, en comparación al crecimiento promedio anual del 5,2% entre 2006 y 2014, de acuerdo a datos del Banco Mundial. El propio Astori se pronunció sobre esta situación cuando dijo en abril que el crecimiento del PIB que se había estimado en el orden de 2,5% para este año iba a ser menor, más cercano al 1% de 2015. No obstante, varios economistas apuntaron que la economía estuvo estancada el año pasado, ya que el margen de crecimiento se debió al efecto de "arrastre" de 2014.

Ignacio Otegui, presidente de la Cámara de la Construcción del Uruguay, informó a El País que el uso del cemento cayó en la misma magnitud que la actividad de la industria de la construcción, que ha descendido un 35% en los últimos cuatro años. "Este año va a seguir cayendo y veremos si remonta el año que viene. Pero no va a cambiar en los próximos 10 o 12 meses. Por algo teníamos 73.000 hombres ocupados en 2012, y hoy son 46.000".

Otro factor a tener en cuenta es la incidencia que pueda tener la aparición de otro actor en el negocio, como es la compañía Cimsa, que comercializa cementos Charrúa, propiedad de los futbolistas Diego Lugano y Diego Godín. La empresa importa cemento desde Turquía, país en el que Lugano es considerado un ídolo tras su paso por el Fenerbahçe. Este país es el sexto productor de cemento a nivel mundial, de acuerdo al último informe del International Cement Review (ICR).

Cementos Charrúa, que se constituyó el año pasado, avanza con paso firme ya que se prevé que entre junio y julio esté finalizada la fábrica de cemento que está construyendo en Treinta y Tres, según informó el director de la compañía, Ricardo Scaglia, expresidente de UTE y exdirigente de Peñarol. Scaglia negó que los precios de Cementos Charrúa sean más bajos que los de Ancap (el precio de la tonelada de cemento en 2015 era de US$ 170). y prefirió no contestar las preguntas referentes al volumen de mercado que manejan en la actualidad.

Lo cierto es que según publicó El País en febrero, hay obras públicas que utilizan cementos de la competencia de Ancap, como es el caso de Cementos Charrúa para la remodelación de la Plaza Libertad, la principal de Minas, mientras en el anexo de la Torre Ejecutiva se trabajaba con Cementos Artigas. El secretismo parece regir en el sector, ya que Cementos Artigas también declinó una entrevista.

Otegui desestimó la crítica de que el Estado tenga que utilizar cemento de Ancap para hacer sus obras, porque "las reservas de mercado son peligrosas y generan ineficiencias", y se trata de un mecanismo que se utilizaba una década atrás pero quedó en desuso. El empresario señaló que los constructores optan por los cementos de Ancap o Cementos Artigas porque confían en su calidad probada durante décadas, y no consideró que Cementos Charrúa pueda hacerles mella.

Fuentes del sector dijeron a El País que la empresa de Lugano y Godín está ganando terreno, aunque mayormente en pequeñas y medianas barracas. "Cementos Charrúa le puede sacar el negocio a Ancap, pero no a Cementos Artigas porque tienen costos para bajar. A Cementos Artigas les sirve tener los mismos precios para ganar más, pero si llegaran a vender a los costos que tienen, Ancap desaparece en dos minutos", dijo una fuente de la industria que prefirió no ser identificada.

Uno de los aspectos destacados por la Comisión Investigadora es el sobredimensionamiento de la capacidad productiva necesaria, que con las reformas en las plantas de Minas y Paysandú pasarían a producir 840.000 toneladas por año, según declaró en el Senado Eduardo Milano, gerente de Planificación y Logística de la División Portland.

Milano dijo que en 2014 el mercado uruguayo produjo entre 700.000 y 800.000 toneladas. Lo que hay que tener en cuenta es que de ese monto, Ancap solo produjo 367.640 toneladas, según datos de la Comisión de 2014. Esto implica que el sobrante tendría que salir del país. En la exportación Ancap también pierde con Cementos Artigas. De acuerdo a datos suministrados por Uruguay XXI, Cementos Artigas obtuvo US$ 71.738.422 por la exportación de cemento Portland de 2008 a 2015, mientras que Ancap ganó en ese período US$ 6.819.881, un 91 % menos.

Amén de los factores externos que se le presentan a Ancap en este sector, la empresa estatal enfrenta varios problemas internos, entre ellos el escaso impacto que han tenido las remodelaciones en la producción de cemento, la poca justificación que tiene la refacción de la planta de Paysandú y la contratación en forma directa de una consultora a la que se le pagaron casi US$ 7 millones para mejorar la gestión de Ancap, en lo que se denominó "Proyecto Fénix".

Otro aspecto clave es el manejo del ente en la industria de la cal, que forma parte de las 22 denuncias presentadas el 19 de abril por los partidos de la oposición por la gestión de Ancap bajo gobiernos del Frente Amplio a la justicia de Crimen Organizado.

Un poco de historia.

Ancap, que fue creada en 1931 durante el gobierno de Gabriel Terra, comenzó en el negocio del Portland en 1956 con la instalación de la planta de Minas, a la que se le agregó la de Paysandú en 1978. Durante sus primeras cuatro décadas de vida la empresa dio ganancias hasta que la tendencia se revirtió en 1999. Un año antes, la argentina Loma Negra, de Amalia Fortabat, entró en el negocio, quedándose con el 45 % de las acciones de Cementos del Plata y con la gestión, mientras Ancap conservó el 55 %.

En 2005 la multinacional brasileña Camargo Correa adquirió Loma Negra, y en 2007 anunció una inversión conjunta de U$S 130 millones para instalar una planta de cemento en Paysandú. Pese al anuncio, en 2008 se produjo la separación de Loma Negra y el ente uruguayo se quedó con el 95 % de las acciones. El 5 % restante fue para la empresa ubicada en Argentina, que alegó que la separación se debió a que no iban "a acompañar a Ancap en caso de que ellos decidieran hacer aumentos de capital". Con posterioridad la participación de Ancap pasó al 99,74 % y la de Loma Negra a 0,26 %.

De acuerdo a una fuente del sector, "Cementos del Plata se creó con la idea de que Loma Negra terminara privatizando la división Portland de Ancap, pero en 2005 cuando asumió Tabaré Vázquez esa posibilidad se esfumó".

Por su parte, Cementos Artigas, que se estableció en Minas en 1919 con capitales estadounidenses, fue vendida en 1991 al grupo catalán Cementos Molins y Corporación Uniland. De la mano de esta multinacional la planta realizó una importante reconversión tecnológica que superó con creces a Ancap. De acuerdo a lo que expresó en 2007 a El Espectador Germán Riet, exvicepresidente de Ancap, el del ente "fue el cemento que se produjo más barato en Uruguay" hasta que la privada realizó este cambio en los años 90, motivo por el cual era necesaria una reconversión. "Para 2011 o 2012 los números seguramente van a estar dados vuelta", señaló en esa ocasión, pero el tiempo no acompañó esa previsión ya que fue en 2012 cuando se dio un aumento significativo de las pérdidas de las cementeras de Ancap, que tuvo su pico en 2013 con un déficit de US$ 39.220.241.

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Esa reconversión de Cementos Artigas de mano de los españoles, llevó en 1997 a lo que se denominó "la guerra del cemento", según detalló Javier Maresca, gerente de la Compañía Nacional de Cemento (CNC) con base en el Pan de Azúcar, en Maldonado. Esta empresa detentaba el 6 % de la producción nacional hasta que dejó de operar en el año 2000 en la producción de clinker (principal componente del cemento). Luego realizó durante años la última etapa del proceso del cemento que es la molienda con cemento de Ancap y Cementos Artigas. Actualmente CNC compra y vende cemento, y se dedica a la cal.

"En 1997 se dio una confrontación por el tema del posicionamiento en el mercado que hizo que los precios cayeran más del 40 % en tres meses", explicó Maresca. La "guerra del cemento" llevó a que Ancap no produjera más ganancias y a que CNC tuviera que diversificar su negocio.

Inversión.

Después de décadas sin invertir y ante la embestida de Cementos Artigas, Ancap decidió llevar a cabo la reconversión de sus plantas, la cual implicó una mejora desde el punto de vista ambiental y el cambio de una línea de producción húmeda a una semiseca, que utiliza menos energía y menos combustible. A su vez, se procedió al reemplazo del combustible que se utiliza en los hornos de cemento del fueloil al carbón de coque, que es mucho menos costoso. No obstante, la Comisión Investigadora critica que el uso del carbón de coque todavía es limitado en las plantas, ya que hasta noviembre de 2015 no había superado el 15 %.

Por otro lado, las inversiones realizadas no han representado una mejora en la productividad, que en 2005 era de 352.996 toneladas y en 2014 de 367.640.

Otro de los cuestionamientos de la Comisión es que si bien el proyecto de reconversión original implicaba que Ancap se concentraría en una planta sola, el Directorio del ente decidió mantener las dos abiertas. Romero y Milano reconocieron en su comparecencia en el Senado que lo más conveniente, tanto a nivel técnico como económico, era reformar solo una.

La Comisión concluyó en su Informe Final que los "costos políticos" que hubiera representado cerrar una de ellas fueron el factor que pesó en la decisión. A su vez se cuestiona la adquisición de un tercer horno en Paysandú, una obra que se encuentra demorada y cuyo equipamiento está en contenedores todavía.

La productividad no subió y tampoco lo hizo la rentabilidad del negocio, en gran parte debido a los costos fijos de Ancap. De acuerdo informó Milano a la Comisión, estos aumentaron un 83 % de 2007 a 2015. De esos costos (US$ 40 millones en 2015), el 37,5 % corresponde al personal propio, un 20 % a servicios contratados, un 13 % a mano de obra contratada, y el resto se reparte en materiales, depreciaciones, amortizaciones y equipamientos. Lo que implica que un 70,5% de esos costos fueron a remuneraciones.

Según datos de 2014, 500 personas trabajaban para la división Cemento. De acuerdo a fuentes del sector, Cementos Artigas tiene entre 150 y 200 empleados. Se deduce que la privada tiene un desempeño muy superior con menos de la mitad de los empleados.

Más allá de los capitales con los que cuenta la competencia, lo que remarcan las distintas personas entrevistadas es el problema de gestión del área Portland, pese a los casi US$ 7 millones que se le pagaron a la consultora Axiona para mejorar. "Evidentemente los resultados fueron muy malos", sostuvo Álvaro Delgado, senador nacionalista y miembro denunciante de la Comisión Investigadora.

Delgado llamó a repensar el asunto, dado que la compañía "puede ser rentable" si se mejora la gestión. "Hay que ver si Ancap tiene que hacer todo el proceso, si lo hace una colateral, ver el negocio sin prejuicios". Fuentes del sector consultadas por El País fueron menos optimistas: "Tendrían que haber cerrado hace veinte años", remató una de ellas.

Mercado mundial.

El del cemento no es un negocio fácil para las compañías estatales ya que se encuentra dominado por grandes multinacionales. Otros países donde la producción del cemento está en manos del Estado también han enfrentado graves problemas: uno es Venezuela, que estatizó el cemento en 2008 y lleva años de pérdidas y faltas de abastecimiento. Otro caso es el de la empresa monopólica de Paraguay, que registró pérdidas y bajos niveles de producción por décadas y en los últimos años repuntó.

El mercado mundial del cemento está dominado por China, que produce más de la mitad del total, seguido por India, Estados Unidos, Brasil, Rusia y Turquía. Debido a los altos costos de inversión que implica este sector, unas pocas empresas dominan la mayoría del mercado: las italianas Buzzi e Italcementi, la mexicana Cemex, la alemana Heidelberg, la suiza Holcim y la francesa Lafarge. La brasileña Votorantim, que en 2009 compró parte del paquete accionario de Cementos Artigas y en la actualidad tiene el 49% de la compañía, es la décima en el mundo.

Esta industria no concentra sus riquezas en las exportaciones, debido a los altos costos del transporte. De acuerdo a The Economist, solo el 3 % de la producción global es exportado. La estrategia de las mutinacionales es tener filiales en países en desarrollo y así hacer frente a la merma de la construcción en las naciones desarrolladas. El 90 % del cemento lo realizan las economías emergentes.

El proceso de producción del cemento Portland.

El cemento Portland se hace a partir de una materia prima principal que es la piedra caliza. Esta se encuentra en las canteras de las que dispone Ancap en Minas y en Paysandú. De acuerdo a la página web de Cementos del Plata: "La piedra se extrae de yacimientos usualmente a cielo abierto, por medio de voladuras con explosivos, y se tritura en dos o tres etapas hasta reducirla a un tamaño máximo de 25 mm".

El resultado se muele y se le agregan materiales que facilitan la fusión, como arcillas y minerales de hierro. Ese material, llamado "harina cruda" se lleva a un horno, donde se cocina a 1.450 ºC. El resultado es llamado clinker.

Este material "pasa por una etapa de enfriamiento rápido y se muele con el agregado de pequeñas cantidades de yeso y otras adiciones", explica Cementos del Plata en su página de internet. El cemento es entonces almacenado en silos, para luego ser embolsado o despachado a granel.

En la modalidad llamada vía húmeda, se utiliza agua para calcinar en el horno. En la actualidad se tiende a la vía seca, que consume menos energía.

Preocupación por quema de neumáticos en Minas.

Hace algunas semanas la Cámara de Importadores de Neumáticos anunció que comenzará a quemar neumáticos en el marco de un programa de reciclaje. Se estima que se recogerán 40 toneladas por día y que la mayoría irá a los hornos de Cementos Artigas, a pocos kilómetros de la ciudad de Minas, como fuente de energía alternativa. Valeria Uriarte, veterinaria y principal promotora de investigaciones que se han hecho en la ciudad a raíz de la percepción de los vecinos sobre un crecimiento en la cantidad de casos de cáncer y enfermedades respiratorias, manifestó su preocupación.

Desde la Dirección Nacional de Medio Ambiente, el director, Alejandro Nario, indicó que se está trabajando en una respuesta para la gestión de todo tipo de residuos, lo que incluye una ley sobre el tema. Sobre los neumáticos, Nario afirmó que su uso como combustible alternativo en las plantas cementeras es "frecuente" y "ambientalmente seguro", y que se está estudiando su uso para la fabricación de asfalto modificado. En el caso de Cementos Artigas, dijo que "hay muchas garantías" y que se hacen inspecciones sorpresa. Ante la preocupación de los vecinos de Minas por el polvo de las cementeras, un informe presentado por la Dinama en febrero, estableció que la calidad del aire en la ciudad es correcta y que lo que más contamina son las residencias, los vehículos y las estufas a leña. Uriarte expresó que hacen falta estudios sobre las consecuencias para la salud de las emisiones de las cementeras.

Pérdidas de US$ 7 millones para el negocio de la cal.

El "Proyecto Cal", en el que Ancap incursionó a través de Cementos del Plata en 2010, es otro de los puntos candentes marcados por la Comisión Investigadora de Ancap. El negocio de la cal surgió a partir de la firma de Cementos del Plata de un contrato con la Compañía de Generación Térmica de Energía Eléctrica (CGTEE), subsidiaria de la estatal brasileña Eletrobras, con base en Candiota (Río Grande del Sur). Ancap creyó conveniente aprovechar las reservas de piedra caliza del país y suministrárselas a esta empresa, que necesita la cal para paliar la lluvia ácida. De acuerdo con lo dicho por el senador nacionalista Álvaro Delgado a El País, la usina generadora de electricidad fue la causante de lluvia ácida, tanto en Brasil como en Uruguay.

El plazo del contrato firmado en 2010 es por una década, y puede ser extendido por 10 años más. Cementos del Plata está comprometido a suministrar la cal por un monto aproximado de US$ 20.400.000 anuales. Para ello, Ancap mandó a construir hornos en Treinta y Tres, uno de los cuales comenzó a operar en 2013 y el otro estaba previsto para principios de 2015, pero sigue sin funcionar, informó Delgado. Los costos de la primera planta se dispararon de los US$ 80 millones originales a US$ 148 millones.

Sin embargo, el negocio rápidamente dio pérdidas cuando Cementos del Plata tuvo que pagar US$ 7 millones por sus incumplimientos, tanto en la cantidad co-mo en la calidad de la cal.

De acuerdo con lo que expresó Juan Gómez, exmiembro del directorio de Ancap a la Comisión Investigadora, las estimaciones indican que la ganancia anual de este negocio daría de US$ 12 millones a US$ 15 millones. "Esto permitirá recuperar las pérdidas, producto de los incumplimientos actuales, en diez o doce años", explicó.

Javier Maresca, gerente de la Compañía Nacional de Cemento, que se reconvirtió a la cal por no poder competir en el otro sector, dijo a El País que el negocio de la cal en Uruguay es del orden de las 40.000 toneladas por año, pero la planta que Cementos del Plata montó es de 500 toneladas por día. "O sea que si el negocio con Brasil no funcionara no solucionaría su problema con el mercado interno. Si se metiera en él nos liquidaría a todos".

Uno de los aspectos más cuestionados en torno al negocio de la cal fue el contrato sin licitación que se realizó con la empresa de transporte Pleno Verde, registrada en Uruguay pero propiedad del empresario brasileño Acir García, que opera con choferes y camiones del país vecino, que fueron comprados para este negocio con Ancap, según documentos de la Comisión. El motivo por el que se recurrió a esta empresa, explicaron las autoridades del ente, fue que el tipo de vehículo necesario para hacer el transporte (camiones tolva) no existían en Uruguay.

No obstante, cuando Eduardo Milano, gerente de Planificación Portland de Ancap, compareció ante la Comisión reconoció que hay empresas uruguayas que cuentan con camiones tolva.

Según dijo el año pasado a El País Diego Valverde, directivo de la Asociación de Transportistas de Carga del Uruguay, existe "una sobreoferta de camiones" y el costo del flete que pagaba Ancap, que era de US$ 85 por tonelada, estaba unos US$ 35 por encima del precio que se pagaría en Uruguay.

De 2010 a agosto de 2015 Pleno Verde ganó US$ 16 millones. Se estima que cuando la segunda planta de cal esté en funcionamiento la compañía facturará US$ 8 millones por año.

Por otro lado, la empresa que terminó realizando el transporte no es Pleno Verde, sino Themma, también propiedad de García. Juan Romero, gerente de la División Portland de Ancap, dijo a la Comisión Investigadora desconocer la existencia de esta empresa. García se negó a comparecer en el Senado por este asunto.

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