“Crisis, ¿y ahora qué?

La china más lejana

Por estos días el mundo observa con preocupación lo que ocurre en China. La crisis en los mercados bursátiles y la devaluación del yuan han hecho sonar todas las alarmas. ¿Qué implicancias tiene para Uruguay? Más allá de haber mejorado la relación bilateral, queda casi todo por hacer.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Vázquez durante una visita a la Gran Muralla china. Foto: Archivo El País

Liu Xuan tiene 29 años. Oriunda de la provincia de Hunan —la misma en la que nació Mao Zedong—, tuvo su primer hijo en 2011. De clase media, la joven es fanática de las compras online en sitios como Tmall o Taobao, dos de los más populares de China. Fue precisamente gracias a estos que tuvo su primer contacto con productos hechos en Uruguay. "Siempre preferí que mi niño tomara leche importada y comprando por internet di con una marca uruguaya", dice sonriente dejando entrever su satisfacción con la calidad de la misma, a pesar de que inmediatamente resalta que el precio le pareció "muy elevado", sobre todo en comparación con el de marcas australianas y neozelandesas.

Liu Xuan es una entre millones de chinos que ahora pueden acceder con facilidad a bienes importados, y su historia es muestra de algunas de las oportunidades disponibles para empresas nacionales. En plataformas de e-commerce como jd.com, hoy es posible encontrar arándanos chilenos, camarones argentinos, tequila mexicano y, por supuesto, carne uruguaya

No obstante, para la inmensa mayoría de los chinos, Uruguay es solamente un país que forma futbolistas talentosos. Para comprobarlo, basta con tomar un taxi en las calles de Shanghái y decir "wulagui" (así se pronuncia Uruguay en mandarín) para que el chofer exprese su admiración por Suárez, Cavani o Forlán. Si bien esto es combustible para el orgullo nacional, es también reflejo de una realidad que debería encender una luz de alerta: hasta ahora, los esfuerzos llevados a cabo para generar un posicionamiento país que permita agregarle valor a las exportaciones hacia China han sido limitados o, al menos, no lo suficientemente valientes. Esto aplica tanto al sector público como al privado, y a exportadores de bienes como de servicios.

El caso del fútbol ayuda a ilustrar el problema. Si bien es cierto que para el chino promedio el fútbol uruguayo no tiene ni un cuarto del atractivo de, por ejemplo, el fútbol español, parecería que tanto clubes como gobierno podrían hacer un poco más. Tómese como referencia el caso del Atlético de Madrid —20% del cual fue adquirido por el poderoso conglomerado Wanda, propiedad de Wang Jianlin, el hombre más rico de China— o, ya en nuestra región, el del Santos de Brasil, cuyo principal sponsor es Huawei, el coloso chino de las telecomunicaciones. Es válida, entonces, la pregunta de si Peñarol o Nacional no podrían arriesgar un poco más para lucir una marca china en sus camisetas y atraer divisas hacia el país, o exportar merchandising hacia el gigante asiático; o si el Ministerio de Turismo no podría implementar iniciativas puntuales para que jóvenes chinos de familias acaudaladas deseosos de perfeccionar su técnica viajaran a entrenarse a este rincón de América del Sur.

Relación bilateral.

Basados en las estadísticas que indican que China es el principal destino de las exportaciones uruguayas, operadores políticos y económicos coinciden en que las relaciones comerciales entre los dos países gozan de muy buena salud. Pero no todo lo que reluce es oro. La realidad indica que las exportaciones se concentran no solo en un puñado de productos, sino también en un puñado de empresas.

Asimismo, si bien Uruguay restableció relaciones diplomáticas con China hace casi 30 años, comparativamente, otros países han conseguido mucho más en mucho menos tiempo. Tal es el caso de Costa Rica. Han transcurrido menos de cinco años desde que el gobierno tico decidió romper relaciones con Taiwán y reconocer a la República Popular. No obstante, ambos países ya han firmado un TLC y la nación centroamericana ha sido identificada por Beijing como candidata para la instalación de la primera zona de desarrollo económico especial de China en América Latina.

En materia de inversiones, Uruguay tampoco ha podido concretar proyectos en áreas trascendentales. Particularmente, en infraestructura —un campo en el que China es, indudablemente, el líder mundial—, proyectos clave se han visto frustrados, siendo el caso de la reconstrucción del sistema ferroviario el más emblemático. Todo esto porque, a diferencia de otros, Uruguay aún no ha elaborado una estrategia para China.

El gran desafío.

Históricamente, los flujos migratorios desde China hacia América Latina —especialmente hacia el Río de la Plata— han sido poco dinámicos. Diametralmente opuesta ha sido la situación en países desarrollados y la diferencia no es menor. A la hora de penetrar el mercado chino, empresas de Estados Unidos o Australia, por ejemplo, además de contar con ventajas estructurales, cuentan con ventajas culturales. Nótese que para los descendientes de esas primeras generaciones de inmigrantes, el aterrizaje en el mercado chino suele ser mucho más suave. Para un empresario uruguayo, la simple tarea de entablar una conversación con un par chino puede resultar sumamente compleja porque probablemente nunca antes se sentó en una mesa con un asiático.

Para aprovechar al máximo las excelentes oportunidades ofrecidas por China es fundamental que el gobierno y las empresas se aproximen con una visión global. Y, paradojalmente, el primer paso para lograrlo es dejar de hablar de China como un todo. "Quien quiera hacer negocios con China debe entender que nunca hubo un mercado chino único", explica William Kirby, profesor de la Escuela de Negocios de Harvard con años de experiencia en el tema. "Hay, sí, algunos productos para los que claramente existen mercados nacionales, pero China es una serie de economías regionales entrelazadas, con poblaciones iguales o superiores a las de países europeos", concluye. En ese sentido, muchas empresas extranjeras han conquistado los mercados de las llamadas "ciudades de segunda franja".

Finalmente, son pocas las iniciativas corporativas uruguayas específicamente diseñadas para atender las necesidades de potenciales clientes chinos. En tiempos de incertidumbre, esta puede ser la diferencia entre el éxito y el fracaso.

Crisis. ¿Y ahora qué?

"China tambalea y la economía global se ve forzada a adaptarse", titulaba The New York Times esta semana. Y no estaba exagerando. La prosperidad de muchos países depende de la suerte del gigante asiático.

Winston Churchill decía que los pesimistas ven en las crisis peligro y los optimistas, oportunidad. En mandarín la palabra crisis se compone de dos caracteres: el primero significa peligro y, el segundo, oportunidad. El lector se quedará con la duda de si el ilustre primer ministro británico se inspiró en este idioma para acuñar su famosa frase, pero lo que es seguro es que ella describe claramente lo que se vive por estos días.

Durante el mes pasado, muchos chinos perdieron todo, pero otros —principalmente los propietarios de pymes manufactureras— han renovado sus esperanzas de revitalizar las alicaídas exportaciones. Frases célebres aparte, una economía que se desacelera y un yuan que se devalúa no son buenas noticias para el sector exportador uruguayo. En el corto plazo, los exportadores deberán estar atentos a cómo repercute la actual coyuntura en los planes de inversión de las empresas chinas y en los hábitos de consumo de la población de ese país. Al fin y al cabo, a lo largo de la última década, el motor del crecimiento de América Latina en general, y de Uruguay en particular, no ha sido otro más que la confianza de millones de chinos como Liu Xuan —la que compraba leche uruguaya— en que los espera un futuro mejor.

Cayeron las acciones, bajó la tasa de interés y devaluó.

Esta semana se inició muy movida en los mercados financieros internacionales con repercusión en los países emergentes que no pasó desapercibida en Uruguay, con suba del tipo de cambio y aumento de la incertidumbre a nivel empresarial. El disparador se encuentra en una persistente caída en los valores de las acciones que cotizan en bolsa en China, sumado a varias reducciones en la tasa de interés en dicho país y una devaluación de su moneda. Todavía no pasó el cimbronazo y persiste el nerviosismo. Se trata de la segunda economía del mundo, responsable del 15% del Producto Interno Bruto (PIB) global y motor de crecimiento económico del mundo en la última década. China se ha convertido en la gran fábrica del mundo y por consiguiente se ubicó como el principal destino de las exportaciones de materias primas. Ante el enlentecimiento esperado de su economía, es dable esperar que modere sus importaciones.

(*) Consultor en promoción de inversiones internacionales del gobierno de Foshan. Cuenta con una maestría otorgada por la Universidad Tsinghua y ha sido investigador invitado en la Universidad de Harvard, donde se especializó en la internacionalización de las empresas chinas.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te puede interesar
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)