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Blues de la señora vaca

La quiebra de la Cooperativa Lecheros de Melo es el último eslabón de una crisis que golpea al sector desde hace dos años. Algunas nubes se despejan del cielo luego de que los precios tocaran fondo en 2016. El sector productivo “es un poco más optimista”, afirmó el secretario de la Cámara Uruguaya de Productores de Leche, Darío Jorcín.​

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La lechería uruguaya viene arrastrando desde 2015 la peor crisis de su historia. Ese año se retiró del mercado la multinacional estadounidense Schreiber Foods, instalada en Uruguay desde 2002 con tres empresas: Dulei (dedicada a la elaboración de quesos), Belficor (que elaboraba suero en polvo) y DPU (que apostaba a la caseína de cuajo).

El mismo año Ecolat (del grupo peruano Gloria) anunció su cierre y, para peor, lo hizo en plena primavera, cuando hay más producción de leche y se reducen los costos.

Ahora han surgido nuevas amenazas como el cierre de la planta de Indulasa Salto, en manos del grupo francés Lactalis que concentrará la producción de quesos en la planta de Cardona; cesó al 50% de la plantilla de trabajadores. También se declaró en quiebra la Cooperativa Lecheros de Melo (Coleme), que procesaba 30.000 litros diarios de pequeños productores del departamento. Coleme venía perdiendo un millón de pesos mensuales y decidió entrar en cesación de pagos.

La crítica situación de la lechería ya no se arregla solo con la suba del precio de los lácteos en el mercado mundial, ni con buen clima. Para volver a recuperar el volumen de leche perdido e incluso crecer, hace falta solucionar además otro problema: el endeudamiento de los productores, que buscan comprar tiempo (con préstamos bancarios) a la espera de mejores valores en el mercado internacional.

Este panorama también ha impulsado a algunos tambos a bajar la cortina.

El operador de negocios rurales Ruben Urchitano aseguró a El País que "en 40 años de trabajo en el sector lechero, nunca había tenido una zafra de remates de otoño y liquidaciones de tambos importantes como este año. Eso da la pauta de que hay gente que está cansada y va a dejar el negocio".

El que se ha quemado con leche,

ve la vaca y llora.

Potencial.

El sector lechero ocupa hoy 800.000 hectáreas —supera el área plantada con bosques y entre la fase primaria e industrial emplea a 20.000 personas.

Su endeudamiento, solo a nivel de producción, es de alrededor de US$ 450 millones; con el Banco República se mantiene una deuda de US$ 250 millones; alrededor de US$ 70 millones con los proveedores y unos US$ 130 millones con la banca privada.

En 2016 los productores debían el 70% de lo que producirían en un año, cuando en 2014 debían apenas el 23%. El año pasado, con un precio de leche de entre US$ 0,25 y US$ 0,27, por debajo de los costos de producción, se generó una pérdida acumulada de US$ 100 millones.

Hubo meses en que los tamberos mandaron muchas vacas a las chacinerías pues es la forma que tienen de hacerse de efectivo rápido. Las vacas que se descartan son animales que llegan al final de la lactancia o que producen menos litros diarios. Lo curioso fue que en 2016, se enviaron a frigorífico 112 mil vacas, (1% más que el año anterior) cuando todos preveían que el número sería mayor.

"Comparando el mejor momento, que fue 2014, con hoy, hay entre 15% y 20% menos vacas produciendo; el volumen de leche cayó en un porcentaje similar y la gente no está contenta", afirmó Darío Jorcín, productor y asesor lechero de Colonia que ordeña más de 2.500 vacas por día, entre tambos propios y empresas que maneja.

Lo otro que está pasando "es que la escala es lo único que viene ayudando a los tambos", afirmó Jorcín. "Los productores chicos tienen un sueldo que apenas les permite subsistir, es como para que no se vayan del sector. Para hacer un negocio se precisa escala. Los tambos chicos y medianos —a pesar de las ayudas— están cada vez peor y los únicos que van a terminar quedando en pie son los tambos grandes. Eso no es bueno", admitió Jorcín, que además es secretario de la Cámara Uruguaya de Productores de Leche.

Más difícil que remar

en dulce de leche.

Rehenes.

Más allá del endeudamiento del sector productivo y del menor volumen de leche producido, la industria intenta exportar lo máximo posible en un mercado internacional volátil.

Hoy los grandes cuellos de botella son la baja en la producción de leche y la alta concentración de mercados, y eso se paga. Entre los mayores compradores están Brasil para leche en polvo y quesos; Venezuela para quesos, sueros y otros rubros; México y Estados Unidos, básicamente para quesos, y Rusia que acapara casi toda la manteca producida.

Un ejemplo de lo que pesa la concentración de mercados fue la caída de Venezuela en los últimos tres años y los problemas para cobrar los embarques. En su momento, fue el principal importador de quesos y pagaba arriba de US$ 5.500 la tonelada. Tras la pérdida de Venezuela, otro mercado de importancia para los quesos, como México, muestra dificultades y eso complica a varias industrias.

Todos esos problemas repercuten en el bolsillo de los productores, porque la industria tiene que pagar a los tamberos las remisiones de leche todos los meses y seguir procesando productos. Porque si la vaca lechera tiene una virtud, es que nunca deja de dar leche.

De nada sirve llorar

sobre la leche derramada.

Al igual que los productores, el sector industrial también mantiene inversiones que hacen que las empresas tiendan a endeudarse. Todas tenían y tienen inversiones en camino porque la lechería uruguaya venía de cuatro o cinco años con un aumento productivo de más del 20% con la misma cantidad de vacas en ordeñe (entre 400.000 y 450.000 cabezas).

La lechería uruguaya perdió en 11 años un 8,4% del área, producto del crecimiento fuerte de la agricultura granelera. Pero el sector productivo mejoró su eficiencia en ese período y logró producir más en menos área.

Entre 2006 y 2014, la productividad por vaca creció 36%, según lo establecen cifras de la Dirección de Estadísticas Agropecuarias del MGAP. En 2007 la lechería uruguaya tenía vacas que producían un promedio de 3.875 litros al año, mientras que hacia 2014 la productividad por vaca había trepado a 5.270 litros al año. Las vacas pasaron a mejores manos, fueron mejor alimentadas y produjeron más leche, porque los precios eran atractivos para el productor.

Otro factor que afectó fuerte al sector —tanto a productores como industriales— y que contribuyó a la crisis, fue la brusca caída de los precios de la leche en polvo entera —principal producto de exportación de Uruguay— que bajó 18% al cierre de 2016 y cotizó en promedio a US$ 2.484 por tonelada.

Todas las empresas lácteas sintieron la caída de precios de la leche en polvo, pero Conaprole —la principal empresa exportadora— fue la que mantuvo el precio de la leche más arriba a sus remitentes, ayudando a que los valores no cayeran más, pues todas las demás plantas pagan por debajo de los precios de la cooperativa o tienden a iguarlo.

Venezuela, un mercado que se fue a pique.

La abrupta caída del mercado venezolano significó un duro golpe para los productores uruguayos del sector. Las cifras de los últimos tres años, facilitadas por Uruguay XXI, son elocuentes. En 2014 se habían enviado a ese país 60.429.443 kilos de productos (leche y crema, queso y requesón, manteca y materias grasas, principalmente), por un valor total de US$ 282.128.118.

En 2015, el volumen se redujo casi a la mitad: 33.218.000 kilos, por valor de US$ 134.754.525. Y el año pasado, sólo se exportaron 369.115 kilos (leche, crema y lactosuero principalmente), por US$ 389.940. La baja en los volúmenes colocados se generó luego de las demoras en los pagos de los embarques de 2015.

Nuevos inversores no se achican frente a la crisis.

No todo es negro en el horizonte lechero. Hay señales de que el sector y los tambos que están en pie precisan ganado; la más clara es que los precios de las vaquillonas listas para producir están repuntando. Eso es un indicio de que más allá de las crisis, se sigue apostando al futuro.

También hay fuertes inversiones. Sólo en Florida hay proyectos para construir dos industrias y se prepara para producir un tambo de capitales venezolanos, con ganado encerrado, que ya tiene más de 1.000 vacas compradas para comenzar su producción. Este emprendimiento también está asociado a una industria lechera que ya tiene en su portafolio de clientes a todo el mercado del Caribe.

La otra industria, aún en fase de proyecto, estará en manos del grupo palestino Hamouda, con inversiones en todo el mundo. La meta es producir quesos y otros productos para el mercado árabe. En este caso la inversión será de US$ 30 millones para captar un volumen de 50.000 litros diarios de leche. El grupo inversor cuenta con presencia en la lechería de Jordania y Palestina, compró una planta láctea en Rumania y ya tiene negocios en algunos países que conforman los Emiratos Árabes Unidos.

No hay que dejar de lado el megatambo de Durazno (Estancias del Lago), propiedad del empresario argentino Alejandro Bulgheroni. Esta empresa, también asociada a una industria propia, ya está exportando algunos tipos de leche en polvo a selectos mercados, como son los casos de Arabia Saudita y China.

En Soriano está en marcha y prácticamente pronto para producir lo que será el primer tambo robotizado de Uruguay, con la última tecnología que se utiliza en los países del primer mundo, pero adaptado a las condiciones productivas del Uruguay.

Por otro lado, el mercado mundial de lácteos parece que está dando la revancha, de acuerdo con los datos de los primeros meses de 2017.

Los precios mejoraron, en medio de los pronósticos de las consultoras internacionales que siguen mostrando contradicciones.

En el caso de Uruguay, en los primeros 60 días del año, las exportaciones de lácteos crecieron. La facturación aumentó 44% respecto a los primeros 60 días de 2016 y llegó a US$ 89.000.000, según los datos del Inale en base a la Dirección Nacional de Aduanas. El volumen exportado de leche en polvo entera creció 18% y alcanzó las 14.854 toneladas. A su vez, la leche en polvo descremada mostró un incremento en el volumen exportado de 31% y abarcó un total de 3.433 toneladas.

El aumento en la generación de divisas por leche en polvo entera fue del 59%; en descremada el crecimiento fue de 57%; la manteca 19%, y los quesos 17%. Los precios de todos los lácteos exportados subieron como leche hervida —siempre comparando el acumulado a febrero de 2017 con el registrado en 2016—, con mayor aumento en los rubros manteca (47%), leche en polvo entera (34%), quesos (21%) y leche en polvo descremada (20%).

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