LA ILUSIÓN MÁS COMPROMETIDA

Así se decide la libertad de un preso

Esta semana desfilaron ante los ministros de la Suprema Corte de Justicia 476 reclusos del interior, con la ilusión de que se les conceda la excarcelación, pero solo 89 obtuvieron la gracia. Significa una caída de ocho puntos porcentuales respecto al año anterior y da cuenta de la “mano dura” y de la sintonía con los nuevos vientos políticos.

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Cárceles: Los comisionados negocian con los presos. Foto: Archivo El País

Cuando los ministros de la Suprema Corte de Justicia llegaron el jueves a la cárcel de San José, M.D.S. pensó: "Hoy salgo". Llevaba días dando vueltas en su celda y repasando el discurso, como un estudiante antes del examen final. Pero la esperanza de una liberación —técnicamente excarcelación por gracia— se hizo añicos en una entrevista que no superó los 10 minutos, al igual que en 2015 y 2014. Uno de los ministros estuvo de acuerdo en concederle la gracia, el otro no y, como las anteriores veces, su futuro queda sujeto a un desempate entre todos los magistrados de Montevideo. La tercera no siempre es la vencida.

Hace cuatro años ingresó a prisión luego de asesinar a un hombre que había llegado a robar la boca de pasta base que él custodiaba. Según su abogado fue un acto en legítima defensa y desde entonces está privado de libertad sin recibir sentencia, como dos tercios de los reclusos uruguayos. Ya superó la mitad del tiempo de una eventual pena, su conducta es intachable, tiene buenas calificaciones y, según su defensa, las salidas transitorias para trabajar contaron con el aval de sus jefes. Pero no hay caso: la "mano viene dura" y seguirá tras las rejas.

Esta semana los ministros de la Corte visitaron las prisiones del interior y ante ellos desfilaron 476 reclusos que pretendían la excarcelación. El año anterior concedieron la gracia al 26% de los presos que estaban aparentemente aptos para la libertad, o al menos que habían cumplido con más de la mitad del tiempo de su eventual pena. Este año apenas superó el 18%, según datos parciales de la Suprema Corte de Justicia. Es que se ha visto "un mayor número de violaciones a la ley de estupefacientes vinculado a la cocaína y pasta base", explica Jorge Chediak, uno de los ministros que estuvo en las visitas. "El Estado está volviendo más firme su mano y todos los poderes estamos tratando de acotar este enorme flagelo".

Las palabras de Chediak confirman que la Justicia busca sintonía con los vientos políticos que soplan, por más que se insista en que la alarma pública no es un elemento de peso para dejar de conceder una libertad. Desde 2009 la delincuencia es el principal problema para los uruguayos y los ministros no están ajenos. Tampoco lo están de las decisiones políticas.

El gobierno y la oposición acordaron el martes enviar al Parlamento un proyecto para limitar la libertad anticipada a presos que hayan cometido "delitos graves": homicidio, secuestro, copamiento, violación, rapiña, delitos de narcotráfico, lesiones graves y gravísimas, y hurto especialmente agravado. Todos estos delitos suponen más de la mitad del universo de los procesamientos con prisión.

La postura de la Suprema Corte "genera expectativas en el preso y en la familia que luego se traducen en una gran desilusión", dice el abogado Juan Segura, quien esta semana tuvo que contener a los allegados de un recluso de Rivera tras la negativa a su excarcelación.

La visita.

A la cárcel de Rivera llegaron dos miembros de la Suprema Corte de Justicia, con autos de alta gama y choferes particulares. Jueces, fiscales, abogados y otros funcionarios lucieron sus mejores atuendos. Así lo recreó otro abogado riverense que prefirió no ser identificado, quien contrastó este escenario con la falta de presupuesto que sufre el sistema. Desde una mirada ajena parecía que se trataba de un día de fiesta, salvo por los rostros de tensión. En pocos minutos desfilaron ante los ministros 88 presos y solo a 12 se les concedió la excarcelación.

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Los defensores intentaron persuadir a las autoridades, pero buena parte de la decisión ya estaba tomada desde Montevideo, previo al encuentro cara a cara con los reclusos. "El secreto es que nosotros tenemos los expedientes y hacemos un estudio previo", explica Chediak en su visita a Río Negro junto al ministro Felipe Hounie. "Traemos algunas anotaciones y lo que hacemos es algo así como el examen final".

Porque más allá de corrientes o alarmas públicas, los aspectos técnicos son lo primero que contemplan los jueces antes de anunciar el "Ábrete Sésamo" de las celdas. Un recluso primario, como el joven M.D.S, tiene más chances de ser liberado que un reincidente. Una persona que recayó en el mismo delito, tiene menos probabilidades que quien lo hizo en delitos diferentes. Y un individuo que tiene la confianza de las autoridades carcelarias está más cerca de salir de la celda que alguien con mala conducta.

También hay razones más mecánicas: cada dos días de estudio o trabajo, se descuenta uno de privación de libertad. Pero todas estas consideraciones no pueden tener una lectura lineal, insiste el psiquiatra Luis Bibbó, exdirector del Instituto Nacional de Criminología. "Un buen preso no necesariamente será un buen ciudadano". Influyen otros factores como la contención en el exterior, el impacto psicológico de la prisión y la probabilidad de recaer en el delito. "Si el informe que elaboran los técnicos a pedido de la Justicia siempre mereció ser discutido, pierde aún más valor desde la sobrepoblación carcelaria", explica el psicoanalista.

Hay más de 10.000 reclusos y 29 centros penitenciarios. Sin embargo, el Instituto de Criminología solo cuenta con cinco peritos dedicados a redactar los dictámenes que luego irán a los jueces. Son la mitad de técnicos que hace cuatro años y solo hay psicólogos, cuando antes también había psiquiatras, trabajadores sociales y abogados.

La falta de técnicos imposibilita las visitas a los domicilios, las entrevistas en profundidad y la mirada multidisciplinaria, dice Bibbó. "En el contacto con el recluso uno suele constatar las consecuencias dañinas del sistema carcelario… la cárcel es un invento que ha fracasado".

La prisión tiene dos cometidos que, según técnicos como Bibbó, son contradictorios: castigar y rehabilitar. De hecho el efecto intimidatorio de la cárcel es "tan bajo que explica que seis de cada 10 liberados terminen reincidiendo".

Según el psiquiatra hay veces que los jueces preguntan a los técnicos si es altamente probable que un recluso vuelva a delinquir, y él cree que la respuesta es obvia. Hace unos años, recuerda, tuvo que examinar a un hombre encarcelado por un delito de hurto en calidad de tentativa. Lo habían agarrado con las manos en la masa, robando una garrafa de 13 kilos para darle de comer a sus hijos. "Si aquel hombre tuvo que robar para comer, lo que tenía por delante era más de lo mismo".

A la inversa, dice, hay quienes cometen delitos de "guante blanco" que en el exterior de la prisión tienen toda la contención familiar y las facilidades económicas, "pero nada asegura que su reinserción será la mejor".

Por eso para este psiquiatra lo aconsejable es poner casi todo sobre la mesa. "Casi" porque hay elementos que deben quedar fuera, como el miedo del resto de la sociedad frente al potencial delincuente, dice. "En este país nadie tiene que estar preso por una presunta peligrosidad, se condena por hechos cometidos" y no por una eventual acción.

Para los casos más problemáticos se tienen en cuenta los informes, sobre todo forenses, a la hora de analizar una posible libertad anticipada.

La consulta a los médicos también es frecuente cuando el delito dejó lesiones en la víctima y debe evaluarse "si curó sin secuelas", explica Jorge Larrieux, otro de los ministros que visitaron las cárceles del interior esta semana.

Con la suma de todos estos informes y sobrellevando las flaquezas del sistema, los ministros enfrentaron esta semana a los presos del interior y sus defensores. El próximo martes Chediak y Hounie visitarán Canelones, y en unos meses será el turno de Montevideo.

Encontrarán más de lo mismo: ilusiones, tensión y reclusos recitando como Héctor Gagliardi: "Señor juez de la Suprema / que entiende el merengue mío, / a ver si me arregla el lío / y me peina la condena". (Producción: Daniel Rojas y Freddy Fernández)

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