LA OPORTUNIDAD

Abigeato causa estragos y un áspero debate: el campo fértil del delito

Cada tres horas roban una oveja en Uruguay. Esto desalienta a los productores, justo cuando el país intenta ampliar el negocio con EE.UU., y representa un riesgo sanitario por una carne que va a parar al mercado clandestino. Por eso el Gobierno envió un proyecto al Parlamento y despertó un debate: ¿aumentar las penas es la solución?

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Detienen banda por abigeato y faena clandestina. Foto: Daniel Rojas

Los chorizos están a punto, las gotas de grasa dejaron de hacer ruido contra las brasas y los vecinos aprontan sus panes con mayonesa. Son chorizos de rueda, caseros, de esos que son una insignia en los festivales del interior. Y esta vez no es la excepción, por eso en Micaela —así se llama este pequeño poblado de Cerro Largo— las carreras del fin de semana se acompañan con choripán. Nada sorprende en esta historia salvo un detalle: los comensales desconocen que están saboreando a la gran campeona del Prado.

Solita, como le decían a la oveja que fue a parar a la parrilla de Micaela, era cuidada como una reina. En 2007 había ganado el premio de mejor ejemplar en la rural del Prado, una distinción que también obtuvieron sus crías. Medía más de la cuenta, daba una lana espesa y un extranjero la quiso comprar por US$ 3.000. Pero pocos días antes del festival en Micaela, desapareció.

Aquella mañana de 2011, Vinicius Massey la fue a buscar a una esquina del campo, en Arroyo Malo, porque era la hora de la inseminación. Su ausencia extrañó de inmediato, la oveja es un animal que no suele separarse del rebaño. Junto a los peones de la estancia recorrió los montes, atravesó la cañada con esperanza de encontrarla y nada, no estaba, la habían robado. Luego supo —porque en un pueblo chico todo se sabe— que la carne de Solita terminó hecha chorizos.

El caso de Solita, paradójicamente, no es único. En 2015 robaron una oveja cada tres horas en Uruguay, que equivale a 200 ovinos más que en 2014. La faltante de estos animales triplica a las vacas desaparecidas y demuestra que los lanares son el blanco más sensible del abigeato.

Según las gremiales de productores y el Ministerio de Ganadería el robo de ovejas explica en parte la baja en el sector, justo cuando Uruguay intenta posicionar la carne de ovino con hueso en el mercado estadounidense. Este negocio podría aumentar el precio del producto a US$ 6 el kilo, cuando hoy está a US$ 4. De ser así los criadores ganarían unos US$ 7.000 por hectárea.

Alertado por el crecimiento del fenómeno, y pese a ser contrario al aumento del castigo para otros delitos, el Poder Ejecutivo envió al Parlamento un proyecto de ley que busca incrementar las penas a quienes cometen un abigeato. Incluso elimina la potestad del juez para aplicar medidas sustitutivas a la prisión y aumenta la reclusión por agravantes. Parte del justificativo es que en los últimos dos años fueron detenidas 308 personas por este delito y solo terminaron en la cárcel 56.

El texto, que según varios legisladores será votado en la Comisión de Códigos de Diputados el próximo miércoles, generó un intenso debate y fraccionó a la bancada oficialista. Mientras el Frente Amplio viene insistiendo en que el aumento de penas no es la solución a los problemas de inseguridad, este proyecto tiende a derribar este discurso.

"Es un absurdo pensar que el aumento de penas conduce a mejorar la seguridad pública", insiste el diputado José Carlos Mahía, del Frente Líber Seregni, contrario al espíritu del proyecto. "No rechazo la posibilidad de actualizar la legislación (coincide con el decomiso de los utensilios), pero lo fundamental pasa por la gestión y que la Justicia demuestre que tiene impedimentos legales para actuar". Es que para este legislador el abigeato es un agregado más en el capítulo de la seguridad pública.

Pero a diferencia de un simple hurto, el robo de ganado tiene nombre propio (abigeato) porque es un delito "diferente", opina el diputado Alfredo Fratti, del MPP, quien defiende la normativa propuesta. "El abigeato es un delito económico que afecta a la producción nacional, y no es lo mismo robar un Audi que una oveja, aún cuando el Audi sea más caro". ¿Por qué? "Quien roba un Audi le está robando a un rico, un bien de consumo, en cambio la oveja es el trabajo de un vida de un pobre productor".

En Uruguay hay 15.000 productores de ovejas, y nueve de cada 10 son pequeños empresarios apostados en las orillas de los pueblos, según el Secretariado Uruguayo de la Lana. Más allá de la complicación económica, para Fratti el mayor problema es que "está en riesgo la salud de la población".

Buen provecho.

El Instituto Nacional de Carnes (INAC) realiza estudios genéticos para verificar si la carne sin origen que se encuentra en las inspecciones a carnicerías y comercios es fruto de un abigeato. Para ello le encomienda al laboratorio Genia la comparación de perfiles de ADN, en base a cualquier rastro que contenga sangre o pelos. Ya fueron analizados 215 casos y en 120 hubo coincidencia, cuenta Rosina Fossati, directora del laboratorio. No solo eso: se constató que a veces las milanesas que se venden como de vaca, son en realidad de carpincho o jabalí.

"Es una realidad más frecuente de lo que se cree", dice Daniel Cazet, gerente de Contralor del INAC. Hace cinco años se encontraba una muestra por mes y ahora hay dos o tres por semana. Y puede haber más porque la potestad de la inspección es, en realidad, de las intendencias, que no siempre destinan los recursos necesarios para estas tareas, señala. "Salvo en algunas carnicerías de la periferia, Montevideo es el único departamento todavía exento de este problema". Y, lo peor, "cualquier faena que no esté regulada es un atentado contra la salud humana".

Buena parte del ganado suele recibir drogas antiparasitarias y se debe esperar un tiempo ventana para comercializar esa carne. Además, el mercado clandestino no ofrece garantías sobre la higiene de la conservación, el mantenimiento de la cadena de frío y las condiciones de faena. "El animal puede haber pasado un estrés brutal, o bien, quienes carnean no hayan usado máscaras para evitar los gases tóxicos que desprenden los cuerpos en descomposición durante la faena", explica Cazet.

Aun así los ladrones de animales son verdaderos baquianos. Santos Urioste lo sabe por experiencia propia. Hace un mes sufrió el robo de tres ovejas. Lo notó a primeras horas del día, cuando encontró tres cueros y unos charcos de sangre en la esquina de su campo, a cuatro kilómetros de Trinidad. Las pieles estaban aún calientes, lo que significa que el delito "había sido cometido poco antes, sin despertar sospechas y en un tiempo inferior a 10 minutos".

Pero para el abigeato no hay hora. La Policía recibió 2.899 denuncias en los últimos dos años, de los cuales solo el 4% de estos hechos fueron aclarados. La cifra podría ser mayor porque no todos los productores terminan denunciando. A veces los empresarios se llaman a silencio porque fueron amenazados, como ocurrió este año en Rocha, y a veces desisten por la inoperancia del sistema.

Las autoridades tienen identificadas "las patentes de camionetas y motos que participan de estos delitos, sabemos dónde llevan la carne y aun así no se hace nada", cuestiona Mauricio Tourón, ganadero de Río Negro. En su caso, además, le "llegan a robar en canoa" porque su campo está contra el río, pero la Prefectura justifica que "con los recursos no les da para el patrullaje de toda la zona".

La Policía compró drones y camionetas 4 x 4 para custodiar los terrenos, dice Galnares, de la Comisión de Seguridad Rural, y se "está buscando la cadena delictiva", porque ya es un crimen organizado, aunque ninguno de los dos juzgados especializados recibió casos de este tipo, aseguran los jueces.

La otra pata del delito.

"Tu padre carneó una oveja y está preso por ladrón", decía el poeta uruguayo Osiris Rodríguez Castillos. Es que el abigeato es un delito casi tan viejo como la propiedad privada en el campo. Sin embargo, ahora "hay verdaderas organizaciones delictivas que no sienten impedimento moral en generar ingresos mediante estas prácticas", cuestiona el diputado Mahía.

Para el Ministerio del Interior, los planes asistenciales que ofrece el Gobierno justifican que nadie "robe para comer". De hecho la Policía ya ha desbaratado varias bandas que se dedicaban a la comercialización de carne ilegal, incluso contrabandeando productos hacia Brasil y Argentina. "El mayor procedimiento fue hace pocos meses y fueron intervenidas 14 personas", cuenta Xavier Galnares, presidente de la Comisión Nacional de Seguridad Rural.

En algunos departamentos, como en Durazno, la Policía nota que el abigeato está siendo sustituido por el mercado de drogas, que es más rentable.

Una oveja sin pedigrí suele costar US$ 100 y termina vendiéndose en el mercado negro por la mitad. "En muchos pueblos el precio es el que manda y si un cartel en la puerta del negocio anuncia una promoción, los vecinos terminan comprando", señala Cazet. Y los "ladrones aprovechan ese comercio y trabajan en base a pedidos", explica el gerente. Más allá del daño económico, "lo más grave es que se pierde el trabajo genético que se realiza con el animal", admite Massey, aún dolido por la pérdida de la gran campeona que terminó en la parrilla. Producción: red de corresponsales de El País.

Organizados y rápidos; usan redes sociales.

Desde hace seis años hay evidencia que detrás del gran abigeato operan organizaciones criminales, dice la Federación Rural del Uruguay. La última banda que cayó fue hace dos meses, en Young. Cinco de sus integrantes robaron 25 animales en dos noches, mientras otro esperaba en su vehículo para transportar el ganado. Vendieron algunos corderos a $ 1.500 en un autoservice de la zona, otra parte por Facebook y el resto se lo comieron. La Policía los encontró luego de que alguien denunciara que estaba circulando una camioneta que vendía carne sin origen. Hubo seis procesados, incluyendo al comerciante por el delito de receptación, aunque solo uno fue a la cárcel. La Justicia quiso enviar la carne decomisada a un hogar de ancianos, pero un veterinario advirtió que era perjudicial para la salud humana.

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