Carlos Maggi
Abogado, escritor, periodista.
Carlos Maggi

Un primer plano; religión

Las Instrucciones del año 13 componen el documento democrático de mayor calidad en la revolución de la América Hispana; y supongo que buena parte de esa superioridad se debe a dos elementos contingentes que se dieron al mismo tiempo: El ánimo optimista de Artigas, que con razón, se sentía ganador; y un poblado (la “ciudad” de Montevdeo) cuyo puerto, el mejor puerto de ultramar, estaba vinculado a la capital del virreinato y a Europa, pero sin la aristocracia porteña; al revés: habitado por gente sin soberbia. La intención de esta nota es modesta: leer artículos en las constituciones de los Estados Unidos de Norte América, cuyo conocimiento recién estrenaban nuestros revolucionarios, y comparar su contenido con las instrucciones del año trece. En el presente desarrollo, el tema a tratar es único: la religión.

LA CONSTITUCIÓN DE MASSACHUSETTS (2 de Marzo de 1780) dice: Nos, el Pueblo de Massachusetts, reconociendo de corazón, la bondad del Gran Legislador del Universo por proporcionarnos en el curso de su providencia, deliberada y pacíficamente, una oportunidad sin fraude, violencia o sorpresa, para entrar …a una Constitución de Gobierno…, implorando devotamente su dirección en un designio tan interesante, acordamos, ordenamos y establecemos la siguiente declaración de derechos: Toca al derecho, …y al deber de todos los hombres en sociedad, adorar públicamente, y en ocasiones determinadas, al Ser Supremo, el Gran Creador, y Preservador del Universo.

El Gobernador será elegido anualmente; y ninguna persona será elegible para este Oficio, …sin profesar la Religión Cristiana. Cualquier persona que sea elegida como Gobernador o Teniente Gobernador, Consejero, Senador o Representantes, y que acepte el empleo, …hará y suscribirá la siguiente declaración: “Yo N. N. declaro que creo en la Religión Cristiana, y que estoy firmemente persuadido de su verdad.”Lo juro y Así me ayude Dios, … Cuando alguna persona elegida fuere de aquella secta llamada cuáqueros, y que evitare prestar dichos juramentos, hará su afirmación en la forma antecedente; suprmiendo las voces Yo juro, y abjuro, juramento y abjuración, en el primer juramento; y en el segundo las palabras juro y Así me ayude Dios; agregando en lugar de éstas: Esto lo hago so la pena y penalidades del perjurio.

2) LA CONSTITUCIÓN DE PENSILVANIA 1790, dice: Que todos los hombres tienen un derecho natural e irrevocable para adorar a Dios Todopoderoso según le dicte su misma conciencia, y que ningún hombre puede ser compelido por derecho a asistir, erigir ni sostener algún lugar de adoración, ni a mantener algún ministerio eclesiástico contra su consentimiento; que ninguna autoridad humana puede en algún caso, cualquiera que sea, gobernar o intervenir en los derechos de conciencia, y que ninguna preferencia se dará jamás por ley a cualquiera establecimiento religioso, o modo de adoración. Que ninguna persona que reconozca la existencia de un Dios y una vida futura de gloria, y penas, será considerada incapaz, por causa de sus sentimientos religiosos, de tener algún oficio o empleo de confianza o provecho bajo de esta República. 3) LA LETRA DE LA INSTRUCCIÓN TERCERA, dice: “Se promoverá la libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable”

COMENTO: Los artículos de Massachusets son fanáticos; defienden con tenacidad desmedida una creencia determinada. Se niegan a admitir siquiera que pueda haber otras creencias. Y para el caso (que no nombran) de que haya otros creyentes. o ateos, o agnósticos, imponen una norma para situarlos sin excepción, fuera del gobierno y fuera del Estado. Y rematan la obstinación de su pensamiento abriendo una ínfima brecha a favor de los cuáqueros que también creían en el mismo Dios cristiano, pero se negaban torvamente a jurar y a tolerar el clero.

La redacción de Pensilvania es por momentos tolerante y contiene una frase luminosa: “ninguna autoridad humana puede en algún caso, cualquiera que sea, gobernar o intervenir en los derechos de conciencia”. Esta expresión es un punto de referencia; y la contra figura liberal del oscuro jacobinismo de Massachusets. Establece con certeza la incompatibilidad insalvable que media entre el ámbito del poder político y la recóndita conciencia humana, que se enfrenta a la metafísica, el más allá, el destino del hombre y su existencia pasajera, la muerte, la post vida, el tras mundo. Nada de esto está al alcance de la normativa jurídica que se limita a determinar las consecuencias de los actos (dado A, será B) o la creación de instituciones que tramitan in abstracto, obligaciones humanas y cumplimientos o no cumplimientos de lo prometido, todo a ras del suelo.

Conocidos los ejemplos de Massachusets y Pensilvania que figuran en el libro de Thomas Paine, los orientales de abril del año trece ( no se sabe cómo, ni porqué) dejaron de lado el modelo oscurantista, por medioeval; y el artículo estupendo de Pensilvania, un tanto verboso; y acuñaron una frase breve, programática, concisa, inigualable. La locución vincula notablemente dos libertades simultáneas la civil y la religiosa. Y de ahí, de ese punto clave, nace la fuerza de lo dicho.

¡Qué hubiera dado José Pedro Varela por conocer esa junta programada, que despeja el sentido de la laicidad!: el Poder del Estado se cuidará de no intervenir en el fuero de la conciencia. El Estado se aparta: ¡A ustedes! como ordena el árbitro de un duelo, cuando el lance empieza. Y en esa soltura y soledad, cada sujeto ejercerá una segunda liberación; será dueño de elegir la fe que quiere. Einstein, el científico moderno más admirable, dice que no tiene religión pero que el Universo no puede haberse creado sin intervención de una inteligencia superior; duda.

Don Pepe Batlle es un buen ejemplo de agnóstico inconforme. Cuando muy joven se creyó poeta y compuso poemas sobre el espíritu y su destino. Recuerdo conversaciones con un jesuita inolvidable, Juan Luis Segundo. El día que nos conocimos me elogiaba a Batlle y la separación entre el Estado y la Iglesia. “Ganaron los dos, cada uno en lo suyo.” Y yo agrego: en ambos campos, debe entronizarse la libertad, que está en la esencia de lo humano.

La cláusula 3 de los orientales, atiende a la percepción profunda de lo que es el otro, cada persona. Otorga a todos la dignidad de cada uno, el despliegue de un espíritu capaz de adueñarse de su tiempo. La libertad civil para gozar la vida y al mismo tiempo la libertad de salir del mundo creyendo, fijado a una fe en toda su extensión imaginable, sea la que sea; basta que la libertad le traiga alivio al condenado a pensar que nació para desaparecer. La esperanza trascendente, solo la pueden ofrecer las humanidades; ellas atenúan la desesperación del desolado sentimiento trágico.

Nietzche se sorprende: el hombre es el único que puede prometer. Y de promesas, vive. La cláusula tercera de las instrucciones es notable porque beneficia la esperanza; repara la soledad ante la nada. Parece traída del cielo; alivia. Tiene hasta el encanto de un último misterio. No se sabrá nunca, quien la inventó. Pero está hecha a favor del entendimiento, en los dos sentidos de la palabra. Es un disolvente de fanáticos, sean ateos o creyentes. Está en contra de una de las lacras, de la cual no puede librarse el mundo: los cazadores de brujas, los fundamentalistas, los ideologizados clavados en su vieja idea.

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