Tomás Linn
Periodista y profesor universitario
Tomás Linn

Enredados en serio

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El enredo en que está metido el Frente Amplio asombra. En los 13 años que lleva gobernando no se lo había visto metido en tantos y tan desagradables líos. Todos los días un asunto nuevo, todos las semanas un problema a sortear. Cuestiones que son de su propia confección, para colmo, y que empiezan a generar un creciente fastidio en la población y en especial, entre sus propios votantes.

La lista se alarga: lo de Raúl Sendic, la infame aprobación del artículo 15 de la Rendición de Cuentas, los vergonzosos titubeos y contramarchas respecto a Venezuela. Son episodios que entreveran tanto al grupo político como al mismo gobierno.

Algunos se los creó el gobierno (la Rendición de Cuentas), otros reflejan posturas inadmisibles por parte del Frente. Pero ninguno suma para bien.

Imaginemos a una persona de clase media, empleada, con hijos en edad escolar y que por culpa de algún gasto imprevisto, debe hacer recortes a su presupuesto: no paga el agua ni la luz ni el IRPF, deja para después la Contribución y la Patente de Rodado, posterga indefinidamente las cuotas de alguna tarjeta. La respuesta no se haría esperar. Los inspectores de la DGI y de la Intendencia estarían con el aliento en su nuca. Sin un instante de demora, le habrían cortado el agua y la luz. Terminaría en el “clearing” y hasta tendría problemas judiciales por evasión de impuestos.

Lo que quiere el gobierno ahora, es hacer lo mismo que esa persona. No pagar, pero salirse con la suya. El tan mentado artículo 15 lo habilita a dilatar el pago de deudas generadas por juicios perdidos: hacerse el distraído y desconocer los fallos de un juez. Cree que está bien no cumplir con los acuerdos entre partes. O más bien, que está bien que el gobierno no cumpla. Para el deudor común no hay piedad.

Que ese artículo haya sido aprobado (con el aval de un diputado colorado) es de una gravedad mayúscula y muestra cuán dispuestos están los gobiernos frentistas a desplegar su poder por encima de normas básicas y constitucionales. Es tan arbitraria y mezquina su medida que generó legítima indignación, en especial en los funcionarios judiciales afectados por dicha norma, aunque no son los únicos.

Por otro lado el vicepresidente de la República, Raúl Sendic, con apoyo de su sector y con dudas de otros grupos frentistas, no tiene empacho en agotar la paciencia de la gente.

Sigue sin explicar sus dislates (lo de la licenciatura, lo de la tarjeta corporativa y más grave aún, el despilfarro en Ancap) pero se cree intocable. No percibe que por estos motivos ya no está en condiciones de presidir el país en caso de vacancia. Es más, ya no podrá ser mirado con la misma consideración por sus pares en el Senado. Algo cambió irreversiblemente. Sin embargo ni su sector ni el resto del Frente quieren salir de esa situación, lo cual también agita enojos y reproches.

Y está lo de Venezuela. El presidente Tabaré Vázquez y su canciller Rodolfo Nin Novoa, saben cual debe ser la postura de Uruguay y que la mayoría de la población los acompaña. Pero le tienen miedo a algunos sectores (mayoritarios en el Frente, pero no en el país) que defienden lo indefendible y al hacerlo desnudan sus sentimientos antidemocráticos y liberticidas. Y logran que el país entero termine rehén de sus caprichos.

El sector moderado del Frente se queja, pero al final acata con sumisión. Lo cual indigna aún más, porque los uruguayos no ven una firme rebeldía principista en esos grupos, siempre temerosos de la prepotencia ideológica de los otros.

Es verdad que Uruguay, tras muchos titubeos, votó por la suspensión de Venezuela del Mercosur. Pero cuando en la cámara baja, el diputado colorado Ope Pasquet propuso un moción de apoyo al gobierno por esa postura, no obtuvo los votos necesarios. La bancada oficialista, la que se supone apoya al gobierno, se negó a hacerlo en una actitud vergonzosa.

Esa presión, que tal vez les resulte intolerable al presidente y al canciller, llevó a que en una reunión en Lima realizada esta semana, Uruguay no acompañara una declaración de similar tenor a la del Mercosur.

Dos veces no, pareció responder Nin Novoa. Como si lo dicho una vez alcanzara para callar el horror de lo que ocurre en Venezuela. Por lo tanto, lo que pareció una actitud de firmeza en el Mercosur fue un retroceso con nuevos titubeos en Lima. Y anticipa el futuro: si la OEA discute aplicar la misma cláusula que se votó en el Mercosur, es probable que el gobierno vuelva a tropezar con sus dudas y temores y los sectores totalitarios del Frente ganen una vez más la partida.

La lista de disfuncionamientos podría seguir. La situación es seria y si bien es verdad que en los dos anteriores períodos, al final los gobiernos lograron salir de sus nudos, estos nunca fueron tan graves como los de ahora.

No solo el desgaste es profundo. Hay además un agudo anestesiamiento que los lleva a decir y hacer cosas repudiables. Y no se dan cuenta de ello, no tienen pudor en mostrar sus peores actitudes, nada los ruboriza.

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