EDITORIAL

Vuelven las tropas de Haití

Se confirma que los “cascos azules” uruguayos concluirán su misión de paz en el país más pobre de América Latina, con lo cual cesarán los airados e injustificados debates que el tema suscitó dentro del Frente Amplio y organizaciones de izquierda.

El retorno de las tropas uruguayas destacadas en Haití comenzará a mediados del mes de abril en cumplimiento de una ley aprobada a fines del año pasado. Concluirá así más de una década de participación de nuestros soldados en la misión de Naciones Unidas en el país más pobre de América Latina. Una participación que hasta hoy genera debates en el Frente Amplio en donde algunos calificaron la actuación del ejército nacional como una "intervención militar" para "hacerle el caldo gordo al imperialismo".

Esta postura, que desconoció la necesidad de Haití de contar con fuerzas pacificadoras de ONU, la sostienen aún algunos legisladores del Frente Amplio, la Federación de Estudiantes del Uruguay (FEUU), el Pit-Cnt y una serie de oenegés interesadas en el tema. Delegados de estas instituciones se reunieron recientemente con el ministro de Defensa Nacional para confirmar el retiro de los "cascos azules" compatriotas. El ministro ratificó que la fecha fijada es el 15 de abril, cuando empezará el "repliegue". Es preciso que los 250 soldados allí estacionados dejen en buenas condiciones el lugar que ocuparon tanto tiempo y que un grupo permanezca allí durante varios meses más para ocuparse del transporte de equipos y materiales usados por la misión.

En estos últimos años, los legisladores frentistas contrarios a la incursión en Haití debieron olvidar sus principios de no intervención en los asuntos haitianos para ceder ante los compromisos de política internacional asumidos por el país. Fue así que varias veces alzaron sus manos en el Parlamento para prorrogar el retorno de las tropas. Es un caso claro en donde el principismo tan común en la izquierda cuando era oposición se transformó en realismo político por el hecho de estar en el gobierno.

El caso de las otras organizaciones que fueron a hablar con el ministro es distinto. Uno se pregunta qué hace allí el Pit-Cnt y a qué causa adhiere cuando se opone a la acción pacificadora y de colaboración con el pueblo haitiano emprendida por la ONU. Lo mismo puede decirse de la FEUU, tan inquieta porque los soldados uruguayos podrían influir negativamente en el proceso de democratización de Haití, pero tan indiferente con la pérdida de democracia en Venezuela en donde decenas de alumnos universitarios continúan presos sin proceso alguno en las cárceles de Nicolás Maduro. De ellos no se preocupa la FEUU, mientras sigue agitando sus gastadas banderas del antiimperialismo.

No hay duda que el caso Haití remueve viejas heridas en la izquierda. En 2005, tras una serie de airadas polémicas y ante las enardecidas barras del Parlamento que no querían ver a soldados uruguayos en ese país, se votó finalmente la incorporación de Uruguay a la misión de ONU. Las protestas crecieron cuando un diputado socialista renunció a su banca tras declarar que no podía modificar su opinión contraria a una intervención militar que resultaba favorable —no se sabe por qué— "a la política imperialista de Estados Unidos". Años después otro legislador frentista, previo a una elección, hizo la farsa de renunciar a su banca por idéntica razón para reasumir sus funciones meses después al ser reelecto como diputado.

En tanto, los correligionarios de los renunciantes consideraron que lo del imperialismo, si bien era un buen eslogan para usar desde la oposición, no justificaba para abstenerse de ayudar a Haití, un país en ruinas amenazado por la hambruna, los desastres naturales, el enfrentamiento entre políticos y la guerra civil. Y fue así que junto a los partidos tradicionales votaron una y otra vez por la continuidad de la misión.

De ese modo Uruguay integró el conjunto de naciones democráticas que contribuyeron a mantener el orden en la isla, distribuir alimentos y prestar servicios sanitarios, entre otras labores. Tan importante fue su tarea que nadie pudo sostener en los 12 años transcurridos que Uruguay debía retirarse abruptamente, y menos aun cuando en 2015 el resultado de las elecciones fue anulado y asumió un endeble gobierno provisorio que apenas podía controlar la situación en un país con más de 10 millones de habitantes, de los cuales el 80% sobrevive por debajo de la línea de pobreza.

Con el ordenado repliegue de las tropas a iniciarse el mes que viene, Uruguay coronará así, otra misión militar con Naciones Unidas, una de las 24 misiones de paz que nuestro país cumplió correctamente y en las cuales se desplegaron en diversos países unos 30.000 soldados compatriotas. Entre ellas, Haití fue sin duda una de las más necesarias y —no está claro por qué— una de las más polémicas.

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