EDITORIAL
diario El País

Voto joven blanco y Frente Amplio

Pero sí quiere decir que se acabó aquello de que los jóvenes militaban sobre todo en el Frente Amplio, y también se terminó aquello de que entre los ciudadanos en general la militancia en los partidos de izquierda resulta más atractiva y es mayoritaria.

En 2016 y 2017 hubo dos importantes instancias de votaciones partidarias: las elecciones de autoridades del Frente Amplio y las elecciones de juventudes del Partido Nacional. Vale la pena analizar comparativamente sus resultados.

Mientras que en la izquierda podían votar los mayores de 14 años sin límites de edad, entre los blancos solo podían hacerlo quienes tuvieran entre 14 y 29 años, lo que fue una sustancial limitante y entendible por tratarse de elecciones de juventudes partidarias. Teniendo entonces en cuenta esta importante diferencia, lo que rompe los ojos es la baja votación relativa del Frente Amplio y la muy buena votación comparada del Partido Nacional.

En efecto, en la instancia de la izquierda hubo 72.573 personas que concurrieron a votar en Uruguay a alguno de los cuatro candidatos a presidente del Frente Amplio, y recuérdese que ganó Miranda con el apoyo explícito de solamente 27.718 de sus compañeros. En el caso del escrutinio blanco, votaron a los sublemas que se presentaron en esa interna un total de 65.893 jóvenes en todo el país, y entre ellos el sublema mayoritario fue el del sector de jóvenes alineado con Lacalle Pou que recibió 38.566 apoyos.

Aunque pueda parecer increíble para todo aquel que crea que en este país el Frente Amplio es el partido que tiene la mayor militancia de todo el espectro político, resulta que el líder juvenil que asumirá sus responsabilidades en el Partido Nacional, surgido del sublema de Lacalle Pou, habrá recibido, en tanto integrante de un sector blanco, mucho más apoyo electoral que los votos que recibió directamente el actual presidente del Frente Amplio. En concreto, cerca de 11.000 votos más.

Pero hay más datos interesantes. Si se comparan los resultados de los votos de la interna del Frente Amplio a candidatos a presidente con los votos de la interna blanca a listas de convencionales en los departamentos de Flores, Florida, Durazno, Tacuarembó, Rivera, Cerro Largo, Treinta y Tres, Maldonado, San José, Colonia, Soriano y Artigas, el Partido Nacional recibe más adhesiones que el Frente Amplio. Entiéndase bien: en doce departamentos del país votaron más los jóvenes blancos en su interna de 2017 que el Frente Amplio en su definición de presidente de la coalición en 2016.

Se podrá decir que la gran mayoría de esos departamentos son de tradición blanca. Pero en Maldonado y Artigas hubo fuerte disputa electoral en 2015 entre la izquierda y los blancos. Sobre todo, la diferencia favorable al Frente Amplio no fue tan grande ni en Canelones (2.000 votos más que los blancos) ni en Montevideo (32.000 frenteamplistas contra 16.000 votos a los blancos), si se tiene presente la enorme diferencia de cargos en juego y la limitante en edad del universo de votantes nacionalistas.

Hay entonces una conclusión evidente: la gente votó más y mejor a los blancos que al Frente Amplio en la comparación de elecciones internas. A nadie puede extrañar: se trata de una manifestación más del enojo, la desazón y la desilusión que todos sabemos tiene la opinión pública con esta izquierda gobernante, y de los cuales dan cuenta periódicamente también distintas encuestas de opinión.

Lo que se reafirma como un dato muy importante es que el Partido Nacional capta muy bien el apoyo de las nuevas generaciones militantes. Por supuesto, eso no quiere decir que el triunfo esté asegurado en 2019, ni tampoco implica que la mayoría del total de votantes menores de 29 años vote al Partido Nacional en las próximas elecciones.

Pero sí quiere decir que se acabó aquello de que los jóvenes militaban sobre todo en el Frente Amplio y también se acabó aquello de que entre los ciudadanos en general la militancia en los partidos de izquierda resulta más atractiva y es mayoritaria.

Es una noticia que viene a confirmar algo similar ocurrido con los procesos internos de 2012 y con las elecciones internas comparadas blancas y frenteamplistas de 2009 y de 2014. Estos resultados de 2016/2017 no son pues una excepción sino que, por el contrario, van mostrando una tendencia que lleva ya cerca de una década.

El Partido Nacional muestra una fuerza electoral interna excepcional, seguramente la más vigorosa de todo el espectro partidario. Sería buena cosa que la academia politológica dedicada a estos asuntos, tantas veces tan oficialista, cayera en la cuenta de esta realidad que está a simple vista, y que volcara sus reflexiones sobre estos cambios que le quitan el histórico primer protagonismo a la militancia frenteamplista.

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