EDITORIAL

Vivimos engañados

La verdad es que todo es papel picado, mucho humo y autobombo frenteamplista. Es verdad que Uruguay creció en esta década, pero lo hizo a la par de toda la región, en países donde no gobernó el FA ni tuvieron a Astori de ministro.

Durante muchos años se extendió y aceptó la idea de que era la izquierda la que tenía los mejores cuadros dirigentes posibles para gobernar. Los más preparados, los más vinculados al saber técnico y universitario, los que mejor pensaban el país y tenían un proyecto colectivo claro, eran todos simpatizantes o militantes del Frente Amplio.

Sin embargo, la fuerza de la realidad nos ha obligado a darnos cuenta de que vivimos engañados durante mucho tiempo. En verdad, la gestión de gobierno del Frente Amplio no deja pensar que los mejores están en sus filas, ni mucho menos. Los ejemplos en este sentido, abundan.

El primer caso es el que se nos decía eran los más geniales de todos: el equipo económico astorista. Para empezar por el propio Astori, exdecano de facultad, profesor destacado en su área, autor de manuales y libros de economía de consulta, al que se sumaban los que se nos decía eran economistas de fuste, incluso formados a veces en el exterior, e integrantes también muchas veces de las nuevas generaciones frenteamplistas de la salida de la dictadura. Con ese "dream team" era imposible que nos fuera mal. Es más, había incluso que destacar la suerte del país de tenerlos al frente de la economía nacional.

La verdad es que todo era papel pintado y autobombo frenteamplista. ¿Que Uruguay creció en esta década como nunca antes? Sí claro, a la par del resto de toda Sudamérica, en donde no gobernó el astorismo y en donde si se comparan las políticas de algunos países como las de Chile con las de Ecuador, por ejemplo, es claro que los dos crecieron económicamente llevando adelante medidas muy distintas. Es decir, el viento internacional fue para todo el continente, y en el ritmo del crecimiento en Uruguay no incidió particularmente que estuviera el astorismo en el poder.

Sin embargo, el equipo que se nos quiso hacer creer era el mejor, cometió errores políticos y de cálculos económicos realmente importantes, a la vez que mostró su peor rostro corrupto con el caso de la condena hace un tiempo atrás, por ejemplo, de su administrador de casinos. Dentro de los errores que costaron y siguen costando decenas y decenas de millones de dólares, está por supuesto el fiasco de Pluna, con su fallida privatización y su posterior cierre impresentable con almuerzos secretos incluidos; la incapacidad de controlar la gestión de Ancap que generó inversiones públicas completamente equivocadas; el aumento de la carga tributaria para intentar satisfacer un aumento feroz del gasto público sin ninguna certeza de calidad asociada; y una política de inserción comercial internacional que nos sigue ahogando en un Mercosur sin futuro, con un encarecimiento en dólares de la producción exportable que además agobia al sector productivo del país.

Pero el engaño frenteamplista se extiende a otros casos importantes.

Están, por supuesto, los increíbles cuadros dirigentes de la Intendencia de Montevideo. Una ciudad esencialmente sucia, que no logra ordenar y modernizar el tráfico, que recién ahora plantea algunos tibios cambios para intentar mejorar su servicio público de transporte, y que no ha logrado en esta década de bonanza mostrar cambios duraderos e importantes en el sentido de una modernización acorde a lo que ocurre en otras capitales del continente, ha tenido en todos estos años de administraciones de izquierda a los peores exponentes posibles de mediocres e inoperantes gobernantes.

¿O nadie recuerda ya la promesa del exintendente Arana de los cisnes en el Miguelete? ¿Y la iniciativa de las ridículas bolsas naranjas para clasificar la basura de la inefable administración Ehrlich? ¿Y la gestión de Ana Olivera, que todos los días su compañero Martínez se encarga de mostrar que fue totalmente ineficiente en inversiones en infraestructura, manejo de residuos, control del tránsito o mejoras en la atención al público? A cual peor, francamente, a pesar de que nos han querido hacer creer de que en Montevideo gobiernan los mejores.

Hay más casos. Luego de la reforma constitucional de 2004, ¿qué ha hecho la administración frenteamplista para mantener siquiera la calidad del agua potable que consumimos, con las necesarias inversiones en Aguas Corrientes o en Maldonado por poner dos claros ejemplos? ¿Qué decir de la ineptitud gobernante de Sendic? ¿Cómo ignorar las torpezas de los sucesivos gobiernos en el manejo de AFE, luego de prometer una y mil veces un servicio de cargas de ferrocarril eficiente?

La conclusión es evidente: con aquello de que eran los mejores, vivimos engañados.

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