EDITORIAL

Otra vez la basura en Montevideo

El problema de la basura en Montevideo no es nuevo. Lo que sí es nuevo es la administración que llegó en julio con el intendente Daniel Martínez y que, se suponía, resolvería este mal endémico.

Terminamos noviembre y todo sigue como estaba. Por problemas gremiales, una vez más, los funcionarios toman medidas que resienten un servicio ya de por sí deficitario y la ciudad multiplica entonces sus basurales en todos los barrios.

De las cerca de 12.000 volquetas que hay por doquier, los cálculos estiman que entre 2.000 y 3.000 al menos han estado desbordadas de basura. Son estimaciones muy por debajo de lo que los montevideanos pueden registrar en sus sencillos trayectos diarios por la ciudad.

Es que con las redes sociales, las fotografías con denuncias de vecinos acerca del mugriento estado de su vereda o de su cuadra en todos los barrios, se hacen accesibles a todos. Es así que todo el mundo sabe que lo que uno ve en su cuadra o en su barrio no es excepcional, sino que es lo cotidiano en toda la ciudad, incluso en las zonas en las que uno no transita a menudo. Alguien de Pocitos que no pasa seguido por Cordón sabe entonces que allí la mugre es similar a la que él sufre en su barrio; alguien de Punta de Rieles sabe que en La Blanqueada los basurales también se acumulan. Ya no se puede engañar a nadie relativizando la gravedad de la situación.

Lo cierto es que nuevamente la administración del Frente Amplio está siendo incapaz de enfrentar el problema y resolverlo. Cuesta creer cómo pasan los años y las décadas, y los montevideanos siguen viviendo en la mugre cotidiana.

A aquel que vaya a Buenos Aires o a Santiago de Chile por ejemplo, lo primero que le llamará la atención es cuánto más limpias están esas ciudades que Montevideo. Claro, la cultura complaciente con el gobierno de izquierda de la capital encuentra el argumento de que esas ciudades son más grandes y tienen más posibilidades de disponer de personal y herramientas para su limpieza.

Decida entonces visitar unos días distintas ciudades del interior de nuestro país, más chicas y menos pudientes que las grandes capitales de nuestra región. Vaya a Durazno o a Maldonado, o visite Colonia del Sacramento que todos los días recibe turismo desde Argentina, o San José de Mayo. Vaya donde vaya, verá que los uruguayos del interior no viven en la mugre cotidiana que sufren los montevideanos. La cultura complaciente con el gobierno de izquierda encuentra aquí el argumento de que la gente del interior cuida más su ciudad porque la siente suya. Otro argumento que se maneja es que el montevideano es más sucio que el hombre que vive en el interior, aunque luego no se sepa decir muy bien por qué el capitalino tendría esa naturaleza distinta y más sucia.

Esos argumentos que quieren justificar la mugre y los basurales de Montevideo son burdas patrañas.

¿Cómo es posible que cada esquina de cada volqueta se transforme en un basural? Simplemente, porque la recolección no es lo suficientemente eficiente. ¿Cómo es posible que las calles estén llenas de desechos y que caminar por muchas de nuestras veredas realmente provoque asco?

Simplemente, porque no hay suficiente limpieza, ya que ni siquiera se preocupa la Intendencia por hacer una buena manutención de los escasísimos recipientes para tirar basura con los que cuenta la ciudad.

Los montevideanos no son extraterrestres que disfrutan de vivir en la mugre. Pagan sus impuestos pero la intendencia frenteamplista no les devuelve un mínimo de buen servicio de limpieza. Con Martínez muchos pensaron que todo esto, finalmente, se podía resolver: un hombre preparado para la tarea, que había prometido autoridad frente al sindicato municipal y que también había dejado en claro que los montevideanos están primero, antes que los intereses de la burocracia estatal y sus conocidas ineficiencias.

El resultado es que llegó la primera pulseada por el presupuesto para los próximos años y ya se resintió el servicio de recolección de basura. Es decir que en estos meses no solamente no se mejoró en nada la estructural mugre en la que se vive en Montevideo, sino que además la capital ha vuelto a sufrir paros y distorsiones que terminan con fenomenales basurales en cada esquina de la ciudad, con o sin volqueta a su alrededor.

Tenemos entonces lo típico de la administración frenteamplista en Montevideo. Pero esta vez con la bonhomía y la sonrisa campechanas del nuevo intendente Martínez que resultaron perfectamente inútiles para resolver el problema.

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