Editorial

La Venezuela de hoy

Según el Foro Penal Venezolano, (ONG formada por más de 100 abogados de todo el país y más de mil activistas de derechos humanos) desde que empezó el 2015, la policía del régimen venezolano realiza cerca de tres detenciones por día, principalmente de manifestantes opositores. 

Un año atrás, la ciudadanía venezolana se rebeló y surgieron por todas partes multitudinarias protestas de ciudadanos y estudiantes que se mantuvieron con gran valentía durante días y semanas, a pesar de la brutalidad con la que eran disueltas por las bandas parapoliciales y los agentes que respondían al gobierno, a pesar de la suma de heridos, los 43 muertos, los encarcelamientos y las torturas. El martes pasado, un estudiante de 14 años, (otro más) murió de un balazo en la cabeza, efectuado por las fuerzas represivas, mientras participaba en una protesta frente a la universidad, en la ciudad de San Cristóbal. El agente estaba cumpliendo con la orden de reprimir, tal como lo prevé un decreto reciente firmado por Maduro, que habilita a usar armas de fuego en las manifestaciones.

Parece que nada ha cambiado en la República Bolivariana y sin embargo no es así. Los venezolanos siguen cayendo por el despeñadero al que son empujados por el desvarío totalitario de los Chávez y los Maduro y es peor cada día que pasa. Peor para las garantías individuales, peor para el estado de derecho, peor para ejercer la política libremente, peor por el desenfreno de la criminalidad, por la falta seguridad y peor por vivir en una economía en bancarrota. Con una inflación que es la más alta del mundo (68%), un déficit fiscal inmenso, una cotización del dólar paralelo que supera 30 veces la cotización más baja, de las 3 tasas oficiales, un desabastecimiento increíble que ha convertido en un calvario el simple hecho de comprar comida o cualquier otra cosa y donde han desaparecido hasta los medicamentos.

A los líderes políticos los persiguen, los echan del Congreso como a María Corina Machado o les allanan la casa como le sucedió la otra noche, o les quitan los fueros en el Parlamento como ocurre con el diputado socialdemócrata Julio Borges, para luego enjuiciarlo con cualquier acusación y mandarlo preso. Tal como se hizo con el joven Leopoldo López, del partido Voluntad Popular, quien lleva algo más de un año tras las rejas, en pésimas condiciones de aislamiento no exentas de vejaciones. Su figura política se agranda en paralelo con el tiempo soportado en las mazmorras de la truculenta cárcel de Ramo Verde. Y ahora la detención del Alcalde de Caracas, Antonio Ledezma. En un operativo digno de la caza del más peligroso capo mafia o jefe de un cartel del narcotráfico. Sacado de su casa a los empujones, a los tiros y con tipos encapuchados, dejando tras de sí una gran angustia entre sus familiares, aumentada por el misterio que rodeó el hecho, durante largas horas.

Con el Alcalde ya están apresados dos de los tres principales líderes de la oposición más firme a Maduro, quien en dos años lleva denunciados por lo menos, una decena de supuestos magnicidios y golpes de estado. Cuando la realidad es que el gran golpista es él mismo. Sus parrafadas hablando de la defensa de la constitucionalidad, son tan desvergonzadas y falsas como las que hace en referencia a la libertad de expresión, en un país en el cual apenas quedan uno o dos quijotes que todavía resisten con ejemplar tosudez y coraje, luchando por estos principios, como el diario El Nacional al que le trancan hasta el papel o el Impulso que tuvo que terminar con la edición impresa. ¿De qué institucionalidad puede hablar este gobierno o el de Chávez que lo precedió, si las instituciones han sido completamente violentadas y la separación de poderes republicana la hicieron desaparecer hace mucho? Por algo será que finalmente la OEA dejó su tibieza habitual y se manifestó en contra de los últimos sucesos. Lo mismo que el P.P. y más llamativo, el PSOE de España y la Internacional Socialista. En Uruguay en cambio, el secretariado del Frente Amplio, el partido oficial, sacó una declaración en respaldo a Nicolás Maduro, adoptada por unanimidad. Aunque luego, ante tan grosso error, algunos integrantes del conglomerado han intentado desmarcarse y el mismo Mujica, en una pirueta dialéctica, dice que lo preocupante es el riesgo de "un golpe militar de izquierda". Acertadamente Javier García, en su columna del sábado pasado en esta página, recordaba lo que Vaz Ferreria llamaba "paralogismo de falsa oposición". " Y es no advertir que al final del camino unos y otros son lo mismo. Mujica y Astori, Martínez y Topolanski". "Todo se lauda en un poder que no es personal sino institucional, el partido de gobierno, es decir el Frente Amplio".

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