Editorial

Venezuela y el entorno de Mujica

El gobierno de Venezuela huele a corrupción desde hace muchos años. Todo lo que nace o termina en Caracas lleva una impronta fulera y poco clara que trasmite la certeza de que lo político y las afinidades ideológicas están muy por encima de lo jurídico. No nos hace gracia la entrañable amistad —de Mujica por lo menos— con un gobierno como el de Maduro.

En la Venezuela de Maduro solo existe una parodia de democracia, donde los resultados electorales son duramente cuestionados por la oposición por la falta de controles independientes. Donde los encargados de hacer respetar la pureza del sufragio pertenecen todos al partido de gobierno y disfrutan de sus prebendas. Donde el Poder Judicial es un simple eslabón en la cadena autoritaria, y solo se limita a disfrazar, decorar y homologar las exigencias de los que mandan. Donde la libertad de expresión y de prensa son perseguidas con saña y con prisión. Donde se violan los derechos humanos, se apalea y mata a estudiantes y se encarcela sin más a dirigentes opositores, con el beneplácito del Frente Amplio uruguayo. Donde la gente muere porque pasa hambre y las góndolas de los mercados están vacías. Donde se ha empujado a una fuga de capitales porque nadie quiere regalar, ni que se apropien de lo que tiene. Donde se asfixia a las empresas hasta ponerlas en la disyuntiva de cerrar sus puertas y desaparecer, antes de que se les expropie o se fundan. Que está inundada de petróleo pero tienen que importarlo para el consumo. Que tiene un presidente peligroso, que delira y ve permanentes conspiraciones "imperiales" contra su régimen o culpa a la oposición porque el gobierno es incapaz —totalmente incapaz— de garantizar, por lo menos, la existencia de papel higiénico para sus ciudadanos.

La sensación de corrupción es insoportable. Y todo lo que implique negocios con ese régimen queda bajo la lógica de la falta de transparencia que rige ese mercado, donde la existencia de distintos tipos de cambio con diferencias siderales y arbitrarias, abre puertas gigantes a las irregularidades.

No es una sensación térmica. Es la más absoluta y rotunda realidad. Y también es una realidad que nuestro país ha tenido en Venezuela a uno de sus principales referentes comerciales. Por el petróleo y por otros negocios, donde hay muchos nombres que se repiten y que —¿será coincidencia?— son afines al sector político del expresidente Mujica o directamente forman parte de su entorno. Basta ver la lista de empresas que actuaron en los acuerdos comerciales que firmó el gobierno de Mujica con Venezuela en 2011 y 2013 para comprobarlo.

Allí aparece varias veces "Aire Fresco", representada por Omar Alaniz, exintegrante del Comité Central del MLN-Tupamaros, que en el 2011 vendió 40.000 toneladas de arroz, 20 mil de trigo y 3.000 de pollos a Venezuela (integró la delegación del presidente Mujica) y en el 2013 acordó comercializar directamente "en rubros alimenticios, vinculados sobre todo con productos avícolas, cárnicos, cereales y lácteos", según la página de Presidencia de la República. Un gran supermercado uruguayo, desconocido por la gente o un grupo de "empresarios" con sólidos contactos en la tierra de Chávez y Maduro, porque las llaves de ese mercado están en el círculo íntimo del expresidente.

Cómo será la cosa que cuando el diputado Jaime Trobo planteó en el Parlamento la reiterada presencia de Aire Fresco en las negociaciones con Venezuela, Mujica defendió con calor la tarea de la intermediación, siendo como es —para la izquierda— el lado más oscuro del capitalismo, la que se queda con la plusvalía del productor. Mujica, el paladín de los intermediarios. ¿En qué quedó aquello de que "a los que les gusta mucho la plata hay que correrlos de la política; son un peligro", que conmovió a la periodista de CNN que fue a entrevistarlo en su chacra? ¿Se aplica o no para los amigos o correligionarios?

Pero lo de Trobo quedó en esa observación, como antes ocurrió con las expresiones del también diputado nacionalista Rodrigo Goñi, cuando manifestó su perplejidad por la concentración de las exportaciones de empresas nuevas apoyadas por el Fondes en el mercado venezolano. "Esto refleja —dijo— una política oscura hacia Venezuela. ¿Qué hay detrás de esas compras? ¿Solo compras de mercadería?".

No hay dudas de que es un tema para que la oposición profundice e insista. Que no es de ahora, sino que viene desde hace años, donde se confunde peligrosamente lo político con lo comercial. Puede aceptarse la camaradería ideológica y personal, pero no mezclarlas con negocios cuando está el nombre de nuestro país de por medio. La oposición debe exigir transparencia. Separar claramente lo bueno (que hay), de lo malo y lo feo que parecería abundan en estos acuerdos comerciales.

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