EDITORIAL

El Uruguay del Frente Amplio

El balance que hizo el presidente Vázquez de los dos primeros años de su mandato dejó pocas certezas y muchas dudas sobre el futuro del país. Los jóvenes se marchan y todas las expectativas voltean hacia el sector agropecuario, permanentemente hostigado por el FA.

Nada nuevo bajo el sol de la patria. El discurso del presidente Vázquez fue pobre. No por la falta de recursos dialécticos o montajes técnicos que lo acompañaron sino por la carencia de contenido, que no era otro que su gestión al frente del gobierno (lleva ya siete años) y los 12 años del Frente Amplio en el poder. Vázquez habló y dijo lo que podía decir. Lamentablemente no era mucho y lo peor es que ofreció muy poco en la proyección hacia el futuro. Hubo demasiada resignación, poco optimismo y cero entusiasmo para sus próximos tres años en la Casa de Gobierno.

No hay dudas de que se han hecho muchas cosas. Al fin y al cabo doce años de mayorías parlamentarias automáticas lo permiten con comodidad y, en definitiva, cualquier gobierno lo hace. El tema es cómo quedamos plantados hacia el futuro y si el país ha sacado provecho de la formidable bonanza económica que ha disfrutado en la era frentista y nos augura ver el futuro con una sonrisa. Allí la cosa cambia.

El Presidente destacó los logros del FA, pero sobre todo los propios: la lucha contra el tabaquismo, el plan Ceibal, el plan Ibirapitá (se llevan entregadas más de 100 mil tablets a los jubilados), el funcionamiento de los Consejos de Salarios, el crecimiento del salario real, el aumento del PBI y de las exportaciones, el mejoramiento de las relaciones con Argentina. Reiteró promesas para el corto plazo: buscar llegar al 6% del PBI para la educación; infraestructura para carreteras y ferrocarril; mejoras a nivel de seguridad pública (deporte incluido) donde destacó que había habido un avance; digitalización de los trámites; reforma de la Caja Militar. Reconoció dificultades en la educación, sobre todo en el Ciclo Básico de secundaria ("serios problemas") por la deserción y la repetición. Y reclamó apoyo político para aprobar la próxima Rendición de Cuentas en el Parlamento.

Más allá de que para la "hermosa" descripción de la obra del FA en el gobierno el Presidente eligió arbitrariamente los años de sus comparaciones (2002, 2005, 2007 y, en el caso de la seguridad, optó por el 2016), lo cierto es que no dijo nada sobre las grandes preguntas que hoy se hacen los ciudadanos: ¿cuál es el futuro del Uruguay? ¿Qué clase de país somos y hacia dónde vamos? ¿Cuáles son las oportunidades que les surgen en su suelo a los jóvenes con mayor nivel de instrucción? ¿Por qué se van? ¿Por qué quieren irse?

Ningún país puede darse el lujo de perder una generación de profesionales, que se va porque no encuentra oportunidades de un trabajo digno y promisorio. Y tras 12 años de gobiernos del FA este es el panorama actual. No hay oportunidades, no hay confianza y no hay esperanzas. Los jóvenes buscan su futuro fuera del país porque tienen miedo a terminar como la Fábrica Nacional de Papel de Juan Lacaze, asfixiada por la implacable voracidad fiscal del Estado frenteamplista. Para esos jóvenes, la esmirriada alternativa del empleo público no es suficiente. No están preparados ni estudiaron para ello y tampoco para que el Estado les meta la mano en el bolsillo apenas se muevan.

Y en segundo lugar, ¿qué pasa con el agro? ¿El gobierno sigue dolorido con el discurso de Reilly Arrarte en la última Rural? ¿Fue muy duro? Puede ser, pero fue veraz y muy dura es también la realidad del sector agropecuario, el gran motor de la economía uruguaya. El que nos sacó del pozo tras la crisis del 2002 y la única esperanza para revertir el ominoso déficit del PBI que llega al 4%, muy por encima del registrado durante aquella crisis. ¿Cuáles son las medidas que el gobierno piensa adoptar para impulsar la agropecuaria? Las 10 mayores empresas exportadoras uruguayas —reconocidas y premiadas por el Banco de la República— están vinculadas con el agro y sus productos. Si no hay producción o si la producción cae, ¿qué hacemos con ellas? ¿Cuál será el futuro del Uruguay? ¿Cómo va a hacer el gobierno para recaudar?

El Presidente no lo dijo, pero las ideas que proliferan en este gobierno están todas relacionadas con su obsesión de recaudar, de agotar impiadosamente todas las maneras de sacarle plata a los que trabajan (si son privados mucho mejor) para financiar la gran aventura de su clientelismo o el asistencialismo eterno, sostenes de su poder.

Y mientras piensan en su continuismo, solo atinan a echar mano del Tratado con Finlandia para la construcción de una nueva planta de celulosa. Un Tratado del que despotricaron y votaron unánimemente en contra, con el actual ministro Astori a la cabeza, que es un legado de los partidos tradicionales y la única tabla de salvación que tienen para aferrarse.

Así va el Uruguay, así están las cosas.

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