EDITORIAL

Tupabandas y mentiras

La verdad histórica ha interesado muy poco en el relato oficialista y de algunos historiadores funcionales en los últimos años. El papel de los tupamaros y de la izquierda antes y después de la dictadura, se ha transformado en una acumulación de mentiras.

Las recientes investigaciones acerca de ciertas acciones delictivas de los años 90 situaron en el centro de la atención política, una vez más, al relato sobre la Historia reciente del país y el papel que en particular han ocupado los Tupamaros en los últimos 60 años. Infelizmente, la extendida versión que se ha hecho hegemónica en estos años no siempre condice con la verdad histórica, sino que es un cómodo relato funcional a los intereses partidarios frenteamplistas, y sobre todo, a la acción de los Tupamaros.

Esta acumulación de mentiras toma inicio por lo general en la narración de lo ocurrido en los años sesenta, ya que los relatos oficialistas y de distintos historiadores omiten señalar que la acción guerrillera desestabilizadora de la institucionalidad del país comenzó en democracia y bajo un gobierno colegiado de mayoría del Partido Nacional.

Todas las garantías individuales se verificaban; la más amplia libertad de prensa era constatable; nuestra democracia era de las mejores del mundo; y el Estado de Derecho era respetado: fue contra ese país que, en 1962, se alzaron quienes luego pasarían a llamarse Tupamaros.

La acumulación de mentiras tiene predilección luego por el período 1968- 1973. Allí la versión hegemónica es que la izquierda y los Tupamaros multiplicaron sus acciones guerrilleras como respuesta al creciente autoritarismo estatal y que fueron siempre contrarios a cualquier golpe de Estado.

Sin embargo, varias investigaciones han ido dejando claro que nada de eso es verdad. La acción represiva de la policía hasta 1971, si bien con excesos constatados, buscó defender la institucionalidad frente a la violencia revolucionaria de izquierda; la principal dirigencia tupamara pactó con los militares en 1972, lo que derivó incluso en que torturaran en conjunto a lo que ellos creían eran representantes de la "rosca financiera"; el Frente Amplio en general simpatizó luego con el golpe de Estado de febrero de 1973; y la organización tupamara estaba esencialmente desmantelada a mediados de 1973, por lo que nunca jamás tomaron acciones contrarias al golpe de Estado.

Más adelante, para el período dictatorial, el relato de izquierda ha querido hacer creer que toda la resistencia al régimen de facto fue sobre todo frenteamplista y que toda la represión fue sobre todo contra la izquierda.

Si bien efectivamente ella sufrió relativamente más que el resto el exilio y la prisión, es también muy cierto que principales dirigentes blancos y colorados fueron reprimidos y atacados por la dictadura y sus apoyos paramilitares: el caso más elocuente y más trágico en el país seguramente haya sido el intento de asesinato con vino envenenado, en 1978, de la plana mayor de la dirigencia del Partido Nacional, que terminó con la vida de la madre del actual presidente del Directorio blanco.

Para la salida de la dictadura por supuesto que el relato izquierdista también acumula mentiras y medias verdades importantes. Sobre todo omite el papel protagónico del Frente Amplio en el pacto del Club Naval en agosto de 1984. La izquierda pactó con Wilson Ferreira preso; y calló cuando el mayor representante militar en esas negociaciones declaró que gracias a ese pacto no se exigiría ninguna responsabilidad por violaciones a los derechos humanos. Sin embargo, en ningún manual ni en ningún relato de Historia reciente actual esto está claramente establecido, analizado y evaluado.

Al parecer, pudo haber llegado ahora el tiempo de arrojar luz sobre las mentiras y los silencios acumulados del período 1985- 2005. Porque a pesar de que son datos que se han publicado sobre todo en distintas investigaciones periodísticas, los relatos hegemónicos de historia reciente omiten información importante de ese período. Por ejemplo, que la acción de los tupamaros fue financiada con dineros del exterior, cuyos orígenes a veces provenían de grupos terroristas como la ETA de España; que algunos tupamaros mantuvieron entrenamiento militar, por ejemplo en la Libia de Gadafi; o que en la asonada del Filtro en apoyo de integrantes de la ETA, que contó con el explícito beneplácito de los principales dirigentes frenteamplistas en agosto de 1994, los tupamaros tenían previsto un "baño de sangre" en su violenta confrontación con la policía.

Si se logra dejar en claro ahora que en buena parte de esos 20 años los Tupamaros financiaron su actividad política con violentos asaltos, habremos avanzado un poco más en conocer la verdad histórica, a pesar de la acumulación de mentiras de la izquierda.

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