EDITORIAL

¿Tres millones y medio?

Desde hace varias décadas, en el imaginario colectivo anida la idea de que la población uruguaya está cerca de los tres millones y medio de habitantes. De ahí la desilusión causada por el último censo, el de 2011, con su cifra de 3.251.526 personas distribuidas en los 19 departamentos del país.

Desde el censo anterior, siete años atrás, el aumento fue de solo 45.311 habitantes lo que a simple vista dejó establecido que Uruguay sigue siendo un país de baja natalidad.

Los expertos dicen que esa situación, similar a la existente en países desarrollados, no es necesariamente una mala noticia puesto que, entre otras cosas, es la prueba del libre ejercicio de sus derechos por parte de las mujeres. Desde otra perspectiva, sin embargo, la baja fecundidad y el envejecimiento gradual de la población generarán problemas vinculados al crecimiento del gasto en salud así como en el sistema jubilatorio, dado el desequilibrio entre un creciente sector pasivo y cada vez menos trabajadores activos.

De ahí que desde distintos sectores, incluido el gobierno, se hable de la necesidad de implementar políticas para fomentar tanto la natalidad como la inmigración. En el primer caso debe admitirse que rige un sistema de incentivos bastante limitado a pesar de que hay proyectos legislativos que tienden a premiar a las familias numerosas y en particular alguno que procura alentar la llegada del tercer hijo en un país en donde la tasa de fecundidad es de 1.9 por mujer según datos del Instituto Nacional de Estadística.

Ante ese panorama confirmado por el censo de 2011 el gobierno de José Mujica intentó promover una política demográfica que contemplara el fomento de la inmigración a nuestro país. Se habló al principio de traer campesinos latinoamericanos "dispuestos a hacer los trabajos que los nuestros no quieren hacer". Luego, a instancias de algunos ministros, se matizó esa opinión al señalarse que convenía reclutar a inmigrantes "con capacitación". Hubo varios intentos, entre ellos el de crear una corriente de inserción en Uruguay de familias sirias desplazadas por la guerra, pero la primera experiencia en la materia no ha sido buena por lo que es incierta la continuidad de ese flujo migratorio.

Desde la llegada del Frente Amplio al poder, hubo también algunos esfuerzos de la cancillería por promover la vuelta de emigrantes uruguayos radicados en Europa y en países americanos. Incluso se creó un departamento especializado en la materia cuyos frutos no fueron los mejores dado que los retornados encontraron dificultades para reasentarse en el país, conseguir trabajo y superar el papeleo a que fueron sometidos. Hasta hoy se oyen las quejas de esos retornados por las demandas burocráticas que deben sortear para establecerse entre nosotros.

Vista la tendencia histórica de nuestra tasa de natalidad, la interrogante es si Uruguay puede convertirse en un país que atraiga a inmigrantes como lo fue en el pasado. De ese tema se ocuparon expertos demógrafos que publicaron un libro de la colección Nuestro Tiempo bajo el título "Cuántos y cómo somos", en donde se describe un cambio relevante en la corriente migratoria hacia Uruguay en las últimas décadas. Se trata del "incremento significativo de migrantes provenientes de países latinoamericanos y caribeños, destacándose el número de peruanos que triplicaron su presencia de 1996 a 2011". El ingreso de un nutrido contingente de venezolanos en el último año así como el flujo constante de dominicanos avalan ese vaticinio.

Los autores del citado trabajo anticipaban que los nuevos inmigrantes podrían llegar en el futuro desde países asiáticos y africanos, "procedencias inusuales" que requerirán una política de captación y una especial atención si se quiere propiciar su radicación. Por supuesto, hay quienes insisten en que lo mejor que puede hacerse es propiciar la vuelta de los emigrantes uruguayos para lo cual es preciso simplificar las trabas burocráticas sino asistirlos financieramente y ayudarlos en la obtención de un empleo, objetivos nada fáciles por cierto en las actuales circunstancias. Otra línea de acción tanto o más compleja consiste en atraer a emigrantes calificados capaces de convertirse en fuente de dinamismo e innovación en la sociedad. La idea es atinada pero también costosa y de difícil concreción.

Sean estas u otras las futuras líneas de acción, la denunciada "crisis demográfica" de Uruguay merece más atención y, sobre todo, políticas públicas adecuadas si es que se quiere llegar algún día a los anhelados tres millones y medio de habitantes viviendo en el país.

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