EDITORIAL

El transporte en Montevideo

Lo que se precisa es acción, gestión, decisión y plazos para cumplir con las metas establecidas, y no tanto conversar para ver quién puede estar de acuerdo o no con tal o cual propuesta. La gente quiere y precisa un mejor servicio de transporte.

Hay temas que a pesar de que siguen pasando los años la intendencia de Montevideo no logra resolver. Uno de ellos es el del transporte público.

Empecemos por lo más sencillo de ver. Hoy en Montevideo los ómnibus no prestan el servicio que deberían: ni en el cumplimiento de horarios, ni en frecuencias, ni en rapidez y eficiencia para llegar a destino, ni en la calidad del servicio con, por ejemplo, la mugre inaudita de muchas unidades o el destrato de algunos de sus trabajadores cuando ponen música a volúmenes altísimos. Todo esto es bien sabido porque alcanza con andar por la ciudad para darse cuenta de estos problemas. Tan así es que hace unos meses, por ejemplo, la intendencia se planteó sancionar a los conductores por sus parlantes a gran volumen, aunque luego su iniciativa quedó en la nada.

Lo cierto es que en cualquier ciudad que pretenda mejorar un servicio como este, se precisan datos confiables que permitan un diagnóstico amplio para luego evaluar bien los cambios que se implementen. Pero nada de eso pasa en Montevideo. Un informe del Qué Pasa del sábado pasado dejó claro que no hay estudios metódicos, periódicos y fiables para conocer la calidad del servicio de transporte público.

No se sabe, por ejemplo, qué medios eligen los montevideanos para desplazarse por la ciudad, ni cuántos son los automóviles que circulan a diario, ni cómo están abastecidas distintas zonas de Montevideo de forma de poder cambiar las frecuencias para adaptarse a los cambios urbanos que hubo en estos años.

Ante todas estas omisiones las autoridades de la intendencia declaran que no ha habido la cultura de incorporar estos datos al sistema para evaluar su servicio. Pero la verdad es que la "cultura" y el "sistema" son dimensiones que refieren a lo mismo: la incapacidad de liderar con eficiencia una gestión pública de parte del Frente Amplio en Montevideo. Porque, ¿a quién otro se puede culpar de esta incapacidad, cuando la izquierda gobierna la ciudad desde 1990?

La reacción de esta administración de Martínez ha sido la de siempre en esta cultura de la ineficiencia tan propia del Frente Amplio en Montevideo: formar una comisión. Fue así que en diciembre pasado se formó el consejo consultivo de transporte colectivo con representación de autoridades, sindicatos, empresas y la defensoría del vecino. Se excluyó convenientemente de esa comisión a los partidos de oposición, ya que no hay allí ediles departamentales, es decir, los que son los representantes del pueblo en Montevideo.

De esta forma, se ningunea la tarea del legislativo departamental pero, sobre todo, se quita del medio cualquier planteo opositor que pueda importunar en una comisión en donde quienes menos peso tienen son quienes más debieran de estar representados: los ciudadanos de Montevideo, que son los que votan y los que usan estos medios de transporte que tanto dejan que desear.

Es cierto que nunca está demás el diálogo entre quienes están más vinculados al tema del transporte. Pero lo que se precisa es acción, gestión, decisión y plazos para cumplir con las metas establecidas, y no tanto conversar para ver quién puede estar de acuerdo o no con tal o cual propuesta. Porque lo que pasa en este tipo de comisiones es que terminan teniendo un peso corporativo desmesurado los actores que son los que, en realidad, menos quieren cambiar para mejorar el servicio. Así, el resultado casi siempre es que estas iniciativas no cambian nada.

Por poner un par de ejemplos: con el avance tecnológico que hay a disposición de todos, ¿no es evidente ya que no se precisa más tener un guarda en el ómnibus para cobrar un boleto y conversar con el conductor? ¿Cuánto representa ese costo laboral en el total del servicio que terminan pagando los usuarios con uno de los boletos más caros de toda la región? Por otro lado, ¿se precisa formar una comisión para exigir al conductor de un ómnibus que cumpla con disposiciones elementales de educación y respeto por los usuarios y no ponga música a todo volumen mientras viaja, o alcanza con que la intendencia fiscalice y sancione estos comportamientos?

La gente quiere que se mejore el servicio de transporte. Se precisa para ello autoridad para hacer cumplir las normas que están vigentes, como la de la música altísima; y decisión para cambiar realidades, como la de los guardas inútiles. Pero pasan los años y lo que decide el Frente Amplio de Martínez es formar una comisión para dialogar sobre estos asuntos. Así todo quedará más o menos como está. Mal.

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