EDITORIAL

Tonterías de la izquierda pensante

Diluir la experiencia del terror estalinista haciéndola comparable con el pensamiento o la práctica liberal en el mundo, y banalizar así el mal sustancial que significó, hablan de una falta de reflexión, simplismo e ignorancia política.

Nuestro pequeño mundillo intelectual-universitario es por lo general afín a posiciones de izquierda. Desde ese lugar se construye sentido común ciudadano; se da forma al universo simbólico que pauta muchos de los valores sociales, y sobre todo se interpreta la Historia reciente, la evolución del mundo y el lugar que ocupa el país.

Como se trata prácticamente de un mundillo cerrado, provinciano y autocomplaciente, cuesta mucho encontrar críticas francas e independientes que llamen a las cosas por su nombre. Que digan y muestren, por ejemplo, que tal o cual integrante de ese mundillo dice o escribe lisa y llanamente tonterías que no resisten el menor análisis cuando se las contrasta con la realidad. Y en ese aceptar silencioso de tanta tontería se termina asentando una visión del mundo que termina siendo funcional a las posiciones políticas de izquierda, es decir, en última instancia, al voto pro- Frente Amplio.

Un par de ejemplos sirven para ilustrar lo afirmado. El libro Historia Contemporánea del Uruguay, de Caetano y Rilla, es una referencia para conocer la historia del país, y lleva cerca de dos décadas de periódicas reediciones y actualizaciones. La última, de julio de 2016, presenta un texto de 2003 del conocido historiador de izquierda Nahum, acerca de las relaciones financieras entre Uruguay e Inglaterra hasta mediados del siglo XX.

Se puede leer allí la siguiente tontería: "dejar de lado la teoría de la dependencia por estar fuera de época (…) o en virtud de sus excesos (…) solo puede ser aceptable para ciertos académicos de los países centro porque se encuentran cómodos en ese mundo tal cual es (…) Por tanto, consideran que la globalización (…) es el único camino posible (…) la estabilidad del mundo tal como les conviene a ellos que ese mundo sea".

Pero, en verdad, ¿qué ocurrió entre 1990 y 2015, período en el cual la teoría de la dependencia que defiende Nahum perdió toda credibilidad y en el que más avanzó la globalización?

Entre 1960 y 1990 los países ricos crecieron en promedio más que los países pobres. Pero desde el 2000, el 90% de los países en desarrollo han tenido un crecimiento más alto que, por ejemplo, el de Estados Unidos. Gracias a esa evolución, en 2012 ocurrió algo impensado para los intelectuales como Nahum: por primera vez en la historia moderna, los países en desarrollo produjeron más de la mitad del PBI mundial, con un crecimiento de 38% con respecto a 2002.

En 1990 el 29% de la población mundial vivía en extrema pobreza; en 2015, fue el 9% del total. En las regiones en las que no se ubican los "países centro" de Nahum, los datos son los siguientes para 1990 y 2015 respectivamente: América Latina, 18% y 5%; África subsahariana, 57% y 35%; este de Asia, 60% y 4%; y sur de Asia, 50% y 13%. En general, en todo el mundo en desarrollo la población en extrema pobreza disminuyó de 44% a 11% del total. En concreto: en el período de 25 años de mayor globalización económica de la historia, 50 millones de personas por año lograron salir de la situación de extrema pobreza.

Se podrá decir que lo escrito por Nahum es de 2003 y que por tanto no podía saberse qué ocurriría con la globalización hacia 2015. Pero Caetano y Rilla, ya en 2016, ¿no podían evaluar mejor los textos citados para evitar difundir este tipo de tonterías?

El otro ejemplo es más reciente. Surge de una nota del semanario Voces a un aparentemente respetado politólogo de izquierda de las nuevas generaciones. Allí, al hablar de dogmatismos en el pensamiento, el entrevistado dice que "también el liberalismo puede ser estalinista, y lo ha sido, y puede ser tan aburrido y castrador como las formas más dogmáticas del marxismo". Más adelante, señala que el liberalismo "también puede ser autoritario", como si autoritario fuera sinónimo de estalinista, y agrega que su trabajo es "formar gente".

Afirmar que el liberalismo ha sido estalinista es realmente una tontería muy preocupante viniendo además de un universitario especializado en ciencia política que "forma gente". Diluir la experiencia del terror estalinista, haciéndola comparable con el pensamiento o la práctica liberal en el mundo, y banalizar así el mal sustancial que significó en la historia occidental el régimen comunista de Stalin, hablan de una falta de reflexión, simplismo e ignorancia políticas e históricas realmente fenomenales.

Quizá sean este tipo de sandeces las que nos provean las nuevas generaciones de la izquierda pensante. Ellas suplantarían así a las de la generación de los Nahum.

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