EDITORIAL

A tomar en cuenta

Un dicho de la antigua Polonia definía al “socialismo como un trecho accidentado de una ruta que sale del capitalismo y lleva al capitalismo”. El problema es que en Uruguay el trecho resultó demasiado extenso, y angustia no por cuándo se llega sino en qué condiciones.

Tres temas han surgido en los últimos días que deberían ser tomados en cuenta, tanto por el gobierno como por el sector productivo. Estos hacen a lo relacionado con un ambiente de negocios amigable y a las condiciones que ofrece un mercado para que importantes inversores de riesgo apuesten a radicarse en él y gocen de reglas de juego estables, incluyendo las referidas a las áreas tributarias, laborales y ambientales.

El primero hace al déficit fiscal de nuestra economía que registra el peor índice desde hace 27 años. Al cierre de 2016 alcanza el 4% del Producto Bruto Interno (2042 millones de dólares). Ello demuestra que la política económica del Frente Amplio se ha concentrado en recaudar como capitalista y gastar como socialista indisciplinado. Sobre todo cuando el PBI en los últimos años, al impulso del llamado "viento de cola" desde el exterior, tuvo un importante crecimiento luego de la crisis sufrida a comienzos de este siglo.

El último antecedente de déficit preocupante ocurrió en 1989 al finalizar el primer gobierno del Dr. Sanguinetti que superó el 6%, a pesar de haber sido advertido formalmente por el entonces presidente del Banco Central. Cabe recordar que la Administración Lacalle —1990 a 1995— alcanzó un superávit fiscal en 1992, al tiempo que impulsó reformas estructurales que ningún gobierno posterior modificó, a pesar de haber votado contra las leyes aprobadas. Por eso, el resultado fiscal actual demuestra una gran irresponsabilidad, en particular del equipo económico que dirige el ministro de Economía, ya que como resultado de su gestión se compromete el corto y el mediano plazo con un permanente "ajuste fiscal" (de tributos y tarifas) que repercute en los bolsillos de empresarios, trabajadores y pasivos.

El segundo tema hace a la ausencia de inversión en infraestructura en el área del transporte. El ejemplo de UPM es muy claro: para definir la inversión privada más importante de la historia del Uruguay, la empresa requiere condiciones de desarrollo aptas en transportes, comunicaciones y relaciones laborales, entre otras. Para decirlo en otras palabras: es el Uruguay el que debe ser competitivo y no la empresa, porque el sector privado debe competir tanto en el mercado interno como en el externo, de acuerdo a las reglas y condiciones que el país ofrece a toda inversión. En ese sentido, es desolador el deplorable estado de las rutas nacionales y vecinales, del sistema ferroviario, y la carencia de miles de millones de dólares que faciliten inversiones de esta naturaleza. No hay una sola discrepancia en coincidir en que el Estado no dispone de los recursos mínimos para dar una respuesta. Y eso se debe a que el clientelismo populista, la corrupción y los monopolios estatales los desviaron a otras áreas con nulos o mínimos resultados.

El tercer tema refiere al deterioro de la imagen del país ante la Organización del Trabajo (OIT) con sede en Ginebra, en relación al respeto de las leyes laborales. Esto se debe a que el Pit-Cnt, respaldado por una ley que inyecta millones de dólares a la organización, llevó al gobierno a aprobar normas inspiradas en el concepto de "lucha de clases". En especial el decreto que considera la ocupación de una empresa como extensión del derecho de huelga.

Por otra parte, gobierno y sindicatos al insistir en mantener el régimen de los convenios colectivos tripartitos está a punto de ingresar en la llamada "lista negra" de la Comisión de Aplicación de Normas de la OIT, decisión que se toma lejos de consideraciones subjetivas. Sin embargo, el ministro de Trabajo y la central sindical argumentan, sin mayores fundamentos, que el "Uruguay no se merece estar en esa lista", como si eso dependiera de un capricho de la OIT con el fin de perjudicar la imagen del país.

Lamentablemente el Poder Ejecutivo no dice que el Estado se encuentra obligado por un Tratado Internacional que obliga a los Miembros a cumplir sus normas de buena fe, y que ningún gobierno puede definir las causales que determinan el ingreso o egreso de esa lista.

En consecuencia, la suma de estos tres temas percibidos como problemas ya estructurales del país nos confirma como algunas bromas o anécdotas de la historia tienen la particularidad de transformarse en profecías.

Un dicho de la antigua Polonia definía al socialismo como un "trecho accidentado de una ruta que sale del capitalismo y lleva al capitalismo". El problema es que para el Uruguay el trecho de esta ruta resultó demasiado extenso, y lo angustia ya no es por cuándo se llega sino en qué condiciones lo haremos. La cierto es que no da para ser muy optimista.

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