EDITORIAL

El terrorismo y Uruguay en el Consejo

En su reciente estadía en París el canciller de la República fue claro. A partir de enero, cuando a Uruguay le toque asumir su lugar no permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, se apoyará la política exterior que están llevando adelante todas las grandes potencias contra el grupo terrorista autodenominado Estado Islámico que ocupa hoy principalmente territorio sirio e iraquí.

La declaración del canciller Nin no debiera de llamar la atención. En visita a una de las capitales del mundo más comprometidas con esa política antiterrorista, fue lo suficientemente amplia como para no dar detalles innecesarios de cómo habría de procederse concretamente para dar ese apoyo, a la vez que fue lo suficientemente clara como para dejar establecida la futura línea internacional de acción del Uruguay. Todo, claro está, enmarcado en el estricto respeto del derecho internacional, que es nuestra política exterior de Estado tradicional. Pero a pesar de lo elemental y prudente que fue nuestro canciller, sus declaraciones generaron preocupación en distintos analistas y en actores políticos frenteamplistas.

Por un lado, algunos analistas dieron a entender que nuestro país es demasiado chico y que por eso no conviene estar en lugares tan importantes de la escena internacional, ya que nos exponemos así a fuertes presiones de las grandes potencias. Alegan que estas declaraciones de Nin son el inicio de dos años muy complicados, y que se nos hará muy difícil estar a la altura del desafío de integrar el Consejo. Se mencionó incluso dos antecedentes de ofrecimientos para formar parte de él, de 1985 y 1997, que fueron las dos veces rechazados por el ex -presidente Julio María Sanguinetti, justamente para evitar semejante protagonismo internacional.

Asombra cómo esos análisis dejan de lado un antecedente sustancial de nuestra mejor historia diplomática, que es cuando en el bienio 1965-66 el país integró el Consejo de Seguridad. Fue en la difícil época de la Guerra Fría. En particular en 1965, nuestro embajador ante el Consejo, Carlos María Velásquez, se opuso a la invasión de República Dominicana por parte de Estados Unidos. ¡Vaya si había fuertes presiones internacionales en aquel entonces!

Por cierto mucho más sustanciales para nuestros intereses que lo ocurre hoy en Irak. Pero no hubo temor ni renunciamientos: el gobierno blanco defendió los valores de nuestra mejor política exterior. ¿Acaso no es muestra suficiente de que cuando se quiere llevar adelante una política digna, efectivamente se puede?

Ejemplo más cercano en el tiempo es el protagonismo de Chile en el Consejo de Seguridad en 2003, en tiempos de la presidencia del socialista Ricardo Lagos. En ese entonces Washington planteó en el Consejo de Seguridad su voluntad de invadir Irak, mientras que en paralelo, Chile negociaba con Estados Unidos un tratado de libre comercio. Santiago mostró su apego al derecho internacional votando contra la voluntad de Estados Unidos en el Consejo. Se mostró firme y digno. Luego, logró además firmar su tratado de libre comercio con Washington.

Por otro lado, dentro del Frente Amplio y en particular desde el sector de Mujica, las declaraciones de Nin fueron duramente criticadas. Un diputado del MPP declaró que ellas eran un "disparate". Pero más importante, desde Turquía, el ex-presidente dijo que "lo que está pasando en el Estado Islámico no es un conflicto muy tradicional". Según Mujica se trata de "una experiencia ideológica llevada por jóvenes de cualquier parte, que adoptan un fanatismo que poco tiene que ver con Siria".

A muchos puede no sorprender que el sector de Mujica no exprese una posición opuesta al terrorismo ejercido por el Estado Islámico. En definitiva, los antecedentes terroristas tupamaros de los años 60 son innegables, tanto como lo fueron sus estrechos vínculos políticos y financieros de los años 80 y 90 con el terrorismo vasco de la ETA, por poner solo dos ejemplos.

Pero lo que igualmente no deja de parecer asombroso es que, hoy en día, habiendo sido ya Mujica presidente, con el MPP como principal sector del Frente Amplio, y teniendo todos un mínimo de conocimiento de la barbarie protagonizada por el Estado Islámico, ni Mujica ni el MPP sean capaces de adherir a las sensatas declaraciones de nuestro canciller en París.

Parece mentira. Pero no lo es. Es que en el Frente Amplio aún hay sectores que tienen que definir claramente si están a favor o en contra del terrorismo. "Esa es la cuestión", como dijo Nin.

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