EDITORIAL

¿Subir impuestos o bajar el gasto?

El debate se ha instalado a partir de la constatación del estancamiento que sufre la economía desde el año pasado y que, de acuerdo a la gran mayoría de los analistas, continuará en el presente.

El dilema surge de la necesidad que tiene el gobierno de mantener el grado inversor, objetivo acertadamente señalado como prioritario por el presidente Vázquez, lo que no ocurrirá si el déficit fiscal, el endeudamiento y la inflación siguen su rumbo ascendente. Es tiempo entonces de tomar medidas. La disyuntiva, ya clásica para un país que no aprende más que los ciclos económicos determinan el devenir de las finanzas públicas, es si el inevitable ajuste viene por el lado del gasto o por el lado de los ingresos del Estado, vale decir, incremento de los impuestos actuales o la creación de nuevos.

Dejemos por el día de hoy la crítica a la conducción económica de los últimos diez años, marcada por el crecimiento desmedido del gasto público y la ausencia de toda previsión de que la bonanza algún día pasaría. Concentrémonos en las opciones actuales de la política económica, a la luz del debate generado en estos últimos días, en particular dentro del partido de gobierno.

Por un lado, el ministro Astori anunció que presentaría un paquete de medidas de ajuste que irían por el lado de la baja del gasto. Si bien aún restan por conocer aspectos centrales de la propuesta, como la cuantía del ajuste y qué áreas afectará, en la presente coyuntura constituye el camino menos malo a recorrer.

Por otro lado, otros actores del oficialismo de más frondosa y cuestionable imaginación han realizado propuestas que van por el lado del incremento tributario. Así por ejemplo el senador sendiquista Marcos Otheguy esbozó la idea de no realizar la devolución del Fonasa y el diputado comunista Óscar Andrade habló lisa y llanamente de aumentar impuestos.

Vale la pena detenerse en la argumentación de Andrade porque seguramente sea representativa de la visión de los sectores radicales del Frente Amplio que dominan el Parlamento. Andrade comienza afirmando en una entrevista el lunes en El País TV que "cuando Tabaré Vázquez sostuvo que no iba a aumentar impuestos era un escenario distinto, Brasil pensaba caer un 0,3% del PIB y cayó tres puntos. Cuando Brasil y Argentina tuvieron recesión, Uruguay los acompañó. Estos dos años Uruguay escapó a gatas". Vale decir, el cambio de escenario justifica romper la promesa de campaña de que no se iba a aumentar la carga tributaria.

Luego, con sinceridad y candor, el diputado Andrade contradice la versión del presidente y el equipo económico de que no se han aumentado impuestos señalando los casos en que ya se hizo. Puso como ejemplos las eliminaciones de exoneraciones cuando se votó el Presupuesto Nacional y la modificación del IRAE de diciembre pasado que fue un verdadero mazazo fiscal para varias empresas. Tiene razón Andrade, y podrían ponerse otros ejemplos, el gobierno ya viene aumentado impuestos desde el año pasado y continuó con esa línea de ajuste con las tarifas de las empresas públicas este año. La línea argumentativa de Andrade vendría a ser del estilo de que dado que ya se rompió la promesa de no aumentar impuestos no hay ningún impedimento a seguir por ese rumbo. Brutal pero muy franco el planteo del diputado comunista. Y, por supuesto, se redondea con la peregrina idea de que se debe seguir aumentando el gasto.

Estas dos visiones que conviven en el oficialismo chocan en la actual coyuntura. No son necesariamente incompatibles y de hecho Astori ya ha aumentado la carga tributaria, como señala Andrade, y seguramente lo seguirá haciendo en los resquicios que deja la legislación para la creatividad fiscal del Ministerio de Economía. Ahora, esos ajustes son insuficientes para lograr el objetivo de evitar que el déficit fiscal siga creciendo y que por allí se terminen desajustando aún más toda la macroeconomía y peligre el grado inversor.

El único camino sensato hoy es el que propone Astori, aunque resta ver cómo se concretará, que es lo fundamental. La única opción de política económica razonable es bajar el gasto y hay tela para cortar en un Estado que engordó pantagruélicamente en la última década y donde el gasto en burocracia político partidaria frentista alcanzó dimensiones siderales.

Si en la bonanza el Estado engordó como chancho para fin de año, ahora también le toca al Estado ajustarse y no tirar el fardo del ajuste al sector privado, que es el único que hace crecer la economía, genera empleos y vive en el mundo real.

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