EDITORIAL

Las sinrazones del Presidente

Abundan las palabras y no los hechos sobre la agenda del gobierno, una parálisis que solo UPM podría cambiar. Pero en este caso lo que falta son las palabras: Vázquez se niega a informar a la oposición y a los ciudadanos sobre la marcha de las negociaciones.

Por momentos da la impresión de que el presidente Vázquez ha adquirido el estilo de Mujica. Mantiene su aspecto prolijo y atildado, pero ha empezado a utilizar su perfil de todólogo, opina sobre cualquier tema que ande a la deriva, considera que es gracioso y hace burlas a la oposición cuando algo se le reclama y no tiene respuesta. No debería ser el papel de un Presidente y, en definitiva, solo contribuye a generar más tensión en un ambiente político que está bastante complicado. Y no por culpa de la oposición precisamente.

Vázquez ha tenido un marcado protagonismo en todo el episodio Sendic. Mientras Mujica bajó el escudo porque estaba ante un caso perdido y Astori se mantenía en silencio porque nunca le tuvo mayor simpatía, el Presidente se convirtió en cruzado del entonces vicepresidente y hoy sigue en ese camino, aunque de manera un tanto zigzagueante, en el subsidio.

Pero no fue solo ahí que habló y habló. La siguió luego con la oposición. El problema principal lo tiene con el senador Lacalle Pou, y no es de ahora. Ya en la pasada campaña electoral se vio que esa presencia le molestaba más allá de ser su adversario. Y la respuesta es obvia: Tabaré Vázquez nació el 17 de enero de 1940. Luis Lacalle Pou el 11 de agosto de 1973. El dato marca que, más allá de la diferencia de los partidos políticos que representan, hay por lo menos una profunda brecha generacional entre ambos. En estos tiempos que corren y donde los años tienen la densidad de los viejos siglos, esa diferencia se ve reflejada lógicamente en muchas cosas, incluso en el estilo de hacer y ver la política.

El gran reclamo que se le hace a Vázquez es que el gobierno se quedó sin agenda: diríamos que, de pique nomás, cuando vio que las arcas que había heredado estaban prácticamente vacías, que los vientos de la bonanza económica habían amainado y que las diferencias internas del FA obligaban a una permanente negociación cuesta arriba. Y como si eso fuera poco, que había otros asuntillos que resolver porque pintaban para escándalo: Ancap, el tema Sendic, el Fondes, los negocios con Venezuela, las relaciones (diplomáticas) con el régimen de Maduro en Venezuela, ASSE, Susana Muñiz, la regasificadora. La verdad es que esa ha sido hasta ahora exclusivamente su agenda, aunque es difícil que lo reconozca y en ello coincide toda la oposición.

No es de recibo —al menos por ahora— la posición del Presidente que ante la crítica pretende jugar de contragolpe y le reclama agenda a la oposición. Al país lo gobierna aquel que el pueblo elige, el que gana las elecciones. Esa es su responsabilidad. Los otros, los que pierden, los que no integran el gobierno, pueden acompañar o no las propuestas del Presidente según su visión del país, pero su función principal en una democracia, es la tarea de control. A no confundir los roles porque eso del control la oposición lo ha hecho bien, mientras que en eso de las propuestas el oficialismo se quedó rápido sin palabras (y sin ideas).

La única luz que ve el Presidente es la nueva inversión de UPM, la construcción de otra planta de celulosa, ahora en el corazón del país y sobre el río Negro, para sacudir la economía. Y allí parece que está la cuestión: Vázquez no tiene intención de explicar las negociaciones porque tiene miedo a que se le formulen críticas y en definitiva se caiga. Ahora no habla, hace silencio.

Vuelve a equivocarse el Presidente y vuelve a faltarle el respeto a la oposición, que no es solo un grupo de legisladores que concurren al Parlamento, sino una importante cantidad de ciudadanos que los ha elegido para que los representen y defiendan al país como ellos entienden que debe hacerse. Los legisladores no actúan por sí, sino en representación de…

Ese silencio del gobierno, esa falta de control que no puede ejercer la oposición, al único que afecta es al país, que no tiene claro cuáles son, por una parte, las ventajas y beneficios que llegan de la mano de UPM y, por otro, los costos y todo lo que se entrega como contrapartida de esa inversión. En definitiva, ¿vale la pena la nueva planta de celulosa o se está entregando algo más que las joyas de la abuela?

Tal como viene la mano da la impresión de que Vázquez tiene pánico a que se caiga UPM. Porque si ello ocurre, su segunda presidencia será recogida por la historia con un breve párrafo: "Durante ella fracasó el intento de vender marihuana legal y se produjo la renuncia del vicepresidente de la República, jaqueado por la oposición ante denuncias de corrupción". Nada más.

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