Editorial

Un sindicato desbocado

Reconforta saber que un dirigente del gremio de los taxistas fue procesado por amenazar a Alberto Rosa, el trabajador brutalmente golpeado por discrepar con una decisión sindical. Cuando parecía que ninguno de los poderes del Estado se iba a dar por enterado de la acometida perpetrada contra Rosa, la resolución de un juez penal demostró que en nuestro país todavía no rige por entero la ley de la selva.

Esta historia comenzó semanas atrás con la agresión al taxista porque discrepó con un paro dispuesto por el Sindicato Único de Automóviles con Taxímetro y Telefonistas (Suatt). Más de una docena de patoteros destrozaron su coche y le pegaron hasta hartarse causándole graves heridas, entre ellas la fractura de un hueso del rostro. Internado en un sanatorio, Rosa recibió amenazas telefónicas de muerte contra él y su familia para que omitiera denunciar a sus agresores.

Rosa planteó el episodio ante la justicia, pero en lo referente a la paliza que le prodigaron no hubo testigos que comparecieran a identificar a los patoteros pese a que los hechos ocurrieron en la vía pública y hubo incluso algunas personas que intentaron socorrer a la víctima. Rosa diría después que los eventuales testigos fueron intimidados para que no declararan. Sin embargo, la demanda por las amenazas telefónicas siguió adelante hasta descubrir a su autor, un dirigente del Suatt que fue procesado sin prisión, pero con la obligación de realizar trabajos comunitarios durante 90 días y la prohibición de acercarse a menos de 200 metros de la casa de Rosa, según informó el semanario Búsqueda.

Ante ese procesamiento el Suatt tuvo una reacción digna de su desbocada trayectoria al difundir un comunicado criticando "la actitud mandadera y reaccionaria de la Justicia y la Policía" y denunciando "una campaña de estigmatización pública y mediática contra el gremio". En ese comunicado califican a Rosa de "carnero" con expresiones que se asemejan mucho a un intento de justificar la golpiza que recibió. No paran allí puesto que la emprenden además contra "varios medios de comunicación, en especial el diario El País y el semanario Búsqueda, los programas Esta boca es mía y Cámara testigo", según reza el comunicado.

Huelga decir que los medios de comunicación nombrados, incluido El País, lo que hicieron fue cumplir honrosamente con su deber de informar y opinar sobre un crimen cometido por matones convencidos al parecer de que la acción sindical debe ejercerse no mediante el debate y la persuasión sino a palos y pedradas. Contra esa modalidad de actuación reaccionó y reaccionará siempre este diario en el entendido de que en nuestro país rige la libertad de trabajo y el derecho de afiliarse o no a un sindicato. Y que, del mismo modo, defenderá a quienes como Rosa son víctimas de la prepotencia fascistoide de quienes creen que pueden vulnerar normas elementales del Estado de Derecho.

Ningún reclamo gremial, por acertado que sea, merece apuntalarse con violencia y en desmedro de la libertad de los trabajadores. Eso es algo que los dirigentes del Suatt no quieren entender. Lo demuestran cada vez que hacen un paro y amenazan a todos los taxistas, afiliados o no, a acatar su mandato. Lo demuestran también cuando alguno de ellos es citado a declarar ante la justicia y decretan un paro en señal de protesta y convocan a manifestarse ruidosamente ante las sedes judiciales en un inadmisible intento de presión. Y lo demuestran ahora cuando atacan al barrer a la justicia y a la policía así como a los medios de comunicación dos de prensa y dos de televisión- que expusieron el "caso Rosa" ante la opinión pública.

Algo que impresiona en todo este asunto es la quietud y resignación con que la gran mayoría de los taxistas, miembros o no del Suatt, aceptan este desborde de la dirección sindical. Una dirección que, como es sabido, no integran exclusivamente los taxistas sino que cuenta con la participación de personas vinculadas lateralmente a la tarea del taxímetro y que ejercen en ocasiones una influencia desmedida.

Y por último, impactan los silencios. El del Pit-Cnt, por ejemplo, que calla y mira para otro lado como si estos temas no le concernieran preocupado como está en la actualidad por cobijar a los ex presos de Guantánamo. Y un silencio más llamativo aun, el de los organismos públicos que proclaman defender los Derechos Humanos, en particular la Dirección correspondiente instalada ahora en la Presidencia de la República, y la Institución Nacional de Derechos Humanos. Para ellos, los derechos de Alberto Rosa no valen nada.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)