EDITORIAL

Lo que fuimos, lo que seremos

Gobernantes que, en su desesperación por mostrar logros, acumulan anuncios espectaculares que nunca concretan (Aratirí, puerto de aguas profundas, regasificadora, pozos de petróleo) y terminan aceptando acuerdos neocoloniales.

El exdueño de una gran empresa pesquera, deudor de unos 40 millones de dólares al BROU, diciendo inconsistencias ante una comisión parlamentaria mientras se declara frenteamplista y admirador de José Mujica. Unos años antes, el candidato presidencial Tabaré Vázquez desplazándose en el avión de ese mismo señor, ya entonces deudor del BROU, durante la campaña electoral que lo llevó por primera vez a la presidencia.

Un presidente de Ancap que consigue fundirla por primera vez en la historia, luego de gastar centenares de millones de dólares en negocios inexplicables y de haber dilapidado 360.000 dólares en una fiesta a la que asistió lo más selecto de la corrupción kirchnerista. Algunos años después, ese mismo señor Sendic convirtiéndose en el primer vicepresidente que renuncia en la historia de la República, luego de habernos avergonzado con sus mentiras sobre el título que no tenía y su manejo injustificable de los fondos públicos.

Un ministro del Interior que no renuncia ni cuando 12 presos mueren sin asistencia en el incendio de una cárcel en Rocha, y un ministro de Transporte que usa el dinero de los contribuyentes para construir algo muy parecido a un bulín.

El diputado Placeres viajando 85 veces a la Venezuela chavista para hacer negocios oscuros a través de una empresa que luego aportará dinero a la campaña electoral del MPP. El "Pato Celeste" ascendiendo velozmente a la categoría de gran empresario (y participando de un viaje oficial a China), sin que se le conozcan otros méritos que el de ser un hombre muy próximo a José Mujica.

El señor Juan Salgado integrando comitivas oficiales y hablando en nombre del gobierno, pese a no ocupar ningún cargo ni contar con el respaldo de ningún partido.

El presidente José Mujica forzando la caída de Sebastián Bauzá y conspirando hasta hoy contra la institucionalidad del fútbol. Reuniones en el Quincho de Varela que son una escenificación de una política que ignora las instituciones.

El senador De León acumulando viajes sin justificación en la avioneta de ALUR y abusando de las tarjetas corporativas, mientras el dinero de los uruguayos se malgastaba en negocios faraónicos cuya viabilidad no resiste un par de sumas y restas.

Gobiernos que abandonan la muy digna tradición institucionalista de la política exterior uruguaya, para sumarse a una nueva Triple Alianza contra el Paraguay, respaldar la dictadura de Maduro y recibir oficialmente al dictador Mugabe (que llegó a Montevideo para participar de una reunión internacional hecha a la medida de las necesidades de imagen del presidente Vázquez).

Gobernantes que, en su desesperación por mostrar logros, acumulan anuncios espectaculares que nunca se concretan (Aratirí, puerto de aguas profundas, regasificadora, pozos de petróleo que nos sacarán de pobres) o terminan aceptando acuerdos neocoloniales con una empresa finlandesa que pretende convertirnos en protectorado.

Este es el Uruguay que en estos años ha construido el Frente Amplio. Es el Uruguay de lo político prevaleciendo sobre lo jurídico, de la "chambonada", del "como te digo una cosa te digo la otra". Es el Uruguay de los amigos ideológicos que sustituyen a los intereses nacionales, de los proyectos personales que sacrifican el bien público, de los personajes oscuros que juegan al capitalismo de amigos.

Ese es también el Uruguay que no queremos. Lo que los uruguayos necesitamos no es más manipulación de las expectativas, ni más debilitamiento institucional, ni más despilfarro de recursos públicos, ni más amigos oscuros. Lo que necesitamos es más República, más Estado de Derecho, más responsabilidad en el uso de los recursos de todos, más independencia y dignidad en nuestra política exterior, más seriedad en el ejercicio de la función pública.

En pocos años, el FA logró debilitar aquel Uruguay republicano y austero, sanamente orgulloso de su independencia y de sus instituciones, que valoraba el esfuerzo, que construía oportunidades a través del trabajo y la enseñanza, que respetaba el debate público.

Desde luego, no vamos a responder a los desafíos que nos plantea el mundo de hoy refugiándonos en el pasado. Pero tampoco podremos hacerlo si destruimos lo mejor que supimos acumular. El FA no lo entiende y por eso ha logrado combinar lo peor de los dos mundos: está destruyendo lo mejor que tuvimos sin aportar nada valioso a cambio. El estado de la educación es una metáfora de muchas cosas.

El desafío de un Uruguay posfrentista será recuperar lo mejor que hemos sido para construir sobre esa base el Uruguay que seremos.

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