EDITORIAL

La segunda vuelta en Chile

Las elecciones chilenas del domingo mostraron que las cartas quedaron barajadas de una forma que dejan la segunda vuelta mucho más abierta y disputada de lo que se presumía en primera instancia.

El domingo se realizaron las elecciones nacionales en Chile, en las que resultó ganador con el 36,6% de los votos el expresidente Sebastián Piñera seguido en segundo lugar por el senador Alejandro Guiller con el 22,6%. En consecuencia, se volverán a medir, ahora mano a mano, el 17 de diciembre para dirimir quién será el próximo presidente de la República.

El resultado admite distintas lecturas contemplando todo el espectro de votos. Llama la atención el resultado obtenido por quienes vinieron detrás de los dos candidatos que pasaron a segunda vuelta. Amenazando con pasar al balotaje con el 20,3% de los sufragios quedó Beatriz Sánchez del Frente Amplio, un partido de extrema izquierda de reminiscencias allendistas, y en cuarto lugar José Antonio Kast con 7,9%, un candidato de extrema derecha.

Tanto Sánchez como Kast votaron mejor de lo que anunciaban las encuestas, siguiendo el fenómeno mundial de extremismos en auge, lo que golpeó a las opciones más tradicionales de la política chilena. La democracia cristiana con solo 5,9% de los votos pasa a ser poco más de un partido testimonial luego de haberle dado grandes presidentes a Chile como Patricio Aylwin y Eduardo Frei. Incluso quienes sobrevivieron y pasaron al balotaje —Piñera como representante de Renovación Nacional y la UDI, y Guiller como heredero de la Concertación— tuvieron un desempeño peor al esperado.

Lo más llamativo fue que las cartas quedaron barajadas el domingo de una forma que dejan la segunda vuelta mucho más abierta y disputada de lo que se presumía en primera instancia. Si bien Piñera ganó en todas las regiones de Chile y constituyó una fuerte bancada parlamentaria, estuvo lejos del 45% que presagiaban las encuestas. Una lectura meramente matemática muestra que la tiene difícil, ya que mientras los partidos de izquierda suman 56%, los de derecha suman 44%. Una visión más optimista para el expresidente recuerda que partió de una situación similar cuando ganó en 2009 frente al expresidente Eduardo Frei.

El análisis meramente aritmético es seguramente equivocado en esta instancia. Primero porque muchos votantes no se identifican con esas posiciones ideológicas, ni mirarán qué deciden las cúpulas de sus partidos para ver qué votan. En segundo lugar, porque aún en ese análisis la derecha ya se unió en tanto Kast anunció la misma noche de la elección su apoyo a Piñera, mientras la izquierda, mucho más fragmentada, le costará varios días la unidad si es que la logra.

En este análisis no puede obviarse que el Frente Amplio ya declaró que será oposición a quien resulte electo, y en su estrategia de cuanto peor mejor y mantener posiciones ideológicas extremas es más funcional al triunfo de Piñera que de Guiller. Siguiendo a su homónimo uruguayo seguirá la estrategia de estar en contra de todo hasta llegar al poder.

Pero quizá el análisis más importante y profundo sea la crisis del modelo chileno que tantos éxitos le había deparado al país trasandino. Desde la presidencia de Patricio Aylwin, un Estado reducido en sus funciones, una estrategia de apertura al mundo y de promoción agresiva del crecimiento del sector privado dieron sus frutos; Chile pasó a ser el país de América Latina de mayor producto por habitante y el que más redujo la pobreza desde 1990 al presente.

La actual presidenta Michelle Bachelet quebró ese modelo. Los cambios que introdujo en la presente Administración, luego de que su primer gobierno fuera bueno en términos generales, redujeron fuertemente el crecimiento y pusieron en cuestión las mismas bases del modelo que instituyó su partido y que ella misma fomentara poco tiempo atrás. La primera víctima fue la propia Concertación y se beneficiaron los populistas y extremistas de los restantes partidos.

La situación es tan absurda que el propio Guiller despotricó contra la herencia de la Concertación mientas Sebastián Piñera reivindicó su obra, homenajeando con especial énfasis la fundacional presidencia de Aylwin. La centroderecha de Piñera, paradoja de la historia, es la continuadora del legado de Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet I y el único candidato que hoy puede salvar a Chile del desastre populista al que se encaminaría en caso de una victoria de Guiller.

Pase lo que pase es evidente que Chile está sufriendo las consecuencias de un debate de ideas perdido por el modelo que lo llevó al éxito, en buena medida porque sus defensores lo fueron abandonando. Como presagió hace ya unos cuantos años el intelectual Axel Kaiser, están pagando el costo de la fatal ignorancia.

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