EDITORIAL

La salud étnica

En un par de días termina el declarado "mes de la afrodescendencia". Según datos del censo, hay algo más de 255.000 personas, un 8,1% del total del país, que en 2011 se declararon afrodescendientes.

En Montevideo, donde alcanzan a un 9,1% del total, la intendencia decidió discriminarlos de la peor manera posible: creó un servicio de salud aparte, solo para ellos, llamado de "salud étnica". Pero eso sí: está convencida de defender con esta iniciativa valores de inclusión social y no discriminación racial.

Los afrodescendientes son en general más pobres que el resto. Mientras que entre la población no afrodescendiente el total de personas que sufre al menos una Necesidad Básica Insatisfecha es de 32,2% del total, entre los afrodescendientes esa proporción alcanza el 51,3%. También, el porcentaje de pobreza monetaria de la población afrodescendiente es más del doble que la del resto de la población: en 2012, los datos fueron 27,2% contra 12,4% respectivamente.

En lo que refiere al nivel de educación, es sabido que a partir de los 12 años la proporción de jóvenes que asisten a un establecimiento educativo desciende. Pero también a partir de esa edad se empieza a ampliar en paralelo la brecha entre los adolescentes afrodescendientes y el resto de la población adolescente del país. Así, mientras que uno de cada dos jóvenes de 18 años ha dejado de asistir a la educación formal en el total de la población, entre los afrodescendientes esta proporción asciende a dos de cada tres.

En este contexto general, la intendencia de Montevideo creó en abril pasado una nueva secretaría de nombre rimbombante: Secretaría de Equidad Étnico Racial y Poblaciones Migrantes. En ese marco, su página web informó además, como gran avance, que se crearía un servicio de orientación y consejería sobre "salud étnica" especialmente orientado al "colectivo afrouruguayo".

Hay al menos dos grandes disparates en esta iniciativa que adhiere a todo el discurso de lo políticamente correcto en defensa de las minorías oprimidas y demás etcéteras. El primero es el lugar elegido para instalar la policlínica "étnica". Si bien el barrio Sur es un barrio histórico vinculado a los afrodescendientes, no es hoy la zona de la capital en donde ellos más residen. La mayoría vive en Casavalle, Casabó, Punta Rieles, La Paloma, Nuevo París y Pajas Blancas: allí representan entre un quinto y un séptimo del total de los vecinos. ¿Para qué entonces poner un "servicio de salud étnico" en un barrio alejado de donde está la mayoría de los potenciales "enfermos étnicos"?

El segundo es la definición de la población afrodescendiente. Si, según parece, hay una prevalencia mayor de enfermedades de carácter "étnico" que afectarían sobre todo a los afrodescendientes en Montevideo, ¿cuántos son los abuelos afrodescendientes que hay que tener para formar parte de esta población cuya prevalencia es mayor que cualquier otra?

El problema se plantea porque la cantidad de población afrodescendiente que arrojó el censo se basa en una autodefinición personal y propia. Es decir, no se chequeó el origen "étnico afrodescendiente" de todo el linaje de la persona que así se autodefinió en la encuesta del censo. Pero eso sin duda es relevante si de lo que se trata es de un problema de "salud étnico". Porque, ¿qué ocurre, por ejemplo, con alguien que por caprichos de la genética no tiene aspecto de afrodescendiente, pero en realidad sí lo es? Si esa persona es de tez no del todo oscura: ¿se puede atender en el servicio de "salud étnica" o debe derivarse a otro centro de atención?

Definir un servicio de salud particular para afrodescendientes es absolutamente discriminatorio. Las principales enfermedades que atañen a esa población son las mismas que sufre cualquier uruguayo, blanco, amarillo o de cualquier otro color, que se encuentre en la situación social y económica que es la mayoritaria entre los afrodescendientes. Y esas son las que debieran de ser prioridad en la atención, sin importar qué color de piel se tenga.

Cuando la demagogia se cruza con el discurso políticamente correcto, el resultado es este tipo de iniciativas de contenido racista. La misma intendencia que en sus llamados a ocupar nuevos cargos ha sido incapaz de asegurar el ingreso de la cuota de empleados de origen afrodescendiente establecida por ley, es la que está convencida de que lucha contra la discriminación racial dando un servicio de "salud étnica" para "afrouruguayos". Y lo peor es que, además, se vanagloria de ello.

Da vergüenza ajena.

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