EDITORIAL

Dónde saltar el muro

El asunto político y electoral de discusión más relevante planteado en estas semanas es qué posibilidades hay de que decenas (o centenas) de miles de ciudadanos que dieron su voto al Frente Amplio en instancias anteriores, decidan votar en 2019 a los partidos que hoy están en la oposición.

Es decir, qué chances hay de que den un salto al muro invisible que separa al Frente Amplio de esos partidos.

Varios movimientos políticos en estos días parecen querer dar respuesta a este tema. Por un lado, en el Partido Colorado distintos dirigentes han manifestado su voluntad de remover su futura elección interna. En este sentido se destaca la iniciativa del diputado Fernando Amado de formar una agrupación propia, porque hace muchísimos años que en el partido de Rivera no surgía un sector liderado por alguien menor de 40 años y con voluntad de marcar un perfil nacional.

Por otro lado y más importante electoralmente, en el Partido Nacional también distintos dirigentes parecen querer marcar su propio perfil a nivel nacional, ya sea integrando diferentemente sectores ya consolidados, o ya sea abriendo nuevos sectores. Finalmente, tanto la iniciativa del senador Mieres de formar un polo socialdemócrata como los movimientos de Novick en todo el país, se plantean como iniciativas que procuran dar respuestas a las demandas de mayores y mejores opciones en la oferta electoral de partidos y candidatos no frenteamplistas.

Hay algo que está detrás de todos estos nuevos escenarios y que importa dejar en claro: para facilitar el salto del muro invisible, los partidos de oposición tienen que agrandar el menú de ofertas electorales de forma de permitir diversas opciones de votos posibles para las decenas de miles de ciudadanos hoy decepcionados del Frente Amplio.

En efecto, de forma general los partidos tradicionales no han mostrado muchas opciones de listas al Senado en esta década. En general, no han sido más de tres o cuatro por partido con visibilidad y notoriedad suficientes como para llamar la atención de los votantes. La explicación electoral es que luego de internas muy movilizadoras, sobre todo en el Partido Nacional, se procesan acuerdos sectoriales que terminan reforzando grandes listas al Senado con pocas opciones diferentes a nivel de diputados.

Este conocido escenario contrasta claramente con la oferta electoral del Frente Amplio. Allí, son muchas listas al Senado y todas compiten a la par. Permiten además, bastante libremente, la presentación de distintos candidatos a diputados. Por poner un ejemplo de 2014: el senado de Astori podía ser votado en Montevideo al menos a través de las listas a diputados de Asamblea Uruguay, del Nuevo Espacio o de la Alianza Progresista. Al que no le gustaba tal o cual, podía elegir terminar votando por tal o cual otro en otra lista. Pero todos los votos terminaban sumando, siempre, al caudal electoral común del Frente Amplio.

Para captar la atención de los votos "saltarines" hoy decepcionados con la izquierda, los partidos tradicionales deben mostrar la inteligencia de abrir el espectro de opciones de listas. Esto, claro está, tiene grandes inconvenientes para ciertos dirigentes que pueden calcular que salen electos si van en cuarto o quinto lugar en una lista al Senado, pero que si esa lista se desgrana y pierde fuerza, seguramente no reciba tantos apoyos como para alcanzar cuatro o cinco senadores electos. En una palabra: más ofertas de distintas listas al Senado obligará a los dirigentes de mayor notoriedad a hacer un mayor esfuerzo electoral en octubre si quieren efectivamente salir electos senadores. Ya no alcanzará, como hasta ahora, con desplegar esfuerzos en la elección interna de junio para intentar posicionarse en un buen lugar de alguna de las pocas grandes listas al Senado del partido.

Todo esto podrá parecer muy embrollado y sobre todo muy propio del detalle de ingenierías electorales que están lejos de la gente. Sin embargo, si los principales dirigentes de los partidos tradicionales empiezan a mostrar desde ya su voluntad de abrirse caminos marcando perfiles en listas al Senado propias, lo que en verdad estarán haciendo es dando una señal electoral muy clara de que, efectivamente, están queriendo seducir a los ciudadanos disconformes con el Frente Amplio.

Más opciones implicarán más posibilidades de satisfacción de las demandas electorales de decenas de miles de ciudadanos que, en realidad, lo que precisarán en 2019 es encontrar un lugar que les resulte confortable para poder saltar el muro invisible. Hay que hacerlo.

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